Sentirse ansioso por la apariencia es un sello distintivo de la adolescencia. Desear poder cambiar alguna característica en particular, agonizar por tener espinillas, o compararse con una estrella de cine o una compañera desfavorablemente, son situaciones bastante típicas. No obstante, los niños con trastorno dismórfico corporal experimentan algo mucho más extremo. Las palabras que usan para describirse son inquietantes: soy un monstruo. Soy difícil de ver. Soy tan fea que duele.

La palabra dismórfico significa mal formado o deformado, y los niños que luchan con el trastorno dismórfico corporal (BDD, por sus siglas en inglés) están obsesionados con lo que perciben como un defecto físico desfigurante. Este defecto puede ser imaginado o puede ser un defecto menor que es percibido de forma sobredimensionada. La gente a su alrededor puede descartar su obsesión por considerarla vanidad, pero alguien con el trastorno se siente profundamente amenazado por el defecto que percibe. El BDD a menudo comienza durante la adolescencia, y está relacionado con el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Y aunque se piensa que las niñas adolescentes se preocupan más por su apariencia que los niños, en realidad el trastorno afecta a ambos sexos en igual número.

El Dr. Jerry Bubrick, director en jefe del Centro de Trastornos de Ansiedad en el Child Mind Institute, describe el tratamiento de alguien con BDD que tenía una pequeña cicatriz en la barbilla, que fue el resultado de un accidente en bicicleta cuando era más joven. Años más tarde, era un exitoso estudiante de posgrado en Harvard, no obstante, pensó que debido a la cicatriz “nadie lo tomaría nunca en serio”. Creía que los profesores no lo respetarían, las chicas no saldrían con él y su vida estaba “esencialmente arruinada”, todo por el defecto en su rostro.

Para tratar de cubrir la cicatriz se dejó crecer una perilla. También desarrolló una variedad de rituales para tratar de ocultar el defecto. “Incluso con la perilla, todavía se aplicaba maquillaje para cubrirla, y pasaba horas en el espejo asegurándose de que el maquillaje estaba allí”, dijo el Dr. Bubrick. “Cada vez que sudaba, volvía a aplicar el maquillaje para encubrirlo. Nunca nadaba porque eso borraría el maquillaje. Sólo iba a la tienda de comestibles por la noche cuando había menos gente allí, nunca comía frente a alguien porque podían ver la cicatriz y se sentaba en la parte de atrás de la clase para que el profesor tuviera menos probabilidades de verla”.

Más que vanidad

Las medidas elaboradas y largas que tomó para ocultar la cicatriz son comunes en los niños con BDD. Su preocupación es mucho más grave que la vanidad. Las personas con BDD piensan que cosas como las cicatrices, los músculos subdesarrollados, la piel con espinillas o los rasgos irregulares, no son sólo defectos, sino serias amenazas a su valor como ser humano. Cuando el paciente del Dr. Bubrick dijo que su vida estaba arruinada debido a su cicatriz, lo creía genuinamente.

“He oído a la gente hablar de esto como si fuera cáncer, en el sentido de que sienten que sus cuerpos están fallando”, dice el Dr. Bubrick, “como si no pudieran confiar o sentirse cómodos en su propia piel”.

Como resultado, las personas con trastorno dismórfico corporal luchan con sentimientos de desesperanza y angustia profunda. Según un estudio, el 80% de las personas con BDD tenía antecedentes de pensamientos suicidas y el 27% había intentado suicidarse.

Muchas personas con BDD tratan de someterse a una cirugía plástica para corregir sus defectos. Sin embargo, estas cirugías pueden empeorar su angustia y pueden continuar pidiendo más cirugías o procedimientos cuando no obtienen los resultados que buscan.

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Síntomas del trastorno dismórfico corporal

El trastorno dismórfico corporal puede parecer diferente en diferentes personas, pero hay algunas señales comunes para tener en cuenta. Éstas incluyen:

