La disociación es una desconexión mental de tus pensamientos, sentimientos, cuerpo o entorno. Los niños pueden sentirse ausentes, entumecidos o como si se estuvieran viendo a sí mismos desde fuera, como si el mundo no pareciera real.
Disociación: señales y causas en niñas y niños
Cómo pueden las madres y los padres reconocerla en los niños y cuándo preocuparse.
Expertos clínicos: Lauren Allerhand, PsyD , Tanvi Bahuguna, PsyD
in EnglishPuntos clave
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La disociación con frecuencia está relacionada con el estrés o con emociones abrumadoras. Las niñas y los niños pueden disociarse cuando se sienten incapaces de afrontar lo que está pasando a su alrededor.
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En su forma más leve, la disociación puede manifestarse como ensoñación. Pero la disociación se vuelve más preocupante si tu hija o hijo la tiene con frecuencia, le resulta angustiante o le altera la vida diaria.
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Si notas que tu hija o hijo se disocia, mantén la calma y ayúdale a volver al presente diciéndole su nombre y recordándole que estás ahí.
Cuando las personas usan la palabra disociación, puede sonar alarmante. Quizás la hayas visto en las redes sociales, hayas escuchado a tu hija o hijo mencionarla o hayas notado que tu hija o hijo parece “ausente” y te hayas preguntado si eso es lo que está pasando. La disociación puede resultar confusa porque se da en un espectro: desde experiencias cotidianas como soñar despierto hasta síntomas más graves que pueden indicar que una niña o niño siente agobio o tiene dificultades. La buena noticia es que la disociación con frecuencia es un mecanismo de defensa temporal y, cuando se convierte en un problema, hay formas efectivas de ayudar.
¿Qué es la disociación?
En términos sencillos, la disociación es una especie de desconexión mental. “Cuando pienso en la disociación, pienso en que hay algún tipo de desconexión entre una persona y su sentido del yo, o un periodo de tiempo que luego no puedes recordar, o la sensación de estar desconectado de tu cuerpo”, dice Lauren Allerhand, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute y codirectora de su programa de DBT.
Hay niñas y niños que describen la disociación como una sensación de estar en las nubes, entumecidos o desconectados de su cuerpo o de lo que les rodea. Otros dicen que sienten como si se estuvieran viendo a sí mismos desde fuera de su cuerpo, o que el mundo que les rodea no les parece real. “Hay un periodo de tiempo en el que tu sensación normal de fluidez se ve interrumpida”, explica la Dra. Allerhand.
¿Es normal la disociación?
En su forma más leve, la disociación es algo muy común. Niñas y niños pueden ensoñarse en clase, desconectarse durante algo aburrido como un largo viaje en coche, o sentirse distantes cuando se sienten abrumados de alguna manera. Estas experiencias no suelen ser motivo de preocupación. “Nuestros cerebros hacen un gran trabajo protegiéndonos“, dice la Dra. Allerhand. “A veces nuestros cerebros desarrollan estrategias para protegernos que son saludables, y otras veces desarrollan estrategias que pueden funcionar en ráfagas cortas pero que se vuelven menos útiles si ocurren con demasiada frecuencia.“
Cuando la disociación ocurre con frecuencia o interfiere en la vida diaria, puede indicar que una niña o un niño está luchando con algo más grave que el estrés normal e intermitente. “Si ocurre todo el tiempo, es menos eficaz como mecanismo de defensa” debido al desgaste que puede suponer cuando hay pérdida de memoria, confusión y sensación de desconexión con uno mismo, explica.
¿Cómo se siente la disociación?
Niños y adolescentes pueden describir la disociación de formas diferentes. Algunos dicen que se sienten:
- Como si estuvieran en un sueño
- Emocionalmente entumecidos
- Desconectados de su cuerpo
- Como si se estuvieran viendo a sí mismos en una película
- Como si las cosas a su alrededor no fueran reales
“Los niños pueden decir que se sienten como un robot. Todo a su alrededor les parece falso”, dice la Dra. Allerhand. “Es posible que los niños más pequeños no tengan las palabras para describir lo que están experimentando. En cambio, los padres pueden notar que tu hijo parece inusualmente callado, apático o “que no es él mismo””.
¿Por qué las personas se disocian?
