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Mañanas escolares sin estrés

Cómo lograr que su hijo se levante y esté listo para salir a tiempo con la menor cantidad de conflicto.

Beth Arky

Durante el año escolar, se escucha la queja de los padres en todo el país: sacar a los niños por la puerta de lunes a viernes es todo un reto.

¿Qué hace que las mañanas escolares sean tan difíciles? “Son como una tormenta perfecta”, dice David Anderson, PhD, psicólogo clínico en el Child Mind Institute.

“Hay muchas cosas por hacer —explica— y también hay un límite de tiempo”. Agregue a esto el hecho de que los padres a veces sienten que sus hijos no están atentos al tic-tac del reloj mientras ellos están tratando de lograr que todos salgan a tiempo hacia la escuela y el trabajo, y entonces usted tiene una olla de presión que puede, en el peor de los casos, provocar que termine gritando, llorando y olvidando los  almuerzos.

El Dr. Anderson dice que un colega suyo llama a este tipo de momentos (igual que la hora de la tarea o la transición entre la cena, la hora del baño y la hora de ir a la cama, y luego lograr que efectivamente los niños duerman), “situaciones de viajero frecuente”. Él dice que las mañanas son “definitivamente difíciles para la mayoría de las familias con las que hablamos”, no importa si el niño tiene un diagnóstico psiquiátrico o no.

Sin embargo, el grado de estrés puede aumentar en las familias que tienen un niño con necesidades especiales. “Es mucho menos probable que los niños con TDAH o problemas de comportamiento puedan enfocarse en lo que tienen que hacer, o recordar lo que tienen hacer, e incluso pueden mostrarse desafiantes y oponerse a hacer cosas como vestirse, arreglar la cama, darse una ducha, lavarse los dientes o desayunar “, dice el Dr. Anderson.

Por su parte, los niños que están deprimidos pueden tener dificultades para levantarse de la cama, y aquellos que están muy ansiosos pueden rehusarse a hacer lo que se requiere, porque están evitando algo que está sucediendo en la escuela o incluso evitando la propia escuela.

El Dr. Anderson agrega que si un niño está en el espectro autista, las mañanas podrían ser aún más difíciles debido a una rígida adhesión a los rituales. Si los padres necesitan que el niño sea flexible y haga las tareas fuera de orden, esto podría dar lugar a una gran cantidad de conflictos.

Además, muchos niños tienen dificultades con las transiciones, sin importar si tienen o no diagnósticos como el TDAH o el autismo, y las mañanas se tratan definitivamente de transiciones que tienen que ser realizadas bajo un plazo estricto y corto.

Si bien los padres pueden ser más flexibles sobre cosas como la hora de irse a la cama (tal vez permitan que un niño se quede leyendo hasta quedarse dormido), las mañanas no permiten darse ese mismo lujo.

Si un niño sale de la casa por la mañana sin los zapatos adecuados, sin el equipo deportivo, sin la tarea, o sin desayunar, todo eso puede causar problemas en la escuela.

Y si un niño termina llegando tarde a la escuela, a menudo el padre estará llegando tarde al trabajo, también.

Entonces, ¿qué pueden hacer los padres para salir a tiempo de casa y con el menor conflicto posible? El Dr. Anderson recomienda varias cosas.

Planifique con anticipación

En primer lugar, independientemente de la edad del niño, piense en lo que se puede hacer la noche anterior, como preparar lo que llevarán de almuerzo, bañarse, preparar las mochilas y la ropa. Hable con sus hijos sobre lo que tienen que hacer en la mañana. “Es bueno tener estas discusiones cuando las cabezas están más frías y realmente podemos resolver los problemas sobre cómo hacer las cosas de una manera eficiente”, dice el Dr. Anderson.

Los padres de niños más pequeños necesitan concentrarse en ser claros sobre lo que se debe hacer, ayudándolos a desarrollar esta lista con buenos hábitos. Esto se puede lograr al destacar cuándo el niño lo hizo bien, y elogiarlo por esos logros. También es útil dividir las tareas en pasos más pequeños y luego observar cómo está tratando de cumplir o hacer las cosas de manera independiente.

Si los niños son mayores podrían ayudarlos a desarrollar un plan de organización: una lista que podrían revisar para asegurarse de que cada paso se haya completado. “Todos somos más eficaces cuando tenemos muy claro qué pasos debemos seguir y cuando somos realistas sobre lo que realmente podemos hacer con el tiempo que tenemos”, dice el Dr. Anderson.

Modere sus expectativas

El Dr. Anderson también dice que es una buena idea que los padres prioricen los pasos esenciales: lo que se debe hacer versus lo que sería “la rutina ideal”, al menos al principio.

