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Ansiedad por el regreso a la escuela

Cómo ayudar a los niños a manejar sus preocupaciones para que tengan un buen inicio escolar.

Caroline Miller

El comienzo de un nuevo año escolar es emocionante para la mayoría de los niños. Pero también provoca un aumento en la ansiedad: incluso los niños que suelen ser bastante tranquilos sienten mariposas, y los niños propensos a la ansiedad se vuelven más apegados y experimentan más nerviosismo que lo habitual. Los padres también sienten el dolor: dejar a un niño llorando en preescolar no es divertido para nadie. Y tener que hablar con un niño de primer grado que entró en pánico cuando usted lo lleva hacia el autobús o intenta que se baje del auto en la escuela, puede ser una verdadera prueba de sus habilidades diplomáticas.

Los niños que normalmente tienen problemas para separarse de mamá y papá experimentan su punto más alto de ansiedad en momentos de estrés o cuando ocurre alguna transición, señala Rachel Busman, psicóloga clínica en el Child Mind Institute. El comienzo de clases puede ser especialmente desafiante para los niños que están entrando a un año de transición, agrega: ir al primer año de kínder o de la escuela media (middle school), o ir a una nueva escuela. También puede ser estresante si hay un cambio en el sistema habitual de apoyo social de los niños: tal vez un buen amigo se haya mudado o tengan un maestro diferente este año.

Para la mayoría de los niños, las preocupaciones por el nuevo año escolar se desvanecerán poco a poco y los comportamientos ansiosos serán transitorios, agrega la Dra. Busman. El objetivo para los padres es brindar apoyo, sin agravar las preocupaciones de su hijo o hija. Estos son algunos consejos para ayudar a los niños nerviosos a tener una transición exitosa de regreso a la escuela.

Mida su propia temperatura

El comienzo del año también puede causar ansiedad a los padres, señala la Dra. Busman. Sobre ustedes recae la presión de restablecer las rutinas después de las vacaciones de verano y organizar nuevas actividades y horarios, sin mencionar el hecho de tener que enfrentarse a la reanudación de las tareas.

La Dra. Busman recomienda que los padres midan su propia temperatura para asegurarse de no transmitirles el estrés a sus hijos. Además, para poder manejar su propio estrés, dice, es importante no asumir más compromisos de los que la familia puede manejar cómodamente. “Creo que hay un efecto de contagio del que debemos cuidarnos”, agrega.

Escuche las preocupaciones

Cuando los niños expresan ansiedad por volver a la escuela (un nuevo maestro, un aumento en la tarea, formar un equipo, una crisis entre amigos), escuche atentamente.

En lugar de descartar estos miedos (“¡no hay nada de qué preocuparse! ¡Estarás bien!), escucharlos y reconocer sus sentimientos los ayudará a sentirse más seguros. Y si ellos quieren, usted puede reforzar su confianza al ayudarlos a diseñar estrategias para manejar las cosas que les preocupan.

Pero tenga en cuenta que a menudo los niños quieren poder hablar sobre algo que les molesta sin que usted lo solucione de inmediato. Su trabajo es validar sus sentimientos (“sé que es difícil”) y demostrar confianza en que ellos pueden manejar la situación.

No haga preguntas que sugieran que usted espera que los hagan sentir ansiosos (“¿te preocupa estar en la clase de matemáticas con el Sr. Connelly?”), en su lugar, hágales preguntas de una manera más casual. “No tiene que ser una conversación de media hora”, señala la Dra. Busman, “pero cuando vayan de camino a comprar una mochila nueva, por ejemplo, usted podría preguntar: ‘¿Sabes qué vas a aprender en la clase de matemáticas este año?’”. A menudo los niños dicen más cuando hay menos presión de tener que “hablar”.

Haga algunas pruebas

Si anticipa que su hijo o hija se sentirán muy nerviosos el primer día, ayuda darles tiempo para que se acostumbren a la nueva escuela o al nuevo salón de clases. Vayan a la escuela varias veces antes de que comience la escuela, y caminen por los pasillos lo más que puedan para que puedan identificar dónde está su salón de clases, el baño, la cafetería, el patio de recreo. La repetición es buena: anímelos a que hagan otra vez el recorrido solos y que entren a alguna oficina a preguntar algo o dejar un formulario. Así tendrán más oportunidades de sentirse cómodos estando allí.

Si le es posible, trate de presentarles a su maestro. Permita que practiquen quedarse solos en el salón de clase unos minutos mientras usted camina por el pasillo para dejar algo en la enfermería.

Incluso hacer el trayecto hacia la escuela durante el fin de semana y hacer que los niños practiquen bajar del auto (o del autobús) puede ayudarlos a familiarizarse con esa rutina.

“Cualquier oportunidad de exposición, de repetición, de control ayudará a los niños a hacer lo que llamamos ‘prepararse para enfrentar la situación’”, señala la Dra. Busman.

Dígaselo a alguien

Si su hijo o hija necesitan apoyo adicional para hacer una transición exitosa, avísele a alguien en la escuela: a su maestro, a un ayudante, al psicólogo escolar o a la enfermera de la escuela. Usted podría comentarles que su hijo está feliz y emocionado por ir a la escuela, y que usted está seguro de que estará bien, pero que se sentirá mucho más cómodo si puede reunirse brevemente con el maestro y ver el aula antes del caos y el tumulto del primer día, cuando todos los otros niños estén allí.

