Niños que se preocupan por tener alguna enfermedad cuando no tienen nada físico
Trastorno de ansiedad por enfermedad y trastorno de síntomas somáticos en niños.
Experto clínico: Sandra L. Whitehouse, PhD
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Qué hace que los niños crean que están enfermos cuando no lo están?
- ¿Qué son el trastorno de ansiedad por enfermedad y el trastorno de síntomas somáticos?
- ¿Cómo podemos ayudar a los niños que muestran señales de estos trastornos?
Lectura rápida
Todos nos preocupamos de vez en cuando acerca de la posibilidad de estar enfermos, incluso cuando hay muy pocos motivos para pensar que algo esté mal. Los niños también se preocupan, igual que los adultos. Pero si estas preocupaciones continúan durante mucho tiempo y empiezan a interponerse en sus vidas, puede que tengan un trastorno de ansiedad. Antes se solía llamar hipocondría, pero ahora hay dos trastornos diferentes: el trastorno de ansiedad por enfermedad y el trastorno de síntomas somáticos.
Los niños con trastorno de ansiedad por enfermedad se preocupan mucho por estar enfermos aunque no tengan ningún síntoma. Los niños con trastorno de síntomas somáticos temen que un síntoma físico normal y leve, como un dolor de cabeza o de estómago, sea señal de un problema de salud grave.
Los niños con estos trastornos a menudo insisten en ir al médico, o a varios médicos, si el primero no confirma el diagnóstico que creen tener. Y también pueden exigir repetidamente que los padres u otros adultos, como la enfermera del colegio, les aseguren que están bien.
Otros niños con estos trastornos pueden evitar ir al médico porque temen que se confirmen sus miedos.
Los niños con propensión a estos trastornos a menudo contienen sus emociones y puede que no se sientan cómodos de reconocerlas. Es posible que hayan tenido una experiencia estresante o traumática y no puedan expresar sus sentimientos de manera directa. Tal vez han visto a personas de su familia que tienen problemas médicos recibir tratamiento, y que a partir de ahí las cosas parecen mejorar.
¿Cómo pueden los padres ayudar a los niños que muestran señales de alguno de estos trastornos? Animarles a compartir sus sentimientos puede ser útil. Hazles saber que entiendes lo poderosos que son estos sentimientos. Ayúdales a explorar e identificar sus emociones, brindándoles una forma más directa de llamar la atención hacia lo que necesitan.
Si la ansiedad de un niño se vuelve tan intensa que interfiere con la escuela u otras actividades, o si dura semanas, es una buena idea acudir con un especialista en salud mental para obtener una evaluación. Para entender cómo se tratan el trastorno de ansiedad por enfermedad y el trastorno de síntomas somáticos, consulta el artículo completo a continuación.
En algún momento u otro todos nos hemos preocupado sin razón por nuestra salud. Tal vez tengas pensamientos inquietantes sobre ser diagnosticada con cáncer cada vez que te tienes que hacer una mamografía. O si tienes un ataque de tos te podrías preguntar si es COVID.
A los niños y adolescentes les ocurre lo mismo. Pero si un pensamiento intrusivo ocasional o una preocupación por su salud se convierten en una ansiedad intensa y persistente, se podría tratar de algo más. Lo que antes se llamaba hipocondría se ha separado ahora en dos trastornos independientes pero estrechamente relacionados: el trastorno de ansiedad por enfermedad y el trastorno de síntomas somáticos.
Los niños con trastorno de ansiedad por enfermedad se preocupan mucho por estar enfermos aunque no tengan ningún síntoma. Los niños con trastorno de síntomas somáticos temen que un síntoma físico normal y leve, como un dolor de cabeza o de estómago, sea señal de un problema de salud grave.
Existe una gran superposición entre ambos trastornos, dice Sandra L. Whitehouse, PhD, directora del Centro para trastornos de ansiedad del Child Mind Institute. “En ambos, los niños tienen una preocupación intensa por tener algún problema médico cuando en realidad no es así”.
