Todos queremos lo mejor para nuestros hijos. Pero nuestra idea de lo que es mejor para ellos puede que no siempre coincida con la suya. Los padres suelen empujar hacia la decisión que creen que es correcta, y tratan de encontrar ese delicado equilibrio entre la motivación y la demasiada presión.

Pero, ¿qué es presionar demasiado? En el mejor de los casos, lograr que los niños hagan cosas que son un desafío para ellos les enseñará determinación y flexibilidad, al mismo tiempo que ampliará su visión del mundo, ya sea que se trate de participar en deportes, probar un juego o involucrarse en una nueva situación social. Pero en el peor de los casos, presionar demasiado a los niños puede hacer que se retraigan, que se resientan o que desarrollen incluso una mayor ansiedad de intentar cosas nuevas. Puede ser difícil determinar cuánta presión es saludable y cuándo debería dar un paso atrás.

¿Por qué presionamos?

“Creo que presionar a nuestros hijos es una cuestión de sacarlos de su zona de confort y luego empujar la zona para que esté cada vez más lejos”, dice el Dr. Harold S. Koplewicz, psiquiatra de niños y adolescentes y presidente fundador del Child Mind Institute. “Sabemos que poder tolerar la incomodidad es una cualidad maravillosa de la vida y, además de eso, los hace más fuertes y resistentes”.

Dependiendo de nuestro juicio sobre lo que es mejor para ellos, presionamos a los niños a hacer ciertas cosas, señala el Dr. Koplewicz. “Eso podría incluir presionarlos mientras están en la escuela para que estudien más duro y tengan un mejor desempeño académico. Y los presionamos para que prueben cosas nuevas que creemos que enriquecerán sus vidas y los harán sentir bien”. También podríamos presionar a los niños para que hagan cosas con la esperanza de que les brinden una ventaja competitiva en futuras solicitudes y becas universitarias.

La Dra. Janine Domingues, psicóloga clínica del Child Mind Institute, agrega que alentar a los niños a superar una situación difícil puede reforzar su confianza.

“Creo que les da una sensación de confianza saber que si hay un momento difícil, usted como padre los está ayudando a resolver el problema, en lugar de que usted aleje o elimine el problema por completo”, explica la Dra. Domingues. “Un niño realmente se siente realizado y bien por el hecho de haber podido superarlo”.

Conozca a su hijo

El factor más importante para saber cuándo y cuánto presionar es pensar en la personalidad de su hijo. “El primer paso es conocer a su hijo”, dice la Dra. Domingues. Cuando se trata de presionarlos en particular para que realicen actividades extracurriculares, considere las fortalezas e intereses de su hijo y haga que él forme parte de la conversación sobre lo que podría ser divertido hacer fuera de la escuela.

Tal vez usted piense que su hijo pasa demasiado tiempo en videojuegos, y quiere que se relacione más socialmente, o que sea más activo físicamente. “Pero si a un niño no le gustan los deportes, empujarlo a un deporte de equipo puede que no sea lo mejor”, aconseja la Dra. Domingues. Otras actividades, como un club de programación o una clase de cocina, pueden ser más atractivas y, al mismo tiempo, lograr algunas de las cosas que usted busca de una actividad.

Si enfrenta resistencia, entonces podría ser el momento de examinar sus propias motivaciones para empujar a su hijo en cierta dirección, dice el Dr. Koplewicz. “¿Estamos estimulando o presionando a nuestros hijos porque es lo mejor para ellos, o es algo que estamos haciendo para nosotros mismos?”.

A menudo, nuestras propias experiencias de la infancia tienen un gran impacto en la manera en que criamos a nuestros hijos. “Creo que la mayoría de los padres quieren que sus hijos eviten los errores que ellos cometieron”, reflexiona el Dr. Koplewicz. Entonces, si un padre piensa que habría tenido más éxito si solo le hubiera ido mejor en la escuela o si hubiera participado en deportes, es probable que empuje a sus hijos en esa dirección.

Del mismo modo, si los padres tienen buenos recuerdos de algo de su juventud, pueden intentar presionar a sus hijos para que hagan lo mismo, ya sea que se unan al equipo de atletismo o escriban para el periódico escolar. Pero como advierte la Dra. Domingues: “Siempre les digo a los padres que las cosas que nos motivan a nosotros, no necesariamente los motivan a ellos”.

