Ayudar a los adolescentes a tomar buenas decisiones sobre el consumo de alcohol y drogas puede ser un gran desafío para los padres, especialmente para aquellos que se sienten incómodos al fijar límites que ellos recuerdan con nitidez haber violado en su propia adolescencia. Pero en un ambiente en que el alcohol y la marihuana son omnipresentes, las investigaciones muestran que una orientación clara de parte de los padres ayuda a los jóvenes a evitar el uso de sustancias y conductas peligrosas. El Freedom Institute de Nueva York organiza talleres para padres e hijos que luchan contra estos problemas. Caroline Miller, del Child Mind Institute, se sentó con cuatro expertas que han escuchado a muchísimos padres y adolescentes (Donna Wick, Katherine Prudente, Tessa Kleeman y Kathryn Crosby) para ver qué aprendizajes han obtenido y qué estrategias recomiendan.

CAROLINE MILLER ¿Cuáles son las mayores preocupaciones de los padres, según su experiencia?

TESSA KLEEMAN: Lo primero que me viene a la mente son las dificultades que tienen los padres para establecer límites, y el que a menudo están buscando reafirmación o permiso para que alguien más les diga que sí, que de hecho establecer límites es algo que pueden y deben hacer, ya sea fijar una hora de llegada, decir no a una fiesta que no va a ser supervisada, o disponer que no se beberá alcohol sino hasta los 21 años.

MILLER: ¿Crees que los padres se equivocan al reconocer que anticipan que los niños terminarán experimentando?

KLEEMAN: Hablar de “experimentar” tiende a ser una pendiente muy resbaladiza. Los padres tienen una idea de lo que significa, y los niños tienen otra. Y algunos niños que tienen la idea de que experimentar está bien, justificarán cualquier tipo de ingestión de alcohol como experimentación.

MILLER: ¿La palabra significa algo diferente para padres e hijos?

KLEEMAN: Cuando los padres la usan, creo que suelen razonar así: “Simplemente probarán el alcohol, o tal vez se van a emborrachar una vez, o quizá incluso probarán la marihuana”. Pero los adolescentes pueden usarla como una frase genérica para irse de fiesta: beber regularmente para emborracharse, consumir marihuana de manera regular. Las investigaciones muestran que si los padres expresan expectativas con respecto a la experimentación, sus hijos terminarán por consumir, y el uso continuo tiende a ser más dramático que en el caso de los jóvenes cuyos padres establecen expectativas de no experimentación.

MILLER: Dejando de lado la ley, ¿por qué beber es tan problemático para los adolescentes?

KATHERINE PRUDENTE: Intentamos ayudar a los padres a entender que el cerebro de sus hijos no está completamente formado hasta que tengan unos veinte años. Así que si los adolescentes consumen alcohol, es mucho más probable que sientan los efectos adversos, y se emborrachen con menos alcohol, y mucho más rápido. Los padres olvidan que el cuerpo de sus hijos no es como el suyo, aunque se parezca, porque están creciendo rápidamente. Los padres pueden ser capaces de ejercer la moderación mientras que sus hijos no pueden hacerlo todavía. Los padres y los jóvenes están empezando a entender que hay una base biológica para que se posponga la bebida hasta los 21 años.

MILLER: ¿A los padres les preocupa atentar contra la vida social de sus hijos si son estrictos con la bebida?

KATHRYN CROSBY: Escuchamos a los padres decir: “No quiero que mi hijo vaya a la universidad y de repente se enfrente a una fiesta donde se beba y él no sepa qué hacer”, o que  incluso que no sea popular, no encaje, no tenga las habilidades sociales que se deben desarrollar en la escuela superior. Así que es una especie de sutil mensaje de “quiero que mi hijo sea popular. Quiero que mi hijo pueda ir a una fiesta. Quiero que mi hijo experimente, tal vez, como yo experimenté a esa edad”. De nuevo, con la percepción errónea de lo que realmente está pasando, cuando hay borracheras o apuestas o cinco tragos en lugar de solo una cerveza. Es bastante diferente ahora.

