Cuando los niños se enfrentan a problemas difíciles; el ensayo en inglés aparentemente insuperable, una prueba de matemáticas que adquiere proporciones épicas, dificultades sociales que los dejan frustrados, puede ser tentador rendirse y recurrir a cuatro palabras que ningún padre quiere escuchar: “Yo no puedo hacerlo”.

Para prosperar, los niños necesitan poder hacer la transición del negativo “No puedo” al proactivo “¿Cómo puedo?” Para hacer eso, deben pensar por qué están atascados, qué les frustra, qué necesitarían para avanzar. Necesitan reflexionar sobre su propio pensamiento.

Hay una palabra para eso, y es metacognición.

Metacognición es una palabra importante para algo que la mayoría de nosotros hacemos todos los días sin siquiera darnos cuenta. Reflexionar sobre nuestros propios pensamientos es la manera en que obtenemos una visión de nuestros sentimientos, necesidades y comportamientos, y como aprendemos, administramos y nos adaptamos a nuevas experiencias, desafíos y contratiempos emocionales. Es la conversación que tenemos en la cabeza, amonestándonos mentalmente y haciendo planes. Resulta que capacitar a los niños para que lo usen de manera proactiva para superar obstáculos puede ser una herramienta poderosa.

Cada vez más estudios sugieren que los niños a los que se les enseña a usar estrategias metacognitivas desde el principio son más resistentes y más exitosos, tanto dentro como fuera de la escuela.

“Veo la metacognición como una meta”, dice Marc Gladstone, un especialista en aprendizaje. “Tomar el hábito de usar estrategias metacognitivas desde el principio ayuda a los niños a convertirse en aprendices más independientes y refuerza las habilidades de autodefensa”.

¿Qué es la metacognición y cómo funciona?

“El pensamiento metacognitivo nos enseña sobre nosotros mismos”, dice Tamara Rosier, una entrenadora de aprendizaje que se especializa en técnicas metacognitivas. “Reflexionar sobre nuestros pensamientos crea perspectiva; perspectiva que deja espacio para el cambio”.

Ella da un ejemplo: “En lugar de decir, ‘Los exámenes de matemáticas me ponen ansioso’, nos preguntamos ‘¿Qué pasa con los exámenes de matemáticas que me hacen sentir ansioso, y qué puedo hacer para cambiar eso?'”.

Los niños a los que se les enseña a pensar que son “buenos” o “malos” en una tarea en particular pueden tener una mentalidad fija que los haga pasivos al enfrentar un desafío: o pueden hacerlo o no pueden. Es muy probable que piensen que no pueden cambiar ese resultado.

Enseñar a los niños a ser más metacognitivos les ayuda a pasar de una mentalidad que deja poco espacio para el cambio, a una mentalidad que promueve la autoconciencia y la capacidad de recuperación.

Ayuda para niños con problemas de aprendizaje

Ayudar a su hijo a aprender a trabajar en situaciones difíciles (o tareas escolares, según sea el caso) sin sentirse abrumado o rendirse es valioso, especialmente para los niños con problemas de aprendizaje que pueden necesitar estrategias diferentes a las de otros estudiantes de la clase.

Por ejemplo:

Es probable que un niño con TDAH que tiene dificultades para mantenerse concentrado en la tarea se sienta frustrado y ansioso cuando se le asigna un ensayo largo. Si no puede reflexionar sobre por qué el proyecto lo disgusta, podría pensar: “Para todos los demás esto es mucho más fácil. Simplemente soy malo para escribir”.

Un niño que aprendió a reflexionar sobre su propio proceso de aprendizaje, por otro lado, podría mirar la situación y decir: “Siempre me siento así cuando tengo que trabajar por mucho tiempo. Tal vez si me tomo un descanso cada hora me siento menos estresado”. Al adoptar un enfoque metacognitivo, puede manejar su frustración y encontrar una mejor manera de abordar las grandes tareas en el futuro.

Ideal para la autorregulación

Las habilidades metacognitivas no sólo son excelentes herramientas para los niños que aprenden de manera diferente y, a menudo, están teniendo dificultades para mantenerse al día. También permiten a los niños a autorregularse cuando enfrentan desafíos, especialmente los inesperados.

“Uno de los subproductos más poderosos del pensamiento metacognitivo es el aumento de la autorregulación“, dice Gladstone.

Ser capaz de autorregularse ayuda a los niños a manejar experiencias que de otra manera podrían abrumarlos. Por ejemplo, tome a dos niñas que tienen que hacer una audición para una obra escolar, y ambas están luchando con material inusualmente difícil.

