Lo sentimos, la página que busca no tiene versión en español. Puede hacer una nueva búsqueda o visitar la página de Temas populares.

¿Por qué los niños se portan mal?

Conocer cuál es la función del comportamiento problemático es la clave para poder cambiarlo.

Escrito por: Gia Miller

Expertos clínicos: Stephanie A. Lee, PsyD , Stephanie Ruggiero, PsyD

Berrinches, lloriqueos, golpes… todos los niños se portan mal de vez en cuando. Y cuando lo hacen, los padres se preguntan ¡cómo lograr que dejen de hacerlo y se comporten!

La clave para ayudar a los niños a cambiar los comportamientos problemáticos es entender en primer lugar qué es lo que los impulsa. Para ello, algunos expertos utilizan una estrategia llamada Análisis funcional del comportamiento (FBA, por sus siglas en inglés). El FBA se utiliza en la terapia de niños en el espectro autista y para ayudar a los niños cuyos problemas de comportamiento en la escuela están interfiriendo en el aprendizaje. Pero con un poco de preparación, los padres pueden utilizarlo también para ayudar a los niños en casa.

Las cuatro funciones del comportamiento

En el Análisis funcional del comportamiento, la función se refiere a la motivación o el propósito que está detrás del comportamiento de un niño. Pero esa función no siempre es evidente, y los comportamientos pueden tener más de una función, explica Stephanie Lee, PsyD, directora del ADHD and Behavior Disorders Center del Child Mind Institute. Los padres, dice, a menudo tienen que hacer un trabajo de detectives, al pensar en lo que ocurrió antes y después del berrinche o arrebato, para averiguar qué es lo que realmente impulsa el comportamiento.

Hay cuatro funciones del comportamiento en el FBA:

  • Escapar o retrasar
  • Acceso a cosas tangibles
  • Necesidad de atención
  • Estimulación sensorial

Comprenderlas (y cómo orientan las técnicas que los expertos utilizan para cambiar los comportamientos difíciles) puede ayudarlo a ayudar a su hijo a detener los comportamientos problemáticos con mayor eficacia.

1. Escapar o retrasar

El niño quiere escapar de una situación que no le gusta o evitar una tarea que no quiere hacer.

La evasión y el retraso son grandes motivadores del comportamiento. Los niños tienen que hacer MUCHAS cosas que no quieren hacer (comer vegetales, ordenar, hacer la tarea…). Y cuando no quieren hacer algo, es probable que se porten mal para librarse de ello, especialmente si portarse mal les ha funcionado en el pasado.

Por ejemplo, la Dra. Lee dice: “Una vez observé a un niño que regularmente daba patadas a una niña en la escuela. Con el tiempo, me di cuenta de que cada vez que empezaba una lección de matemáticas, daba una patada a la niña de al lado y luego miraba a la puerta”. El niño, explica, se metía en problemas intencionalmente. “Esperaba que el director viniera a buscarlo y, para cuando volvía al salón, la clase de matemáticas había terminado”.

Cómo cambiar los comportamientos de escape o retraso:

  • Premie a los niños por un comportamiento apropiado reduciendo las exigencias. Por ejemplo, si van a la mesa inmediatamente sin quejarse, solo tienen que comer la mitad de sus brócolis. Ofrecer recompensas que les permitan hacer menos de lo que intentan evitar puede ayudar a reducir el estrés e incentivar los buenos comportamientos.
  • Hágales saber que escapar no es una opción. Avise a su hijo con antelación cuándo debe completar algo. Incluso puede poner un temporizador. Cuando llegue el momento de hacer lo que tiene que hacer, no hay discusiones ni negociaciones: se hará, incluso si usted tiene que ayudarlo en la tarea. Por ejemplo, si se niega a ponerse el abrigo, usted se lo pondrá.
  • Felicítelos cuando hagan lo que se les pide sin problemas. La atención positiva incluso para tareas pequeñas y sencillas, como guardar sus zapatos o apagar el televisor la primera vez que usted se lo pide, fomentará ese comportamiento.

2. Acceso a cosas tangibles

El niño quiere un objeto específico (un dulce o un juguete) o una actividad (acceso a su iPad).

Un tangible puede ser un dulce, el juguete con el que está jugando su hermano o tiempo en el iPad. A veces el tangible es evidente, otras veces no lo es. Por ejemplo, un niño que no para de pedir cosas en el supermercado. “Mamá, ¿podemos comprar esto?”. “¿Podemos comprar eso otro?”. El acoso continúa hasta que el padre, frustrado, ofrece su teléfono como distracción. ¿Le resulta familiar? Es evidente que el niño quiere algo, pero es probable que el objetivo final sea acceder al teléfono y no a un paquete adicional de galletas.

