Sí, la ansiedad puede causar dolores de estómago o de cabeza en niños. Si tu hijo tiene este tipo de dolores por ansiedad con tanta frecuencia que interfieren con sus relaciones amistosas o con la escuela, se podría tratar de un problema más profundo de ansiedad.
Dolores de estómago y de cabeza por ansiedad
Los síntomas físicos suelen ser la forma en que los niños experimentan la ansiedad.
Expertos clínicos: Amanda Greenspan, LCSW , Janine Domingues, PhD
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Cuáles son algunos de los síntomas físicos más comunes de la ansiedad infantil?
- ¿Cómo pueden los niños con ansiedad aprender a controlar sus síntomas?
- ¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a los niños a superar su ansiedad?
Lectura rápida
Todos los niños tienen dolores de cabeza o de estómago de vez en cuando, pero cuando esto ocurre de manera frecuente, es posible que tengan ansiedad. Por ejemplo, los niños con ansiedad pueden tener dolor de estómago o de cabeza antes de ir a la escuela o a una fiesta de cumpleaños. Los niños que se sienten así puede que no se den cuenta de que se trata de ansiedad.
Los niños con ansiedad no se inventan estos síntomas ni tampoco pretenden evadir las cosas. El dolor de cabeza o de estómago se puede producir cuando el cuerpo del niño reacciona ante algo que él o ella consideran peligroso o que les asusta.
El primer paso para ayudar a tu hijo es consultar con su médico para asegurarte de que no hay ninguna razón médica subyacente que explique su dolor.
Si no hay ninguna causa médica, di a tu hijo que su cuerpo está reaccionando a lo que siente. Le podrías decir: “Te duele el estómago porque tu cerebro te está diciendo que está ocurriendo algo peligroso. Es tu sistema de emergencia respondiendo a una falsa alarma”. Esto les permite saber que lo que sienten es normal y les da una sensación de control.
Con el tiempo, podrán decir: “Me duele el estómago y entiendo que es porque estoy preocupada”. Ayudarles a practicar a superar su ansiedad es más útil que dejar que eviten las cosas que les producen ansiedad.
Si la ansiedad de tu hijo interfiere con su vida diaria, podría tratarse de un trastorno de ansiedad. En ese caso, un terapeuta puede ayudar. Es probable que el terapeuta utilice la terapia cognitivo-conductual o TCC para ayudar a tu hijo a identificar su ansiedad y aprender habilidades para reducirla.
Todos los niños tienen dolores de cabeza o de estómago de vez en cuando. Por ejemplo, cuando no duermen lo suficiente o después de haber comido demasiados dulces en Halloween. Pero cuando los niños se quejan de este tipo de dolores con frecuencia, podría ser señal de ansiedad.
Dolor de estómago en la mañana antes de la escuela. Dolor de cabeza cuando hay un examen de matemáticas programado. Sentir mariposas en el estómago antes de una fiesta de cumpleaños. Vomitar antes de un partido de fútbol. Estos síntomas físicos pueden ser la primera evidencia para padres y madres de que su hijo experimenta ansiedad. De hecho, es posible que el niño ni siquiera sepa que eso es lo que siente.
“Sobre todo con niños que tal vez no puedan expresar verbalmente la razón por la que se sienten así, la forma en que se manifiesta su ansiedad puede ser a través de síntomas físicos”, explica Amanda Greenspan, LCSW, trabajadora social clínica en el Child Mind Institute.
Síntomas físicos de ansiedad
De hecho, la ansiedad se asocia con una serie de síntomas físicos que incluyen dolores de cabeza, náuseas, vómitos y diarrea, así como también corazón acelerado, temblores o sudoración, síntomas que experimentan las personas mayores cuando tienen un ataque de pánico.
Todos estos síntomas físicos están relacionados con la respuesta de lucha o huida que se activa cuando el cerebro detecta un peligro. Y todos ellos tienen un propósito, señala Janine Domingues, PhD, psicóloga clínica del Child Mind Institute. Cuando la Dra. Domingues habla con los niños acerca de los dolores de cabeza o de estómago causados por ansiedad, les explica el papel de cada uno. Por ejemplo, les dice: “Te duele el estómago porque tu sistema digestivo se cerró un momento para enviar sangre a otras áreas de tu cuerpo. No quieres estar digiriendo comida en este momento porque estás tratando de huir del peligro o de luchar contra él”.
