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Cómo ayudar a niñas y niños con ansiedad social en la infancia temprana

Consejos para fomentar que participen en juegos y actividades grupales.

Escrito por: Katherine Martinelli

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El hijo de Debbie Weingarten ha estado yendo a la misma escuela durante los últimos tres años, adora a su maestra y grupo de amistades, y se divierte mucho una vez que está allí. Pero a sus cinco años todavía tiene dificultades cuando lo llevan a la escuela y a menudo llora cuando su mamá se va. En el fútbol (que le encanta) pasa algo parecido: se abruma o se disgusta varias veces en una práctica y sale corriendo del campo.

Adaptarse a situaciones sociales, ya sea una fiesta de cumpleaños o una cita de juegos, puede ser un desafío para una gran parte de niñas y niños, incluso cuando quieren estar allí. Los grupos grandes pueden intimidar incluso a niñas y niños con un carácter más extrovertido, por lo que cualquier transición de una cosa a otra puede ser difícil para quienes son más sensibles o tienen tendencia a la ansiedad.

“Mi hijo es una persona muy sensible y necesita mucho tiempo para sentirse cómodo en situaciones nuevas”, explica Weingarten. “La verdad es que no puedo pensar en una sola situación nueva que haya sido fácil para él. Simplemente no es ese tipo de niño”.

Puede ser doloroso ver a tu hija o hijo tener dificultades en entornos que deberían ser divertidos, pero hay algunas estrategias (combinadas con una buena dosis de paciencia) que tanto especialistas como otras familias han encontrado útiles.

Ajustar las expectativas

Si la dificultad en situaciones sociales se ha convertido en un patrón, es importante aceptar que esto es parte de la personalidad de tu hija o hijo, no un déficit.

“El hecho de que a una gran parte de las niñas y los niños les gusten las fiestas de cumpleaños no significa que esto sea una especie de señalamiento para ti o para tu hija o hijo si su forma de comportarse es más cautelosa”, dice Rachel Busman, psicóloga clínica del Centro para trastornos de ansiedad del Child Mind Institute. “Creo que simplemente reconocer esto es importante, porque las familias pueden sentir la presión de ser como todas las demás”.

Weingarten, quien también se describe a sí misma como sensible, recuerda haber pasado por algunos de los mismos sentimientos que ahora experimenta su hijo. A pesar de esto, admite: “Estaría mintiendo si dijera que como madre a veces no es algo frustrante para mí”. Sin embargo, ella hace todo lo posible por no expresar esa frustración a su hijo. “No quiero que sienta en ningún momento que algo está mal con él, o como si tuviera un defecto o como si sus sentimientos no fueran reales o legítimos”.

Para Emily Popek, fue clave repensar su idea de diversión para su hija de cinco años. “Significó una gran diferencia darme cuenta de que solo porque ella estaba sentada al margen del grupo, mirando, no significaba que no se estaba divirtiendo. ¡Ella realmente se divertía! Así que, honestamente, la clave para mí fue dejar de lado mis propias expectativas de cómo tendría que verse o cómo debería ser su disfrute”.

Analizar la situación

Una vez que hayas establecido que hay un problema, el siguiente paso, dice la Dra. Busman, es “analizar y desmenuzar la situación para que puedas intentar descubrir qué es lo que le resulta difícil a tu hija o hijo”. ¿Es tener que separarse de ti? ¿Conocer a otras personas de su edad? ¿Estar en un grupo grande? ¿Miedo a lo desconocido? A partir de ahí, puedes trabajar en estrategias para brindarle la ayuda necesaria.

El conocimiento es poder

Una de las cosas más efectivas que puedes hacer es proporcionar a tu hija o hijo la mayor cantidad de información posible sobre el evento. Dile dónde será, quién estará allí y qué podría suceder. Preparar guiones de lo que podría decir, hacer juegos de roles y darle una especie de adelanto del evento son herramientas excelentes para niñas y niños con ansiedad social.

