Estimado padre/madre:

¡Felicitaciones! Si su hijo ha estado hospitalizado, y finalmente ha logrado el alta, la saga de la hospitalización está en el espejo retrovisor. Ahora todo lo que tiene que hacer es entender qué sucede a continuación. Eso de repente puede parecer una tarea abrumadora.

A esta altura su hijo probablemente ha idealizado cómo era estar en casa y usted se haya olvidado cuán difícil era tenerlo en casa. A esta altura, a sus otros hijos también les ha comenzado a gustar tener algo de atención de nuevo.

Espere encontrar baches en el camino. El regreso es duro.

El primer día probablemente vaya más o menos bien, porque todos estarán contentos de dejar el hospital en el pasado. Necesitará mucha paciencia para las siguientes una a dos semanas. Recuerde que su hijo no está curado, y no importa cuánto quiera usted que esta prueba haya terminado, no puede esperar que se comporte como si ya estuviera del todo bien, o incluso mejor en gran medida. El hospital solo lo ha estabilizado lo suficiente como para permitir que pueda trasladarse al tratamiento como paciente ambulatorio. Los viejos comportamientos no han desaparecido, sólo han disminuido. Los desencadenantes que están presentes desde hace mucho no han sido desactivados. La ansiedad, o enojo, o paranoia, o trastorno obsesivo-compulsivo, o depresión de su hijo puede aparecer un poco menos rápido o tener una duración más corta, pero está lejos de haber desaparecido.

Así que habrá baches. Y porque habrá baches, necesitará recordarse una y otra vez que un bache no es un precipicio.

La primera vez que su hijo actúe de la misma manera que lo hizo antes de la hospitalización, su cerebro, que está marcado por el trauma, llegará rápidamente a la conclusión de que usted está de nuevo justo en el lugar en que estaba antes. Esto no es verdad. Respire profundo. No se asuste. Mantenga la paciencia. Sea empático.

Cómo manejar el estrés

Su hijo va a estar tan atemorizado por los baches como usted, si no más. Aunque ninguno de ustedes lo pueda haber pensado de esta manera, la vida en el hospital era en realidad mucho más simple que la vida en el hogar. Las reglas, expectativas de comportamiento y consecuencias allí estaban grabadas en piedra. Todo estaba planificado. El personal no tomaba el comportamiento o los arrebatos como algo personal; respondía de acuerdo al protocolo en lugar de hacerlo con temor o alarma. Así que llegar a casa — a pesar de que definitivamente es algo bueno — también es estresante. Hay muchos más estímulos, muchas más tentaciones. El hogar es un lugar de viejos hábitos y expectativas de los padres. Lo que parecía fácil de manejar en el hospital puede sentirse mucho más complicado ahora. El nivel de estrés para su hijo será más alto.

Esto es lo que puede hacer para reducirlo. Dígale a su hijo algo en este sentido: “Estoy tan, tan contento que estés de regreso. Me advirtieron que el regreso sería estresante y quiero que sepas que no espero que todo sea perfecto. No espero que tú seas perfecto, o que te sientas perfectamente mejor. Yo sé que no voy a ser perfecto, y que no voy a manejar todo a la perfección. Esto está bien. Yo sé que habrá baches. Y quiero que sepas que te amo, y que vamos a superar los baches juntos”. Entonces cuando surjan los problemas, haga una pausa, respire profundamente y diga, “¿Recuerdas cuando te decía que habrían baches? Eso fue un bache. Y lo resolveremos juntos”.

Su tarea es alejarse de sus expectativas y emociones, y mantenerse tan calmado como pueda. Ofrecerá empatía, toneladas de empatía y comodidades inmediatas: sus comidas favoritas, una taza de té, un animalito de peluche, alguna música tranquilizadora. Esto ayudará. O al menos ayudará mucho más que gritarle a su hijo debido a la frustración.

Si tiene que desahogarse, hágalo en privado con alguien que pueda recordarle que lo que está viendo es un bache en el camino. Si vive con una pareja, encuentre las maneras de pasarse el cuidado el uno al otro cuando uno de ustedes esté agotado o ansioso o pierda la paciencia.

A qué debe estar atento

Si su hijo tenía un plan suicida o tuvo un intento suicida antes de la hospitalización, probablemente le hayan dicho que la mayor probabilidad de repetir un intento es dentro de los primeros tres meses. Es una noticia triste, especialmente después de todo por lo que ha tenido que pasar. Su tarea será resolver cómo monitorear el estado mental de su hijo sin ser autoritaria — y sin deshacerse en su propio mar de preocupaciones. Hay tres aspectos para lograr que esto suceda.

