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Desafíos sociales de los niños con problemas de aprendizaje

Los problemas de aprendizaje no solo pueden afectar la escuela, sino también la comunicación y conexión con otros niños

Caroline Miller

Cuando pensamos en niños con problemas de aprendizaje, pensamos en la dificultad con la lectura o con las matemáticas, o en los problemas para organizarse, prestar atención y mantenerse enfocados en la escuela. Pero muchos estudiantes con trastornos de atención y del aprendizaje también tienen problemas sociales y de comunicación.

Tienen problemas para conectarse con otros niños, para hacer amigos y para entender qué es lo que se espera de ellos en situaciones sociales.

A algunos les cuesta captar las señales sociales, y malinterpretan el lenguaje corporal y el tono de voz. Los niños con problemas de aprendizaje puede que hablen demasiado o en el momento equivocado, o tal vez digan cosas inapropiadas. Algunos son rígidos al tener conversaciones, tienen problemas para expresarse y les cuesta entender el sentido del humor. No “captan” las cosas que parecen llegar sin esfuerzo a otros niños. Pueden tener problemas para entender lo que sucede en un grupo y para encontrar la manera de integrarse.

Para los niños y adolescentes, estar “un poco fuera de lugar” en lo que se refiere a su comportamiento social puede desencadenar fácilmente el rechazo de sus compañeros y convertirlos en blanco de burlas y acoso. A veces, los niños pequeños con problemas sociales son diagnosticados erróneamente con autismo, porque estos comportamientos son un componente del diagnóstico de autismo. Pero es importante reconocer que estos comportamientos también ocurren en muchos niños que no están en el espectro.

“La mayoría de los niños con problemas de aprendizaje tienen problemas en el ámbito social”, observa Scott Bezsylko, director ejecutivo de la Winston Preparatory School, que se especializa en enseñar a niños con problemas de aprendizaje. ¿Qué causa estas dificultades sociales y de comunicación, y por qué las tienen los niños con TDAH y problemas de aprendizaje?

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El proceso cognitivo

Para comprender el vínculo entre los problemas de aprendizaje y las dificultades sociales, es útil pensar en el proceso cognitivo que debe ocurrir en una interacción social exitosa.

Una interacción social implica que se nos presenta información o una situación nueva que requiere una respuesta. Tendemos a pensar en esas interacciones como intuitivas e instantáneas: simplemente sabemos cómo responder de manera apropiada sin tener que pensarlo, señala Bezsylko. Pero en realidad es un proceso cognitivo de varios pasos. Tenemos que entender lo que se ha dicho, organizar nuestros pensamientos al respecto, priorizar la respuesta que queremos dar y encontrar las palabras para expresarla (esto último se conoce como recuperación de palabras).

Si esa descripción parece demasiado complicada para algo que sucede en un instante para la mayoría de las personas, Bezsylko sugiere verlo como un proceso comparable a un problema de matemáticas. Alguien que es muy bueno para resolver problemas matemáticos de varios pasos podría resolver uno en su cabeza de manera automática. Otros, como yo, seguramente tendríamos que trabajar los pasos de manera secuencial.

De igual modo, si dividimos esas interacciones sociales “instantáneas” en un conjunto de pasos, la mayoría de nosotros somos lo suficientemente buenos como para realizar cada paso a la velocidad del rayo. Pero los niños con problemas sociales y de comunicación pueden quedarse atrapados en alguna parte de ese proceso cognitivo. Esto no se refleja en su inteligencia, sino en habilidades específicas de aprendizaje a las que no pueden acceder de manera automática.

“Sí, hay personas que entienden las cosas de manera rápida y fácil —señala Bezsylko— pero esa no es la única forma en que se puede lograr la comprensión. La comprensión también se puede lograr paso a paso”.