La Dra. Lee recuerda también a un padre que le dijo que después de un berrinche por un helado, le dio a su hijo unas almendras porque no quería que se fuera a la cama con hambre. En situaciones como esta, ella señala que lo realmente tangible en realidad podrían haber sido las almendras, no el helado.

Cómo cambiar los comportamientos cuando los niños buscan el acceso a algo tangible:

  • Cree un contrato. Evite los malos comportamientos tangibles siendo proactivo, no reactivo. Por ejemplo, antes de ir al supermercado, haga un trato con su hijo. Si no pide nada mientras usted está en la tienda, le comprará una galleta antes de salir.
  • Retire lo tangible del entorno. Ocultar los objetos tangibles puede ayudar. Por ejemplo, los niños se sentirán más molestos por un iPad que no pueden usar si está ahí, en la mesa de la cocina. Lo mismo ocurre con el teléfono. Si su hijo no puede jugar con él, procure en la medida de lo posible no utilizarlo delante de él.
  • Hágale saber cuándo puede, y cuándo no puede, tener acceso al objeto tangible. Si su hijo puede disponer de 30 minutos de iPad al llegar a casa de la escuela, ponga un temporizador para que él sepa cuánto tiempo tiene. Cuando el temporizador termine, recuérdele cuándo será la próxima vez que tendrá acceso al iPad y durante cuánto tiempo. Los horarios visuales también pueden ayudar a los niños a entender que el objeto no se va a ir para siempre, sino que es solo por el momento.

3. Necesidad de atención

El niño quiere atención, generalmente de parte de sus padres o su maestro, y cualquier atención le sirve, incluso que le griten.

Cuando los niños se portan mal, dice la Dra. Lee, “en realidad no les importa si la atención que reciben es positiva o negativa, solo quieren una atención amplia, firme e inmediata.” Se trata de la duración, la proximidad y la intensidad, dice. Por ello, los niños suelen actuar de la manera que más llame la atención, incluso si eso significa meterse en problemas.

Por ejemplo, un estudiante que está trabajando tranquilamente en su lugar puede que reciba un leve elogio del maestro. El elogio probablemente no será muy largo ni muy entusiasta, y el maestro podría estar a varios lugares de distancia. Pero, si ese mismo niño tira su lápiz al piso, es probable que el maestro se acerque de inmediato y le diga enérgicamente: “¡Qué estás haciendo! Aquí no se tiran cosas. ¿Qué está pasando?”.

Del mismo modo, justo cuando usted está comenzando una llamada de trabajo o enfocado en la preparación de la cena, uno de sus hijos agarra el juguete de su hermano y lo golpea. O, se suben encima del sofá… y saltan. Saben que se meterán en problemas, pero lo hacen de todos modos, porque también saben que eso llamará su atención.

Cómo cambiar el comportamiento de búsqueda de atención:

  • Haga que los niños se mantengan ocupados. Si su hijo suele portarse mal cuando usted necesita hacer otra cosa, ser proactivo puede ayudar. Proponga a su hijo una actividad que dure lo que dure su llamada o la preparación de la cena. Y si su hijo ansía habitualmente el contacto físico, asegúrese de darle un abrazo antes de entrar en su reunión.
  • Ignorar de forma planificada. La forma más poderosa de cambiar un comportamiento motivado por la atención es negarse a recompensar el comportamiento con atención, dice la Dra. Lee. Los niños no renunciarán tan fácilmente a su necesidad de atención, así que prepárese para que los comportamientos empeoren antes de que mejoren (esto se denomina un estallido de extinción). Pero finalmente, los comportamientos cesarán. Solo debe utilizar la ignorancia planificada cuando tenga el tiempo, el espacio seguro y la paciencia para superar el problema con su hijo.
  • Preste atención positiva de forma regular y específica a los buenos comportamientos. Siempre que pueda, haga énfasis en utilizar los elogios etiquetados para los comportamientos que desee ver. Por ejemplo: “Qué bien que compartiste tus lápices de colores con tu hermano”.
  • Ayude a los niños a practicar la paciencia. Empiece pidiendo a los niños que sean pacientes durante periodos de tiempo cortos y predecibles. Por ejemplo, ponga un temporizador de cinco minutos antes de ir al baño y hágales saber que usted estará de vuelta para cuando suene. Felicítelos por esperar pacientemente. Luego, aumente gradualmente el tiempo a medida que los niños se sientan más cómodos.

4. Estimulación sensorial

El niño hace algo porque se siente bien, le proporciona comodidad, le alivia el dolor, lo ayuda a gastar energía o lo tranquiliza.

