Para la mayoría de los adultos, las vergüenzas menores son solo una parte de la vida: molestas, pero inevitables y en realidad no tienen gran importancia. Pero para muchos niños, las experiencias vergonzosas pueden ser muy molestas y, en algunos casos, pueden conducir a problemas graves como la ansiedad y la evitación.

No podemos proteger a nuestros hijos de la vergüenza, pero podemos ayudarlos a desarrollar la resiliencia y la confianza que necesitan para enfrentarla de manera saludable.

Comportamiento modelo

Los niños miran a los padres en busca de señales sobre cómo manejar emociones difíciles como la vergüenza. “Como padres, establecemos el tono de comportamiento para nuestros hijos”, dice la Dra. Rachel Busman, psicóloga clínica del Child Mind Institute, “entonces, cuando ayudamos a los niños a aprender hábitos emocionales saludables, el primer paso es considerar cómo nosotros manejamos situaciones similares en nuestra vida”.

Observar cómo usted lidia con experiencias vergonzosas en el hogar le ayudará a dar un ejemplo de comportamiento saludable a su hijo.

  • No se obsesione: si tiende a insistir en los errores que ha cometido (“¡No puedo creer que haya hecho eso!”, “¡Podría haber muerto de vergüenza!”), es más probable que su hijo haga lo mismo.
  • Mantenga la calma: si pierde la calma cuando le sucede una situación embarazosa o reacciona enojándose o molestándose, le está enviando a su hijo el mensaje de que eso es un gran problema.
  • Sin burlas: los niños accidentalmente hacen y dicen cosas muy divertidas, pero es importante no burlarse de los errores ni reírse de los incidentes embarazosos. Si las vergüenzas pequeñas son ridiculizadas, los niños pueden empezar a asociar cualquier mínimo desacierto con sentimientos de vergüenza y humillación. Las burlas, incluso si parecen inofensivas, pueden ser muy molestas para los niños, especialmente si ya se sienten sensibles.

Tome en serio la vergüenza de su hijo

No hay un sistema de medida para la vergüenza. Algo que parezca pequeño para usted (por ejemplo, dar la respuesta incorrecta en clase), puede parecer enorme para su hijo.

Si su hijo está avergonzado, es importante no desestimar sus sentimientos, incluso si la situación que los causó no parece ser un gran problema.

“Naturalmente, queremos restar importancia a las experiencias embarazosas diciendo cosas como ‘no es tan malo como crees'”, dice la  Dra. Busman. “Pero cuando los niños experimentan estas emociones grandes y realmente molestas, eso puede sentirse como un desprecio”.

Pero no exagere

Si su hijo llega a casa molesto, él no necesita que usted también se enoje, o que se enoje en su nombre (“¡Eso suena horrible!” “¡Esos niños deberían avergonzarse de sí mismos por reírse!”). Y no asuma que él quiere o necesita que usted haga algo al respecto. Cuando un niño cohibido se preocupa de que su padre reaccione de forma exagerada o empeore una situación embarazosa, es probable que sea reacio a compartir sus sentimientos.

“Cuando un niño está sufriendo, como padres queremos hacer todo lo que podemos”, dice la  Dra. Busman, “pero si su hijo se siente avergonzado, prestar más atención a la situación puede empeorar las cosas, no mejorarlas”.

Elogie las habilidades positivas

Si su hijo comparte una situación vergonzosa con usted, tenga cuidado de validar sus sentimientos, pero no se concentre en ellos ni los acomode. En su lugar, elogie las habilidades de afrontamiento positivas. Si cometió un error durante un recital de piano, felicítelo por mantenerse concentrado y terminar la pieza. Replantear las experiencias negativas ayudará a su hijo a identificar reacciones saludables y a practicarlas, desarrollando lo que llamamos habilidades metacognitivas. Usted podría decir: “Siento mucho que haya sucedido eso hoy. Sé que fue molesto, pero estoy muy orgulloso de cómo lo manejaste. Se necesita una persona realmente valiente para seguir tocando cuando las cosas se ponen difíciles”.

Cree perspectiva

Si su hijo se cayó en la clase de gimnasia y otros niños se rieron, él podría pensar que todos lo vieron, que todos se rieron y que nunca lo olvidarán, nunca.



Por supuesto, usted sabe que no es cierto, pero los niños, especialmente los más jóvenes, a menudo tienen dificultades para ver más allá de sus propios sentimientos, lo que puede hacer que las situaciones embarazosas se sientan como noticias de primera plana. “Los niños pueden ser egocéntricos”, explica la  Dra. Busman, “así que cuando algo vergonzoso le sucede a su hijo, podría sentir que todo el mundo está pensando en ello tanto como él, cuando en realidad la mayoría de los niños ya pasaron al día siguiente”.

Aprender a poner sus sentimientos y experiencias en contexto le ayudará a su hijo a obtener una mejor perspectiva y a desarrollar la resiliencia.