La parte del proceso que presenta un obstáculo puede ser diferente para distintos niños. Cuando usted ve a niños que tienen problemas para conectarse con otros niños, o para responder adecuadamente en situaciones sociales, su comportamiento puede ser en apariencia similar, pero tiene diferentes causas subyacentes. Un niño puede tener problemas para:

  • Comprender información o situaciones nuevas
  • Organizar la información en la respuesta deseada
  • Recuperar las palabras para expresar esa respuesta

Problemas con la comprensión

Los niños que tienen problemas para comprender la información social incluyen a aquellos que tienen lo que llamamos trastorno del aprendizaje no verbal. Estos niños tienen problemas para captar los patrones sociales y no reconocen de manera intuitiva las reglas de los distintos escenarios sociales, ya sea que se trate de un grupo de personas al que se están uniendo, un saludo al que deben responder o un chiste que se les escapa. Les cuesta ubicar esto en un patrón que les diga qué tipo de comportamiento es el que se espera de ellos.

La buena noticia es que los niños que tienen problemas con el aprendizaje no verbal tienden a ser buenos en el aprendizaje de memoria, dice Bezsylko. Eso significa que se les pueden enseñar los patrones que les faltan. Por ejemplo, a los niños que tienen dificultad para reconocer qué expresiones faciales van con qué emociones se les puede enseñar a relacionar las expresiones con lo que están transmitiendo. Pueden practicar hasta que les resulte fácil, aunque siempre será algo mecánico, en lugar de sin esfuerzo.

Cuando un estudiante de la Winston Preparatory School, por ejemplo, tenga una interacción social negativa, su maestro lo ayudará a hacer una “autopsia”, desglosando la interacción para ayudar al estudiante a ver qué pasó y con qué parte de la secuencia tiene problemas, o qué puede aprender a hacer de manera diferente la próxima vez.

Problemas con la organización

Los niños que tienen problemas con las funciones ejecutivas, incluyendo aquellos con un diagnóstico de TDAH, pueden comprender la información a la que están tratando de responder pero tienen problemas para organizarla o para ordenarla según prioridad. Es posible que no elijan los estímulos correctos a los cuales responder, por ejemplo, dejando de lado la pregunta del profesor y prestando atención al comentario que un compañero de clase le ha susurrado en el oído. O bien, satisfacen el impulso de decir algo grosero, porque sus cerebros no les indican que las consecuencias serán malas.

Cuando estos niños tienen un historial de ignorar a las figuras de autoridad o de decir de golpe algo inaceptable, reciben muchos comentarios negativos. “La narrativa sobre ellos mismos se convierte en que siempre hacen lo incorrecto —dice Bezsylko—, en que no son inteligentes sino impulsivos y socialmente ineptos. No tiene por qué ser así”.

Estos niños no están socialmente desorientados: simplemente no toman las decisiones correctas sobre las señales a las que deben responder o sobre cómo organizar su respuesta de manera efectiva. La autorregulación, o el manejo efectivo de su propio comportamiento, es algo en lo que necesitan trabajar.

En la Winston Preparatory School el objetivo es hacer que los niños entiendan cómo su debilidad en las funciones ejecutivas afecta, tanto su capacidad de conectar con otros niños como su capacidad de resolver problemas matemáticos de varios pasos. El objetivo es ayudar a los estudiantes a ser resistentes y abiertos a la retroalimentación cuando cometen errores, señala Bezsylko. “Podríamos decirle a un estudiante: ‘Tomaste una mala decisión que causó una reacción negativa de tu compañero de clase, y tu respuesta fue apartarte’. Tenemos que enseñarles cómo es la autorregulación, cuándo se hace bien y cómo conseguirlo”.

Trabajar en la autorregulación de la misma manera en que se trabaja en matemáticas o en la comprensión de la lectura es un proyecto que los niños pueden ver como constructivo, añade Bezsylko. Pero solo si se presenta de esa manera, y no como: “¡Eres tan desordenado! ¡Tienes que poner atención!”.