Los comportamientos impulsados por la necesidad de estimulación sensorial (o para detener un estímulo molesto) se observan con frecuencia en niños en el espectro autista, así como en otros niños con problemas del procesamiento sensorial. “Estos niños buscan el estímulo sensorial porque les gusta cómo los hace sentir”, explica Stephanie Ruggiero, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute. O, añade, “se comportan de una manera que limita su acceso a ciertas cosas porque sus sentidos están sobreestimulados”.

Ejemplos de comportamientos de búsqueda sensorial:

  • Masticar objetos, como tapas de bolígrafos o ropa.
  • Girar en círculos, agitar las manos, chocar con los muebles.
  • Hacer sonidos repetitivos de manera vocal (como chasquidos o zumbidos) o física (como golpear con las manos o los pies) en lugares o situaciones en los que se espera que haya silencio.
  • Tocar u oler a otras personas o cosas repetidamente, a menudo sin pedir permiso.
  • Autolesionarse para proporcionar un estímulo sensorial (como golpearse la cabeza porque se siente bien, pellizcarse la piel para sentir la piel con sus uñas).

Ejemplos de conductas de evitación sensorial:

  • Negarse a comer ciertos alimentos o ponerse cierta ropa.
  • Taparse los oídos cuando creen que los sonidos son demasiado fuertes.
  • Evitar a ciertas personas o cosas debido a su olor.
  • Autolesionarse para evitar algo (como golpearse la cabeza para evitar oír un sonido molesto, pellizcarse la piel para calmar su ansiedad).

Cómo cambiar las conductas problemáticas de búsqueda o de evitación sensorial:

  • Sustituya un comportamiento perjudicial por una alternativa segura. Por ejemplo, si un niño se pellizca constantemente la piel para calmar su ansiedad, ocupar sus manos con un objeto antiestrés o con otra cosa que pueda “pellizcar”, como masilla o calcomanías, puede ayudar a evitar el comportamiento.
  • Establezca límites en torno al comportamiento. Algunos comportamientos, como hacer sonidos o dar vueltas, están bien en algunos ambientes, pero son problemáticos en otros. Ayude a su hijo a ser consciente de su comportamiento, a aprender cuándo y dónde es apropiado, y a trabajar juntos para encontrar un comportamiento alternativo adecuado para cuando necesite estimulación sensorial.
  • Encuentre soluciones para ayudar a su hijo a enfrentarse al ruido fuerte, la ropa incómoda, el mal olor, etc. Puede minimizar o eliminar los comportamientos de evitación sensorial de su hijo realizando adaptaciones que satisfagan sus necesidades. Por ejemplo, compre auriculares con cancelación de ruido, priorice la comodidad sobre el estilo cuando se trata de la ropa o sugiera a un miembro de la familia que no use una determinada fragancia cuando esté cerca de su hijo.

Recopilar datos para determinar la función

La Dra. Ruggiero afirma que la mejor manera de determinar la función del comportamiento problemático es recopilar información.

“Soy una gran defensora de lo que llamamos datos ABC, que significa antecedente (antecedent), comportamiento (behavior), consecuencia (consequence)”, explica. “Eso significa que usted debe hacer un seguimiento de lo que ocurre justo antes del comportamiento, de lo que implica el comportamiento, de la duración y de su respuesta al comportamiento”. Esto le permite encontrar el patrón, que lo conduce a identificar la función.

Ruggerio dice que si el comportamiento se produce varias veces al día, es posible que pueda ver el patrón en una semana, pero si solo se produce una o dos veces a la semana, podría tardar un mes o más.

Una vez que haya determinado la función de un comportamiento problemático y haya puesto en marcha un plan para cambiarlo, siga haciendo un seguimiento del comportamiento durante al menos dos semanas (el tiempo que se necesita para empezar a formar un nuevo hábito) para ver si hay alguna mejora. “Puede requerir más tiempo si tiene que enseñar un comportamiento de sustitución o una nueva habilidad”, dice la Dra. Ruggerio. “Y también es posible que su hijo pase por un estallido de extinción en el que aumenten la frecuencia e intensidad antes de que pueda empezar a ver un cambio”.

Si nada cambia, es posible que haya identificado incorrectamente la motivación o que haya más de una razón para su comportamiento.

Una vez que haya eliminado con éxito un comportamiento, si vuelve a aparecer en un momento posterior, comience el proceso de nuevo. Los niños cambian con el tiempo, lo que significa que la función de su comportamiento también puede cambiar.

La última revisión de este artículo se realizó el 12 de septiembre de 2022.