Saltar al menú principal Saltar al contenido Saltar al pie de página

Lo sentimos, la página que buscas no tiene versión en español. Puedes hacer una nueva búsqueda o visitar la página de Temas populares.

Terapia de aceptación y compromiso para adolescentes

ACT es una forma de terapia para niños mayores con ansiedad y depresión persistentes.

Escrito por: Shelley Flannery

Expertos clínicos: Morgan Eldridge, PhD , Sandra L. Whitehouse, PhD

in English

La terapia cognitivo-conductual (TCC) es la forma más común de psicoterapia utilizada hoy en día en Estados Unidos, pero existe otro enfoque basado en evidencia que está cobrando fuerza entre los profesionales clínicos que trabajan con adolescentes y padres. Se llama terapia de aceptación y compromiso (ACT).

ACT es un enfoque de tratamiento a través del cual los adolescentes aprenden a hacer dos cosas. Primero, aceptan que los pensamientos y sentimientos negativos son respuestas humanas adecuadas a determinadas situaciones y que no es necesario evitarlos. En segundo lugar, se comprometen a tomar medidas concretas para realizar cambios significativos en sus vidas a pesar de sus pensamientos y sentimientos negativos. Ambas cosas en su conjunto les permiten reconocer los sentimientos dolorosos que acompañan a la ansiedad o la depresión y superarlos, explica Morgan Eldridge, PhD, psicóloga clínica del Centro para trastornos del estado de ánimo del Child Mind Institute.

En qué se diferencia ACT de la TCC

Desarrollada en la década de los ochenta por el psicólogo Steven C. Hayes, ACT es apenas unos 20 años más reciente que la TCC, la terapia de la cual se deriva ACT. Ambas tienen mucha investigación que las sustenta. Pero hay algunas diferencias significativas en la metodología entre la TCC y ACT.

“La TCC se trata de reconocer los pensamientos negativos y luego cambiarlos”, dice Sandra L. Whitehouse, PhD, directora sénior del Centro para trastornos de ansiedad del Child Mind Institute. “ACT implica notar los pensamientos negativos y reconocerlos como válidos para posteriormente poder superarlos”.

Por ejemplo, piensa en una niña que se siente ansiosa por una presentación que tiene que hacer en la escuela. Con la TCC, se podría enseñar a la niña a evitar los patrones de pensamiento negativos, al decirle que imagine una señal de alto cada vez que vengan a su mente pensamientos negativos sobre su presentación y que los reemplace con pensamientos positivos o afirmaciones. Por ejemplo, ella se podría decir a sí misma: “Me va ir excelente hoy en la presentación”. La idea aquí es que el diálogo interno positivo hará que la niña se sienta más segura y empoderada, lo que dará como resultado un mejor desempeño.

Con ACT, por otro lado, se animaría a la niña a reconocer sus pensamientos negativos y reflexionar acerca de ellos, y luego a centrarse en sus objetivos para superar la presentación.

“La estrategia aquí sería que la niña dijera: ‘Por supuesto que estoy ansiosa. Hablar en público es súper estresante y sentir ansiedad es una respuesta perfectamente normal a esta situación. Pero de todas maneras debo hacerlo, porque quiero que me vaya bien en la escuela´”, dice la Dra. Whitehouse.

Con ACT, los adolescentes aprenden a reconocer que las emociones negativas son una parte natural de la experiencia humana y que no necesitan ser “arregladas”. En su lugar, reconocerlas puede ayudar a alguien a superarlas.

“Una vez tuve un paciente que lo explicó de esta manera”, dice la Dra. Whitehouse. “Él dijo: ‘Me imagino que estoy en una balsa, flotando río abajo, y que los pensamientos que vienen a mí son como personas en la orilla del río que me hacen señas tratando de llamar mi atención. Quieren que me salga del río, pero yo solo voy a notar que están ahí y voy a seguir avanzando a la deriva dejándolos pasar”. Y pensé que esa era una descripción tan hermosa de la atención plena, que es la base de las habilidades necesarias para participar en ACT”. A partir de ahí, es posible observar, aceptar y atenuar las emociones.

Para quién es adecuada la terapia ACT

ACT se desarrolló originalmente para personas adultas y desde entonces se ha adaptado para ser utilizada con adolescentes. No se recomienda para su uso con niños pequeños porque requiere un pensamiento más abstracto. Al igual que la TCC, ACT se puede utilizar para tratar una variedad de desafíos de salud mental, incluyendo:

  • Ansiedad
  • Depresión
  • Trastorno obsesivo-compulsivo
  • Desórdenes alimentarios
  • Consumo de sustancias

Aun así, la TCC sigue siendo el tratamiento de primera línea para estas condiciones, sobre todo en las etapas iniciales, cuando los trastornos son más fáciles de tratar. ACT generalmente se reserva para el tratamiento de condiciones más moderadas a graves en adolescentes que tienen más experiencia con la terapia y que ya conocen bien la TCC.

