El hijo de Debbie Weingarten de cinco años ha estado yendo a la misma escuela durante los últimos tres años, adora a su maestra y a sus amigos, y se divierte mucho una vez que está allí. Pero todavía tiene dificultades cuando lo van a dejar a la escuela y a menudo llora cuando Weingarten se va. Algo similar ocurre en el fútbol, ​​que es algo que disfruta. Se abruma o se disgusta varias veces en una práctica y sale corriendo del campo.

Para muchos niños, adaptarse a situaciones sociales, ya sea una fiesta de cumpleaños o una cita de juego, puede ser un desafío, incluso cuando quieren estar allí. Los grupos grandes de niños pueden ser intimidantes hasta para el niño más extrovertido, por lo que las transiciones pueden ser difíciles para aquellos niños que son sensibles o propensos a la ansiedad.

“Mi hijo es una persona muy sensible y necesita mucho tiempo para sentirse cómodo en situaciones nuevas”, explica Weingarten. “Honestamente, no puedo pensar en una sola situación nueva que haya sido fácil para él. Simplemente no es ese tipo de niño”.

Puede ser doloroso ver a su hijo tener dificultades en entornos que deberían ser divertidos, pero hay algunas estrategias, combinadas con una buena dosis de paciencia, que los expertos y otros padres han encontrado útiles.

Ajustar las expectativas

Si la dificultad en situaciones sociales se ha convertido en un patrón, es importante aceptar que esto es parte de la personalidad de su hijo, no una deficiencia.

“El hecho de que a muchos niños les gusten las fiestas de cumpleaños no significa que esto sea una especie de señalamiento para usted o para su hijo si él es más inquieto”, dice Rachel Busman, psicóloga clínica del Anxiety Disorders Center del Child Mind Institute. “Creo que simplemente reconocer esto es importante, porque los padres pueden sentir la presión de ser como todos los demás”.

Weingarten, quien también se describe a sí misma como sensible, recuerda haber pasado por algunos de los mismos sentimientos que ahora experimenta su hijo. A pesar de esto, admite, “estaría mintiendo si dijera que como madre a veces no es algo frustrante para mí”. Sin embargo, ella hace todo lo posible por no expresar esa frustración a su hijo. “No quiero que sienta en ningún momento que algo está mal con él, o como si fuera defectuoso de alguna manera, o como si sus sentimientos no fueran reales o legítimos”.

Para Emily Popek, fue clave repensar su idea de diversión para su hija de cinco años. “Significó una gran diferencia darme cuenta de que solo porque ella estaba sentada al margen del grupo, mirando, no significaba que no se estaba divirtiendo. ¡Ella realmente se divertía! Así que, honestamente, la clave para mí fue dejar de lado mis propias expectativas de cómo tendría que verse o cómo debería ser su “disfrute”.

Analizar la situación

Una vez que haya establecido que hay un problema, el siguiente paso, dice la Dra. Busman, es “analizar y desmenuzar la situación para que usted pueda intentar descubrir qué es lo que le resulta difícil a su hijo”. ¿Es tener que separarse de usted? ¿Conocer nuevos niños? ¿Estar en un grupo grande? ¿Miedo a lo desconocido? A partir de ahí, puede trabajar en estrategias para ayudar a su hijo.

El conocimiento es poder

Una de las cosas más efectivas que puede hacer es proporcionar a su hijo la mayor cantidad de información posible sobre el evento. Dígale dónde será, quién estará allí y qué podría suceder. Preparar guiones de lo que él podría decir, jugar a los roles y hacer una especie de vista previa del evento son herramientas excelentes para los niños socialmente ansiosos.

El hijo de Kathy Radigan, que ahora es estudiante de primer año en la universidad, tenía un retraso del habla de niño, por lo que conocer a nuevos niños le causaba nerviosismo. “Pero él realmente quería jugar con los niños”, recuerda Radigan.

“Utilizamos la estrategia de creación de guiones para ayudarlo durante esos primeros momentos de nerviosismo. Practicábamos juegos de roles”, agrega. “Le contaba historias sobre un niño que iba al parque y se ponía nervioso cuando veía a los demás niños”.

Los guiones que Radigan ensayaba con su hijo eran simples. Cosas como: “Hola, soy Tom. ¿A qué te gusta jugar?” Ella dice que esto generalmente era suficiente para romper el hielo. Mirando hacia atrás, su hijo dice que esos primeros años de creación de guiones y juegos de roles fueron de gran ayuda.

El efecto de todos estos preparativos y juegos de rol es hacer que la actividad se sienta menos nueva y aterradora, para que el niño no se sienta tan abrumado cuando sea el momento real. Aunque no todos los aspectos pueden ser predecibles, tener una idea general previa puede ayudar a los niños a sentirse mucho más cómodos.

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Pequeños pasos y elogios

No es realista pensar que los niños que sienten ansiedad ante las situaciones sociales podrán integrarse de forma inmediata al llegar a un evento en el que hay varias personas reunidas. Puede que se beneficien de llegar más temprano o más tarde, y tendrán que adaptarse a su propio ritmo. Muchos querrán quedarse un rato observando antes de participar de manera activa.

