Cómo ayudar a los niños a manejar la vergüenza
No minimices sus sentimientos y elogia su resiliencia.
Experto clínico: Rachel Busman, PsyD, ABPP
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Cómo ayudar a niños que se avergüenzan?
- ¿Qué pueden hacer madres y padres para modelar buenas habilidades de afrontamiento?
- ¿Cuándo te deberías preocupar por una niña o un niño que siente vergüenza?
Lectura rápida
Para las personas adultas, las situaciones vergonzosas menores no son un gran problema. Pero durante la infancia y adolescencia, pueden ser muy incómodas. Ayudar a tu hija o hijo a desarrollar resiliencia y confianza le proporcionará las herramientas necesarias para manejar el sentimiento de vergüenza de forma saludable.
Los niños siguen el ejemplo de sus padres para saber cómo comportarse. Cuando experimentes vergüenza, da el ejemplo y responde con tranquilidad y manteniendo la calma. Esto no significa que debas ocultar tus experiencias vergonzosas. En cambio, permite que los niños te vean manejar estas situaciones vergonzosas de una manera razonable: “¡Uf! ¡Eso fue vergonzoso! Pero también fue bastante chistoso”.
La vergüenza puede ser una emoción poderosa para los niños. Algo que a ti te pudiera parecer pequeño (como dar la respuesta incorrecta en clase) podría parecer enorme para tu hija o hijo. Cuando los niños se avergüenzan, es importante no desestimar sus sentimientos, aunque la situación que haya desencadenado ese sentimiento no parezca gran cosa.
En su lugar, hazles saber que te tomas en serio sus sentimientos. Luego, concéntrate en seguir adelante y en modelar habilidades de afrontamiento saludables. Ayuda a tu hija o hijo a ver las cosas en perspectiva: “Puede parecer que todas las personas recordarán esto para siempre, pero…”. Y elogia la resiliencia: “Es verdad que cometiste un error, pero me encantó cómo seguiste jugando. ¡Fue increíble!”.
Situaciones vergonzosas nos ocurren a todas las personas de vez en cuando. Pero si una niña o un niño regresa de la escuela sintiéndose regularmente mal, o tiene un cambio importante en su comportamiento o estado de ánimo, podría estar ocurriendo algo más serio. El bullying podría ser el problema. O si tu hija o hijo se preocupa tanto por la posibilidad de avergonzarse que evita las actividades que disfrutan quienes tienen su misma edad, podría estar enfrentando un trastorno de ansiedad social, y puede que necesite ayuda.
Para la mayoría de las personas adultas, los momentos en los que sentimos vergüenza son solo una parte de la vida: nos causan un poco de molestia, aunque sabemos que son inevitables, y en realidad no tienen gran importancia. Pero para una gran parte de las niñas y los niños, esas experiencias vergonzosas pueden ser muy incómodas y, en algunos casos, pueden conducir a problemas graves como ansiedad y evitación.
No podemos proteger a nuestros hijos del sentimiento de vergüenza, pero les podemos ayudar a desarrollar la resiliencia y la confianza que necesitan para manejarlo de manera saludable.
Modelar el comportamiento
Los niños miran a sus padres en busca de señales para aprender a manejar emociones difíciles como la vergüenza. “Como madres y padres, establecemos el tono de comportamiento para nuestros hijos”, dice Rachel Busman, PsyD, psicóloga clínica. “Por lo tanto, cuando ayudamos a los niños a aprender hábitos emocionales saludables, el primer paso es considerar cómo manejamos situaciones similares en nuestra vida”.
Observar cómo manejas experiencias vergonzosas en la casa te ayudará a dar el ejemplo de un comportamiento saludable a tus hijos.
- No te obsesiones: Si tiendes a insistir en los errores que has cometido (“¡No puedo creer que haya hecho eso!”. “¡Casi muero de la vergüenza!”), es más probable que tus hijos hagan lo mismo.
- Mantén la calma: Si pierdes la calma cuando te sucede una situación embarazosa o reaccionas enojándote o molestándote, le estás enviando el mensaje a tus hijos de que eso es un gran problema.