MILLER: ¿Hay presión social sobre los padres para que acepten que sus hijos beban?

KLEEMAN: Lo que hay realmente es presión de pares entre padres. Una de las cosas que he observado en algunas escuelas es que los padres son incluso reticentes a decir que no quieren que su hijo beba, porque sienten que esto podría hacerlos impopulares con otros padres. Porque entonces cambian las expectativas de la comunidad. Si hay personas que se expresan en contra del alcohol y hacen que todos se responsabilicen por ello,  esto puede ser un territorio muy inaccesible para todos.

MILLER: ¿A los padres no les gusta que les digan que su hijo bebe? 

KLEEMAN: Muchos padres dicen: “Me gustaría que alguien me llamara, si piensa que mi hijo está haciendo algo malo”. Pero cuando eso ha ocurrido ha sido exactamente lo contrario. Creo que la gente suele verse sorprendida, cegada y avergonzada, y no sabe qué hacer con la información. Puede tener un impacto positivo en el futuro, pero el portador de las malas noticias no necesariamente recibe una respuesta positiva. Puede haber una reacción defensiva: “Bueno, muchos jóvenes beben. ¿Por qué me estás señalando a mí?”.

CROSBY: Creo que algo de esto pone a los padres de los bebedores en un territorio desconocido. Ahora se enfrentan al hecho de que necesitan hacer algo, y no saben qué hacer. También creo que esto habla, hasta cierto punto, del increíble ambiente competitivo en el que viven la mayoría de estos jóvenes y sus padres. No quieren que su hijo se vea mal.

MILLER: Si un padre no se siente cómodo diciendo que no a cualquier experimentación, ¿cree que hay un límite que funcione además de la abstinencia?

KLEEMAN: La forma de hablar a los adolescentes sobre esto debe ser muy determinante. Mantengan la correa muy corta. Cuando se trata de abuso de sustancias, usted no quiere darles espacio ni permiso de salir a beber con sus amigos menores de edad. Incluso si usted sospecha que esto puede suceder, seguramente querrá dejarle en claro que no espera que esto suceda.

DONNA WICK: Usted quiere expresar su expectativa de que no beberán, pero también quiere que lo llamen si terminan en una mala situación. Esta es una línea realmente difícil de seguir para los padres. Ayuda bastante si ustedes expresan algo como: “Sabes que no queremos que bebas, y esperamos que tomes buenas decisiones. Pero si ocurre algo con lo que no te sientas cómodo, por favor, por favor, llámanos. Te ayudaremos, y es mucho más importante que pidas ayuda a que tomes una decisión estúpida”.

MILLER: ¿Cuál sería una consecuencia apropiada en caso de que rompan las reglas en esto?

KLEEMAN: Es mejor dejar que las consecuencias salgan de la experiencia misma, y que estén directamente relacionadas con ella. Debido a que el problema es que los jóvenes no son capaces de manejar las salidas con sus compañeros de una manera sobria, lo más frecuente es que los padres establezcan algún tipo de castigo. Pero animamos a los padres a esperar, y tomar esa decisión caso por caso.

WICK: Algunos padres manejan una política de amnistía (yo lo hago con mis hijos), en la que si tienes el buen juicio de pedir ayuda, entonces no serás castigado por beber. Cada padre tiene que tomar su propia decisión sobre esto, pero generalmente he encontrado que esta política es efectiva, porque hace énfasis en la relación, más que en el comportamiento. Los niños responden a esto, y se quedan con la idea de que sus padres son personas razonables que se preocupan, ante todo, por su seguridad.

MILLER: ¿Crees que los padres son reacios a poner límites porque no quieren que sus hijos les mientan?

KLEEMAN: Sí, creo que eso es muy a menudo una razón, o un miedo, que tienen los padres.

WICK: Recuerdo a mi hija diciéndome eso. Estaba en noveno o décimo grado, creo. Sabía que salía con un grupo de amigos un sábado por la noche y le dije: “No bebas”. Y me miró y me dijo: “Mamá, no me hagas mentirte”. Fue uno de esos momentos. Yo estaba diciendo: “¿Qué digo? ¿Qué digo?” Creo que si les das la expectativa de que esperas que no beban, es mejor. ¿Van a ser siempre sinceros contigo? No. Pero al menos has establecido las pautas.