  1. Necesitará manejar bien su ansiedad. Use cualquier cosa que funcione para usted, ya sea ejercicios, meditación, yoga, mindfulness (atención plena) o respiración lenta (hay algunas buenas aplicaciones disponibles en su teléfono), llevar un diario, tomar largas duchas, hablar con su propio terapeuta u otra cosa. Encuentre una combinación de enfoques que incluyan medidas preventivas cotidianas (para mantener su ansiedad a un nivel razonable) y técnicas para el momento (para situaciones estresantes específicas). Si necesita medicamentos, consígalos – pero tenga cuidado de no abusar.
  2. Necesitará mantener abiertas las líneas de comunicación con su hijo. Refresque su memoria de las buenas técnicas para hablar con su hijo adolescente. En momentos de estrés todos tenemos la tendencia de volver a los viejos hábitos, así que es una buena idea hacer que los hábitos saludables estén presentes en su cabeza mediante la lectura de información sobre ese tema.
  3. Necesitará orientación sobre qué hacer si su hijo le dice que todavía tiene pensamientos relacionados con hacerse daño. Hable con el terapeuta de su hijo para obtener consejos. Conocer la diferencia entre las ideas suicidas activas y pasivas puede ayudarle a mantener la calma y ser práctico.

El equipo de tratamiento ambulatorio de su hijo probablemente le pedirá que organice citas adicionales de terapia y psiquiatría por un período de tiempo. Esto es costoso y un dolor de cabeza en términos logísticos, pero usted querrá que alguien más evalúe la seguridad de su hijo con regularidad, especialmente mientras todavía se hacen cambios a los medicamentos.

Mantener un registro de los cambios

Una cosa que le ayudará tanto a usted como a los médicos, es comenzar a llevar un diario o registro. Esto tomará una ridícula cantidad de tiempo, pero hay un excelente motivo para hacerlo: cuando está en medio de una situación de carga emocional es difícil hacer un seguimiento de cómo están las cosas. Un registro crea una medición objetiva de lo que está viendo y con qué frecuencia lo está viendo. Además, cuando su intuición le dice que algo está mal, o que su hijo está empeorando en lugar de mejorando, es mucho, mucho más fácil para un médico entender sus preocupaciones cuando le proporciona datos reales.

Escriba:

  1. Qué medicamentos toma, y cuándo cambian las dosis. Francamente, si un efecto secundario se presenta dentro de un mes, las probabilidades de que usted recuerde que hoy aumentó la dosis, son muy bajas. Usted (y su médico) pueden llegar a la conclusión, equivocadamente, que su hijo tiene algún nuevo síntoma y agregar otro medicamento. Otro alternativa, es que un médico en el futuro quiera probar un medicamento que usted ya haya utilizado, y es útil tener un registro de qué se probó y por qué fue rechazado después.
  2. Qué síntomas está observando, y con qué frecuencia. Si su hijo tiene crisis, registre cuántas, cuánto duran y cuán severas fueron. Tome nota de tres cosas importantes: antecedentes, comportamientos y consecuencias. ¿Hay un patrón? Si su hijo está deprimido, describa cuántas horas ha estado fuera de la cama cada día, cuando se retomen las actividades, cuál es el período de atención para los proyectos, si tiene apetito o no, la interacción social o cualquier otro síntoma que sea relevante.
  3. Cambios en la rutina y factores estresantes externos. Usted querrá determinar si los cambios en el comportamiento tienen correlación con los eventos del entorno, los ajustes en el medicamento o simplemente son variaciones del estado de ánimo. Tenga en cuenta que cualquier cambio importante en el cronograma escolar o estructura familiar, además de cuestiones menores como discusiones con amigos o incluso las fechas del ciclo menstrual de su hija.
  4. Cosas que su hijo dice o hace que a usted le preocupan. Esto es especialmente útil si está teniendo problemas para comunicarle al equipo de tratamiento el grado de volatilidad o apatía que observa en su hijo. En ocasiones, leer una descripción de un día común en la vida de su hijo puede dar a los médicos una comprensión más clara de lo que está sucediendo en casa. Escriba los eventos y comentarios reales para compartir con el terapeuta de su hijo. Mantener un registro es mucho trabajo. Sin embargo, es un trabajo del que no se arrepentirá.

Mantener la seguridad del entorno hogareño

El hospital probablemente no le dio orientación sobre cuánta supervisión su hijo necesitará al regresar a casa. Las cosas que usted querrá discutir con su pareja y el equipo de tratamiento de su hijo incluyen:

  • ¿Cuánto tiempo se puede quedar solo su hijo?
  • ¿Cuán rápidamente puede retomar su hijo las actividades normales?
  • ¿Están bien las visitas a las casas de los amigos de su hijo? (Puede ser mejor arreglar que todas las visitas se hagan en su casa al principio)
  • ¿Cómo hacer la transición a los niveles previos de independencia?

Puede irritarse tanto como su hijo con la cantidad de supervisión requerida. Tendrá que llegar a un acuerdo con su pareja para proporcionar los cuidados a su hijo o hacer que amigos o familiares de confianza le proporcionen algo de relevo. No importa cuánto pueda anhelar una escapada de un fin de semana, no es una buena idea mientras esté todavía evaluando la estabilidad de su hijo.

El hecho de que el regreso parezca interminable, no lo convierte en interminable. Usted puede superarlo si mantiene el ritmo, resuelve cómo procesar sus propios sentimientos y se contacta con el equipo de tratamiento de su hijo para pedir ayuda.

Antes en esta serie: Llevar a su hijo a la sala de emergenciasTener a un hijo en tratamiento como paciente hospitalizado

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