- Sin burlas: Los niños accidentalmente hacen y dicen cosas muy divertidas, pero es importante no burlarse de sus errores ni reírse de los incidentes embarazosos. Si las pequeñas vergüenzas son ridiculizadas, los niños pueden empezar a asociar cualquier mínimo desacierto con sentimientos de vergüenza y humillación. Las burlas, incluso si parecen inofensivas, pueden ser muy molestas para los niños, especialmente si ya se sienten sensibles.
Toma en serio la vergüenza de tu hija o hijo
No hay un sistema de medida para la vergüenza. Algo que pudiera parecer pequeño para ti (por ejemplo, dar la respuesta incorrecta en clase), podría parecer enorme para tus hijos.
Si tu hija o hijo se avergüenza por algo, es importante no desestimar sus sentimientos, incluso si la situación que originó ese sentimiento no parece ser un gran problema.
“Naturalmente, queremos restar importancia a las experiencias embarazosas diciendo cosas como ‘no es tan malo como crees’”, dice la Dra. Busman. “Pero cuando los niños experimentan estas emociones grandes y realmente molestas, eso se puede sentir como un desprecio”.
Pero no exageres
Si tu hija o hijo llega a casa sintiendo enojo por algo que sucedió, no necesita que tú también te enojes, o que te enojes en su nombre: (“¡Eso suena horrible!”. “¡Esos niños deberían avergonzarse por reírse!”). Y no asumas que quiere o necesita que tú hagas algo al respecto. Si le preocupa que tú pudieras reaccionar de forma exagerada, o que terminen empeorando una situación embarazosa, es probable que no quiera compartir sus sentimientos.
“Cuando nuestros hijos están sufriendo, como padres queremos hacer todo lo posible —dice la Dra. Busman—, pero si tu hija o hijo siente vergüenza, prestar más atención a la situación puede empeorar las cosas, no mejorarlas”.
Elogia las habilidades positivas
Si tu hija o hijo te comparte una situación vergonzosa, procura validar sus sentimientos, pero no te enfoques demasiado en esa emoción ni trates de brindarle demasiado consuelo. En su lugar, elogia sus habilidades de afrontamiento positivas. Si cometió un error durante un recital de piano, felicítale por reponerse y haber logrado terminar de tocar la pieza. Replantear las experiencias negativas ayudará a tus hijos a identificar reacciones saludables y ponerlas en práctica, desarrollando lo que llamamos habilidades metacognitivas. Podrías decir: “Siento mucho que haya sucedido eso hoy. Sé que fue molesto, pero me enorgullece mucho cómo lo manejaste. Se necesita una gran valentía para seguir tocando cuando las cosas se ponen difíciles”.
Crea perspectiva
Si tu hija o hijo se cayó en la clase de gimnasia y otros niños se rieron, tal vez crea que toda la clase se dio cuenta, que toda la clase se rió y que nunca nadie lo olvidará, ¡nunca!
Por supuesto tú sabes que eso no es cierto. Pero los niños, en especial cuando todavía son menores, suelen tener dificultad para ver más allá de sus propios sentimientos, lo que puede hacer que las situaciones embarazosas se sientan como si hubieran aparecido en las noticias. “Puede haber bastante egocentrismo en los niños —explica la Dra. Busman— por lo que cuando les ocurre algo embarazoso podrían sentir como que todas las personas están pensando en eso, igual que ellos, cuando en realidad la mayoría de quienes lo presenciaron ya lo habrán olvidado para el día siguiente”.
Aprender a poner en contexto tus propios sentimientos y experiencias ayudará a tus hijos a verlas en perspectiva y al mismo tiempo a desarrollar resiliencia.
- Desmenuza: Ayúdale a adoptar un enfoque metacognitivo frente a sus sentimientos haciéndole preguntas abiertas. Por ejemplo, esta no es la primera vez que un estudiante se ha caído en la clase de gimnasia, por lo que podrías empezar por preguntarle cómo se ha sentido cuando a alguien más le ha pasado lo mismo. Aprender a poner sus propias experiencias en contexto le puede ayudar a empezar a ver las situaciones embarazosas desde otro ángulo.
- Comparte: Compartir ejemplos de tu propia vida puede ayudar a normalizar la vergüenza. “El otro día se me cayó el bolso en el supermercado. Se abrió y todo quedó desparramado por el piso. Varias personas se rieron, pero luego algunas también me ayudaron a recoger las cosas”.