KLEEMAN: En ese mismo sentido, uno de los otros puntos básicos que compartimos con los padres es que no hablen de su propia experiencia de uso. Es una regla general pensar dos veces si su hijo le hace una pregunta directa sobre su propio uso, porque está casi garantizado que cualquier pregunta que le hagan es en realidad acerca de ellos acerca de las opciones a las que se enfrentan.

MILLER: ¿Qué les dice usted que digan?

KLEEMAN: Sugerimos que los padres les hagan saber a sus hijos que cualquier cosa que haya sucedido en el pasado en sus vidas probablemente tenga muy poca relevancia en este momento y lugar en particular. “Mucho ha cambiado, y lo que realmente nos interesa es asegurarnos de que estés sano y salvo. Y una de las formas en que quiero asegurarme de que así sea es esperando que no bebas”. Es una oportunidad para reiterar las reglas. Y ciertamente para darles mucho espacio para hablar sobre ello, sobre lo que ellos están expuestos.

MILLER: Los padres están nerviosos por estas conversaciones. ¿Y los niños?

PRUDENTE: Me he reunido con muchos estudiantes de la escuela superior en el último mes, y les he estado preguntando: “¿Querrían saber cuál es la posición de sus padres sobre el alcohol y las drogas, o no querrían saberlo?” Todos los niños, incluso los que han admitido consumir, dicen: “Prefiero conocer la posición de mis padres”. Y en realidad quieren saber. Les pregunto: “¿Tus padres influyen en las decisiones que tomas?” Y recuerdo que un estudiante me dijo: “Sí, sé que mi padre se enfadaría mucho conmigo si llegara a casa borracho. Así que tengo que pensarlo dos veces cuando estoy en una fiesta: ¿Disimularé o simplemente no beberé?” Algunos jóvenes dicen: “Sé que mis padres no quieren que beba, así que me iré a otro lugar”. Esa es la minoría. Pero todos los chicos, en las cinco escuelas a las que fui, dijeron: “Prefiero conocer su posición”. Quiero decir, ningún joven dijo: “No quiero conocerla, porque si me entero, me sentiré mal”. Y fue genial escuchar eso.

CROSBY: Es muy difícil, y yo mismo he pasado por esto, como padre, es muy difícil tener la autoridad paterna. Y también tienes este profundo deseo de ser sincero con tus hijos. Y es tan fácil confundirse. Pero cada vez más, creo que los jóvenes quieren que sus padres sean padres.

PRUDENTE: Incluso el hijo más rebelde.

CROSBY: Probablemente en particular el hijo más rebelde. Realmente quieren que seas un padre. Y, ya sabes, eso no significa necesariamente que seas completamente sincero con ellos.

KLEEMAN: Así es. Cada uno de nosotros, creo, tiene la experiencia de un adolescente diciéndonos: “Bueno, cuando mi madre me dijo que fumaba marihuana, ¡me horrorizó! No quería esa imagen en mi cabeza, de mi madre drogándose”.

MILLER: Esa es una oración interesante “no quiero tener esa imagen en mi cabeza”.

PRUDENTE: Idealizan tanto a los padres.

KLEEMAN: Y uno quiere que la autoridad de tu vida sea de cierta manera.

Donna Wick es la directora ejecutiva de The Freedom Institute, madre de tres hijas, y una psicóloga que trabaja mucho con padres. Katherine Prudente realiza talleres educativos de prevención del uso indebido de sustancias en las escuelas para adolescentes, el profesorado y los padres. Ha realizado más de 2 mil talleres en más de cincuenta escuelas. Tessa Kleeman es consejera de abuso de sustancias en la Escuela Dalton y supervisa el Programa Escolar de The Freedom Institute. Kathryn Crosby es madre, consejera de abuso de sustancias en la Escuela Chapin y coordinadora del Programa Escolar.