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Problemas para recuperar las palabras

En el caso de los niños con dislexia, el problema no suele residir en la lectura de señales no verbales o en la comprensión de las interacciones sociales y en saber cómo responder de forma adecuada: pueden ser muy buenos en esas cosas. Pero como la decodificación básica del lenguaje y el seguimiento de las instrucciones de varios pasos no es fácil para ellos, pueden tener problemas para recuperar rápidamente las palabras.

Esto los afecta no solo cuando leen y escriben, sino también cuando hablan. Su vocabulario hablado no está tan desarrollado como podría serlo, y su expresión oral puede ser inexacta y peculiar debido a los problemas para recuperar las palabras, o al decir la palabra equivocada.

“Como resultado, su capacidad de realizar intercambios en el lenguaje se ve comprometida”, explica Bezsylko. Si bien pueden ser buenos en la dimensión no verbal, a medida que la socialización se vuelve cada vez más verbal, pueden parecer poco sofisticados o inmaduros, o simplemente de alguna manera “fuera de lugar” para sus compañeros.

Bezsylko ha visto a niños que encajan en este perfil, que han sido acosados en sus antiguas escuelas debido a su incomodidad social. “Incluso si los problemas de lenguaje de la dislexia no afectan directamente a la socialización— señala— de todos modos pueden causar una disminución de la confianza en sí mismo, de manera que los maestros deben ayudar a reconstruir habilidades como la resiliencia y la autodefensa”.

Falta de confianza

Tener confianza en sí mismos puede ser un problema para los niños que por supuesto no tienen ningún problema de desarrollo. Pero cuando los niños con barreras importantes para el aprendizaje han pasado por varios grados donde el enfoque principal es el dominio de la lectura y la escritura, su autoestima puede estar severamente dañada.

Si no han sido diagnosticados, es probable que hayan sido acusados de no esforzarse lo suficiente para aprender (o de no cuidar bien sus mochilas o de no terminar sus tareas) y seguramente han empezado a preocuparse de que no son tan inteligentes como otros niños. Muchos niños con TDAH o dislexia (o ambos) tratan de ocultar sus problemas, esforzándose más que otros niños en evitar que los demás se den cuenta de que hay algo malo en ellos.

“Los niños que se sienten mal consigo mismos y se avergüenzan por no dominar las habilidades básicas van a tener problemas para interactuar con sus compañeros”, señala Bezsylko.

Para estos niños, el primer paso es ayudarlos a entender que son tan inteligentes como otros niños, y que sí pueden alcanzar a sus compañeros con el apoyo adecuado. Y, por supuesto, el siguiente paso es proporcionar ese apoyo, ayudar a los niños a desarrollar las habilidades y estrategias necesarias para trabajar en torno al problema subyacente, de modo que tengan la oportunidad de tener éxito, tanto académica como socialmente.

Pensar en el comportamiento social incómodo en función de las habilidades que faltan, también ayuda a desactivar las situaciones en las que los padres, los maestros y otros adultos tienden a molestarse, lo que empeora la situación del niño.

Todos, como adultos, tendemos a reaccionar de manera emocional cuando los niños no hacen lo que queremos que hagan socialmente, señala Bezsylko. “Nadie llamaría nunca a alguien “un niño malo” porque se equivoca en un problema de palabras. Pero si es impulsivo en la clase y le dice algo a su profesor, entonces podrían molestarse”.

En muchas escuelas, cuando hay una confrontación emocional entre estudiantes y maestros, nadie piensa con claridad, añade Bezsylko, lo que disminuye la oportunidad de aprender. “Por lo tanto, tratamos de ver tanto los errores como la corrección de esos errores como un proceso racional basado en la habilidad—dice— en lugar de llamarlo a usted a la oficina del director”.

Este artículo se creó en colaboración con la Winston Preparatory School, una escuela de Nueva York que se especializa en trabajar con estudiantes con trastornos del aprendizaje.

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