Cuando los niños se resisten

Cuando los niños no responden a una ligera presión, es importante considerar qué podría estar interponiéndose en su camino. ¿Hay alguna razón por la que su hijo no se esté involucrando en lo académico o en lo social? ¿Hay algo que inhiba la capacidad de su hijo para adaptarse o probar cosas nuevas?

“A veces, cuando presionamos a los niños nos topamos con una limitación real. Puede ser un trastorno de ansiedad o una discapacidad del aprendizaje”, explica el Dr. Koplewicz. “Hay una barrera real ahí. No es que no quieran hacerlo. Les encantaría hacerlo. Es demasiado difícil y, a menos que elimine la barrera, alentar y animar no funcionará”.

Por ejemplo, si su hijo está muy contento en la cancha de baloncesto o en los bailes de la escuela, pero no participa en el aula, el Dr. Koplewicz dice que el problema probablemente no sea la ansiedad social. En cambio, es posible que tengan problemas para leer o procesar la información, por lo que puede valer la pena mirar más de cerca.

A veces, también nuestras expectativas pueden ser desmesuradas. Los padres que están muy emocionados por la idea de que sus hijos vayan a la universidad puede que ya estén pensando en inscribirlos en las actividades extracurriculares correctas y en cómo lograr que obtengan el promedio de calificaciones correcto, cuando a sus hijos todavía les faltan varios años para tener que completar una solicitud. Ser presionado por una meta tan lejana en el futuro, y escuchar sobre ella durante gran parte de sus vidas, puede hacer que los niños se sientan incapaces y desarrollen resentimiento. Si cree que su hijo podría estar sintiéndose demasiado presionado, es importante que dé un paso atrás.

Los niños que se sienten abrumados o agotados podrían beneficiarse de un enfoque que se centre más en el presente. Elogie los éxitos y las habilidades adquiridas por lo que son. Si su hija está jugando al fútbol y aprendiendo a tocar el piano, tal vez la ayuden más adelante en la vida, pero ella no debería pensar que esa es la única motivación. Si su hijo tiene dificultad con las matemáticas y necesita un tutor, desde luego intente conseguirle uno, pero explíquele que su objetivo es ayudarlo a entender lo que le están enseñando, no llevarlo a Harvard.

Enseñarlos a no abandonar

Al probar cosas nuevas, los doctores Koplewicz y Domingues están de acuerdo en que es especialmente importante animar a los niños a seguir adelante. Por lo tanto, si se inscriben en ocho lecciones de baile, saben que tienen que terminar las ocho, incluso si deciden después de una que el karate habría sido más divertido.

“Usted también está tratando de enseñarle a su hijo que si se compromete, es bueno que mantenga su compromiso”, dice la Dra. Domingues. “El hecho de que haya sucedido algo que no le gustó el primer día, o cualquiera que sea el caso, no significa que va a estar mal por el resto del tiempo. Así que usted también les está enseñando a ser flexibles con su forma de pensar acerca de cómo les está yendo”.

Dicho esto, si un niño que estaba disfrutando una actividad de repente la odia, podría ser señal de que sucedió algo preocupante. Pueden estar sufriendo acoso, haber tenido un percance social vergonzoso o no sentirse apoyados por el maestro o el entrenador. “Usted querrá dedicar tiempo a escucharlos y explorar las opciones con ellos”, dice la Dra. Domingues.

Por supuesto, señala el Dr. Koplewicz, los padres pueden interpretar mal una situación. “A veces usted comete un error y tiene que arreglarlo. No puede castigarse después”. Él recuerda que envió a su hijo a un campamento para dormir cuando tenía siete años y lo hizo terminar las siete semanas a pesar de que su hijo no estaba contento. Cuando el niño llegó a casa, dijo que realmente deseaba que no lo hubieran obligado a quedarse, y el Dr. Koplewicz se dio cuenta de que no estaba listo para el campamento. Así que se tomaron el próximo verano libre, y el verano siguiente asistió a un programa corto que terminó adorando. Todo salió bien al final.

Cómo ayudar

Presionar a su hijo a hacer algo no significa arrojarlo al fondo de una piscina y esperar a que nade. Hay formas en que los padres pueden anticipar, sostener y brindar apoyo para ayudar a garantizar que sus hijos tengan éxito en sus esfuerzos.