El hijo de Kathy Radigan, que ahora es estudiante de primer año en la universidad, tenía un retraso del habla de niño, por lo que conocer a nuevos niños le hacía sentir nervioso. “Pero él realmente quería jugar con los niños”, recuerda Radigan.

“Utilizamos la estrategia de creación de guiones para ayudarlo durante esos primeros momentos de nerviosismo. Practicábamos juegos de roles”, agrega. “Le contaba historias sobre un niño que iba al parque y se ponía nervioso cuando veía a los demás niños”.

Los guiones que Radigan ensayaba con su hijo eran simples. Cosas como: “Hola, soy Tom. ¿A qué te gusta jugar?”. Ella dice que esto generalmente era suficiente para romper el hielo. Mirando hacia atrás, su hijo dice que esos primeros años de creación de guiones y juegos de roles fueron de gran ayuda.

El efecto de todos estos preparativos y juegos de rol es hacer que la actividad se sienta menos nueva y aterradora, para que el niño o la niña no se agobie tan fácilmente cuando sea el momento real. Aunque no todos los aspectos pueden ser predecibles, tener una idea general previa puede ayudar a que sientan mucho mayor comodidad.

Pequeños pasos y elogios

No es realista pensar que quienes sienten ansiedad ante las situaciones sociales podrán integrarse de forma inmediata al llegar a un evento en el que hay varias personas reunidas. Puede que se beneficien de llegar más temprano, o más tarde, y es necesario adaptarse a su propio ritmo. Habrá quienes querrán quedarse un rato observando antes de participar de manera activa.

“Me esfuerzo por darle a mi hija el tiempo y el permiso de tener la experiencia a su manera”, explica Popek. “La aliento a que dé pequeños pasos fuera de su zona de confort, como comenzar a observar al grupo, luego tal vez acercarse, luego jugar cerca de otras niñas o niños y, finalmente, unirse al juego”.

Llegar temprano para analizar las cosas puede ser otra táctica útil. “Si vamos con un nuevo grupo o actividad, dice Weingarten, es útil llegar quince minutos antes para que podamos disfrutar del espacio sin el caos de todas las personas, y acomodarnos poco a poco”.

La Dra. Busman sugiere también hablar de forma abierta con otras familias sobre lo que está sucediendo. Tal vez sea incómodo, pero avisarles puede ser inmensamente útil. Por ejemplo, decirles que tal vez lleguen más temprano o más tarde, no por mala educación, sino para ayudar a tu hija o hijo a aclimatarse. “La mayoría de las personas son realmente amables, dice la Dra. Busman, y van a decir ¡claro, lo que necesites!”.

Y por supuesto, todo logro merece ser elogiado, ya sea que se quedó cerca del grupo o que se integró totalmente. Puede ser algo simple como: “Me encanta cómo te acercaste y te sentaste a comer pizza”. Como señala la Dra. Busman, esta es una táctica mucho mejor que entrar en discusión sobre por qué no se están divirtiendo.

Encuentra una amiga o amigo

A veces puede ser tan simple como encontrar un terreno común o acercarse a alguien con quien tu hija o hijo ya se sienta a gusto. La mayoría de las personas adultas se sienten más cómodas si van con un acompañante al llegar a una situación social nueva, entonces, ¿por qué no deberían niñas y niños hacer lo mismo?

“Hay niñas y niños que me dicen que irán a practicar, por ejemplo, pero solo si conocen a alguien allí”, explica la Dra. Busman. “Esto es para mí como lograr que crucen la puerta. Así que, adelante, que sea con alguien”.

El hijo de seis años de Dawn Alicot es tímido hasta que conoce a las personas. “A veces, dice Alicot, facilito la transición en un grupo más grande, al presentarlo con alguien”. Busco algo que puedan tener en común. Por ejemplo, encontrar otro niño con zapatos similares o un personaje favorito en su camisa. Después de hacer esto durante un tiempo, Alicot dice que su hijo comenzó a hacerlo solo y ha hecho amigos con éxito de esta manera.

