Consejos para ayudar a los niños después del evento

  • Haga que su hijo se sienta a salvo. Todos los niños, desde los más pequeños hasta los adolescentes, se beneficiarán del contacto físico con usted: caricias, abrazos o simplemente una palmada reconfortante en la espalda. Esto les brinda una sensación de seguridad, lo cual es fundamental después de un evento alarmante o perturbador. Para información específica sobre qué hacer y qué decir, consulte la guía por edad.
  • Actúe con calma. Los niños buscan un refugio reconfortante en los adultos después de que han ocurrido eventos traumáticos. No hable de sus temores con sus hijos, o cuando ellos están cerca, y esté consciente del tono de su voz, ya que los niños perciben la ansiedad rápidamente.
  • Mantenga las rutinas tanto como sea posible. En medio del caos y del cambio, las rutinas les aseguran a los niños que la vida volverá a estar bien. Trate de tener horarios regulares para comer y dormir. Si está sin hogar en este momento o acaba de mudarse, establezca nuevas rutinas. Y mantenga las mismas reglas familiares, como las que tienen que ver con el buen comportamiento.
  • Ayude a los niños a divertirse. Anime a los niños a realizar actividades y jugar con otros. La distracción es buena para ellos y les brinda una sensación de normalidad.
  • Comparta información acerca de lo sucedido. Siempre es mejor conocer los detalles de un evento traumático de parte de un adulto de confianza y en un ambiente seguro. Sea breve, honesto y permítale a los niños hacer preguntas. No asuma que a ellos les preocupan las mismas cosas que a los adultos.
  • Elija buenos momentos para hablar. Busque oportunidades naturales para tratar el tema.
  • Prevenga o limite la exposición a las noticias sobre el evento. Esto es especialmente importante con niños pequeños y en edad escolar, ya que el ver el recuento de los eventos perturbadores en televisión, en el periódico, o escucharlos en la radio, puede hacer que parezca como si continuaran sucediendo. Cuando los niños piensan que los eventos son temporales, pueden recuperarse más rápidamente.
  • Esté consciente de que los niños enfrentan las cosas de maneras diferentes. Algunos querrán pasar más tiempo con sus amigos y familiares, otros podrían querer pasar más tiempo a solas. Déjele saber a sus hijos que es normal sentir enojo, culpa y tristeza, y expresar sus sentimientos de maneras diferentes. Por ejemplo, una persona podría sentirse triste pero no necesariamente ponerse a llorar.
  • Escuche atentamente. Es importante entender cómo ve la situación su hijo, y qué es confuso o inquietante para él o ella. No le dé todo un discurso, tan solo sea comprensivo. Hágales saber a los niños que en cualquier momento pueden acercarse a usted a decirle cómo se sienten.
  • Ayude a los niños a relajarse con ejercicios de respiración. Cuando sentimos ansiedad, nuestra respiración se torna más superficial. Las respiraciones profundas pueden ayudar a los niños a calmarse. Usted puede sostener una pluma o un poco de algodón delante de la boca de su hijo y pedirle que lo sople con una exhalación lenta. O puede decir: “Inhalemos lentamente mientras cuento hasta tres, y luego exhalemos en tres”. Coloque un peluche o una almohada sobre el vientre de su hijo cuando está recostado, pídale que inhale y exhale lentamente mientras observan juntos cómo el peluche o la almohada sube y baja.
  • Reconozca lo que su hijo está sintiendo. Si un niño confiesa una preocupación, no responda: “No te preocupes”, porque ellos podrían sentirse avergonzados o criticados. Simplemente confirme lo que está escuchando: “Sí, entiendo por qué estás preocupado”.
  • Sepa que está bien responder “no sé”. Lo que más necesitan los niños es alguien de confianza que escuche sus preguntas, acepte sus sentimientos y esté ahí para ellos. No se preocupe si no sabe exactamente qué decir, después de todo, no hay una respuesta que haga que todo esté bien.