Si un niño está preocupado por unirse a un equipo deportivo, por ejemplo, la Dra. Domingues sugiere integrarlos de manera gradual. Entonces, antes de que comience, pueden conocer al entrenador, visitar el lugar donde se llevarán a cabo las prácticas, hablar con alguien que ya esté en el equipo y leer un libro o ver una película sobre un equipo deportivo. “Hay que hacer algo de trabajo previo para que sea factible y accesible —dice la Dra. Domingues— pero usted continúa ejerciendo presión o sigue teniendo la expectativa de que pueden superarlo incluso si están ansiosos por ello”.

Para muchos niños, tener un límite de tiempo puede ayudar: decir que probaremos esta actividad durante cuatro sesiones y luego podremos volver a evaluar y ver lo que le gusta y lo que no le gusta de ella.

Mucho de esto depende de conocer a su hijo. Si no está preparado para un gran compromiso, intente empezar con algo pequeño. En lugar de un campamento que dure todo el verano, tal vez comience con uno que dure una semana, por ejemplo. De esta manera, la Dra. Domingues explica que “experimentan el gusto por hacer algo y, de manera potencial, también tienen la experiencia de sentirse realizados. Una experiencia positiva con el campamento más corto puede llevar después a comprometerse con algo durante un período de tiempo más largo”.

A menudo, un sistema de recompensas puede ser eficaz para ayudar a motivar a su hijo. Así lo explica la Dra. Domingues explica: “Para empezar, queremos que ellos se sientan motivados de hacerlo. Pero, especialmente si están lidiando con algo como ansiedad o depresión  (que lo hace realmente desafiante), entonces es importante establecer primero una motivación extrínseca externa hasta que sientan el éxito y se convierta en una motivación intrínseca para ellos”. Ella sugiere averiguar qué es lo que emociona a su hijo y crear un menú de recompensas basado en sus intereses. Usted puede establecer pequeñas recompensas semanales y una más grande en la que ellos deben trabajar para obtener. Puede ser cualquier cosa, desde tiempo de pantalla hasta un viaje a algún lugar divertido.

Y para los niños que están teniendo dificultades con la presión académica (quienes tal vez ya hayan sido diagnosticados con una discapacidad del aprendizaje y se sientan agotados por ir a tutorías y citas con especialistas en aprendizaje), asegúrese de que tengan la oportunidad de sentirse bien con sus logros. Las metas deben ser lo suficientemente pequeñas para ser alcanzables y fortalecer su confianza. Recuerde también que para los niños que están teniendo dificultades, es aún más importante encontrar una salida para sus emociones y ayudar a aumentar su autoestima.

Modelar la determinación y la resistencia también puede ser eficaz. “Los padres pueden decir que esto es difícil, pero podemos hacerlo”, señala el Dr. Koplewicz. “Lo estoy haciendo. Estoy leyendo un libro que es difícil. Mamá está haciendo ejercicios que son difíciles. Tú puedes hacerlo”.

¿Qué es presionar demasiado?

Por supuesto, presionar demasiado a su hijo es algo que sí existe. “Si un niño se angustia demasiado o muestra disfunción, usted ha ido demasiado lejos”, dice el Dr. Koplewicz. Quizás esté relacionado con la edad. Quizás no se encuentra en la etapa de desarrollo adecuada.

Por ejemplo, si un niño que teme a los payasos quiere evitar ir a una fiesta de cumpleaños, usted podría presionarlo para que vaya, ya que sabemos que ceder a los miedos los refuerza. “Pero si el niño no puede tolerar al payaso sin importar lo que haga, y está llorando todo el tiempo que está en la fiesta, entonces usted tiene que declarar el éxito muy rápidamente. Tiene que decir: ‘Está bien, lo hiciste durante dos minutos. Estoy realmente orgulloso de ti’. La próxima vez podrá ser un tiempo un poco más largo, pero claramente es algo demasiado doloroso”.

“Creo que definitivamente hay momentos en los que usted tal vez está presionando demasiado”, coincide la Dra. Domingues. “Si realmente ve un cambio de humor por completo, si están más irritables la mayoría de los días, si hay rabietas extremas por solo ir a cierto lugar, o si la batalla para lograr que vayan es excesiva o supera todas las demás cosas, entonces podría ser ​​el momento de reconsiderar”.

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