Es un rito de iniciación para los padres de preadolescentes: cuando su hijo tiene 10 ó 12 años, decide que debe tener un teléfono celular porque si no puede enviar mensajes de texto y hablar con sus amigos, su vida social se va a “arruinar”. Puede que usted esté escéptico al respecto, pero la idea también le atrae: a medida que su hijo comience a independizarse, usted querrá mantenerse en contacto con él, especialmente si ha comenzado a salir solo.

Pero la perspectiva del teléfono celular viene con una serie de preocupaciones:

Costo: ¿debería gastar dinero (en algunos casos, más de $200) en un objeto que un niño podría perder o romper fácilmente?

Cargos de datos extra: su factura puede dispararse sin que su hijo comprenda que le está costando dinero. Todos hemos leído historias de niños que ingenuamente cargan pequeñas fortunas a las tarjetas de crédito de sus padres en juegos y otras aplicaciones.

Cruzar los límites: ¿qué pasa si su hijo envía mensajes de texto o publica algo inapropiado o incluso sexualmente explícito? Los errores pueden ser dañinos y permanentes.

Pueden lastimarlo: cuanto más presente esté el dispositivo móvil, mayor será la amenaza del acoso cibernético. También es posible, a través de las redes sociales, que los niños sean muy conscientes de lo que se están perdiendo.

Que se desconecten: y finalmente, está la aterradora imagen de su hijo llegando a la mesa de la cena, con el teléfono en la mano, y permaneciendo pegado a la pantalla durante toda la comida. Para muchos padres, el aspecto más amenazante del teléfono es que puede absorber toda su atención.

Teniendo en cuenta los riesgos, ¿deberían los niños tener teléfonos celulares y cómo decidir cuándo es el momento adecuado para dar el salto?

No se trata sólo de la edad

Jerry Bubrick, psicólogo clínico y experto en ansiedad en el Child Mind Institute, dice que a menudo los padres con niños entre 10 y 12 le hacen esta pregunta.

“Les digo a los padres que no se trata tanto de una edad en particular, sino de la conciencia social y la comprensión de lo que significa la tecnología”, explica el Dr. Bubrick. “Podría tener un niño realmente inmaduro de 15 años que está comportándose mal por teléfono; pero se lo da porque tiene 15 años, mientras que un niño de 12 años realmente maduro socialmente, podría manejarlo mejor”.

El Dr. Bubrick recomienda considerar estos problemas:

¿Con qué frecuencia su hijo pierde cosas, en especial si son costosas? Si le dice que algo es muy importante, ¿lo cuida de manera especial o lo deja en el autobús después de unos días?
¿Qué tan bien maneja su hijo el dinero? ¿Estará en medio de un juego e impulsivamente comprará más vidas sin considerar su costo?

Considere qué tan fácil su niño entiende las señales sociales. Si es lento para captar, este déficit podría agravarse al enviar mensajes de texto y publicar en las redes sociales. El Dr. Bubrick cita un ejemplo de un niño que envía mensajes a sus amigos repetidamente con la palabra “hey” y no entiende por qué nadie responde.

¿Cuánto sabe su hijo sobre tecnología? ¿Realmente comprende que en el futuro, el personal de admisiones a la universidad, los empleadores y los colegas podrían ver algo que él publique ahora?

¿Qué tan bien se comporta su hijo con los límites de tiempo de pantalla? Si está constantemente pegado a la computadora o consola de juegos, probablemente también tenga dificultades para dejar el teléfono.

Teléfonos celulares y el TDAH

La estimulación constante disponible a través de teléfonos inteligentes los hace fuentes de distracción, especialmente para los niños con TDAH. “Por la ciencia del comportamiento, sabemos que nos inclinamos hacia las cosas que consideramos muy gratificantes, y nos alejamos de las cosas que consideramos aversivas”, explica David Anderson, psicólogo clínico que se especializa en TDAH y trastornos del comportamiento en el Child Mind Institute. “Los teléfonos están hechos para ser tan gratificantes y repetitivos como sea posible. Si no recibe un correo electrónico, está recibiendo una actualización de las redes sociales, o está revisando un servicio de noticias, o está revisando un puntaje deportivo”.