Estos trastornos son diferentes de las quejas más fugaces por alguna dolencia, como tener un dolor de estómago antes de un examen importante o una presentación en clase. En el caso del trastorno de ansiedad por enfermedad y del trastorno de síntomas somáticos, la preocupación es más duradera y suele resultar en múltiples visitas al médico, así como en la necesidad de obtener el diagnóstico de alguna enfermedad física.
Un niño con uno de estos trastornos también podría buscar repetidamente el consuelo de sus padres u otras personas adultas, explica la Dra. Whitehouse. “Puede que vayan con la enfermera de la escuela varias veces a que les revise una pequeña raspadura y asegurarse de que no esté derivando en una infección u ocultando una fractura subyacente”.
La Dra. Whitehouse recuerda a un adolescente con el que trabajó que tenía trastorno de síntomas somáticos. Tenía un pequeño sarpullido. “Pensó: ‘Eso debe ser la enfermedad de Lyme, así que tengo que hacer que me evalúen debidamente para asegurarme. Y si no es la enfermedad de Lyme, entonces seguro debe ser meningitis'”, recuerda la Dra. Whitehouse. También le preocupaba que pudiera tener esclerosis múltiple.
¿Qué causa estos trastornos?
Tanto el trastorno de ansiedad por enfermedad como el trastorno de síntomas somáticos son trastornos de ansiedad que se caracterizan por una preocupación intensa que interfiere con la vida diaria. Pueden afectar a niños y adolescentes de todas las edades y en gran medida se desarrollan por igual en hombres y mujeres, aunque el trastorno de síntomas somáticos tiende a afectar ligeramente más a las niñas que a los niños durante la adolescencia.
Los niños con trastorno de ansiedad por enfermedad o trastorno de síntomas somáticos tienden a ser “internalizadores”, dice la Dra. Whitehouse, o personas que contienen sus emociones.
“Alguien que tiene propensión a estos trastornos probablemente los interioriza y tiende a reprimir y retener su estrés en el cuerpo y a tratar de contenerlo”, dice. “Se trata de niños que puede que no tengan mucha conciencia emocional y, por lo tanto, cuando experimentan emociones intensas, no las registran ni las atienden, o tal vez no las quieren reconocer”.
Tanto niños como adolescentes suelen desarrollar estos trastornos de ansiedad como un mecanismo de afrontamiento cuando no han podido manejar el estrés o el trauma de otras maneras.
“A menudo hay una experiencia estresante que ha conducido a estos trastornos”, dice la Dra. Whitehouse. “Puede haber un historial de trauma o un historial de no poder expresar, procesar o abordar las emociones de manera directa. Tal vez el niño haya observado a otras personas en el hogar que tienen problemas médicos, que están recibiendo atención, y que [debido a eso] las cosas están mejorando.”
Por ejemplo, la Dra. Whitehouse describe a una antigua paciente cuya madre tenía un trastorno por consumo de sustancias y una enfermedad terminal. También había otras inestabilidades en casa. “Esta niña, al crecer, vio que cuando mamá iba al hospital y veía a los médicos, parecía sentirse mejor, había menos tensión y conflicto entre sus padres y su papá no parecía estar tan molesto. Así que había una gran sensación de alivio”, recuerda. “Mientras tanto, esta niña no se permitía a sí misma experimentar emociones porque no quería agitar las aguas en casa”.
Años después, explica, cuando el padre de la niña se volvió a casar y hubo estrés en el nuevo hogar, ella desarrolló el temor de tener problemas de salud similares a los de su madre. “Así fue como ella resolvía los problemas”, añade. “No conscientemente, por supuesto, pero en algún nivel ella creía que si acudía a los médicos y se le diagnosticaba aquello que le ocurría, las cosas se iban a estabilizar en casa”.
Qué pueden hacer los padres
Si tu hijo comienza a mostrar señales de un trastorno de ansiedad por enfermedad o de un trastorno de síntomas somáticos, tal vez puedas evitar que el trastorno se arraigue fomentando que comparta sus sentimientos.
