Para tratar con adolescentes que tienen problemas de ira es útil mantener la calma, a pesar de lo difícil que pueda ser. Es importante manejar tus propias emociones y modelar comportamientos apropiados para tu hija o hijo. La clave para responder con eficacia es examinar tus propios sentimientos y acciones. Observa tu lenguaje corporal y tu tono de voz, ya que la forma en que dices las cosas puede afectar la forma en que reaccione tu adolescente. Practicar habilidades de atención plena, como respirar profundamente o dar un paseo para despejar la mente, no solo te permite calmarse, sino que también le muestra a tu adolescente cómo hacer lo mismo.
Ira en adolescentes
De qué manera mamás y papás pueden modelar habilidades de afrontamiento saludables.
Experto clínico: Lauren Allerhand, PsyD
in EnglishPuntos clave
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La ira en la adolescencia es normal: las personas adolescentes experimentan emociones más intensas y tienen menos capacidad para controlarlas que las personas adultas.
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Es importante que madres y padres se tomen en serio los sentimientos de sus adolescentes, que escuchen sin intentar resolver los problemas de inmediato y que les ayuden a expresar su ira de forma más saludable.
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Si la ira afecta negativamente la vida de tu adolescente o implica violencia, es posible que se necesite ayuda profesional.
La ira durante la adolescencia es algo casi legendario. El estereotipo de la joven o el joven rebelde que pone sus ojos en blanco y da portazos se suele utilizar como chiste, pero para las mamás y los papás que se enfrentan a esta realidad no es nada divertido. Los estallidos de ira, los cambios de humor impredecibles y las batallas frecuentes por todo (desde la escuela hasta las amistades, pasando por la ropa y a quién le toca poner la mesa), pueden hacer sentir a mamás y papás como si caminaran sobre cáscaras de huevo.
A las tensiones habituales se añaden otros factores que pueden acortar el margen de tolerancia en la adolescencia: la lucha constante contra la injusticia racial, los temores sobre el cambio climático y la incertidumbre sobre lo que les depara el futuro.
Está bien enojarse
La ira, dice Lauren Allerhand, PsyD, psicóloga clínica en el Child Mind Institute, no es necesariamente algo malo. “La ira es una parte importante de nuestra vida emocional”, dice. “Pero la ira tiene mala fama, porque los impulsos que la acompañan (gritar, pelear, ser poco amable con las demás personas), pueden ser destructivos y molestos”.
Es importante que las familias vean el enojo en la adolescencia no como algo que hay que corregir o hacer desaparecer, sino como una parte natural de la experiencia humana. “Nuestro trabajo es ayudar a los niños a entender que está bien sentir enojo”, dice. En las circunstancias adecuadas (como cuando nos impulsa a luchar por el cambio social) la ira puede ser motivadora. “Sentir enojo no significa que haya algo malo en ti, solo significa que tienes que encontrar una manera de manejar esos sentimientos”. El objetivo, menciona, no debería ser impedir que las y los adolescentes sientan enojo, sino ayudarles a encontrar maneras más seguras, menos perjudiciales e incluso productivas de expresarlo.
Encontrar formas saludables de procesar la ira puede ser un reto incluso para las personas adultas más maduras. Pero cuando se trata de adolescentes, la biología crea una capa adicional de dificultad. Aunque por fuera puedan parecer personas adultas (e insistir en que lo son), sus cerebros y cuerpos todavía están creciendo. “La corteza prefrontal, que es la parte de nuestro cerebro que se encarga de la resolución de problemas y el control de los impulsos, no se desarrolla completamente hasta mediados o finales de los veintes”, dice la Dra. Allerhand. Además, durante la adolescencia hay una gran presencia de hormonas, como la testosterona y el estrógeno, las cuales pueden tener un impacto significativo en el estado de ánimo. Ante decisiones impulsivas o reacciones exageradas ante pequeñas provocaciones, puede ser útil recordar que, desde el punto de vista biológico, se dispone de menos recursos durante la adolescencia para manejar sentimientos abrumadores como la ira.