A los niños con TDAH les resulta más difícil resistirse al encantamiento de toda esa estimulación, y estar atentos a actividades que son menos gratificantes pero más importantes: actividades como la tarea o la conversación en la mesa durante la cena.

Los teléfonos celulares también son especialmente peligrosos para los niños, incluidos aquellos con TDAH, que son propensos a actuar impulsivamente. Su impulsividad los hace más propensos a publicar o enviar algo de lo que pueden arrepentirse más adelante, y en un mundo donde todo lo que creas se registra en el ciberespacio, corren el riesgo de cometer errores de larga duración.

El teléfono no tan inteligente

Si cree que su hijo no está listo para ser confiable con un teléfono inteligente, una opción es proporcionarle un teléfono que permita llamar y enviar mensajes de texto, pero no mucho más. Uno de estos dispositivos es el “WeGo” de Sprint, un teléfono adecuado para niños de entre 5 y 12 años que cuenta con seguimiento por GPS y le permite a usted programar números entrantes y salientes específicos. Incluye una cuerda que se puede tirar para activar una alarma de pánico.

El Dr. Anderson, sin embargo, les recuerda a los padres que toman esta ruta, que eventualmente su hijo tendrá que aprender a usar teléfonos más capaces. Advierte: “No queremos que estén muy limitados durante tanto tiempo que, cuando obtengan un teléfono inteligente o estén expuestos a las redes sociales, no tengan forma de tomar decisiones efectivas y apropiadas en torno a eso”.

Si usted está listo para dar el salto

Para los padres que sí deciden darles a sus hijos teléfonos totalmente funcionales, los expertos recomiendan establecer pautas claras en una conversación antes de que reciban el dispositivo. Aquí hay algunos ejemplos de reglas que los padres pueden aplicar al uso del teléfono celular de sus hijos:

Establezca que usted debe saber la contraseña del teléfono del niño y que tiene derecho a quitárselo si no está convencido de que lo está usando con prudencia.

Establezca límites tanto para el tiempo de pantalla general como para el horario del teléfono. El Dr. Bubrick insta a esta regla especialmente a los niños que ya tienen dificultades para separarse de una pantalla.

Acuerde los límites de la cantidad de dinero disponible para cubrir el plan de datos y los gastos de cualquier juego o aplicación.

Determine cuáles serán las consecuencias si el teléfono se pierde o se rompe. ¿Será reemplazado? Y, de ser así, ¿quién lo pagará?

Especifique las horas del día en las que no se permite el uso del teléfono, como a altas horas de la noche o durante las actividades familiares. “No dormir con el teléfono”, sugiere Catherine Steiner-Adair en su libro The Big Disconnect. “El teléfono permanece apagado durante la tarea y comidas familiares”.

El texto y el teléfono no se deben usar para conversaciones importantes o emocionales; esas deben tener lugar cara a cara. Dígales a sus hijos, insta la Dra. Steiner-Adair, que el teléfono no debe usarse para esconderse ni para escapar de situaciones incómodas.

Monitoree los sitios de redes sociales que usan sus hijos y hágales saber que lo está haciendo. “Los niños deben actuar como si sus padres estuvieran leyendo casi todo lo que publican”, explica el Dr. Anderson. Y si eso no es suficiente para disuadirlos de compartir o actuar de manera impulsiva, explíqueles que no deben publicar nada que no se sentirían cómodos si lo leen sus abuelos.

Si bien puede optar por hacer cumplir las diferentes reglas, asegúrese de que sean claras desde el principio, dicen los expertos, y establezca las consecuencias si no se siguen estas pautas.

“Está entrenando a sus hijos a tomar buenas decisiones con tiempo”, explica el Dr. Bubrick, “para que eventualmente, cuando se independicen, pueda confiar en que tomarán esas buenas decisiones por sí mismos”.