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Cómo ayudar a los niños a través de la espeluznante epidemia de payasos

De qué manera los medios de comunicación amplifican lo que está de moda y por qué algunos niños temen tanto a los payasos

Alexandra Hamlet, PsyD

Faltan solo unas cuantas semanas para Halloween, pero una tendencia inquietante ya se ha apoderado de las noticias y los medios sociales: los payasos aterradores. Y no todo es fantasía. Los encuentros con personas espeluznantes, amenazantes, e incluso violentas, con caras pintadas y disfraces empezaron en Carolina del Sur a finales de agosto, cuando algunos niños contaron que unos payasos intentaban atraerlos al bosque. En los meses transcurridos desde entonces se han visto payasos amenazadores por todo el país y se ha detenido a 12 personas, en particular por haber proferido amenazas relacionadas a los payasos con el fin de perjudicar a los niños en las escuelas o universidades.

¿Es esto una erupción de comportamiento de imitación o una epidemia de fraudes (o ambos)? De cualquier manera, las amenazas de violencia han puesto a algunas escuelas y comunidades al límite, y a los niños se les dice que no se vistan como payasos en Halloween, ni siquiera como Ronald McDonald. Y los niños están preguntando a los padres si deben preocuparse.

El miedo a los payasos

Los payasos, por supuesto, han sido una fuente segura, pero perpleja, de miedo desde hace décadas, con historias de terror como IT de Stephen King (el año que viene se estrena una nueva película) que transforma a los comediantes infantiles en asesinos sádicos. Pero el hecho es que los payasos asustan a mucha gente incluso sin la ayuda del Rey del Terror, ya que ellos padecen de una fobia específica a los payasos o mimos, también conocida como coulrofobia.

¿Qué es lo que tienen los payasos que inspira tal inquietud?

Algunos psicólogos creen que el miedo se debe en parte al hecho de que no podemos leer la emoción genuina en la cara de un payaso.

“Cuando nos quitan la capacidad de leer la expresión de alguien, es perturbador puesto que no sabemos qué es lo que siente, ¿está feliz, triste, enfadado? No sabemos ni qué esperar ni cómo reaccionar”, explica Jerry Bubrick, psicólogo clínico especializado en el tratamiento de niños con ansiedad del Child Mind Institute.

Los payasos también suelen ser impredecibles y maniáticos, lo que puede generar una aprehensión, particularmente en los niños.

“El miedo a los payasos realmente comienza desde una edad muy temprana, a partir de los cuatro o cinco años, –explica el Dr. Bubrick. –Lo que suele suceder es que a un niño se le invita a una fiesta de cumpleaños, y cuando llegan allí, sin ninguna preparación por parte de los padres, ven a un tipo de aspecto extraño que lleva peluca y zapatos grandes, y un traje raro, y una nariz grande, hablando de forma extraña, haciendo cosas raras”.

A algunos niños les encanta, añade, pero otros se asustan mucho, se meten en una situación sin explicación y esperamos que les guste. “Y aquellos que están predispuestos a la ansiedad tienen una reacción aún más fuerte.” De hecho, según el Dr. Bubrick, el miedo a los payasos es una de las fobias más comunes en los niños.

La epidemia de payasos espeluznantes

Como adultos, se piensa que los payasos nos hacen sentir incómodos porque parecen humanos reales, pero no del todo, una hipótesis llamada “el valle misterioso”, que se aplica también a los maniquíes y a los robots parecidos a los humanos.

Nuestro miedo a los payasos se aplica de igual manera a los ejemplos comunes que no son demonios antiguos multidimensionales y malvados en secreto, como el payaso Pennywise de IT. Así que no es sorprendente que la cobertura mediática de lo que se ha llamado la epidemia del “Payaso Escalofriante” (Creepy Clown) nos haya llamado la atención. Varias escuelas primarias, medias y high school tuvieron encierros la semana pasada en respuesta a los nuevos rumores y amenazas. Y a medida que los medios continúen con la historia, el riesgo de “contagio por comportamiento” aumenta, es decir, el comportamiento de imitación inspirado por las historias de los medios, sean estas verdaderas o no.

Así que los niños le están preguntando a sus padres acerca de lo que está pasando, y si deberían estar preocupados. ¿Qué les decimos?

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En primer lugar, es importante que los padres les digan a sus hijos que la mayor parte de la charla sobre los payasos malvados es sólo eso: charla. La probabilidad de que su hijo vea o se sienta amenazado por un payaso maligno (“broma” o cualquier otra cosa) es muy pequeña. Si su hijo ve un payaso, lo más probable es que sea solamente un payaso. Permanezca atento a las preocupaciones de sus hijos, pero no demasiado.

¿Qué puedo hacer?

Si su hijo le teme a un ataque de payasos, o si se ha informado de un encuentro en su zona, aquí le ofrecemos algunos consejos sobre cómo ayudar a su hijo:

  • Sea la fuente de noticias de su hijo. Sea cual sea la forma en que decida hablar sobre los payasos, el miedo, la ansiedad y la histeria que nos rodea hoy en día, es mucho mejor para el niño si es usted quien se lo dice. Quiere ser capaz de transmitir los hechos y establecer el tono emocional, y transmitir cualquier sabiduría de una manera calmada y con autoridad.
  • Tome las señales de sus hijos. Invítelos a que le digan todo lo que hayan escuchado sobre los payasos y cómo se sienten. Ofrézcales oportunidad de hacer preguntas. Prepárese para responder (pero no para incitar) a las preguntas. Evite fomentar las fantasías aterradoras.
  • Sea realista. Los payasos no son “reales” y no son peligrosos. Un payaso suele ser alguien disfrazado con la intención de hacer su trabajo y entretener a los niños y las familias.
  • Sea reconfortante. Es probable que los niños se concentren en si les puede pasar algo aterrador o malo. Por lo tanto, es importante tranquilizar a su hijo y decirle que es muy poco probable que alguien intente asustarlo o hacerle daño, y mencione las medidas de seguridad que se hayan tomado para evitar este tipo de cosas.
  • Esté disponible. Si su hijo está alterado, el simple hecho de pasar tiempo con él puede hacerlo sentir más seguro. Los niños encuentran un gran consuelo en las rutinas, y hacer cosas comunes como familia puede ser la forma más eficaz de tranquilizarlos.