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Qué hacer cuando tu hijo no quiere hablar del bullying que está viviendo

Cómo detectar las señales, apoyar a tu hijo e intervenir si la escuela no hace nada.

Escrito por: Juliann Garey

Expertos clínicos: Megan Ice, PhD , Stephanie Ruggiero, PsyD

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El bullying es algo que esperamos que no les suceda a nuestros hijos, o si sucede, que acudan a pedir nuestra ayuda de inmediato. Pero a veces los niños no nos lo cuentan. Tal vez se avergüenzan, temen que la situación empeore si “delatan” al acosador o les preocupa que reaccionemos de forma exagerada y empeoremos las cosas. Puede que tu hijo o hija, que antes se comportaba de forma extrovertida, de repente te pida quedarse en casa y no ir a la escuela, o si se trata de un adolescente, quizá observes que se comporta con nerviosismo o ansiedad cada vez que recibe una notificación en su teléfono. Sabes que algo está pasando, pero te insisten en que todo está bien.

Antes de actuar, conviene saber qué se considera bullying. No todas las situaciones desagradables entre niños alcanzan ese nivel. Stephanie Ruggiero, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute, afirma que el bullying tiene tres características primordiales: es intencional, se repite y hay un desequilibrio de poder, lo que significa que quien acosa tiene más poder social, físico o emocional. (Aquí puedes leer más sobre qué es bullying y qué no lo es).

Detectar las señales de bullying cuando los niños no hablan

Los padres son con frecuencia los primeros en darse cuenta de que algo va mal, incluso cuando los niños insisten en que todo va bien. La Dra. Ruggiero recomienda prestar atención a lo siguiente:

  • Quejas físicas: dolores de estómago, dolores de cabeza u otras dolencias que aparecen antes de salir hacia la escuela.
  • Evitación: negarse a ir a la escuela, faltar a actividades o fingir tener una enfermedad.
  • Cambios de humor: estar irritable, retraerse o mostrar una ansiedad inusual.
  • Problemas para dormir: pesadillas, mojar la cama o dificultad para conciliar el sueño.
  • Objetos perdidos o dañados: lentes rotos sin explicación, dispositivos electrónicos que se pierden o ropa rasgada.

Si el bullying se está produciendo en línea, te puedes fijar en lo siguiente:

  • Esconde su teléfono o cierra de golpe su dispositivo electrónico cuando entras en la habitación.
  • Elimina de forma repentina cuentas de redes sociales o crea otras nuevas.
  • Bloquea números o elimina amistades de sus contactos.
  • Tiene reacciones emocionales extremas (ira, llanto, pánico) tras recibir una notificación.
  • Aumenta o disminuye drásticamente el tiempo que pasa frente a la pantalla.

“Esos cambios de comportamiento son tus pistas”, afirma la Dra. Ruggiero. “Si observas patrones que no son habituales en tu hijo, confía en tu instinto”. Imagina, por ejemplo, que tu hija de octavo grado de repente te empieza a pedir que la dejes quedarse en casa y no ir a la escuela, y se pasa horas mirando el celular, para luego salir llorando. Estos patrones pueden ser inquietantes y, con frecuencia, son la primera pista de que algo está pasando bajo la superficie.

Razones por las que tu hijo podría no querer hablar

Megan Ice, PhD, una psicóloga en el Centro para trastornos del estado de ánimo del Child Mind Institute, afirma que comprender por qué los niños guardan silencio con frecuencia es la clave para ayudarles a abrirse. “Antes de hacer nada —dice— trato de aclarar lo que realmente está pasando y ayudo a los padres a manejar su propia ansiedad para que puedan solamente escuchar y validar, en lugar de lanzarse inmediatamente a la resolución de problemas. A veces eso es suficiente para dar a los niños el espacio que necesitan para hablar”.

Las razones por las que los niños no quieren hablar varían mucho:

  • Miedo a que la situación empeore: Muchos niños han visto o experimentado intervenciones de la escuela que han resultado contraproducentes; por ejemplo, quedar con la etiqueta de “soplones” o que les cambien el horario de clases o el periodo de almuerzo, lo que les hace sentir como traidores.
  • Vergüenza o incomodidad: Los niños varones, señala la Dra. Ice, con frecuencia sienten la presión de comportarse como si esto no les importara. Cuando las burlas son por cuestiones personales o privadas, como la higiene, mojar la cama o la imagen corporal, puede ser demasiado humillante como para contarlo.
  • Miedo a las consecuencias: A veces los niños se callan porque han infringido una norma. “Si un niño ha sido objeto de bullying después de compartir la foto de un desnudo o porque hizo trampa en un examen, puede que tema el castigo tanto como el bullying en sí mismo”, afirma la Dra. Ice.
  • Preocupación por agobiar a sus padres: Hay niños que dudan en llevar sus problemas a casa porque perciben mucho estrés en sus padres. Y hay quienes no quieren que sus padres se sientan culpables o causarles alguna molestia.