La Dra. Domingues les asegura a los niños que estos síntomas no son dañinos: solo se trata de su sistema de emergencia que está respondiendo a una falsa alarma. Pero es importante comprender que los niños no necesariamente inventan sus síntomas, y que el peligro les puede parecer muy real. No asumas que un niño que pasa mucho tiempo en la enfermería de la escuela lo hace intencionalmente para salir de clase. Su ansiedad aguda le podría estar causando el dolor.
“Los dolores de cabeza y de estómago relacionados con la ansiedad siguen siendo sentimientos reales y queremos tomarlos en serio”, dice la Sra. Greenspan.
Consulta con tu pediatra
Cuando un niño desarrolla un patrón de síntomas físicos antes de ir a la escuela o en otros momentos potencialmente estresantes, los expertos recomiendan acudir al médico para descartar otras razones médicas. Pero si el niño está bien de salud, el siguiente paso es ayudarle a establecer la conexión entre sus preocupaciones y sus síntomas físicos.
“Les ayudamos a entender de una manera amigable que a veces nuestro cuerpo puede darnos pistas de lo que estamos sintiendo”, explica Greenspan.
Los padres pueden comenzar por validar la experiencia de sus hijos y explicar lo que sienten de una manera más útil. En lugar de decirles que en realidad no les pasa nada, el objetivo es decirles que lo que sienten es preocupación.
“Le damos un nombre”, agrega la Dra. Domingues. “Les ayudamos a conectarlo con una emoción y ponerle un nombre”.
Y después de un poco de práctica los niños pueden identificarlo, agrega. “Sí, me duele el estómago y, ah sí, recuerdo que es porque estoy preocupado”. Después de aprender algunas habilidades para ayudarles a calmarse, pienso que obtienen una sensación de control. Y eso ayuda”.
¿Qué pueden hacer los padres para ayudar?
Lo primero que sugieren nuestros expertos es algo que los padres no deberían hacer o al menos tratar de no hacer: dejar que los niños eviten las cosas que les causan temor. Puede ser muy tentador cuando los niños se quejan de dolor de cabeza o dolor de estómago permitirles no ir a la escuela o saltarse la fiesta o el juego que les preocupa. Pero evitarlo en realidad refuerza la ansiedad.
“Si les permitimos evitarlo —dice Greenspan— entonces no podrán aprender que pueden tolerarlo”. El mensaje debe ser: “Sé que duele, sé que es incómodo, pero sé que puedes hacerlo”. Otra cosa que los padres no deberían hacer es preguntar a los niños de forma guiada cosas como: “¿Te preocupa el examen de matemáticas?”. Las preguntas deben ser abiertas para evitar sugerir que esperas que sientan ansiedad por eso: “¿Cómo te sientes con respecto al examen de matemáticas?”.
Si los problemas que tiene tu hijo están interfiriendo en su capacidad para ir a la escuela de manera constante, o para concentrarse, participar en actividades y socializar con sus pares, es posible que haya desarrollado un trastorno de ansiedad que debería ser tratado por un profesional de salud mental. El tratamiento preferido por la mayoría de los médicos para los trastornos de ansiedad es la terapia cognitivo-conductual o TCC. La TCC ayuda a los niños desde los 5 años a identificar su ansiedad y aprender habilidades para reducirla.
Las técnicas que los médicos enseñan a los niños para calmar el cuerpo y la mente también pueden ser implementadas por los padres, para niños con síntomas más leves.
Técnicas para calmarse
Estas son algunas de las técnicas que los médicos enseñan a los niños con ansiedad, adaptadas de la TCC y la capacitación en conciencia plena:
- Respiración profunda: Tomar aire expandiendo el abdomen, conocido a veces como respiración abdominal, ayuda a los niños a relajarse al espaciar la respiración y reducir la frecuencia cardíaca, la presión arterial y las hormonas del estrés. También puede ayudar a relajar los músculos tensos del estómago.
- Ejercicios de conciencia plena: Técnicas como enfocarse en lo que está a su alrededor (lo que ven y escuchan) pueden ayudar a alejar a los niños de la ansiedad y hacer que se conecten con lo que esté sucediendo en el momento.
