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Empezó por dar abrazos de manera un poco demasiado agresiva. Luego empezó a empujar, pellizcar, golpear y morder.

Empezó por dar abrazos un poco agresivos. Luego empezó a empujar, pellizcar, golpear y morder.

La hija de Audrey, Casey, empezó a tener problemas de conducta preocupantes en preescolar. Audrey habla de los problemas de Casey y de la experiencia de la familia con la terapia de interacción entre padres e hijos.

¿Qué fue lo primero que notó en Casey que la preocupó?

Audrey: Lo primero que noté, que fue como una especie de bandera roja, aunque una linda bandera roja, fue cuando Casey era bebé, tal vez de cuatro meses, ella hacía un movimiento con sus manos. Era como si tuviera un exceso de energía y el movimiento fuera para sacar una frustración o enojo. No me alarmaba, pero lo noté. Es como si lo tuviera dentro. Lindo, pero luego no tan lindo. Y ahora, manejable.

¿Cómo era Casey de pequeña?

Audrey: Era una niña valiente, sociable, una gran niña. Yo estaba sumamente orgullosa de ella, pensaba que era muy brillante. Era muy sociable. Pero era sociable con los niños, no con los adultos.

¿Entonces los problemas empezaron en el preescolar?

Audrey: Ella fue a un programa para niños de dos años (conocidos como Two´s Program), y en realidad no estaba interesada en el trabajo que hacían los niños, estaba interesada en los niños. Se acercaba a ellos y los abrazaba, pero los abrazaba de una manera demasiado agresiva. Y fue algo que no resultó ser lo correcto en el momento adecuado. Entonces la escuela pensó que tal vez era algo sensorial. Tal vez sus habilidades motoras finas no eran buenas y no lograba hacer el trabajo, entonces, se dirigía hacia los niños. Como algo que hacer. Así que sugirieron que fuéramos a terapia ocupacional, lo cual hicimos a sus tres años.

¿La terapia ocupacional marcó alguna diferencia?

Audrey: No vi que pasara nada. Tal vez fue útil, pero no se sintió útil. Y sentíamos que era caro.


“Al final de los tres años, sus abrazos se habían convertido en empujar, pellizcar. Pero era algo oculto, como que podía hacerlo sin que nadie lo viera. Muy disimulado”.

¿Cómo respondió su marido David?

Audrey: Casey se parece mucho a mi marido, es muy enérgica, muy hiperactiva a veces. Y él puede relacionarse con ella, entiende de alguna manera dónde podría venir algo de esto. Creció en un pueblo pequeño. En primer grado, era tan hablador e hiperactivo que no sabían qué hacer con él, así que lo metieron en una caja de cartón y le hicieron un agujero para que pudiera ver el pizarrón. Lo estigmatizaron y lo pusieron en clases de recuperación. Él es una persona inteligente, pero no sabían cómo lidiar con él. Así que él estaba muy susceptible a cómo Casey podría ser estigmatizada si iba a terapia ocupacional, y se le obligaba a seguir determinado camino. Porque tenemos muy claro que ella es muy brillante.

¿Qué pasó después?

Audrey: Al final de los tres años, sus abrazos se habían convertido en empujar, pellizcar. Pero era algo oculto, como que podía hacerlo sin que nadie lo viera. Muy disimulado. Así que no era solo que tuviera algún tipo de problema de impulsos, ella sí sabía lo que estaba haciendo. Y luego, al final del año, hubo un incidente. Ella empujó a una niña por tocar algo que estaba construyendo. Y la niña voló hacia atrás y golpeó algo.

¿Cuáles fueron las consecuencias?

Audrey: Todos los padres lo supieron, y Casey realmente se hizo famosa. La escuela sugirió que buscáramos apoyo de un SEIT, alguien que está en el aula con tu hijo. Fue realmente hacia el final de los tres años, y decidimos no hacerlo. Estaban pasando tantas cosas: el psicólogo de la escuela decía una cosa y las personas de la terapia ocupacional otra, y los maestros y, ya sabes, otros padres. Nosotros sentíamos mucho estrés y mucha presión y decidimos salir de la ciudad durante el verano, con la esperanza de que un descanso suavizara las cosas.


“Aprendimos que no tienes que ponerte nervioso, no tienes que volverte loco y no tienes que ponerte emocional. Todos aprendimos sobre consistencia”.

¿Y fuera de la escuela?

Audrey: Todo era tan estresante. Estaba embarazada en ese momento, y nos habíamos mudado. Estábamos en una vivienda temporal. Nuestra vida familiar era estresante, la escuela era estresante, ningún lugar era cómodo o seguro. Íbamos a cualquier lugar y simplemente nos aterrorizábamos: ¿Va a saludar a sus abuelos? ¿Va a, ya sabes, saludar a nuestro portero? ¿Va a golpear a nuestro portero?

¿Cómo intentó manejar a Casey?

Audrey: Traté de ser muy paciente y comprensiva. Un día, en el campamento de ese verano, todo había empezado bien, pero después empezó a pegar a los niños. Así que le dije a los consejeros, esto no está bien, llámenme si esto sucede, e iré a recogerla. Así que la recogía como tres o cuatro veces a la semana. Yo le decía, ¿por qué golpeas a esta persona? No golpeamos a la gente. Te lo dije, si vuelves a hacer eso otra vez voy a recogerte. Ese tipo de cosas. Y mi marido, por otro lado, era más de gritar, teníamos estilos totalmente diferentes. Y ya sabes, ninguno de los dos tenía completamente la razón. Eso creó mucha tensión porque no me gustaba la forma en que él lo manejaba, y él sentía que yo tampoco lo estaba manejando bien.

