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Mutismo selectivo: Cómo ayudar a los niños a encontrar su voz

La ansiedad hace que los niños sean incapaces de hablar en algunos entornos, por lo general fuera de casa.

Experto clínico: Rachel Busman, PsyD, ABPP

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El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad en el que niños que se comunican sin problemas en casa (incluso quienes hablan mucho), se quedan completamente sin poder hablar en situaciones como la escuela, la iglesia o el templo, el parque o al pedir un helado. El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad y no una negativa a hablar. Un niño con mutismo selectivo no puede hablar en estas situaciones.

Los padres pueden empezar a notar síntomas en sus hijos a los tres o cuatro años, cuando empiezan a ir a citas de juego o al parque y se inhiben o se comportan con excesiva timidez. Cuando estos niños comienzan el preescolar, sus maestros informan que no pueden hablar, incluso para pedir ayuda, ir al baño y otras cosas por el estilo.

¿Qué tan común es el mutismo selectivo?

Según nuestros mejores cálculos, uno de cada 140 niños entre 3 y 8 años tiene mutismo selectivo. Si lo comparamos con la estimación de 1 de cada 20 niños que tienen TDAH, podría parecer que el mutismo selectivo es bastante inusual. Y aunque es cierto que es menos frecuente, es extremadamente debilitante, ya que los niños tienen que ir a la escuela e interactuar con sus maestros y otros niños todos los días. Y cuando no pueden hablar, no solo pierden oportunidades de establecer vínculos con otras personas, sino que tampoco pueden alcanzar hitos fundamentales de su desarrollo social. Además, no pueden pedir ayuda cuando la necesitan.

La buena noticia es que existe un excelente tratamiento basado en evidencia para niños con mutismo selectivo. Se trata de un sólido programa de intervención conductual que les ayuda a adquirir habilidades para enfrentarse a personas, lugares y situaciones que antes les impedían hablar. El tratamiento anima a los niños a flexibilizar lo que llamamos “músculos valientes” que permiten aumentar gradualmente el habla en diversos entornos. Nunca se les presiona para que hablen, sino que se les elogia por “hablar con valentía”.

Un buen tratamiento debe involucrar a los padres y enseñarles las mismas habilidades que aprenden los niños, para que puedan apoyar mejor a sus hijos fuera de la terapia. Los padres ayudan a los niños a practicar el habla valiente en situaciones como la escuela, la heladería o la biblioteca.

Última revisión o actualización: 13 de noviembre de 2025.

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