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Qué SÍ y qué NO hacer este regreso a clases

Consejos para manejar el final del verano, especialmente con niñas y niños que sienten ansiedad al respecto.

Escrito por: Jerry Bubrick, PhD

Experto clínico: Jerry Bubrick, PhD

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El final del verano se aproxima, y por todas partes, mamás y papás comienzan a sentir esa inevitable ansiedad acerca de cómo aprovechar al máximo el siguiente año escolar. En mi experiencia, algo que ayuda a preparar el escenario para un año exitoso es anticipar los posibles obstáculos del reingreso y estructurar a detalle las primeras semanas de escuela, en especial si tu hija o hijo tiene un trastorno de ansiedad o algún otro desafío emocional o del aprendizaje. Con esto en mente, presento aquí algunos consejos para las familias sobre qué sí hacer y qué no hacer para comenzar bien el año escolar.

SÍ regresar a la rutina

Hay muchas cosas positivas sobre el verano, como más tiempo para pasar en familia y nuevas oportunidades para tu hija o hijo. Pero el verano también puede ser una época perturbadora para niñas y niños, quienes con gran facilidad se podrían olvidar de que alguna vez estuvieron en la escuela. Por eso te recomiendo encarecidamente que empieces a hacer los ajustes necesarios para la vida escolar antes del primer día. No sirve de nada negar que la escuela está por empezar, y prepararse con antelación puede ayudar a que toda la familia tenga un mejor comienzo.

Primero, es importante que empiecen (y se van a resistir) a tener un horario más parecido al de la escuela. Incluso solo unos pocos días antes de que comience la escuela, la hora de acostarse debería moverse de las 11 a las 9 de la noche, por ejemplo, o lo que sea apropiado en tu familia. Además, sería bueno que se empezaran a despertar cerca de la hora en que lo tendrán que hacer para ir a la escuela y realizar la rutina normal: bañarse, desayunar, vestirse, y así sucesivamente.

También sugiero que limites el “tiempo de pantalla”. Ya sea que se trate de juegos, programas de televisión o redes sociales, asegúrate de que estén apagados al menos una hora antes de acostarse. A veces, a las niñas y los niños les cuesta separarse de su mundo virtual, y si no tienen un “tiempo de inactividad”, seguirán con su atención activa y esto afectará su capacidad de conciliar el sueño por su cuenta.

También puedes comprar los útiles escolares con anticipación. Es mejor poder elegir las cosas en una tienda, lo cual no es poca cosa cuando se trata de hacer la transición lo más fácil posible. Además, la actividad prepara a niñas y niños para el regreso al aula.

NO olvidarse de recargar energía

Cuando tu hijo o hija está contigo, y tú también estás de vacaciones, sabes qué y cuándo está comiendo. Y si se queda hasta tarde, es posible que sea porque toda la familia está viendo una película. Cuando la escuela comienza de nuevo, pierdes algo de control, incluso sin darte cuenta. Podrías asumir que ciertas cosas están sucediendo en la escuela, o cuando tu hija o hijo está en otra habitación, y luego preguntarte qué pudo haber sucedido para que de pronto se haya puesto tan de mal humor y le esté yendo tan mal en la escuela. Bueno, pues si no come hasta que muere de hambre y se queda en TikTok hasta la medianoche…

Mi recomendación para todas las familias es que pongan especial atención a las comidas. La mayoría de las niñas y los niños se despiertan a las 6:30 o 7 de la mañana, y puede que desayunen o puede que no. Quienes están en los primeros grados, podrían tener el receso para el almuerzo en cualquier momento entre las 10:30 de la mañana y la 1 de la tarde. ¿Sabemos lo que comen en ese momento? ¿Llevan su almuerzo de casa o compran una comida caliente en la escuela? ¿Cuánto están comiendo? ¿Están intercambiando sus sándwiches por galletas? ¿Están comiendo algo durante las actividades extracurriculares? Si no están comiendo nada, podrían volver a casa con mucha hambre a las 5 de la tarde, no lograr concentrarse en la tarea durante una hora, luego ingerir todas las calorías y alimentos del día en la cena, agotarse y tener poca energía mental para ponerse a trabajar. Más tarde, se podrían reanimar y quedarse en línea hasta altas horas de la madrugada.

El hecho es que las niñas y los niños que mantienen una buena alimentación y duermen bien tienen un mejor día escolar y son más eficientes en sus tareas que quienes sienten cansancio y hambre.

SÍ hablar sobre el cambio de amistades

El verano puede ser una época de inestabilidad para las amistades, y hablar sobre qué esperar cuando comience la escuela es una buena manera de hacer que niñas y niños comprendan la idea de que las relaciones sociales cambian. A veces, su mejor amigo o amiga del año pasado podría parecer un poco distante al año siguiente. Hacerles saber que este tipo de cosas suceden les puede ayudar a sobrellevar estos cambios que generalmente son dolorosos. Poder compartir amistades con otras niñas y niños y tener coincidencias en algunas amistades es una habilidad que es importante aprender, por eso es algo que amerita una conversación. No es necesario solucionar todos los problemas. A veces solo quieren hablar sobre estas situaciones incómodas y no esperan que tú las arregles. Otras veces, solo quieren que mamá o papá valide lo que sienten y les digan: “Sé que es difícil”.

