Desde que Cooper, el hijo de Elizabeth Mullen, tenía dos años hasta los 4, si ella quería abrazarlo o acurrucarse con él, como lo había hecho con sus otros dos hijos mayores, tenía que entrar cuidadosamente y abrazarlo cuando estaba durmiendo. Despierto, el niño gritaba si lo tocaban, bañaban o si lo exponían a algo caliente o frío. “Tocarlo era muy importante para mí”, decía Mullen, “Solamente quería abrazarlo”.

Elizabeth y su marido John aprendieron el porqué de estos comportamientos cuando el niño cumplió los 22 meses, y fue diagnosticado con autismo, problemas de procesamiento sensorial, y apraxia, un trastorno del habla muy frustrante en el cual el niño sabe qué quiere decir pero a su cerebro le cuesta coordinar los movimientos musculares para decirlo.

Pero, de repente, un conejillo de india llamado Coco entro a la vida de Cooper. El niño adoraba a la mascota de su hermana mayor, Bailey “nunca jamás había visto que un niño adorara a un animal así”, dice su mamá. El animalito peludo se sentaba en las piernas de Cooper y ronroneaba cuando él lo acariciaba con su cuello. Coco también ayudó a Cooper con su terapia física y ocupacional. Mientras que Cooper empujaba un coche de bebé con sacos llenos de arena para ejercitar la fuerza de la parte superior de su cuerpo y ofrecerle un estímulo para ayudarlo con sus problemas de procesamiento sensorial, Coco lo acompañaba.

Tres meses después de que llegara Coco, los Mullen empezaron a notar que Cooper estaba progresando poco a poco. Lo primero que notaron es que empezó a tolerar diferentes sensaciones. “Podíamos abrazarlo suavemente sin que gritara”, dijo Mullen. Y eso no fue todo. El niño, que no empezó a hablar hasta los dos años y medio, empezó a formar frases de dos palabras y empezó llamar a Coco por su nombre.

Mullen ya había leído acerca de los perros de servicio para autismo (página en inglés) para el cuidado de Cooper, quien tendía a merodear, un comportamiento peligroso, y a veces fatal, que presentan algunos niños con autismo. Los cambios maravillosos que vinieron con la llegada del pequeño conejillo de india convencieron a los Mullen. Un año después, un golden retriever llamado Kirby se convirtió en un miembro amado, de confianza y con un gran valor para esta familia de Long Island.

Los perros de servicio calman y protegen a los niños

Cada vez con mayor frecuencia, los perros de servicio están siendo utilizados para ayudar a los niños con desafíos de aprendizaje, comportamiento o desarrollo. Los perros son criados para que tengan un temperamento calmado para que no tengan reacciones negativas a los comportamientos más extremos como los gritos, la impulsividad y la agresión.

En un principio se emplearon para guiar a los ciegos, y se pueden entrenar para ejecutar tareas específicas diseñadas para abordar discapacidades particulares. Por ejemplo, los perros de servicio para la gente con autismo, entrenados para responder a los comandos de los adultos, son atados a sus jóvenes dueños con un cinturón y una correa durante los paseos para prevenir que los niños merodeen donde no deben. Estos perros ofrecen una bienvenida libertad a los padres que habían tenido que en una alerta elevada todo el tiempo.

Incluso cuando están en casa y desamarrados, los perros ofrecen la paz mental a los padres. Cuando un niño intenta salir de casa, los perros están entrenados para intervenir y bloquearlos, y también están entrenados para rastrear a los niños desaparecidos. Cuando están en casa, “si dices, “Kirby, ¿Dónde está Cooper? lo irá a buscar”, dice Mullen. “Si Cooper se sale de la casa inesperadamente, Kirby correrá detrás de él, lo rodeara y lo mantendrá quieto hasta que lleguemos”.

Obtener un perro de servicio requiere un compromiso bastante grande, tanto de tiempo como de dinero; ellos pueden costar $20,000 (página de aplicación en inglés) o más, lo que incluye un año de atención veterinaria, entrenamiento y costo de comida y alojamiento. Aunque hay muchas familias en listas de espera, a menudo mandan solicitudes para recibir subvenciones y también hacen otras formas de recaudación de fondos. Mullen, al investigar varias ONG en el país, se topó con dos otros problemas: A menudo, estas organizaciones no asignan a un perro con un niño menor de 5 años, y requieren que las familias visiten sus centros de entrenamiento y que se queden ahí por varias semanas para entrenarlos junto con los perros. Dado que Cooper tiene reacciones extremas a los cambios de entorno y de rutina, Mullen dijo que, en total, era una carga “económica y psicológicamente” muy pesada. Fue entonces que encontró North Star Dogs (página en inglés) en el estado de Connecticut.

Los perros cambian el ambiente social

North Star fue fundada por Patty Dobbs Gross, después de haber visto lo tanto que un perro ayudó a su hijo autista, Danny. En 1993, cuando Danny tenía 7 años, recibió un golden retriever llamado Madison, de la fundación Canine Companions for Independence (página en inglés), y que en ese entonces se conocía como “perro social”. A Madison lo habían criado para trabajar con adultos en silla de ruedas, pero no pudo continuar con el programa porque era demasiado sensible y, por lo tanto, no pudo cumplir con el requisito del acceso público. Pero su temperamento calmado le permitió ajustarse maravillosamente a una familia con cuatro niños pequeños, incluyendo a uno en el espectro de autismo, que gritaba mucho.