“Me esfuerzo por darle a mi hija el tiempo y el permiso de atravesar la experiencia a su manera”, explica Popek. “La aliento a que dé pequeños pasos fuera de su zona de confort, como comenzar a observar a los otros niños, luego tal vez acercarse, luego jugar cerca de los niños y, finalmente, jugar con ellos”.

Llegar temprano para analizar las cosas puede ser otra táctica útil. “Si vamos con un nuevo grupo o actividad, dice Weingarten, es útil llegar quince minutos antes para que podamos disfrutar del espacio sin el caos de otros niños, y acomodarnos poco a poco”.

La Dra. Busman sugiere también ser abierto con otros padres sobre lo que está sucediendo. Si bien puede causar incomodidad, puede ser inmensamente útil avisarles, por ejemplo, que tal vez lleguen más temprano o más tarde, no por mala educación, sino para ayudar a su hijo a aclimatarse. “La mayoría de las personas son realmente amables, dice la Dra. Busman, y van a decir ¡claro, lo que necesites!”.

Y por supuesto, todo logro, ya sea que el niño se haya quedado sentado cerca del grupo o se haya integrado totalmente, merece ser elogiado. Puede ser algo simple como: “Me encanta cómo te acercaste y te sentaste a comer pizza”. Como señala la Dra. Busman, esta es una táctica mucho mejor que entrar en discusión sobre por qué no se están divirtiendo.

Encuentre un amigo

A veces puede ser tan simple como encontrar un terreno común o acercarse a alguien con quien su hijo ya se sienta cómodo. La mayoría de las personas adultas se sienten más cómodas si van con un acompañante al llegar a una situación social nueva, entonces, ¿por qué no deberían los niños?

“Muchos niños me dicen que irán a practicar, por ejemplo, pero solo si conocen a alguien allí”, explica la Dra. Busman. “Esto es para mí como lograr que crucen la puerta. Así que, adelante, tengamos un amigo”.

El hijo de seis años de Dawn Alicot es tímido hasta que conoce a las personas. “A veces, dice Alicot, facilito la transición en un grupo más grande al presentarlo con alguien”. Busco algo que puedan tener en común. Por ejemplo, encontrar otro niño con zapatos similares o un personaje favorito en su camisa. Después de hacer esto por un tiempo, Alicot dice que su hijo comenzó a hacerlo solo y ha hecho amigos con éxito de esta manera.

Cuándo empujar y cuándo dejarlo

Al igual que con tantas otras cosas en la crianza de los hijos, hay momentos en que es apropiado empujar suavemente a su hijo, y otros en que se debe retroceder. “Tiene que haber un término medio”, dice la Dra. Busman. “Los padres también necesitan tener su propio nivel de tolerancia al estrés”, dice, ya que estas cosas requieren tiempo y varios empujones suaves, y podrían resultar en crisis ocasionales.

Si un niño no quiere tener citas de juego, por ejemplo, Busman sugiere empujar un poco, pero tomárselo con calma, empezando con el hijo del vecino que es un poco menor, invitarlo a su casa o comenzar con intervalos de tiempo cortos.

Weingarten comprende muy bien el equilibrio entre asegurarse de que su hijo se sienta seguro y empujarlo un poco con mucha suavidad. “Creo que estamos en un punto, dice, en que es saludable sacarlo un poco del nido, al mismo tiempo que comprende que es un proceso único para él y que su ritmo no coincidirá con el de otros niños”.

Del mismo modo, ella sabe cuándo es el momento de levantar la bandera blanca y retirarse. Weingarten señala que “él puede ponerse nervioso hasta el punto de manifestar síntomas físicos: sus calcetines de repente pueden sentirse demasiado apretados, sus zapatos le hacen doler, su estómago le duele”. Creo que estas sensaciones son manifestaciones reales de su estrés. “Sé que una vez que llega a ese punto, necesito detenerme y hacer algo para revertir la situación, para que pueda calmarse y sentirse seguro nuevamente”.

Si su hijo llega a este punto, continuar puede ser más perjudicial a largo plazo que seguir adelante.

Encuentre su tribu

No se olvide de cuidar de usted mismo también. Cuando parece que todos los demás niños pueden incorporarse fácilmente a situaciones sociales, puede que usted se sienta aislado y agotado.

“Recomiendo encontrar a alguien más que entienda”, insiste Weingarten. “Otro padre o madre. Alguien que pueda empatizar con los desafíos y las bendiciones de tener un hijo con ansiedad social o que es muy sensible. Fui a tomar un café con una madre de la guardería de mi hijo que también tiene algunos desafíos similares, y fue un gran alivio hablar con alguien que comprende. Pudimos hablar sobre lo frustrante que puede ser, pero también de lo agradecidas que estamos de estar criando a esos pequeños humanos orientados a los sentimientos en un mundo que necesita desesperadamente sensibilidad y empatía”.