¿Qué pasó al año siguiente?

Audrey: Entonces volvimos aquí y la escuela comenzó de nuevo el año pasado, a sus cuatro. La primera semana estuvo genial, y luego la segunda semana no fue tan genial. Empezó a pisar los pies de los niños en la fila, y los maestros probaron con los tiempos fuera, intentaron todo lo que sabían, pero no pudieron controlarla. Entonces mordió a un niño, y fue entonces cuando la sacamos de la escuela, y comenzó a hacer el programa de interacción entre padres e hijos (PCIT, por sus siglas en inglés) dos veces por semana, me parece, durante unos dos meses.

¿Cómo era el PCIT?

Audrey: Aprendimos el guión: “Por favor, siéntate. Si no te sientas, tendrás que sentarte en la silla”. Y aprendimos que no tienes que ponerte nervioso, no tienes que volverte loco y no tienes que ponerte emocional. Todos aprendimos sobre consistencia. Y todos sabemos exactamente qué esperar, todos sabemos las consecuencias de cualquier comportamiento, y es mucho más fácil.

¿Cómo funcionó para Casey?

Audrey: Volvió a la escuela en enero, en el segundo semestre. Fue genial. Ella es muy simpática, ¿sabes? A los demás niños realmente les agrada cuando no está haciendo ese tipo de cosas. Es como lo de aquel poema que decía: “Había una una vez una niña que tenía un rizo justo en medio de la frente…” (“There once was a girl, who had the curl, right in the middle of her forehead…”): Cuando es buena es genial, y cuando es mala es un caos.

¿Los maestros usaron las técnicas que usted aprendió en el entrenamiento?

Audrey: No. Nos reunimos con la escuela, con el administrador, el terapeuta, los maestros, el Dr. Steven Kurtz y nosotros. Tuvimos algunas reuniones. Pero en la escuela se ofendieron porque no pasamos a través de sus canales. Tratamos de explicarles: Estamos tratando de salvar a nuestra familia. No se trata de su escuela, no se trata de la clase o de sus maestros. Estamos en medio de un caos, estamos luchando por salir adelante y estamos haciendo lo mejor que podemos. Y me parece que no se dieron cuenta de eso.

¿Así que Casey volvió a la escuela con un SEIT?

Audrey: Sí, era alguien que había trabajado en el programa PCIT. Y eso fue en verdad algo invaluable. En realidad no creo que ella hubiera podido hacerlo sin eso. Al principio, la SEIT estaba justo al lado de Casey, rondando. Y luego, si surgía algo, como una situación difícil, alguien le quitaba algo o ella le quitaba algo a alguien, ya sabes, ella estaba allí para ayudarlos a resolverlo. Se convirtió casi en una de las maestras del salón. Empezó el año manteniéndose muy cerca, y a lo largo del año fue retrocediendo, retrocediendo, retrocediendo. Al final del año, se sentaba por allí,  disponible por si acaso.

¿Cómo le va Casey en la casa?

Audrey: Antes del PCIT, teníamos que decirle a Casey 10, 11, 12 veces “ponte los zapatos” o cualquier cosa. El Dr. Kurtz dijo algo como: “¿Estarían satisfechos si solo tuvieran que pedírselo una vez más, solo una nueva vez más, aunque siempre tuvieran que pedírselo una vez más?”. Y nosotros estábamos como sí, sí, sí. Y así es cómo son las cosas. Es como si ella nunca se pusiera solamente los zapatos. Por ejemplo, no puedes solo decirle “por favor, ponte los zapatos”, casi siempre tienes que decirle: “Por favor, ponte los zapatos. Si no te pones los zapatos…”. Pero a menudo cumple a la segunda, ya sabes. Así que pensamos: “¡Claro, lo tomamos!”.


“La he visto hacer cosas que sé que no podría haber manejado en el pasado. Como cuando la dejé en el campamento este verano, y cuando se sentó en el círculo, la niña de al lado dijo: `No hay lugar para ti´. Antes, Casey hubiera querido tirar su bloque de construcción o algo así, ya sabes. Y la vi que simplemente se quedó sentada, y me sentí tan orgullosa de ella”.

¿Cómo le va con los niños fuera de la escuela?

Está mucho, mucho mejor. Está mucho mejor. La he visto hacer cosas que sé que no podría haber manejado en el pasado. Como cuando la dejé en el campamento este verano, y cuando se sentó en el círculo, la niña de al lado dijo: “No hay lugar para ti”. Antes, Casey hubiera querido tirar su bloque de construcción o algo así, ya sabes. Y la vi que simplemente se quedó sentada, y me sentí tan orgullosa de ella. Sabes, eso es difícil de hacer, es hiriente que alguien te diga eso. Así que ella está manejando este tipo de situaciones muy bien.

¿Y el diagnóstico es un trastorno de conducta?

Eso es lo que dijeron que era, trastorno de conducta. Aunque al final, al final de nuestro tiempo juntos, le pregunté al Dr. Kurtz: “Entonces, ¿esto va a estar siempre con ella? ¿Tiene uno un trastorno de conducta para toda la vida?”. Y él me dijo: “No estoy completamente seguro de que ese sea el diagnóstico que yo daría ahora”.

¿Cómo se siente David sobre la forma en que ha funcionado?

Creo que se siente muy bien al respecto. Sí. Y siento que tengo mucha suerte. Realmente tuve suerte.