Cuándo empujar y cuándo soltar

Al igual que con tantas otras cosas en la crianza, hay momentos en que es apropiado empujar suavemente a tu hija o hijo, y otros en que tienes que retroceder. “Tiene que haber un término medio”, dice la Dra. Busman. “Madres y padres también necesitan tener su propio nivel de tolerancia al estrés”, dice, ya que estas cosas requieren tiempo y varios empujones suaves, y podrían resultar en crisis ocasionales.

Si una niña o niño no quiere tener citas de juego, por ejemplo, Busman sugiere empujar un poco, pero tomártelo con calma, empezando con la niña o niño que vive en la casa de al lado y que es un poco menor, invitarle a tu casa o comenzar con intervalos de tiempo cortos.

Weingarten comprende muy bien el equilibrio entre asegurarte de que tu hija o hijo sienta confianza y empujar un poco con mucha suavidad. “Creo que estamos en un punto —dice— en que es saludable sacarlo un poco del nido, al mismo tiempo que comprende que es un proceso único para él y que su ritmo no coincidirá con el de otros niños”.

Del mismo modo, ella sabe cuándo es el momento de levantar la bandera blanca y retirarte. Weingarten señala que “él se puede poner nervioso hasta el punto de manifestar síntomas físicos: sus calcetines de repente pueden estar demasiado apretados, sus zapatos le hacen doler, su estómago le duele”. Creo que estas sensaciones son manifestaciones reales de su estrés. “Sé que una vez que llega a ese punto, necesito detenerme y hacer algo para revertir la situación, para que pueda calmarse y sentirse seguro nuevamente”.

Si tu hija o hijo llega a este punto, continuar puede ser más perjudicial a largo plazo que seguir adelante.

Encuentra tu tribu

No te olvides de cuidar de ti también. Cuando parece que a ninguna otra niña o niño le cuesta incorporarse a situaciones sociales, podrías tener una sensación de aislamiento y agotamiento.

“Recomiendo encontrar a alguien más que entienda”, insiste Weingarten. “Otra madre o padre. Alguien que pueda empatizar con los desafíos y las bendiciones de tener una hija o hijo con ansiedad social o demasiado sensible. Fui a tomar un café con una madre de la guardería de mi hijo que también tiene algunos desafíos similares, y fue un gran alivio hablar con alguien que comprende. Pudimos hablar sobre lo frustrante que puede ser, pero también de lo agradecidas que estamos de estar criando a esos pequeños humanos sensibles en un mundo que necesita desesperadamente sensibilidad y empatía”.

Preguntas frecuentes

¿Cómo pueden ayudar las familias a niñas y niños con ansiedad social?

Las familias pueden ayudar a sus hijas e hijos con ansiedad social al practicar situaciones sociales en casa, a través del juego de roles. Esto puede disminuir su ansiedad. También pueden darles un adelanto de lo que creen que sucederá en un evento determinado, como una fiesta de cumpleaños o un juego de fútbol. Saber qué pueden esperar hace que la situación sea menos atemorizante.

¿Qué tipo de situaciones son difíciles para niñas o niños con ansiedad social?

Hay muchos tipos de situaciones que pueden ser un desafío para niñas o niños con ansiedad, como fiestas de cumpleaños o citas para jugar, incluso si tienen ganas de ir. Los grupos grandes de niñas y niños pueden ser especialmente intimidantes.

¿Qué se aconseja para ayudar a niñas y niños con ansiedad social?

Una de las cosas más efectivas que se pueden hacer para ayudar a niñas y niños con ansiedad social, es darles toda la información que sea posible acerca del evento social que les causa ansiedad. Describe el lugar en donde será, quién estará ahí y qué tipo de cosas pueden ocurrir.

Última revisión o actualización: 18 de mayo de 2026.

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