Es probable que una chica a la que se le dice con regularidad qué tan talentosa es, y que está acostumbrada a ser elogiada por sus actuaciones, se sienta frustrada y abrumada ante la sola idea de tener un mal desempeño.

En cambio, una chica que es elogiada por su capacidad para trabajar duro y perseverar cuando se enfrenta a un desafío, puede aprovechar sus habilidades metacognitivas para ayudarla a controlar sus nervios y ayudarla a encontrar una manera de ensayar que funcione mejor para ella.

Tranquilizar la autocharla

Las consecuencias negativas de una mentalidad fija a menudo toman la forma de autocrítica. Los sentimientos negativos que experimentan los niños cuando se sienten frustrados se convierten con facilidad en autocharlas negativas. “Si soy tan inteligente, ¿por qué no pasé la prueba? No soy inteligente. Soy un inútil”.

“Cuando valoras el hecho de ser ‘inteligente’, cualquier cosa que te haga sentir menos inteligente es devastador”, dice Rosier. “Muchos niños desarrollan una voz interior negativa y la desarrollan en lugar de la metacognición”.

Esta voz negativa es astuta, explica, a menudo se disfraza de entrenador. “Puedes confundir la autocrítica con la motivación. Lo que queremos hacer es deshacernos de la voz interior negativa y reemplazarla con un pensamiento metacognitivo que ayude a su hijo a encontrar nuevas maneras de manejar sus desafíos, en lugar de recriminarse a sí mismo sobre ellos”.

Cómo fomentar la metacognición

¿Cómo ayuda a su hijo a comenzar a ser más metacognitivo? ”Las preguntas metacognitivas, dice Rosier, ayudarán a su hijo a comenzar a pensar de una manera más reflexiva. Las preguntas deben ser:

Abiertas. Dele a su hijo algo de espacio para reflexionar sobre su pensamiento: ¿Me puedes decir más sobre por qué piensas esto?

No culpar. Puede ser difícil mantenerse abierto cuando los niños están comportándose mal, pero pedirles que piensen sobre su comportamiento puede ayudarlos a aprender a manejar las situaciones difíciles de una mejor manera: ¿por qué crees que te molestaste tanto cuando papá cambió el canal?

Enfoque en la solución. Anímelo a que piense cómo puede usar su comprensión para cambiar las cosas en el futuro: ¿Cómo podrías manejar eso de manera diferente la próxima vez?

Orientado al proceso. Haga preguntas que ayuden a su hijo a tener una mejor idea de cómo funciona su proceso de pensamiento: ¿Cómo sabrás cuándo terminarás este dibujo?

Sea paciente

“Cuando enseña a los niños a reflexionar de manera diferente sobre su comportamiento, ellos empiezan a comportarse de manera diferente”, dice Rosier. Pero advierte que es importante no esperar resultados instantáneos. Aprender a pensar metacognitivamente es un proceso, y los padres pueden tener que aceptar que gran parte del trabajo está sucediendo detrás del escenario.

“Por supuesto que queremos ver progreso, pero nuestros hijos, especialmente los adolescentes, no siempre comparten sus ideas con nosotros y eso está bien”.

El solo hecho de hacer las preguntas hace que el trabajo metacognitivo se realice internamente, incluso si no es visible ante los ojos de los padres, explica Rosier. Los beneficios son los mismos, dice ella, incluso si todo lo que obtienes es un gruñido a cambio.

Aprendiendo a aprender

Hacer preguntas en el hogar también ayudará a los niños a comenzar a usar estrategias metacognitivas en sus tareas escolares. Para muchos niños, especialmente aquellos con diferencias de aprendizaje, esto puede ser más difícil de lo que parece. Es fácil atascarse con los malos hábitos de estudio, la desidia, pataletas durante las tareas y el estrés en las pruebas.

Si su hijo tiene dificultades para leer un artículo largo, hágale preguntas que lo ayuden a usar sus habilidades metacognitivas para intentar un enfoque diferente.

¿Qué crees que te está dificultando trabajar en este documento en este momento?
¿Cuáles son algunas de las estrategias que le han ayudado a tener éxito en documentos similares en el pasado?
¿Puedes usar esas ideas para ayudarte con el trabajo que estás haciendo ahora?

Hacer preguntas metacognitivas lo ayudará a aclarar su proceso, controlar su ansiedad y encontrar una mejor manera de abordar su rol, sin embargo, los beneficios no terminan cuando se termina la tarea.

Cuanto más pueda su hijo comprender su proceso de aprendizaje, más fácil será para él descubrir qué estrategias y apoyos le funcionan mejor, conocimiento que lo ayudará a tener éxito, tanto ahora como a medida que crece.

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