- Pero evita comparar: Ampliar la perspectiva puede ser útil, pero procura no comparar tus experiencias con las de tus hijos: “¿Crees que eso es terrible? Cuando tu hermana tenía tu edad…”. Tu hijo o hija podría terminar sintiendo que sus experiencias no son importantes — o que no son lo suficientemente serias como para justificar lo mal que se siente — y eso puede hacer que se sienta peor por no reaccionar con más fortaleza.
- Permítele tomar la iniciativa: A veces las preguntas son útiles, pero puede haber ocasiones en que tus hijos simplemente no quieran hablar de ello. “Es importante dejar que los niños marquen el ritmo”, dice la Dra. Busman. “Si tu hija o hijo dice: ‘No quiero hablar de eso’, o parece que la situación le afecta demasiado, no insistas”. La vergüenza es una emoción intensa y, a veces, los niños solo necesitan espacio para calmarse.
Ayudar a tu hijos a ampliar su perspectiva sin minimizar sus sentimientos les ayudará a superar experiencias negativas y les dará una herramienta importante para desarrollar una mayor autoconciencia en el futuro.
Cuándo intervenir
Cada cierto tiempo a todas las personas nos suceden situaciones embarazosas, pero si tu hija o hijo regresa de la escuela regularmente de mal humor, o si tiene un cambio importante en el comportamiento o el estado de ánimo, podría estar sucediendo algo más serio.
- Bullying: Desafortunadamente, los niños no siempre son amables. La mayoría de los niños serán objeto de burla en algún momento de sus vidas. Los episodios esporádicos de vergüenza son desagradables, pero no inusuales. Sin embargo, si tu hija o hijo dice de manera regular que sus compañeros le molestan o humillan, en especial sus compañeros que miden más, que son de mayor edad o que se consideran más “populares”, existe la posibilidad de que esté experimentando bullying, y es momento de intervenir.
- Cambios de comportamiento: Sentir un poco de depresión o ansiedad después de un incidente vergonzoso es normal, pero los cambios de comportamiento persistentes (no dormir, falta de apetito, preocupación excesiva) no lo son.
- Exageración u obsesión: Cuando la reacción de tu hija o hijo a algo vergonzoso parece exagerada para la situación o si parece que no puede superarla.
- Evasión: La mayoría de los niños que han tenido una experiencia vergonzosa pasan un tiempo sin querer regresar a la clase o grupo social donde ocurrió el problema, pero la evasión persistente es motivo de preocupación. Algunas señales a observar incluyen: enfermarse con frecuencia, y por lo tanto faltar mucho a la escuela, o ir a la enfermería durante una clase en particular, inventar excusas para evitar ver a sus amistades, faltar a clases, faltar a actividades extracurriculares o negarse a ir a la escuela por completo.
En algunos casos, el miedo a avergonzarse se puede convertir en un problema grave. Si una niña o un niño parece que vive con un temor permanente a experimentar vergüenza, incluso cuando no hay una razón evidente para preocuparse, podría estar experimentando ansiedad social.
La ansiedad social se suele presentar durante la adolescencia, pero se puede desarrollar antes. Cuando los niños tienen ansiedad social entran en pánico ante la idea de participar en actividades cotidianas, porque se preocupan todo el tiempo de lo que pensarán otras personas, se obsesionan con la imagen que dan ante otras personas y temen cometer un error.
Estos miedos pueden ser muy debilitantes. En el caso de niños que ven un potencial de humillación en todo momento, incluso las interacciones básicas pueden parecer un campo minado, y las interacciones sociales, escolares y personales a menudo se ven afectadas. Es común que se retraigan, pero los niños con ansiedad social también tienden a reaccionar de manera agresiva cuando la amenaza de la vergüenza les abruma.
La buena noticia es que quienes desarrollan ansiedad social responden bien a la terapia cognitivo-conductual, y con ayuda pueden regresar a sus actividades normales.
Lecciones de vida
Es natural querer proteger a tus hijos de experiencias que son hirientes o molestas, pero al final la mejor manera de que tu hija o hijo desarrolle habilidades de afrontamiento es a través de la experiencia, con apoyo.
“Sentir vergüenza es parte de la vida”, dice la Dra. Busman. “Es tentador tratar de proteger a nuestros hijos de las cosas difíciles, pero en realidad, aprender a manejar esas experiencias de manera saludable es una habilidad que le servirá mucho a tu hija o hijo a medida que crece”.
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