Voces calmadas, niños en calma
A veces es difícil mantener la calma, pero menos gritos significa mejor comunicación.
Experto clínico: Dr. Steven Dickstein
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Por qué es malo gritar?
- ¿Cómo puedes mantener la calma cuando tu hijo hace un berrinche o actúa de manera inapropiada?
- ¿Cómo pueden ayudar los padres que mantienen la calma a mejorar el comportamiento de sus hijos?
Lectura rápida
Cuando los padres le gritan a sus hijos, no suele ser algo planeado. Están al tope de su paciencia. Pero esforzarte por mantener la calma merece la pena y hace que los niños se porten mejor a largo plazo.
Cuando gritas, afectas la autoestima de tu hijo. Y también te hace sentir mal a ti. Los niños pueden empezar a sentir que no los quieres. Y tú acabas sintiéndose culpable y te frustras. Los niños también podrían dejar de reaccionar. Si gritas frecuentemente, los gritos pierden su impacto. Además, el hecho de que grites puede ensombrecer el tema por el que estás gritando. Así que los niños se pierden por completo el mensaje.
Para evitar los gritos, identifica los problemas por los que tú y tu hijo siempre se pelean. A continuación, busca formas de resolver los problemas con antelación. Si salir por la puerta por la mañana es una batalla constante, intenta preparar la ropa y realizar el baño la noche anterior. Asimismo, una rutina puede ayudar. Especialmente con niños más pequeños, las instrucciones sencillas de un solo paso con muchos elogios y recompensas son lo mejor. En lugar de intentar hacer varias cosas a la vez, intenta simplemente estar con tus hijos.
También ayuda dar un paso atrás respecto a los sentimientos de tu hijo y reconocer que normalmente no tienen que ver contigo. Si sabes que tu hijo está de mal humor porque siente cansancio o hambre, es más fácil no tomártelo como algo personal. Respira y cuenta hasta diez, o sal de la habitación durante un minuto (si es seguro hacerlo). Decirle a tus hijos que te vas a tomar un tiempo de descanso les ayuda a ellos también a calmarse.
Cuando las cosas se hayan calmado, habla con tus hijos de tus sentimientos. Eso les enseña a que puedan hablar de sus propios sentimientos. Empieza diciendo: “Siento haber perdido los estribos. No debería gritarte. ¿Entiendes por qué me he frustrado?”. Asegúrate de que sepan que, incluso cuando te enojas, los sigues queriendo.
Antes de subirse a la montaña rusa llamada crianza, es probable que las personas que no tienen hijos hayan visto a mamás y papás perder el control en algún momento y hayan pensado con aire de suficiencia: “Yo nunca les voy a gritar a mis hijos”.
Y luego tienen sus propias familias y la realidad se hace presente. Porque a medida que tus encantadores niños alcanzan cada muy esperado hito de desarrollo, también adquieren algunas habilidades menos deseables. Así, una niña de 2 años que “dibuja con espontaneidad” podría exhibir su nuevo talento en paredes recién pintadas y preciados muebles, mientras que su lenguaje incipiente le permite repetir ciertas palabras una y otra vez, incluido el tan popular “¡No!”.
Los padres saben que en medio del caos, mantener la calma (también conocido como no gritar) es una regla de oro. Pero a menos que seas de piedra, es bastante difícil mantener un tono moderado cuando estás lidiando con niños día tras día. Cuando los padres gritan, “han perdido los estribos”, dice el Dr. Steven G. Dickstein, psiquiatra de niños y adolescentes. “Les ha abrumado la ira o la frustración”.
Excepto cuando un niño hace algo peligroso o dañino, hay muy pocas situaciones que ameritan gritar. Sin embargo, “no creo que haya un padre o una madre que no haya gritado”, dice la bloguera Alice Long “Esto sucederá. No te atormentes”.
Entonces, ¿por qué es tan importante ser firme, sin levantar la voz?
¿Qué tiene de malo gritar?
- Se pierde el mensaje: los gritos a menudo no logran transmitir el mensaje, porque las emociones se sobreponen. Es probable que también agraven la situación y la agresividad del niño, ya sea física o verbal.
- Ya lo han oído antes: si los padres gritan todo el tiempo, señala el Dr. Dickstein, “los niños se pueden bloquear o ignorarte porque no es nada nuevo”. Kara Gebhart Uhl, madre de tres hijos y bloguera, agrega: “A veces es mucho más efectivo que un grito susurrar algo como ‘me decepcionan mucho tus acciones’”.
- Es malo para la autoestima: se sabe que los gritos y un estilo severo de crianza se asocian con una baja autoestima en niños, y pueden afectar su rendimiento en la escuela. Los niños que son objeto de agresión verbal corren el riesgo de desarrollar un comportamiento agresivo o disruptivo. El Dr. Dickstein advierte que cuando mamá o papá gritan, lo que los niños pueden sentir es que sus padres no los “aman o ni siquiera los soportan” y lo único que hacen es criticarlos.
- Se pierde lo positivo: cuando gritar es el modo frecuente de comunicación, tanto niños como padres pierden la oportunidad de formar vínculos positivos y afectuosos. Y para los niños con predisposición a la ansiedad y la depresión, asimilar estas interacciones negativas puede ser un punto crítico.
- Tú también te sientes mal: los estallidos de ira pueden hacer que los padres se sientan culpables, se frustren y desanimen. Los adultos que expresan la ira de manera negativa aumentan su estrés crónico, lo que contribuye a otros problemas de salud.
¿Por qué en calma es mejor?
Abordar la conducta inapropiada con calma permite que te enfoques en enseñar a tu hijo qué es lo problemático de su comportamiento, y poder seguir adelante con consecuencias que sean efectivas.