Usted no está pidiendo mucho, solo una pequeña exposición que preparará a su hijo o hija para salir adelante con éxito. Y a usted le gustaría que el personal esté alerta a las señales de que podría necesitar ayuda.

Programe la separación

Si cree que su hijo o hija estarán reacios a separarse, es muy útil tener a alguien preparado para recibirlos y entretenerlos cuando lleguen a la escuela. La Dra. Busman señala que el maestro puede estar demasiado abrumado como para prestarle atención especial a su hijo o hija, “pero tal vez tenga un amigo en la clase, o podría pedirle a un ayudante, a la enfermera o al psicólogo escolar que se preparen para recibirlos cuando usted se despida de ellos”.

Usted no quiere que esa persona hable sobre la ansiedad que está sintiendo su hijo o hija, explica, sino que los entretenga en alguna actividad. Pedirle a los niños que ayuden con algo es una buena manera de hacer esto: “¿Puedes ayudarme a llevar todas las fichas magnéticas a este contenedor?”.

Darle a los niños un papel es algo claro y transparente, señala la Dra. Busman. “Nadie está fingiendo que los padres en realidad no se van, y en cambio los ayudarán a involucrarse en el aula, a ser parte de la comunidad. A la mayoría de los niños les encanta complacer a los adultos y quieren ser parte de la actividad, por lo que realmente esto puede ayudarlos a dejar de pensar en la ansiedad”.

Cuando los problemas de separación persisten

Dejar a un niño que llora o se queja en la escuela es algo difícil para cualquier padre. “Pero la mayoría de los niños son bastante resilientes —señala la Dra. Busman— y no queremos subestimar su capacidad de enfrentarse a situaciones difíciles”. La mayoría de los niños se recuperan rápidamente una vez que mamá o papá se van”.

Si el maestro le informa que su hijo se recupera y participa con entusiasmo en las actividades durante el día, la mejor manera de ayudarlo a sentir más confianza para separarse de usted es no preocupándose demasiado por sus quejas.

“Ignorar un poco el lloriqueo o la renuencia no lo hace un mal padre”, dice la Dra. Busman. “En realidad, esto ayudará a su hijo o hija a superarlo si usted presta más atención a las cosas que sí desea ver que ellos hagan”.

Es importante elogiar de manera específica el comportamiento valiente. Por ejemplo, recuérdeles que usted regresará más tarde y dígales cosas como: “Qué bien lo hiciste hoy. Cuando te recoja, espero que me cuentes algo divertido que hayas hecho”.

“La forma en que nosotros como adultos interactuamos y reaccionamos es muy importante: un poco de desatención activa, un poco de atención positiva y mucho estímulo”, señala la Dra. Busman.

Si los niños continúan teniendo problemas de separación, y el temor de que algo malo les va a pasar a sus padres interfiere con su capacidad de funcionar en la escuela, deben ser evaluados por un profesional de salud mental.

Dolores de estómago y de cabeza

La ansiedad por la escuela a veces toma la forma de dolores de cabeza y dolores de estómago por las mañanas, que los niños dicen que los hacen sentir demasiado enfermos como para ir a la escuela. Si su hijo o hija desarrolla un patrón con estos síntomas, es importante que un pediatra los revise: usted no querrá pasar por alto un problema médico.

Pero si el patrón persiste, ir a la escuela puede ser el problema.

Lo más importante que un padre puede hacer cuando los niños se resisten a ir es continuar enviándolos a la escuela de todos modos. Esto puede ser difícil, pero si permitimos que los niños eviten situaciones que los ponen ansiosos, podríamos estar reforzando sin darnos cuenta la idea de que esas situaciones en realidad son peligrosas o aterradoras.

Pero si un niño continúa quejándose de los síntomas físicos, también es importante investigar qué puede estar causando ansiedad. Podría ser señal de un trastorno de ansiedad u otro problema en la escuela. Por ejemplo:

Rechazo escolar

Cuando los dolores de estómago, los dolores de cabeza y otras razones para no ir a la escuela, o llegar tarde o irse temprano, se vuelven persistentes, un niño puede haber desarrollado lo que se llama rechazo escolar.

“Todos se resisten a ir a la escuela de vez en cuando, pero el rechazo escolar es un patrón extremo de evitar la escuela que causa problemas reales a los niños”, dice la Dra. Busman. El rechazo escolar se distingue de la evitación normal por varios factores:

  • La cantidad de tiempo que un niño ha estado evitando la escuela.
  • El nivel de angustia asociada con asistir a la escuela.
  • La cantidad de fuerza con que se resiste.
  • El grado en que la resistencia está interfiriendo con su vida (y con la de su familia).

Si la resistencia de un niño a la escuela es abrumadora y prolongada, debe ser evaluado por un profesional de la salud mental, y es bueno ser proactivo en lugar de esperar meses hasta que pase solo. “Desafortunadamente, cuanto más tiempo faltan los niños a la escuela, más difícil es volver a la rutina”, señala la Dra. Busman, “porque estar ausente refuerza la ansiedad que los mantiene alejados”.