La bulimia nerviosa es un trastorno alimentario en el que el niño pasa por periodos de descontrol alimentario llamados atracones. Después de comer demasiado, el niño intenta revertir los atracones haciendo lo que se llama purga: vomitar a propósito, usar laxantes, no comer o hacer mucho ejercicio. A diferencia de los niños con anorexia nerviosa (que suelen ser extremadamente delgados), los niños con bulimia suelen tener un peso normal o ligero sobrepeso. Pero la forma en que mantienen su peso es muy poco saludable. La bulimia se diagnostica con más frecuencia en las niñas que en los niños y suele comenzar en la adolescencia.
Los niños con bulimia suelen ocultar sus atracones y purgas, así que puede ser difícil de detectar.
Las señales más comunes de la bulimia son:
Para que la bulimia nerviosa sea diagnosticada, un niño debe comer grandes cantidades de comida en poco tiempo (atracones) y ser incapaz de controlar sus atracones. También deben intentar compensar los atracones al vomitar a propósito, recurrir al uso de los laxantes, abstenerse de comer o hacer demasiado ejercicio. Estos comportamientos se conocen como purgas. Los niños a los que se les diagnostica bulimia sufren atracones y purgas al menos una vez a la semana de media durante tres meses.
El primer objetivo del tratamiento de la bulimia es siempre ayudar al niño a dejar de tener atracones y purgas,las cuales pueden comprometer su salud. Para tratar la bulimia nerviosa se suelen utilizar dos tipos de terapia:
Si la terapia no funciona por sí sola, a veces se prescriben medicamentos antidepresivos a los niños que tienen bulimia. La educación alimentaria también puede ayudar a los niños a conocer los efectos que la bulimia tiene sobre la salud y a que se sientan motivados para cambiar su comportamiento.
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