La disociación con frecuencia está relacionada con el estrés o con emociones abrumadoras: las personas pueden disociarse cuando se sienten incapaces de lidiar con lo que está pasando a su alrededor. “Esto podría ser una respuesta a cualquier tipo de emoción o experiencia muy intensa”, dice la Dra. Allerhand, como por ejemplo:
- Trauma
- Ansiedad o pánico
- Emociones intensas
- Depresión
- Cambios importantes en la vida
- Estrés abrumador
“Es otra forma de lidiar con el estrés o el trauma”, dice Tanvi Bahuguna, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute especializada en trauma y trastornos del estado de ánimo. “Existe un proceso psicológico que les ayuda a desconectarse del dolor abrumador”. Algunos niños se disocian durante ataques de pánico o periodos de ansiedad intensa. Las personas que han vivido adversidades importantes pueden ser más propensas a la disociación. Estas experiencias pueden incluir:
- Abuso
- Negligencia
- Inestabilidad familiar (inestabilidad de vivienda, violencia doméstica, adicción)
- Pérdida de un familiar, especialmente por violencia o suicidio
Aun así, los expertos se apresuran a señalar que la disociación no significa automáticamente que un niño haya sufrido un trauma o tenga un trastorno grave. “Hay muchas salidas en esta autopista antes de llegar a un trastorno disociativo”, dice la Dra. Allerhand, y añade que un trastorno disociativo en toda regla es muy raro en los niños.
Si notas que tu hijo se disocia con frecuencia, la Dra. Allerhand recomienda ayudarle a elaborar un plan para ello. En un momento de calma, habla con tu hijo sobre lo que le resulta útil. “Me he dado cuenta de que esto está pasando. ¿Puede ayudarme cuando esto ocurra?”, sugiere que le preguntes. Tener un plan de antemano facilita la respuesta en el momento; mientras tanto, quédate cerca y asegúrate de que tu hijo está a salvo hasta que pase el episodio.
¿Cuándo deben los padres buscar ayuda para un niño que se disocia?
Si la disociación es frecuente, angustiante o está asociada a cambios en el funcionamiento de tu hijo, es conveniente buscar ayuda profesional. “Si ocurre algo disociativo y hay un cambio realmente grande en el funcionamiento de tu hijo, entonces me preocuparía”, dice la Dra. Allerhand.
Entre las señales de que puede ser el momento de pedir ayuda se incluyen:
- Lagunas de memoria tras el episodio
- Cambios notables en la personalidad
- Dificultades en la escuela
- Alejamiento de los amigos o de las actividades
- Angustia o confusión significativas
Un buen punto de partida sería hablar con tu pediatra, quien puede derivarte a un profesional de la salud mental. “Si tu hijo muestra comportamientos que parecen fuera de lo normal, debes confiar en tu instinto”, dice la Dra. Allerhand.
Cómo identificar la disociación
Para determinar si un niño está disociándose, un profesional de la salud mental recopila información de múltiples fuentes, incluidos los padres, el niño y, a veces, los profesores, preguntando sobre los comportamientos del niño, su historial y cualquier factor estresante reciente o cambio en su comportamiento.
“Lo primero sería una entrevista diagnóstica estructurada con un profesional clínico cualificado”, explica la Dra. Allerhand. “Los padres aportan los antecedentes y describen el comportamiento, y luego el profesional se reúne con el niño”. Los profesionales también valoran si la disociación podría ser un síntoma de otra condición, como el trastorno por estrés postraumático, el trastorno límite de la personalidad, la ansiedad (especialmente el trastorno de pánico) y la depresión.
“En realidad se trata de recopilar el historial, conocer al niño, observarlo y averiguar a qué conduce este conjunto de comportamientos”, dice. Es más frecuente que la disociación sea consecuencia de otro trastorno que un trastorno disociativo propiamente dicho.
¿Cómo se trata la disociación?
El tratamiento depende de qué esté provocando la disociación. Si hay un trauma de por medio, la terapia puede centrarse en ayudar al niño a procesar experiencias difíciles y desarrollar habilidades de afrontamiento. Entre los enfoques basados en evidencia se incluyen la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma (TCC-CT) y el DRMO (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares).
