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¿A su hijo le falta motivación?

Qué podría significar que los niños parezcan no estar esforzándose mucho en la escuela

Danielle Cohen

Puede ocurrir en cualquier momento entre el kínder y la graduación de la preparatoria (high school), e incluso después de eso. Es una fuente de preocupación común pero importante para los padres: usted empieza a notar una falta de motivación y compromiso en la actitud de su hijo hacia la escuela.

A lo mejor no se entusiasma por aprender cosas nuevas. Tal vez no está haciendo sus tareas. Quizás sus calificaciones están bajando. Puede que haya una pelea cada vez que usted intenta hacer que se siente a completar algún trabajo.

Cualquiera que sea el problema concreto, muchos padres se preguntan por qué su hijo no parece estar esforzándose en la escuela, y cómo pueden ayudarlo a motivarse.

Recopile información

Hay muchas razones posibles por las cuales un niño puede estar desinteresado en la escuela. Estos son algunos de los primeros pasos que usted puede seguir para indagar lo que podría estar sucediendo:

  • Defina claramente sus preocupaciones. ¿Cuáles son las conductas que le hacen pensar que su hijo no está interesado? Una mirada de cerca a lo que está haciendo (o dejando de hacer) lo ayudará a identificar qué puede estar sucediendo.
  • Si dice que está aburrido, ¿qué es lo que está queriendo decir? Muchos niños usan la palabra “aburrido” para describir cómo se sienten en clase, pero su definición de “aburrido” puede no coincidir con la suya. A veces los niños que tienen desafíos o se sienten frustrados no están seguros de cómo llamar a ese sentimiento.
  • Hable con el maestro. El maestro de su hijo es uno de los mejores recursos que usted puede aprovechar para ayudarse a identificar los problemas y encontrar maneras de abordarlos. “El maestro le puede ofrecer hasta seis horas diarias de información sobre lo que hace su hijo”, señala Rachel Busman, psicóloga del Child Mind Institute.
  • Aclare cuáles son sus expectativas. Pida al maestro que lo ayude a asegurarse de que sus expectativas son realistas para la edad y el nivel de desarrollo de su hijo.
  • ¿Forma parte del proceso de aprendizaje? “El aprendizaje de cosas nuevas suele ir acompañado de una cierta cantidad de nerviosismo”, explica la Dra. Busman. “Por ejemplo, un niño que está aprendiendo a leer puede no estar ‘motivado’ ya que es algo nuevo para él y a veces no es lo más fácil”. El maestro puede decirle si cree que su hijo está pasando por una mala racha.
  • ¿Hay cambios en la escuela? Es común que los estudiantes tengan algunos tropiezos durante los dos primeros meses en el kínder o la escuela primaria, pues estas transiciones requieren de muchos ajustes. “Muchos entornos preescolares son mucho más sociales y emocionales y no tan académicos, por lo que es un gran cambio pasar de estar en la guardería al kínder”, señala Laura Fuhrman, neuropsicóloga del Child Mind Institute. El neuropsicólogo y exmaestro Ken Schuster observa un patrón similar al comienzo de la escuela media (middle school), en la que se espera que los niños sean mucho más independientes y organizados.
  • ¿Ha cambiado su hijo de escuela? De la misma manera, cambiar de escuela también puede implicar que su hijo tenga algunas dificultades académicas mientras se adapta a un nuevo entorno.

¿Se trata de factores sociales?

La Dra. Fuhrman señala que a partir de la escuela media, las actitudes de los niños están sujetas a una serie de nuevas interacciones y presiones sociales. Desafortunadamente, los niños que van bien en la escuela a veces se encuentran con situaciones de aislamiento social, y para evitar ser etiquetados como geeks o nerds (estudiosos especialistas en tecnología) pueden retraerse de las actividades académicas.

“En la escuela media, los niños no quieren ser diferentes— dice— y pueden intentar desarrollar una identidad que disminuya su sentimiento de vergüenza y humillación frente a sus compañeros”.

Aunque como padre o madre usted tenga poco control sobre esta situación, lo mejor que puede hacer para contrarrestarla es seguir fomentando el amor por el aprendizaje. Busque oportunidades para que su hijo persiga sus intereses fuera de la escuela y conozca a otros niños con quienes compartirlos.

¿Su hijo tiene un déficit de habilidades?

Si usted continúa viendo a su hijo desmotivado y con bajo rendimiento, puede ser que todavía no haya desarrollado las habilidades que necesita para progresar, debido a un trastorno de aprendizaje o del lenguaje o a dificultades con la función ejecutiva. Cuando un niño experimenta dificultades, especialmente si no se ha identificado el problema, su reacción puede ser dejar esforzarse en el área que le resulta frustrante.

“Lo llamamos indefensión aprendida”, explica la Dra. Fuhrman. “Cuando descubren que no están alcanzando el nivel de éxito, los niños tienden a rendirse, porque lo que están haciendo no está funcionando”.

Estas dificultades pueden surgir en diferentes momentos, ya que el plan de estudios de cada año requiere niveles más altos de destreza. Los niños con trastornos de lectura como la dislexia pueden comenzar a tener dificultades en el primer grado, cuando la lectura se vuelve más importante, así como en el tercer grado, cuando el material comienza a ser más complejo. Muchos problemas con las funciones ejecutivas se hacen visibles al comienzo de la escuela media, donde se espera que los estudiantes se organicen de manera mucho más independiente, tanto con su trabajo como con sus pertenencias.