  • Preocupación con uno o varios defectos. Las preocupaciones comunes incluyen (pero no se limitan a) el tamaño del músculo (llamado disforia muscular), peso, tono de la piel, cicatrices, cabello o fijaciones en determinadas partes del cuerpo como caderas, nariz, orejas, pantorrillas o genitales. Los niños con BDD pueden pasar varias horas al día preocupándose por su apariencia. Pueden tener dificultad para concentrarse en la escuela o para hacer tareas porque están preocupados por su apariencia o investigando cirugías o procedimientos que esperan puedan corregir sus defectos. El trastorno puede aislar a los niños de sus compañeros, haciendo que la socialización típica sea estresante y hacerse “selfies” sea una pesadilla. Algunos niños pueden incluso evitar salir de sus habitaciones en lo absoluto.
  • Conductas repetitivas. Estas son cosas como mirarse al espejo repetidamente, pellizcarse la piel, arreglarse o maquillarse excesivamente. Los niños con BDD pueden pasar horas aplicando y volviendo a aplicar el maquillaje, haciendo que se vayan tarde a la escuela o a reunirse con amigos. Algunos niños pueden buscar compulsivamente confirmación sobre sus defectos percibidos de parte de familiares o amigos, mientras que otros pueden mantener sus preocupaciones en secreto. Los niños también pueden comparar compulsivamente su apariencia con las personas cercanas, o con personas que ven en revistas o en las redes sociales.
  • Creer que los defectos son reales. Mientras que el trastorno dismórfico corporal comparte las obsesiones y los comportamientos repetitivos que asociamos con el TOC, una gran diferencia es que las personas con BDD son más propensas a creer las cosas con las que tienen fijación. “La mayoría de las personas con TOC dicen: ‘Sé que estos pensamientos no son realistas, pero tengo tanta ansiedad que siento que tengo que hacer mis rituales'”, explica el Dr. Bubrick. Para las personas con BDD, sus obsesiones se sienten mucho más reales. “A veces hablamos de cómo el trastorno dismórfico corporal es similar a mirar el mundo a través de espejos laterales”, dice el Dr. Bubrick. “Lo que ven en el espejo creen que es una representación real de cómo se ven. Lo que otras personas ven es diferente, pero es difícil para ellos aceptar eso”. 

Un trastorno reforzado por la cultura

A pesar de que las personas con BDD no están motivadas por la vanidad, es innegable que vivimos en un mundo que otorga un alto valor a la belleza. Después de todo, la mayoría de las estrellas de cine no tienen cicatrices faciales. Los modelos ya delgados retocaran digitalmente sus muslos. El adolescente promedio está familiarizado con el uso de trucos como maquillaje, los filtros y buenos ángulos para las selfies.

“Los medios de comunicación y la sociedad refuerzan mucho esto”, señala el Dr. Bubrick. Hay crema antiarrugas, Botox, rellenos, cirugía plástica, tratamientos con láser, abdominoplastias. Cuando intenta sugerir que un defecto percibido podría no ser un gran problema, una persona con BDD puede contestar que la gente no estaría recibiendo, digamos, inyecciones para rellenar los labios si los labios finos no fueran un problema. “A veces es difícil argumentar contra eso”, dice el Dr. Bubrick.

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Recibir ayuda para BDD

Proporcionar una medida que se centre en la belleza es importante. Además de los medicamentos anti-ansiedad, que se prescriben típicamente debido a la severidad de los síntomas experimentados por las personas con BDD, el tratamiento comienza intentando introducir una perspectiva más amplia sobre lo que significa ser una persona atractiva, digna.

“Se trata de hacer que sean más flexibles con su pensamiento”, explica el Dr. Bubrick. “Tal vez hay más cosas que influyen en la atracción que los defectos. Y todo el mundo tiene un rango de atracción. La atracción puede ser física, y también puede ser emocional, o puede ser debido a una conexión”.

El tratamiento ayuda a los niños a probar la teoría. Las personas con BDD tienen un montón de estrategias para ocultar sus defectos percibidos, y el terapeuta le ayudará lentamente a revertir esas estrategias. Tal vez practiquen caminar afuera en un momento que generalmente evita, o el paciente intentará cubrirse sólo durante una parte de la cita, y verá si hay alguna diferencia en cómo la gente lo mira. Es un proceso gradual y de apoyo diseñado para ayudar a las personas a aprender a tolerar la ansiedad que sienten hasta que disminuye y encuentran que son capaces de manejar cosas aún más desafiantes. El tratamiento se denomina exposición con prevención de respuesta y es exitoso para tratar el trastorno dismórfico corporal.

En el caso del joven con la cicatriz, el Dr. Bubrick le hizo que empezara reduciendo lentamente la cantidad de maquillaje que llevaba. Luego se afeitó la perilla y se acostumbró a eso. Cuando el paciente estaba listo para ello, el Dr. Bubrick tomó un bolígrafo rojo y lo frotó en la cicatriz para destacarla. Luego se paseaban y hacían que la gente la mirara. El Dr. Bubrick dijo que lo último para su paciente fue cuando marcaron la cicatriz para acentuarla y luego fueron a Macy’s y preguntaron si le podían hacer un cambio de imagen. Cuando empezaron a trabajar juntos habría sido inimaginable para él tener a un estilista profesional de maquillaje mirando directamente su cara y comentando sobre cómo se veía. Pero después de recibir tratamiento para su BDD, lo que habría sido lo más difícil en el mundo para él, no era tan malo después de todo.

Al igual que el TOC, el trastorno dismórfico corporal es una condición crónica. Eso significa que los síntomas pueden repetirse de vez en cuando, pero el tratamiento le enseña las habilidades para manejar esos síntomas de una manera saludable y luego superarlos.

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