“Identificar lo que mantiene a los niños en silencio ayuda a los padres a acercarse con empatía”, dice la Dra. Ice.

Crear un espacio para la conversación

Cuando sospechas que algo va mal, puede que tu primer instinto sea presionar para obtener respuestas, pero presionar demasiado puede ser contraproducente. “El objetivo es darle seguridad a los niños para que te quieran contar”, dice la Dra. Ruggiero. “Eso comienza por mantener la calma, estar presente y con una actitud de curiosidad”. Estas son algunas formas de fomentar la conversación con tu hijo que pueden hacer que se abra más fácilmente:

  • Haz preguntas abiertas: Evita las preguntas que se responden con “sí” o “no”. En su lugar, prueba con: “Si tu maestro me llamara, ¿qué me diría sobre tu día?”.
  • Valida sus sentimientos: Di cosas como ”eso suena muy frustrante”, o “entiendo por qué te sentiste triste”.
  • Recurre a la creatividad: En el caso de niños más pequeños, observa cómo juegan para detectar señales. Los juegos de simulación pueden dar pistas sobre lo que ocurre en la escuela. “Si sus muñecas o figuras de acción empiezan a portarse mal —explica la Dra. Ice— eso podría dar pie a preguntar casualmente: ‘Eso ha sonado muy cruel, ¿te pasa eso alguna vez en la escuela?’”.
  • Lean juntos: Los libros pueden ser una forma sutil de ayudar a los niños pequeños a comprender y hablar sobre el bullying. El Child Mind Institute tiene una lista de libros recomendados por profesionales clínicos sobre bullying. La Dra. Ruggiero también recomienda consultar Magination Press (en inglés), de la American Psychological Association, que publica libros infantiles escritos por psicólogos sobre una variedad de temas. Puedes buscar en su sitio web por tema y grupo de edad para encontrar libros que se adapten a las necesidades de tu hijo.
  • Comunicarse por escrito: Los niños mayores que tienen dificultad para expresarse de forma verbal tal vez prefieran escribirte una nota, enviarte un mensaje de texto o incluso utilizar un simple emoji para mostrar cómo se sienten.
  • Aprovecha los momentos que pasan juntos: Hablen en el auto, mientras pasean al perro o durante otra actividad relajada. Esto funciona especialmente bien con preadolescentes y adolescentes, que podrían tener cierta reticencia a confiar en sus padres.

Evita reaccionar de forma exagerada, entrar en pánico, interrumpirles o presionar para que se apresuren, y procura no minimizar su experiencia. “Si los padres mantienen la calma, entonces les dan el ejemplo a sus hijos de que pueden manejar noticias difíciles”, dice la Dra. Ruggiero. “Eso aumenta la probabilidad de que recurran a ti nuevamente”.

Qué hacer si aún así no quiere hablar

Si a pesar de tus esfuerzos tu hijo sigue sin querer abrirse, la Dra. Ice dice que el siguiente paso depende de lo que estés observando. “Si hay evidencia concreta, como mensajes hirientes, pertenencias dañadas o lesiones visibles, vale la pena buscar ayuda”, dice. “Con frecuencia, el consejero escolar es la mejor primera opción, porque conoce a los maestros, la dinámica social y puede supervisar discretamente lo que ocurre día a día”.

Si tu hijo se niega a reunirse con el consejero escolar, tal vez porque le preocupa la confidencialidad o que alguien pueda darse cuenta de que está en esa oficina, un terapeuta externo puede ayudar. “La terapia ofrece a los niños un espacio privado para procesar lo que está sucediendo —añade la Dra. Ice— y además puede incluir la coordinación con la escuela”.

Con los niños más pequeños, el maestro titular puede ser el punto de partida adecuado, ya que es quien observa todas sus interacciones. En middle school y high school, el consejero suele tener la mejor visión general de lo que ocurre en las clases y en los entornos sociales.

Cuándo involucrar a la escuela y cuándo no

Muchos padres se sorprenderán al saber que involucrar a la escuela no siempre es la mejor solución para tu hijo. “Por lo general soy cautelosa sobre contactar a la escuela sin el permiso explícito de los niños, especialmente en el caso de estudiantes de middle school o high school”, dice la Dra. Ice. “Si no se sienten parte del plan, esto podría empeorar las cosas”.

La Dra. Ice dice que hay niños que a veces tienen disposición a mantener una comunicación limitada con la escuela (por ejemplo, aceptan pedir más supervisión durante el recreo o permiso para utilizar un baño diferente si es allí donde se produce el bullying).

La Dra. Ice añade que una buena regla general es involucrar a la escuela cuando existe un riesgo claro para la seguridad, cuando el bullying es repetido o cuando afecta al funcionamiento de los niños. Pero hay que proceder con más cautela cuando se trata de un conflicto social puntual o cuando tu hijo se resiste firmemente.