NO transmitirles tu propia ansiedad

Madres y padres se suelen involucrar en la vida social de sus hijas e hijos porque quieren que desarrollen buenas amistades, sean felices y aprendan habilidades sociales que les ayudarán a ser personas adultas exitosas. Todas estas son buenas razones para involucrarse, pero las niñas y los niños no siempre entienden el interés de esa manera. Esto es particularmente cierto en el caso quienes tienen ansiedad.

Por ejemplo, es muy fácil que cuando tu hija o hijo regresa a casa de la escuela tengas el hábito de preguntarle: “¿Hiciste nuevas amistades?”. Pero eso puede ser vergonzoso para quienes están teniendo dificultades o que aún están averiguando dónde encajan. Preguntas mejor encaminadas podrían ser: “¿Cómo estuvo tu día?”, “dime tres cosas que te gustaron de tu día” o “dime tres cosas que no te gustaron de tu día”. Las preguntas neutrales son mejores que aquellas que se podrían llegar a interpretar como: “Si no hiciste nuevas amistades, entonces me vas a decepcionar”.

SÍ hacer una prueba

Una manera de ayudar a niñas y niños a empezar con el pie derecho, o al menos a tener un mejor comienzo, es hacer un “simulacro” (o dos) antes de que inicie la escuela. Esto puede ser muy útil con quienes tienen problemas de ansiedad, y más aún con quienes se han rehusado a ir a la escuela en el pasado. Recorrer por fuera el edificio, caminar por los pasillos, volver a familiarizarse con los olores, los espacios y los sonidos podría ser algo fundamental para que el primer día pueda tener lugar realmente.

Las visitas de prueba o simulacros también son muy útiles para niñas y niños que están en la transición hacia una nueva escuela. Quienes pasan de la primaria a la middle school o de la middle a la high school reciben una orientación en la escuela, pero por lo general esta se lleva a cabo al final del año anterior. Así que es bueno ir a la escuela antes de que empiecen las clases y conocer los salones que tendrán, saber dónde está su casillero y ese tipo de cosas. Y si una niña o niño se opone y se niega a hacerlo, podría ser una señal de alerta de que este año será problemático. Pero lo bueno es que te has dado cuenta de esto antes de que empiecen las clases.

NO temer a los retrocesos

Si tu hija o hijo tuvo algún problema el año anterior, como un problema de ansiedad o relacionado con el estado de ánimo, y tal vez logró avances significativos durante el verano, podrías estar anticipando un regreso más fácil a la escuela. Pero es bueno que las familias moderen sus expectativas. Con mucha frecuencia pensamos que nuestras hijas e hijos adquirieron muchas habilidades nuevas, por lo que los días uno, dos y tres deberían ser días espectaculares. Y si no es así, algo anda mal. Pero no es así como funciona. Tenemos que dejar que se acomoden poco a poco, y permitir que tengan altibajos. Si puedes aceptar esto, aumentará la confianza de tu hija o hijo y podrá aceptar los contratiempos.

SÍ ayudarles a manejar sus compromisos

La parte complicada de volver a la escuela es que la primera o la segunda semana suelen ser semanas bastante emocionantes pero lentas en términos de trabajo, por lo que es fácil tener una falsa sensación de: “Esto es fácil y puedo asumir esta y aquella actividad extracurricular”. Luego, llega octubre y el pensamiento podría ser: “Tengo demasiado trabajo, ¿de dónde voy a sacar tiempo para todo?”. Por lo tanto, es buena idea esperar hasta mediados de octubre para iniciar nuevas actividades, y tener así suficiente tiempo para adaptarse.

El hecho es que en estos días niñas y niños tienden a involucrarse mucho en clubes, deportes o actividades estudiantiles, y cuando llegan a casa sienten un enorme agotamiento. Tal vez para cuando empiecen a hacer la tarea sean las 9 de la noche: solo dos horas antes de acostarse. He trabajado con muchas niñas y niños que se abruman por sus actividades y luego se retrasan cada vez más en su trabajo, lo que les deprime y aumenta su tendencia a postergar las cosas. Simplemente se vuelve demasiado que manejar. Es importante que las familias moderen sus expectativas con sus hijas e hijos, para que aprendan a lograr el equilibrio en sus propias vidas. También puede ser de gran ayuda modelar esto aplicándolo a tu propia vida. Por ejemplo, le podrías contar a tu hija o hijo que recibiste una invitación para unirte a un comité de recaudación de fondos, pero que no aceptaste porque te diste cuenta de que en realidad no lo podrías manejar. Practicar lo que predicas y dejar que tus hijas e hijos lo vean puede valer más que mil recordatorios firmes.

NO ignorar los problemas

Quiero recalcar este punto una vez más: muchas escuelas son fantásticas, con docentes y administradores con talento y actitud solidaria. Pero no puedes esperar que la escuela tenga la misma perspectiva que tú tienes de tu hija o hijo, ni que automáticamente tengan tus mismas preocupaciones y conocimientos sobre sus dificultades. A veces, el punto de vista de la escuela es: “No vamos a hacer nada hasta que veamos un motivo para hacerlo”. Por eso las familias tienen que ser más proactivas en la escuela. Se tienen que convertir en defensores de su hija o hijo, y si ven que está teniendo dificultades, o les preocupa que algo se le esté dificultando, es mejor decirlo más temprano que tarde.

Última revisión o actualización: 19 de agosto de 2026.

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