“Yo les recomiendo a los padres que dediquen un poco de tiempo cada día (incluso cinco minutos) a estar presentes, a hablar con cada uno de sus hijos y ver cómo les ha ido durante el día”, dice la Dra. Whitehouse. “Y si mencionan que ha ocurrido algo realmente estresante en la escuela pero dicen ‘estoy bien’, hay una oportunidad de hacer una pausa y decir: ‘Creo que si eso me hubiera ocurrido a mí, me habría estresado bastante. Cuéntame más'”.
A partir de ahí, puedes ayudar a tu hijo a explorar e identificar sus emociones. “La validación es importante, así como reconocer las emociones y modelar cómo manejarlas”, dice la Dra. Whitehouse.
Lo ideal es que los niños aprendan a expresar sus emociones de forma saludable en lugar de que se manifiesten de forma no saludable. “Les estás dando una manera más directa de llamar la atención hacia lo que realmente necesitan”, añade.
Cuándo buscar ayuda
Si tu hijo expresa una preocupación profunda o persistente por lo que percibe como un problema de salud, siempre es una buena idea acudir con el pediatra o médico de la familia para descartar cualquier diagnóstico físico. Aunque hay niños, sobre todo niños mayores y adolescentes, que podrían insistir en visitar varios médicos si no obtienen el diagnóstico esperado, la Dra. Whitehouse dice que es importante tratar de quedarse con un solo proveedor, que pueda coordinar y tener comunicación con los especialistas, con el fin de evitar múltiples evaluaciones y pruebas innecesarias (y costosas).
Otros niños y adolescentes con estos trastornos podrían querer evitar al médico por temor a que se confirmen sus preocupaciones y se les diagnostique una enfermedad grave o, por lo contrario, se descarten sus preocupaciones como imaginarias.
Es importante recordar que los síntomas que experimentan “son muy reales para ellos”, dice la Dra. Whitehouse. “Por lo que resulta extremadamente invalidante tener un proveedor que diga: ‘Todo está en tu cabeza. Es una exageración. No te pasa nada'”.
En cualquier situación en la que los sentimientos de ansiedad o preocupación se vuelvan tan intensos que interfieren con la escuela u otras actividades, o si duran semanas, es una buena idea acudir con un especialista en salud mental para obtener una evaluación.
Opciones de tratamiento
Al igual que los trastornos de ansiedad, el trastorno de ansiedad por enfermedad y el trastorno de síntomas somáticos a menudo se tratan con terapia cognitivo-conductual (TCC). En la TCC, los niños aprenden que sus preocupaciones son solo pensamientos y no cosas reales a las que temer. También aprenden a reconocer los pensamientos que les dan miedo en el momento en que se producen y cómo hacerlos menos atemorizantes.
También se puede utilizar la terapia de exposición. En este tratamiento, el terapeuta pedirá al niño que dé pequeños pasos para tolerar las cosas que le hacen temer estar enfermo. La Dra. Whitehouse da el ejemplo de un niño a quien le preocupa que algo esté mal si respira con dificultad después de una actividad física. El terapeuta podría empezar por enseñarle algunos ejercicios de respiración y luego ofrecerle un desafío, como hacer saltos de tijera. Una vez que se quede sin aliento, le ayudará a notar los pensamientos de ansiedad, etiquetarlos como errores de pensamiento y brindarse a sí mismo la seguridad de que estará bien. Después, pueden hacer ejercicios de respiración juntos para demostrarle que puede desafiar los errores de pensamiento y superar su miedo a quedarse sin aliento.
Pronóstico
Si no son tratados, el trastorno de ansiedad por enfermedad y el trastorno de síntomas somáticos pueden persistir hasta la edad adulta. Pero a los niños y adolescentes que reciben tratamiento para estos trastornos les va muy bien, dice la Dra. Whitehouse.
“Con tratamiento, el pronóstico puede ser muy bueno”, dice. “Hay que resolver las causas subyacentes y ayudar a la persona a desarrollar más atención plena y conciencia emocional para que no reprima sus emociones. Y luego, a partir de ahí, mediante la TCC con un profesional clínico experto, puede haber una buena resolución”.
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