  • Desempaque: ayude a su hijo a adoptar un enfoque metacognitivo de sus sentimientos haciendo preguntas abiertas. Por ejemplo: su hijo no es el único que se ha caído en la clase de gimnasia, por lo que puede comenzar preguntándole cómo se sintió cuando otros niños hicieron lo mismo. Aprender a poner sus propias experiencias en contexto puede ayudar a su hijo a empezar a ver situaciones embarazosas desde un ángulo mejor.
  • Comparta: compartir ejemplos de su propia vida ayudará a normalizar la vergüenza. “Dejé caer mi bolso en la tienda de comestibles el otro día. Prácticamente explotó en todo el piso. Todos se rieron, pero luego varias personas ayudaron a recoger las cosas”.
  • Pero no compare: ofrecer una perspectiva es bueno, pero tenga cuidado de evitar comparar sus experiencias con las de su hijo. (“Piensas que eso es malo, cuando tu hermano tenía tu edad…”) Es posible que tu hijo termine sintiendo que sus experiencias carecen de importancia, o que no son lo suficientemente serias como para justificar lo molesto que se siente, lo que puede hacer que se sienta peor por no ser más fuerte.
  • Deje que su hijo tome la iniciativa: a veces las preguntas son útiles, pero puede haber ocasiones en que su hijo simplemente no quiera hablar de ello. “Dejar que los niños tomen la delantera es importante”, dice la  Dra. Busman. “Si su hijo dice: ‘No quiero hablar de eso’ o parece demasiado molesto, no lo presione”. La vergüenza es una sensación enorme y, a veces, los niños solo necesitan espacio para calmarse.

Ayudar a su hijo a obtener una perspectiva sin minimizar sus sentimientos le ayudará a superar las experiencias negativas pasadas y le dará una herramienta importante para crear autoconciencia en el futuro.

Cuándo intervenir

Cada cierto tiempo a todos nos suceden situaciones embarazosas, pero si su hijo regresa regularmente a casa de la escuela enojado, o si tiene un cambio importante en el comportamiento o el estado de ánimo, puede haber algo más grave.

  • Intimidación: Desafortunadamente, los niños no siempre son amables. La mayoría de los niños serán objeto de burla en algún momento de sus vidas. Los episodios esporádicos de vergüenza son desagradables, pero no inusuales. Sin embargo, si su hijo informa regularmente que sus compañeros lo molestan o lo humillan, especialmente los niños que son más grandes, más viejos o más “populares”, existe la posibilidad de que lo estén intimidando, y es hora de intervenir.
  • Cambios de comportamiento: sentirse un poco deprimido o ansioso después de un incidente vergonzoso es normal, pero los cambios de comportamiento persistentes (no dormir, poco apetito, preocupación excesiva) no lo son.
  • Exageración u obsesión: si la reacción de su hijo a algo vergonzoso parece exagerada para la situación o si parece que es incapaz de superarla.
  • Evasión: la mayoría de los niños que han tenido una experiencia vergonzosa se sienten reacios a regresar a la clase o grupo social donde ocurrió el problema por un tiempo, pero la evasión persistente es motivo de preocupación. Algunas señales que debe observar incluyen: estar demasiado enfermo para ir a la escuela o ir a la enfermería  durante una clase en particular, inventar excusas para evitar ver a los amigos, faltar a clases, faltar a actividades extracurriculares o negarse a asistir a la escuela por completo.

Vergüenza y ansiedad social

Para algunos niños, el miedo a avergonzarse puede convertirse en un problema grave. Si un niño parece vivir con un miedo perpetuo a la vergüenza, incluso cuando no hay una razón obvia para preocuparse, puede estar experimentando ansiedad social.

La ansiedad social generalmente ocurre en niños en la etapa de la adolescencia, pero puede desarrollarse más temprano. Un niño con ansiedad social entra en pánico ante la idea de participar en actividades cotidianas porque se preocupa crónicamente de lo que otras personas pensarán de él, se obsesiona con la forma en que lo percibirán los demás o por temor a cometer un error.

Estos miedos pueden ser muy debilitantes. Para los niños que ven un potencial de humillación en todo momento, incluso las interacciones básicas pueden parecer un campo minado, y las interacciones sociales, escolares y personales a menudo sufren. Volverse retraído es común, pero los niños con ansiedad social también son propensos a atacar cuando la amenaza de la vergüenza los abruma.

La buena noticia es que los niños que desarrollan ansiedad social responden bien a la terapia cognitiva conductual y con ayuda pueden regresar a sus actividades normales.

Lecciones de vida

Es natural querer proteger a su hijo de experiencias que son hirientes o molestas, pero— al final—la mejor manera para que su hijo desarrolle habilidades de afrontamiento es a través de la experiencia, con apoyo lateral.

“Estar avergonzado a veces es parte de la vida”, dice la  Dra. Busman. “Es tentador tratar de proteger a nuestros hijos de las cosas difíciles, pero en realidad, aprender cómo lidiar con esas experiencias de manera saludable es una habilidad que le servirá bien a su hijo a medida que crezca”.

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