Si la causa principal es la ansiedad o la sobrecarga emocional, el tratamiento puede centrarse en la regulación de las emociones, las técnicas de “anclaje” y la identificación de desencadenantes y señales de alerta tempranas. Terapias como la DBT (terapia dialéctico-conductual) suelen involucrar tanto a los niños como a los padres, ayudando a las familias a reconocer patrones y a responder de manera solidaria.
En casos de disociación más grave o persistente, el tratamiento puede desarrollarse por fases: comenzando con la seguridad y la estabilización, luego el desarrollo de habilidades y, finalmente, cuando sea apropiado, el procesamiento de las experiencias difíciles. “El objetivo es ayudar al niño a aprender a lidiar con su experiencia y a mantenerse presente en su cuerpo”, dice la Dra. Allerhand.
¿Qué son los trastornos disociativos?
En niños y adolescentes, la disociación suele ser un síntoma de otra afección. Pero en casos de traumas tempranos muy graves, abuso o negligencia, puede convertirse en un trastorno en toda regla. Existen varios trastornos disociativos, entre ellos:
- Trastorno de identidad disociativo (lo que antes se llamaba trastorno de personalidad múltiple): implica dos o más estados de personalidad distintos y lagunas en la memoria, y suele estar relacionado con un trauma temprano significativo. Los padres que busquen información en Internet pueden encontrar datos alarmantes, pero el Dr. Allerhand afirma que esta afección es muy poco frecuente en los niños.
- La amnesia disociativa implica lagunas en la memoria que no pueden explicarse por un simple olvido —como no recordar información personal importante o períodos de tiempo— y con frecuencia está asociada a experiencias estresantes o traumáticas.
- El trastorno de despersonalización/desrealización implica sentirse desconectado de uno mismo, como si te estuvieras observando desde fuera de tu cuerpo, o sentir que el mundo que te rodea no es real.
Estos trastornos a veces atraen la atención de los medios, pero son extremadamente raros en los niños. Lo importante que deben saber los padres es que, si observas un comportamiento disociativo en un niño, lo más probable es que se trate de un mecanismo de defensa normal para un niño que está experimentando algo de estrés o emociones intensas. Si persiste, causa angustia o interfiere en la vida del niño, es hora de consultar a un pediatra o a un profesional de la salud mental. Identificar qué podría estar causando el comportamiento es el primer paso para obtener el tratamiento adecuado.
Preguntas frecuentes
Entre las señales más comunes se incluyen sentirse desconectado del cuerpo, emocionalmente entumecido o como si estuvieras en un sueño. Algunos niños parecen inusualmente callados o “no son ellos mismos”, mientras que otros tienen problemas para recordar lo que pasó durante ese tiempo.
La disociación con frecuencia es una respuesta al estrés, la ansiedad o emociones abrumadoras. También puede estar relacionada con un trauma, cambios importantes en la vida (como la pérdida repentina de un familiar) o sentimientos intensos que el niño aún no sabe cómo manejar.
Las técnicas de “anclaje” pueden ayudarte a volver al momento presente, como nombrar lo que ves, oyes y sientes, o centrarte en la respiración. Tener un plan sobre lo que harás la próxima vez que te pase puede hacer que sea más fácil manejarlo cuando ocurra.
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Referencias bibliográficas
El Child Mind Institute se compromete a brindar información vigente, fiable y práctica sobre la salud mental y el bienestar de los niños. Publicamos artículos y guías basados en una amplia investigación, así como entrevistas con expertos especializados en esa área, incluidos psiquiatras de niños y adolescentes, psicólogos clínicos, neuropsicólogos clínicos, pediatras, psicólogos escolares y especialistas en el aprendizaje. Lee nuestra misión editorial si deseas conocer más sobre nuestro trabajo.
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Fung, Hong Wang, Grace Wing Ka Ho, Edward K. S. Wang, and Fulei Geng. “Posttraumatic Stress and Dissociative Symptoms Among Adolescents: Prevalence, Persistence, and Association with Depression After 1 Year.” International Journal of Social Psychiatry (2025).
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Lyssenko, Lisa, Christian Schmahl, Laura Bockhacker, Ruben Vonderlin, Martin Bohus, and Nikolaus Kleindienst. “Dissociation in Psychiatric Disorders: A Meta-Analysis of Studies Using the Dissociative Experiences Scale.” American Journal of Psychiatry 175, no. 1 (2018): 37–46.
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