- Es importante modelar el comportamiento. Cuando los padres practican una autorregulación saludable, ayudan a los niños a aprender a autorregularse. Regina Myers, madre de un adolescente, afirma que cuando ella baja el volumen, su hijo “¡responde mucho mejor y grita menos!”.
- Aumenta la seguridad en los niños. El mejor estilo de crianza tiene como característica “un alto grado de cuidado, firme pero amable”, dice la psicóloga clínica Melanie Fernández. Por mucho que niños y adolescentes actúen como si quisieran tener el control, lo que realmente fortalece su seguridad son las figuras de autoridad calmadas, consistentes y justas. (Hay una razón por la cual algunos padres acuden a César Millán, el encantador de perros, en busca de consejos para la crianza de sus hijos. Después de todo, los buenos padres deben ser líderes de su manada. Oh no, perdón: de su familia).
Si trabajas en estrategias específicas que te ayuden a sentirte más en calma, puedes ayudar a tus hijos a aprender a regularse mejor.
Consejos para padres
Identifica las interacciones problemáticas: identifica los problemas recurrentes que te suelen provocar a ti y a tus hijos. Si salir de la casa por la mañana hacia la escuela es un problema crónico, las soluciones podrían incluir elegir la ropa y bañarse la noche anterior, o que todos se levanten un poco más temprano. Intenta dividirlo en pasos que puedas abordar con calma.
Sé consistente: con los niños más pequeños, ayuda crear una rutina fija con instrucciones simples de un solo paso que podrían incluir ayudas visuales, además de muchos elogios y recompensas.
Considera los desencadenantes: ser consciente del contexto en el que ocurre el comportamiento permite responder de maneras más calmadas. Si reconocemos cuando un niño está de mal humor porque se saltó su merienda o siente mucho cansancio, puede ser más fácil moderar nuestros propios sentimientos exaltados.
Comprensión = paciencia: también es importante que los padres conozcan y entiendan las capacidades de sus hijos, ya que esto les puede ayudar a ser más pacientes. Para Long, entender los problemas de su hijo, a quien le diagnosticaron un trastorno del procesamiento sensorial, fue “un cambio en la jugada”. Puedes tranquilizarte, dice ella, cuando “aceptas a los niños como son, los amas como son y reconoces que la mitad del problema es cómo tú reaccionas”.
Maneja el tiempo: tratar de hacer demasiado causa estrés. “Las veces en que me salgo de control son las veces en que me estoy sobrecargando”, dice Long. “El momento de hacer cuentas no es cuando los niños están en la mesa haciendo un proyecto de arte”. Los padres que intentan realizar múltiples tareas al mismo tiempo, señala Long, aumentan el riesgo de que los niños se porten mal. “Solo quédate con tus hijos. Es menos probable que tiren su desayuno al suelo”.
Cuenta hasta 10: todos los padres que entrevistamos para este artículo compartían un mismo consejo clave: tomar un descanso y respirar. Es importante reconocer cuándo estás a punto de perder el control para poder alejarte de la situación, incluso salir de la habitación, cuando puedes hacerlo de manera segura. (Una madre que le dice a su hijo que se está tomando un momento para calmarse, está modelando un comportamiento de autorregulación). “No soy alguien que grita”, dice Uhl. “Pero cuando siento que me estoy irritando por la frustración y escucho mi voz cada vez más fuerte, me detengo, me controlo, respiro hondo y empiezo de nuevo”.
Desconéctate: ignorar activamente los comportamientos problemáticos es otra estrategia que ayuda a evitar que los padres griten. Si te desconectas de la situación hasta que recuperes la compostura, estarás evitando alimentar el fuego. (Esto no se puede hacer cuando un niño se está comportando de manera agresiva o destructiva). En cambio, al responder positivamente solo a la conducta deseada, los padres refuerzan lo que quieren frente a lo que no quieren. Además, al permitir que los niños practiquen “desacelerar sus motores” por su cuenta, sin indicaciones de los padres, les ayudan a aprender a manejar la frustración.
Aprende a soltar y reírte de ello: junto con ignorar viene aprender a relajarte. “Si el bocadillo termina en el piso, dice Long, en lugar de enojarme con los niños, les diré: ‘Oh, no, ¡hiciste un desastre!, vamos a limpiarlo juntos’. Haz lo que tengas que hacer para que sea más fácil para ti”.
Busca apoyo: Long agrega que también ayuda tener una red de amigos y parientes de confianza para esos días extremadamente malos en los que sientes que no te puedes calmar y necesitas refuerzos. Los blogs, grupos de apoyo, otros padres y médicos pueden ayudar a los padres a confirmar que no están a solas.
Acepta tus sentimientos: dependiendo de la edad y el nivel de desarrollo del niño, los padres pueden, después de que las cosas se hayan calmado, mostrarle a sus hijos cómo hablar sobre los sentimientos. “Les puedes decir que sientes que no te respetan o te ignoran”, dice el Dr. Dickstein. Dan Janzen, quien ha tenido “uno o dos momentos de descontrol” con su hijo de 9 años y su hija de 6 años, dice que trata de hacer que “entiendan que los gritos, no son porque ellos son niños malos; sino porque él como padre perdió los estribos. ‘Lamento haber perdido el control, eso fue un poco duro, y no debería gritarte. ¿Pero entiendes por qué me frustré?’ Y luego tenemos una breve conversación sobre la situación”.
“Siempre me aseguro también de seguir rápidamente con algo como: ‘Incluso cuando pierdo el control te amo”, agrega Janzen. “Creo que el tema principal es tratar de evitar que los estallidos perjudiquen su confianza o seguridad. Pase lo que pase, sigo siendo el mismo papá, un poco ridículo pero bien intencionado que los ama”.
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