¿Exactamente qué es esencial? “En la realidad, es que el niño suela tener toda la ropa puesta, tenga algo en el estómago y se haya cepillado los dientes”, dice. “Si podemos lograr que se hagan esas tres cosas de alguna manera, antes de que el niño salga de la casa o en el camino hacia la escuela, y reforzamos el progreso del niño, entonces podemos empezar a construir esos hábitos y hacer que las mañanas sean más fáciles en el futuro”.

Una vez que los pasos esenciales se convierten en hábito, los padres pueden centrarse en la “rutina ideal”, que puede incluir cosas como que el niño tenga sus manos quietas cuando está junto a un hermano, que haga su cama y organice sus cosas.

Utilice ayudas visuales

El Dr. Anderson dice que, especialmente con los niños más pequeños que están en el espectro autista o tienen TDAH, “queremos hacer que todos los comportamientos que hemos definido como conductas objetivo también estén expresados visualmente para que los puedan recordar y, con el tiempo, comenzar a hacerlos de manera independiente”. Los recordatorios visuales pueden incluir horarios e imágenes de comportamientos específicos, como la foto de un niño cepillándose los dientes cerca del lavamanos.

Con los niños y adolescentes que muestran un desarrollo típico, la cantidad de visualización necesaria varía: “Hay niños que solo necesitan que sus padres les den instrucciones verbalmente, y entonces normalmente pueden recordarlas y seguir adelante. Algunos niños necesitan más recordatorios o tiempo para formar estos hábitos”, señala el Dr. Anderson.

Cree incentivos

Cuando se trata de hacer que las mañanas sean mejores, las recompensas son también esenciales. Pueden ser de corto plazo, con algún tipo de regalo inmediato o, debido a la falta del tiempo, puede ser en forma de privilegios ganados para ser disfrutados más tarde.

El Dr. Anderson ofrece uno de sus ejemplos favoritos de una recompensa a corto plazo, que involucra a una adolescente y a su madre. “Hablaron sobre los comportamientos específicos en los que se iban a enfocar”, dice. “La idea era que ella se levantara a cierta hora, hiciera todas sus cosas y se fuera a cierta hora para la escuela. Si esas tres cosas sucedían sin demasiados recordatorios, entonces se detendrían para un desayuno especial como Starbucks, y caminarían en lugar de tomar el metro. “Esto no solo motivó a la adolescente, sino que también mejoró la relación madre-hija, ya que tuvieron más tiempo para hablar.

Los niños más pequeños pueden ser motivados por un plan de comportamiento más definido con recompensas significativas. El Dr. Anderson cita el ejemplo de un estudiante de cuarto grado: Mientras él se levante, tome un desayuno relativamente saludable, se vista rápidamente y se cepille los dientes sin demasiados recordatorios de los padres, gana puntos por cada uno de esos comportamientos. Estos puntos se traducen en 30 minutos de tiempo de pantalla en esa misma noche.

Manténgase calmado

Cuando los padres se encuentran con obstáculos en el camino y los ánimos están que arden, necesitan pensar en maneras de bajar la tensión a la situación, ya que discutir es una distracción y puede dañar su relación con sus hijos, así como desacelerar aún más las cosas.

Hay varias maneras en que los padres pueden tratar de bajar la tensión a una situación, tales como:

  • Hablar en un tono más calmado.
  • Ser claro acerca de las expectativas.
  • Continuar elogiando, incluso los pequeños esfuerzos, en lugar de centrarse en lo que el niño podría no estar haciendo.
  • Centrarse en el siguiente paso dentro del proceso.
  • Mantener el enfoque en el objetivo, tanto a corto como a largo plazo.

También ayuda aceptar que, al menos en el corto plazo, las cosas no pueden ser perfectas, pero que al apegarse a las estrategias de comportamiento, pueden mejorar.

Si todo falla, busque ayuda profesional

En situaciones donde los niños tienen dificultad “incluso para levantarse de la cama o donde hay conflicto cada mañana con peleas a gritos”, hasta el punto de que la dinámica familiar está deteriorada o hay preocupaciones sobre la salud mental del niño o el padre, el Dr. Anderson recomienda asesoría profesional. Esto podría implicar capacitación para padres, que incluye enseñar a los padres el uso de estrategias efectivas para el manejo del comportamiento, capacitación conjunta entre el padre y el niño para aprender a tener interacciones más exitosas, o trabajo individual con el niño en una terapia cognitivo-conductual en la que desarrollen habilidades para enfrentar situaciones difíciles y para tener una mejor regulación emocional.