“Madison fue un compañero maravilloso para Danny”, dice Gross, “Pero me di cuenta de que hubiera podido cumplir mejor con las necesidades de Danny si hubiera sido socializado para tratar con los niños en el espectro de autismo. Cuando decidí fundar North Star, mi objetivo era establecer un programa de crianza de alto nivel enfocada en el temperamento”. Hasta ahora, Gross ha colocado cerca de 150 animales. La mitad de estos han sido situados con niños autistas; otros destinatarios incluyen niños con condiciones médicas severas y seis veteranos con trastornos de estrés postraumático.

“El comportamiento de los niños autistas está directamente vinculado a su ambiente y a sus emociones en cualquier momento”, dice Gross. “Cuando un niño está con un perro, el niño estará en un mejor ambiente”, dice. “Cuando la gente ven a los perros, se emocionan. Ocho de cada diez niños que vienen son muy simpáticos. Ese es el tipo de energía que buscamos, en vez de que desvíen la mirada o retrocedan. Y preguntas agradables y predecibles. “¿Es su perro? ¿Cómo se llama?”. Esto permite que las conversaciones tengan una estructura, lo cual ayuda a los niños a desarrollar un vocabulario práctico. Es una lección del habla muy valiosa.

En cuanto a Danny, Gross dice que su hijo mejoró poco a poco, mes con mes, año tras año; ahora está estudiando para obtener una maestría en edición cinemática y vive independientemente.

Al eliminar el requisito de viajar y de quedarse en un centro de entrenamiento, Gross logra cobrar solamente $5000 por un perro de servicio, mucho menos de lo que cobran otras organizaciones sin fines de lucro. Los cachorros criados para temperamento y socialización son entregados a un criador de cachorros, quien los entrena durante los primeros tres meses de vida. Después de eso, los trasladan a otra familia, geográficamente cerca de la familia destinataria, permitiendo que los padres y el niño aprendan cómo manejar y conectarse con el cachorro que se les asignó hasta que esté listo para irse a casa con ellos.

Cómo se empareja un perro con un niño

Mullen dice que Gross tiene un proceso muy cuidadoso para emparejar al perro y al niño. Cuando se dieron cuenta de que el primer perro que les había sido asignado no era la mejor opción, puesto que el cachorro de labrador sería demasiado grande para Cooper, Gross escogió a un golden retriever más pequeño. Si los padres están buscando un perro para los niños con alergias, Gross recomienda a los poodle. Aunque Gross, por lo general, trabaja solamente con golden, labrador, y ahora poodle, otras organizaciones tienen border collie, pastor alemán y razas mezcladas.

Hoy en día, Mullen no podría estar más contenta con lo que Kirby ha hecho por Cooper y por toda la familia. El perro es un compañero constante y una fuente de seguridad para el niño de 5 años, quién lo usa como almohada y lo acaricia cuando come y juega. Cooper nunca quiere estar solo, ni siquiera cuando está jugando videojuegos, así que la presencia de Kirby ofrece a su mamá pausas indispensables. Aunque la familia protege mucho a Kirby, el cariñoso golden le ha permitido a Cooper que lo use como un banquillo. Kirby protege al niño tanto que hasta intenta escalar la resbaladilla (slide) para estar junto a él.

A Kirby no le molesta si el niño grita o “stims” (comportamiento repetitivo y relajador que tienen los niños autistas para autoestimularse). También percibe pistas menos obvias y no verbales. Si Cooper está ansioso o molesto, Kirby irá a su lado, mientras que los otros perros se asustarían y huirían.

“Kirby es más listo que yo”, dice Mullen. “Sabe exactamente qué tipo de comportamiento tiene que realizar, incluyendo hacerse a un lado e ir a su jaula, o lograr que Cooper lo acaricie en lugar de golpear su cabeza contra la pared”.

Acceso legal en los lugares públicos

Los perros de servicio son reconocidos legalmente por la ley federal American With Disabilities Act (página en inglés), como proveedores de asistencia física, la cual ayuda a una persona discapacitada, dándoles acceso completo a los espacios públicos, incluyendo restaurantes, tiendas, transporte público y aviones.

Lamentablemente, esto no incluye las escuelas. A pesar de que los padres dicen que la presencia calmada de un perro puede minimizar o prevenir las crisis de su hijo, y facilita las transiciones, permitiendo que su hijo aprenda mejor, ha habido resoluciones judiciales que apoyan y oponen este acceso. En Texas, un juez de distrito dictaminó que el perro de servicio de un adolescente autista no podía continuar acompañándolo a la escuela porque una regla federal recientemente definida determinó que los perros de servicio para la gente autista son solamente “animales de confort”, y no propiamente un perro de servicio. Los Mullen decidieron que no necesitan que Kirby acompañe a Cooper al kínder, (él tiene una maestra en la escuela que va a prevenir que él merodee) pero sí planean viajar en avión con el perro.

“Cooper abraza, ama, y se pega a Kirby. Kirby a cambio nos ama y se acuesta encima de nosotros”, dice Mullen. “A mí también me ha cambiado la vida”.