A medida que estos déficits de habilidades se hacen más y más difíciles de ocultar, los estudiantes que se sienten avergonzados o frustrados por sus dificultades a menudo dejan de intentar superarlos. Con ayuda, los niños con déficits de habilidades pueden eventualmente comenzar a sobresalir en la escuela, al aprender maneras de manejar estas dificultades y utilizar los recursos escolares que les permitan aprovechar sus fortalezas.

Podría ser tan solo aburrimiento

Aunque ocurre con mucha menos frecuencia de lo que los padres imaginan, algunos niños simplemente no están recibiendo suficiente estímulo por parte de su entorno escolar. Estos niños podrían ser lo que los expertos llaman niños “dotados”, cuyas capacidades intelectuales son mucho más sólidas que las de la mayoría de sus compañeros. Estos estudiantes a menudo persiguen sus propios intereses académicos (ya sea que se tate de lectura, escritura, matemáticas o ciencias) fuera de la escuela, y encuentran que el programa de estudios (que para ellos consiste en repasar lo que ya han aprendido en su propio momento) no es estimulante.

Otra de las maneras en que los niños dotados pueden desconectarse de la escuela es cuando tienen talentos en áreas muy específicas, y están tan fascinados con esas áreas que prefieren pensar en ellas durante la clase que poner atención a lo que dicen sus maestros.

Pero Matthew Cruger, un psicólogo del Child Mind Institute que ha trabajado con muchos niños dotados, se muestra escéptico con respecto a que la falta de motivación de un niño se deba únicamente al hecho de ser un niño dotado. “Esperaría que los niños más dotados encontraran algo interesante en el programa de estudios”, dice el Dr. Cruger. Si nada en la escuela despierta el interés del niño, es posible que el niño sea dotado y además tenga un diagnóstico que lo esté frenando y afectando su motivación.

¿Qué otras cosas afectan a los niños en la escuela?

Si bien los trastornos del aprendizaje y otros déficits de habilidades se asocian más comúnmente con la falta de interés en la escuela, hay otros diagnósticos comunes que se manifiestan de esta manera.

  • TDAH. Después de los trastornos del aprendizaje, el TDAH es probablemente la causa más común de que los niños se retrasen en la escuela. La combinación de energía, impaciencia, impulsividad y distracción puede hacer increíblemente difícil que un niño con TDAH funcione en un aula típica. “Los niños con TDAH pueden encontrar la escuela particularmente desafiante porque a menudo se pierden las indicaciones y la información que es importante para que les vaya bien”, explica Kristin Carothers, psicóloga. “También pueden recibir mucha atención negativa de parte de los maestros ya que su conducta puede ser disruptiva, y eso puede provocar que sientan menos motivación para alcanzar un buen desempeño”.
  • Ansiedad. La ansiedad por separación puede hacer que un niño se distraiga o incluso que se niegue a asistir a la escuela porque le preocupa que algo pueda suceder cuando esté lejos de sus padres. El problema también puede ser de ansiedad social, cuando la interacción con sus compañeros y maestros hace que un niño se preocupe tanto que prefiera faltar a clases, en lugar de tener que participar en un pequeño grupo de trabajo o levantar la mano. Los niños con ansiedad generalizada también se preocupan por sus estudios, y pueden llegar a estar tan estresados por el hecho de que su trabajo no sea perfecto, que simplemente se rinden cuando sienten que no es lo suficientemente bueno.
  • Depresión. Uno de los síntomas clave de la depresión es la disminución del interés en actividades que antes le gustaban al niño. Si alguna vez su hijo se sintió estimulado por la escuela, y el recién descubierto desinterés se une a otros síntomas como la irritabilidad o la tristeza, es posible que sufra de depresión.
  • TOC. De la misma manera que la ansiedad puede impedir que un niño se concentre en las clases, el TOC también puede convertirse en un impedimento para su aprendizaje. Los niños con TOC pueden estar tan preocupados por cometer un error que sienten la necesidad de releer todo, o borrar y reescribir sus tareas una y otra vez hasta que estén perfectas. También es posible que sientan que su escritorio está contaminado y pasen tanto tiempo preocupándose por ello que no se den cuenta de lo que sucede en la clase. Pueden desarrollar obsesiones y rituales que interfieran con sus tareas escolares y que hagan parecer que tienen muy pocas ganas de aprender.

Es un proceso

Si su hijo tiene un trastorno que está interfiriendo con su aprendizaje, el tratamiento lo ayudará a involucrarse más y a estar más motivado en la escuela.

Para aquellos niños que no necesitan tratamiento, pero sí apoyo para encontrar la motivación, hay algunas cosas que los padres y los maestros pueden hacer. Y no hay que olvidar que algunos niños adquirirán mayor motivación a medida que vayan creciendo. “Su hijo puede estar en un período de desarrollo en el que le resulta más difícil encontrar la motivación por sí mismo— dice la Dra. Carothers— pero eso no significa que no vaya a encontrarla en el futuro”.