- Mecanismos de afrontamiento: A los niños se les enseña a “responder a sus preocupaciones”, explica Greenspan. “Podrían decir por ejemplo: ‘Estoy asustada y puedo manejarlo’”. O algo así como: “Soy más grande que mi ansiedad”.
- Enfrentar la situación con anticipación: A los niños se les enseña que cuando tienen que hacer algo que les causa nerviosismo, es útil anticipar que tal vez sientan algo de incomodidad y planificar lo que pueden hacer para contrarrestarla. Cuando saben que sí la pueden enfrentar, la situación se vuelve más fácil.
- Aceptación: Esto implica reconocer el malestar sin combatirlo. “En lugar de tratar de alejar el sentimiento y deshacerse de él, explica la Dra. Domingues, les pedimos que se aferren a él, lo toleren y lo superen”.
El papel de los padres es clave
Es natural que los padres no quieran ver a sus hijos con angustia ni hacer que vayan a la escuela cuando les preocupa, por ejemplo, que puedan vomitar. Eso pone a los padres en un lugar difícil. “Lo que escuchamos de los padres es: ‘Solamente dejamos que se quedara en casa un día, y un día nos llevó a tres meses’”, dice la Dra. Domingues. Es una pendiente resbaladiza: el niño puede pedir quedarse en casa cada vez más.
“Por eso trabajamos mucho con los padres en cómo encontrar el equilibrio entre abordar la ansiedad con una respuesta permisiva y ayudar al niño en la etapa de avance en la que está”, agrega. “Y también les compartimos frases que pueden usar para mostrar empatía y al mismo tiempo fomentar que sus hijos toleren la ansioedad. Por ejemplo: ‘Sé que esto es realmente difícil y te sientes enferma. Pero también sabemos que esto es ansiedad y que puedes superarla”.
A veces, establecer un sistema de recompensas puede ayudar, al brindar a los niños mucho refuerzo positivo para que puedan superar su ansiedad.
Los padres también enfrentan el desafío de tener que tolerar su propia ansiedad por estar empujando a un niño que dice estar enfermo o preocupado por vomitar. “Si tu hijo está angustiado y habla de no querer ir a la escuela, o se siente enfermo, o piensa que podría vomitar, entonces, tú como padre, también sientes ansiedad de que eso pueda suceder”, dice la Dra. Domingues.
Trabajar con la escuela
La escuela juega un papel importante cuando los niños desarrollan síntomas físicos de ansiedad. Los profesionales clínico trabajan con la enfermera de la escuela, y a veces con el psicólogo o el consejero escolar para establecer un protocolo que mantenga las ausencias del salón de clases lo más cortas posible. Por ejemplo, el tiempo de espera recomendado antes de empezar a alentar al niño a que regrese al salón podría ser tan breve como cinco minutos.
“Insistimos lo más posible en que no se comuniquen con los padres ni envíen al niño a casa, si cuando el estudiante sice sentir náuseas, sabemos que se trata de ansiedad”, agrega la Dra. Domingues. En su opinión, cuanto más corto sea el descanso, es mejor, porque mientras más largo es el tiempo que permanecen fuera de aquello que les causa ansiedad, más difícil es lograr que regresen.
Este tipo de síntomas puede aparecer en una amplia gama de niños, pero son más comunes durante los años de la escuela primaria, señala la Sra. Greenspan. “A medida que los niños crecen y pasan a la adolescencia y la edad adulta, es más probable que manifiesten sus síntomas de ansiedad de otras maneras”.
Preguntas frecuentes
Sí, los dolores de estómago y de cabeza son síntomas comunes de ansiedad en niños. Los síntomas físicos son una reacción normal ante una situación potencialmente aterradora, como un examen próximo o el primer día de clases. Consulta con el médico de tu hijo para descartar una causa médica.
Los padres pueden ayudar a los niños con sus dolores de estómago o de cabeza por ansiedad, al no permitirles evitar las situaciones que les asustan. Permitirle a un niño no ir a una fiesta o faltar a la escuela solamente empeorará la ansiedad. A menudo, la ansiedad es mucho peor que la experiencia real: por lo general, los niños se sienten mejor cuando se dan cuenta de que pueden manejar la situación.
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