“Me parece que para las personas que no han tenido mucha exposición a la terapia, la TCC resulta un poco más simplificada y tiende a ser un buen punto de partida”, dice la Dra. Eldridge. “Después, se podría agregar ACT en el futuro”.

Una mirada de cerca a cómo funciona ACT

En lugar de etiquetar los pensamientos negativos como “errores de pensamiento” y tratar de cambiarlos por pensamientos positivos, la teoría en la que se basa ACT es que todos los pensamientos y emociones, tanto positivos como negativos, son indispensables para la experiencia humana. Por lo tanto, es innecesario e incluso contraproducente tratar de suprimir los pensamientos y las emociones negativas. Entonces, en lugar de que un adolescente trate de convencerse a sí mismo de que no está nervioso por las próximas eliminatorias de béisbol, y se diga a sí mismo que lo hará muy bien, lo que haría sería reconocer: “Estoy nervioso por las eliminatorias, y eso es perfectamente normal. Pero no voy a dejar que me afecte. Voy a seguir entrenando y preparándome”.

ACT fomenta lo que se denomina “flexibilidad psicológica”, que es la capacidad de pasar por una amplia gama de pensamientos y emociones al mismo tiempo que nos enfocamos en necesidades y deseos más generales. Se basa en seis principios:

  • Aceptación de una gran variedad de pensamientos y emociones.
  • Defusión cognitiva, que implica reconocer los pensamientos y las emociones negativas pero no dejarse atrapar por ellos.
  • Estar presente y notar las emociones sin juzgarlas.
  • Un sentido de perspectiva sobre uno mismo, que implica reconocer que somos más que nuestros pensamientos y emociones.
  • Identificar los valores y tomar medidas para poder vivir según esos valores.
  • Comprometerse a actuar para tomar decisiones que se alineen con nuestros valores.

Una gran parte de la terapia ACT se centra en identificar los valores del paciente y ayudarle a decidir si sus acciones le están acercando o alejando de esos valores.

“Por ejemplo, primero ayudaré a mi paciente a identificar sus valores en diferentes áreas, como las relaciones sociales, la educación y el trabajo, las actividades de ocio y la salud y el bienestar”, dice la Dra. Eldridge. “Después, le pediré que haga un ejercicio de tiro al blanco en el que imagine que sus valores están en el centro de un blanco. Luego analiza cómo sus acciones le están acercando o alejando de sus valores”.

Cómo reforzar la terapia ACT en casa

Si el terapeuta de tu hijo está utilizando ACT, puede ser útil familiarizarte con el método para poder reforzar los principios fuera de la consulta del profesional clínico. La Dra. Whitehouse recomienda leer Break Free: Acceptance and Commitment Therapy in 3 Steps (en inglés), de Tanya J. Peterson.

“Lo que me gusta de este libro es que es súper fácil de entender y realmente accesible para los pacientes y los padres”, dice.

Hablar con el terapeuta de tu hijo también puede ser útil.

“La participación de los padres es importante”, dice la Dra. Eldridge. “No es necesario que conozcas todos los pormenores de las sesiones de tu hijo, pero mostrar interés y ponerte en contacto con el terapeuta para saber cómo te puedes informar sobre las habilidades que se están trabajando en la consulta puede ser bastante útil”.

Continuar la conversación en casa sobre los valores de tu hijo es otra forma de involucrarte.

“Los padres también pueden entablar conversaciones basadas en valores”, dice la Dra. Eldridge. “Puedes ayudar a tu hijo a identificar sus valores y ayudarle a entender cómo sus acciones y comportamientos le acercan o alejan de sus valores. Hazle preguntas como “¿qué es importante para ti?” y “¿qué es lo que te importa en la vida?”.

Puedes hacer el ejercicio de los valores junto con tu adolescente. Incluso puede ser una buena idea buscar psicoterapia para ti también.

“A menudo, cuando vemos a adolescentes o niños con síntomas de ansiedad, sus padres también tienen síntomas de ansiedad”, dice la Dra. Eldridge. “Así que puede ser una buena idea que los padres se pongan en contacto con un terapeuta que les ayude a desarrollar habilidades para ayudar no solo a su hijo sino también a sí mismos”.

Última revisión o actualización: 25 de noviembre de 2025.

Conoce más sobre nuestro Centro de recursos para las familias y nuestra misión editorial.