Ask An Expert / Escuela

Mi hijo ha progresado mucho en el tratamiento diurno y está listo para volver a una escuela normal. ¿Cómo podemos hacer que la escuela lo ayude si sigue teniendo arrebatos ocasionales?

Su hijo necesita un equipo escolar proactivo que lo ayude a comportarse.

A mi hijo de 10 años le diagnosticaron depresión, ansiedad, TDAH y está en el espectro del autismo. Lleva dos años y medio en un programa de tratamiento diurno, después de ser expulsado de su escuela habitual. Está tomando medicamentos y ha progresado mucho, sin embargo, todavía tiene arrebatos ocasionales de violencia. El programa de tratamiento diurno y nosotros estamos de acuerdo en que su escuela regular sería un mejor entorno para él ahora, ya que algunos de los comportamientos de los otros niños en el centro de tratamiento diurno lo hacen reaccionar. Pero los trabajadores de la escuela ordinaria no parecen tener la voluntad o la capacidad de ayudarlo a salir adelante, a no ser que por algún milagro se comporte allí perfectamente todo el tiempo. ¿Qué hacemos? ¿Debemos buscar un entorno escolar diferente? Y si es así, ¿qué deberíamos buscar? Hemos hecho tantas cosas para tratar de entender sus arrebatos y ayudarlo a ver que la violencia no es la opción correcta. Pero ahora simplemente estamos perdidos.

Parece que está haciendo un trabajo excelente por asegurarse de que las necesidades de salud mental de su hijo sean cubiertas. También parece que su hijo ha hecho un progreso considerable en cuanto a su autorregulación, y eso es algo que hay que celebrar.

Creo que mientras sigue considerando la posibilidad de que su hijo se reincorpore a su escuela habitual, sería importante que se reúnan con el equipo escolar de servicios de apoyo a estudiantes, el cual suele estar compuesto por consejeros escolares, maestros de educación especial y de educación regular, un psicólogo escolar, un patólogo del habla y el lenguaje y, a veces, incluso la dirección de la escuela. Al tener una reunión de equipo, usted puede expresar sus preocupaciones actuales respecto a su hijo y su comportamiento, y escuchar de parte del equipo cómo planean abordar sus necesidades. De este modo, usted puede ser parte del proceso y colaborar en la planificación educativa para el año.

Al pensar en cómo intervenir ante el comportamiento, siempre es importante hacer énfasis en un enfoque proactivo y preventivo, para aumentar los comportamientos positivos y quitar el foco de los más negativos. Una sugerencia específica que tengo para las dificultades que usted ha descrito es asegurarse de que su hijo esté informado de este cambio de entorno mucho antes de que vaya a su nueva escuela. Procure utilizar un lenguaje positivo que celebre sus progresos y en lo mucho que ha aumentado su capacidad de regresar a un entorno escolar regular. Además, puede programar un momento en el que juntos puedan visitar la escuela, conocer a sus maestros y a los encargados de áreas especiales, y quizás incluso almorzar en la cafetería con compañeros de su misma edad. Si puede hacer que él viaje en el autobús escolar, como una prueba, eso también sería útil. De este modo, su hijo puede prepararse mentalmente para saber cómo van a ser las cosas, cómo se van a sentir, cómo van a sonar e incluso cómo van a oler (ya que sabemos que los niños con TEA a menudo tienen sensibilidades sensoriales).

Tiene razón al pensar que lo que ayudaría a su hijo es una escuela en la que sus maestros adoptaran un enfoque proactivo respecto a su comportamiento, y no que simplemente lo castiguen si no consigue comportarse de la manera esperada. Nosotros utilizamos lo que llamamos los “ABC del comportamiento”, por sus siglas en inglés. La “A” significa “antecedente” (o desencadenante), la “B” es para “comportamiento” (en inglés behavior) y la “C” es para la “consecuencia” (o resultado). Si su hijo está teniendo un arrebato, usted debe intentar fijarse en lo que ocurrió inmediatamente antes. ¿Quería llamar la atención de alguien pero no sabía cómo hacerlo verbalmente? ¿Estaba molesto por algo que ocurrió, pero no pudo expresar por qué o cómo? ¿Se le pidió que realizara una tarea difícil de la que quería escapar?

La última pregunta es importante porque subraya el concepto de la función de un comportamiento. Por ejemplo, a veces los niños tienen arrebatos cuando quieren escapar de algo u obtener acceso a algo que es gratificante. Darse cuenta de cuándo su hijo quiere evitar una exigencia permitirá a sus maestros saber qué tareas son más difíciles para él y dónde necesita más apoyo, como una manera de prevenir los arrebatos. Además, notar cuándo su hijo busca tener acceso a un objeto deseado permitirá que sus maestros  sepan qué le gusta, y cómo darle acceso a ello podría animarlo a involucrarse en comportamientos positivos.

Usted también puede animar a los maestros de su hijo a fomentar lo que llamamos el “opuesto positivo” del comportamiento. Por ejemplo, si quieren que mantenga su cuerpo tranquilo y su voz relajada, en lugar de decirle: “¡Deja de hacer eso!”, dénle un sustituto positivo de algo que sí quieren que haga. En este ejemplo, pueden animarlo a tener un cuerpo relajado, o a tener un “cuerpo seguro”. Si intentan esto, siempre animamos a los maestros (y a los padres) a que den muchos elogios específicos tras un comportamiento opuesto positivo. Esto sería algo como: “¡Muchas gracias por tener un `cuerpo seguro´! Me gusta ver cuando estás tranquilo”. Esto hace saber a su hijo que les gusta su comportamiento y que les gusta específicamente cuando está tranquilo.

Este tipo de retroalimentación positiva es especialmente útil para los niños del espectro autista, ya que es breve, específica y concreta, lo que les resulta más fácil de asimilar y comprender. Además, cuando esta retroalimentación se da justo en el momento en que usted lo “sorprende siendo bueno”, o cuando está tranquilo, su hijo puede asimilar mejor esa información y utilizarla en el futuro para seguir teniendo una buena autorregulación. Una tabla de recompensas también puede ser un incentivo adicional para su hijo, si las estrellas o los puntos le parecen realmente valiosos.

Si encuentra que estas intervenciones son difíciles de aplicar o si sigue sintiendo que la escuela no está funcionando para él, puede solicitar la ayuda de un profesional de la salud mental para que entre en contacto con la escuela de su hijo o para buscar otra escuela que se muestre más dispuesta a darle el apoyo que necesita.