“También ayuda mantener un enfoque de curiosidad”, explica la Dra. Ice. “A veces, los padres solo escuchan una versión de las cosas, y resulta que tu hijo está haciendo algo (como tararear o bromear constantemente), que irrita a sus compañeros. El objetivo no es asignar culpas, sino comprender el panorama completo para poder planificar la respuesta adecuada”.

Consejos para hablar con la escuela

Cuando te comuniques con la escuela, enmarca la conversación como una colaboración: están trabajando conjuntamente para resolver un problema, no para señalar culpables. Comparte los datos que hayas recopilado, lleva capturas de pantalla o documentación y pregunta qué medidas pueden tomar para garantizar la seguridad de tu hijo.

“Si la situación no mejora, ve escalando gradualmente, desde el maestro, al consejero, al director y al superintendente, si es necesario”, dice la Dra. Ruggiero. “Y conoce la política antibullying de la escuela para que puedas referirte a ella cuando pidas ayuda”. Recuerda que las escuelas siguen siendo responsables de abordar el bullying que se produce fuera de sus instalaciones, si afecta la capacidad de aprendizaje de tu hijo o su sensación de seguridad en la escuela.

Ayudar a tu hijo a responder al bullying

A menudo, a los padres les cuesta saber cuándo intervenir y cuándo dejar que los niños se las arreglen por su cuenta. “Si la seguridad de tu hijo está en peligro, si el bullying es persistente o si te pide ayuda, es importante intervenir”, aconseja la Dra. Ruggiero. “En el caso de conflictos sociales más habituales, puedes guiar desde fuera, ofreciendo ideas y dando ánimos, mientras dejas que practiquen cómo manejar las cosas por su cuenta”.

Cuando estés ayudando a tu hijo a planificar su reacción ante el bullying, la Dra. Ice sugiere repasar conjuntamente situaciones de la vida real. “Si lo que le preocupa es la hora del almuerzo, hablen acerca de dónde se sentará, junto a quién y qué hará si alguien le susurra o publica algo desagradable. Tener ese guion en mente, incluso frases sencillas como “no quiero hablar de eso” le facilita manejar la situación en tiempo real”.

Cambiar la reacción de los niños a veces puede hacer toda la diferencia. “Si podemos ayudar a los niños a responder de forma más neutral en lugar de con lágrimas o ira, con frecuencia le quitamos la recompensa al bully”, explica. Por ejemplo, si un niño tiende a llorar o a reaccionar violentamente, haz que practique pedir un descanso para ir al baño de forma calmada, para recomponerse. “O simplemente se podrían dar la vuelta y marcharse. No se trata de fingir que no les importa: se trata de aprender a manejar esos sentimientos fuertes en un espacio privado y más seguro, para que el bully no obtenga la reacción que busca.

La Dra. Ice lo resume así: “El mejor enfoque depende de la preparación de tu hijo. Cuanto más hacemos que participen en las decisiones y en la resolución de problemas, más se empoderan, y esa confianza es con frecuencia lo que al final reduce el bullying”.

Preguntas frecuentes

¿Cómo puedo saber si mi hijo está viviendo bullying si no quiere hablar de ello?

Presta atención a los cambios que no encajan con los patrones habituales de tu hijo, como dolores de estómago frecuentes antes de ir a la escuela, objetos personales dañados, problemas para dormir o cambios de humor. Los niños que sufren bullying en línea podrían esconder sus teléfonos, eliminar sus cuentas de redes sociales o reaccionar emocionalmente a las notificaciones. Confía en tu instinto si algo te parece inusual.

¿Qué opciones tengo si la escuela ignora las denuncias de bullying?

Empieza por documentar lo que está sucediendo y mantén una comunicación colaborativa. Si nada cambia, sigue paso a paso: del maestro al consejero, después al director y luego al superintendente, si es necesario. Las escuelas son legalmente responsables de abordar el bullying que interfiera con el aprendizaje o la sensación de seguridad de un estudiante, incluso si ocurre fuera de las instalaciones de la escuela.

¿Cómo puedo animar a mi hijo a que hable sobre el bullying?

Mantén la calma, escucha y muestra empatía antes de lanzarte a la resolución de problemas. Haz preguntas abiertas en momentos relajados, como cuando se trasladan en auto o dan un paseo por el vecindario. Si aún así no se abre, un consejero escolar o terapeuta pueden proporcionarle un espacio seguro que le ayude a compartir lo que está pasando.

¿El bullying puede afectar a un niño a largo plazo si no se aborda?

El bullying no abordado puede provocar efectos emocionales duraderos, como ansiedad, depresión y baja autoestima. El apoyo temprano, tanto emocional como práctico, ayuda a tu hijo a recuperar la confianza y reduce la posibilidad de daños a largo plazo.

Última revisión o actualización: 29 de enero de 2026.

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