La decepción y el rechazo son dos sentimientos difíciles de manejar. A menudo nos culpamos a nosotros mismos cuando no alcanzamos algunos de nuestros objetivos. La resiliencia o “grit”, como se le llama ahora en la psicología popular (determinación o fuerza para sobreponerse), es un rasgo de carácter valioso que podemos fomentar en nuestros hijos. Si bien no podemos evitar que a veces se sientan decepcionados, rechazados y derrotados, estos consejos pueden ayudar a cultivar un poco de “grit” en sus hijos:

1. Consuele y valide sus experiencias. Cuando nuestros hijos se sienten validados y comprendidos, eso los ayuda a desarrollar un sentido de sí mismos. También normaliza sus sentimientos y desarrolla lo que me gusta llamar “músculo psíquico”. Es como en el ejercicio: mientras más peso podemos levantar, más nos fortalecemos y el ejercicio se vuelve más fácil. Así también con los sentimientos incómodos: cuanto mejor sea nuestra capacidad de sentirlos y tolerarlos, más fuertes nos haremos y será más fácil manejarlos la próxima vez.

Por ejemplo, si su hijo está decepcionado porque no logró ingresar a la universidad de sus sueños, usted podría decir: “Eso es muy decepcionante, sé que realmente esperabas entrar”. Muchos padres tratan de minimizar los sentimientos de decepción de sus hijos con una buena intención, pero se pierden el panorama general. Su hijo está decepcionado y puede necesitar algo de consuelo antes de que pueda considerar otras alternativas.

2. Haga que fracasar sea seguro. A menudo los adolescentes (¡y los adultos!) tienen miedo al fracaso. El fracaso es una excelente experiencia de aprendizaje, aunque incómoda. Puede ayudarnos a reconsiderar nuestros objetivos e idear un nuevo plan para volver a intentarlo. Un artículo reciente en Forbes describe cinco rasgos de personalidad de los emprendedores, y un rasgo es la resiliencia o capacidad de recuperarse a pesar del fracaso (enlace disponible solo en inglés).

3. Si no tiene éxito, inténtelo otra vez. Esta no es una frase nueva pero a menudo, después del fracaso, aparece la falta de motivación. Si podemos hacer que el fracaso sea parte del proceso, entonces siempre habrá una segunda oportunidad (¡o tercera, o cuarta!).

4. Vincule el valor de sus hijos a su carácter, no a sus logros. Es fácil para los padres querer que sus hijos vayan a las mejores escuelas, obtengan calificaciones sobresalientes y se conviertan en superestrellas. El mundo entero debería ver lo que nosotros vemos y apreciamos en nuestros hijos. Sin embargo, esta presión de tener éxito puede enviar el mensaje de que su autoestima está directamente relacionada con sus logros.

Recientemente, un grupo de estudiantes de sexto grado compartió conmigo sus preocupaciones acerca de si lograrán o no ingresar a las universidades de la Ivy League (las 8 universidades más cotizadas en los Estados Unidos). Cuando su hijo logre una meta, como obtener calificaciones excepcionales, concéntrese en su ética de trabajo y determinación, no en el resultado final. “¡Eso es genial! Trabajaste muy duro este semestre”.

5. Tome el asiento trasero. Todos queremos proteger a nuestros hijos de las dificultades y las aflicciones. Pero si los protegemos durante demasiado tiempo, obstaculizamos su capacidad de desarrollar un sentido de autoeficacia. Cuando intentamos resolverles problemas o intervenir por ellos, les estamos enviando el mensaje de que no creemos que puedan hacer las cosas por su cuenta… y ellos comienzan a creer eso. Intenten resolver problemas juntos, y permita que su hijo tome la iniciativa. Eso le dará confianza para manejar situaciones en el futuro, y usted tendrá la tranquilidad de que él puede manejarlas.