Descifrar la ira
Es fundamental ayudar a niñas y niños a poner en palabras lo que está detrás de su enojo. Es verdad que parte de la irritabilidad en la adolescencia se puede entender como parte del proceso de desarrollo propiamente de independizarse de sus padres (aunque resulte irritante para sus cuidadores): ¿Te gusta esto? ¡Yo lo detesto!
Pero la ira también puede revelar problemas graves. La irritabilidad, los cambios de humor o los arrebatos pueden ser síntomas de trastornos como la ansiedad y la depresión. Las reacciones a algún trauma o a experiencias negativas difíciles de manejar también pueden aparecer como estallidos de ira. Incluso dificultades menos importantes, como problemas en la escuela o problemas con las amistades o las relaciones se pueden disfrazar de ira, especialmente cuando no tienes las herramientas necesarias para indagar en tus emociones y articularlas.
Entonces, ¿qué deberían hacer madres y padres?
Acércate
Si notas que tu adolescente siente más enojo o está más irritable de lo habitual, no ignores el problema. En vez de eso, hazle saber que has notado que algo no está bien y dile que tú estás ahí para cuando quiera conversar. “Puedo ver que te sientes mal. Me gustaría ayudarte. ¿Podemos hablar un momento?”. Si se muestra reticente, da un paso atrás y espera, dice Colin De Miranda, ACSW, trabajador social clínico. “Deja la puerta abierta pero sin forzar la conversación. En su lugar, te recomendaría decir algo como: ‘Veo que sientes mucho enojo en este momento y parece que no quieres hablar. Estaré en la otra habitación para cuando quieras hablar’”.
Valida y muestra respeto
Cuando tu adolescente quiera hablar, déjale claro que te tomas en serio sus sentimientos. “Lo más importante es la validación”, dice la Dra. Allerhand. “Nuestras emociones son una herramienta de comunicación. Permiten a las demás personas saber cómo nos sentimos y nos ayudan a satisfacer nuestras necesidades”. Desde la mirada adulta, los problemas adolescentes podrían parecer insignificantes o exagerados, pero para tu adolescente las emociones que generan son reales y dolorosas. Cuando exprese enojo por algo, procura no minimizarlo ni descartarlo. En vez de eso, reconoce cómo se siente (“eso parece muy molesto”) y trata de hacer preguntas y escuchar sin juzgar ni intentar “resolver” el problema.
También puede ser difícil no sentir frustración cuando la ira de tu adolescente va dirigida hacia ti, como ocurre con frecuencia. Pero incluso cuando se comportan de una manera extremadamente difícil, siguen necesitando poder contar con tu presencia calmada y con la seguridad de que a ti te importa cómo se sienten. Dedicar un momento a reconocer lo que está experimentando también puede ayudar a calmar la situación, dice la Dra. Allerhand. “Es difícil seguir sintiendo enojo cuando alguien dice sinceramente: ‘Entiendo cómo te sientes. Estoy aquí para ayudarte’”.
Obsérvate
Pero seamos realistas. Es difícil dar lo mejor de ti cuando estás bajo presión. A nadie le gusta que le griten o que le azoten la puerta en la cara. Las mamás y los papás somos seres humanos y las y los adolescentes pueden ser exasperantes. Es normal sentir frustración, confusión o, ya sabes, furia. Pero nuestros hijos (sí, incluso cuando son adolescentes) se fijan en sus padres para saber cómo comportarse. Y, como ocurre con gran parte de la crianza, ayudarles a aprender las habilidades que necesitan para hacer frente a la ira consiste más en mostrar que en decir.
“Una cosa que suele ser muy difícil de reconocer para los padres cuando intentan controlar la ira de sus hijos es el papel que desempeñan sus propias emociones”, dice De Miranda. Esto no significa que mamás y papás no puedan (o no deban) enfadarse, comenta. “Pero sí significa que la forma en que te comportas cuando te enfadas es una parte importante del mensaje que transmites”.
Para responder de forma adecuada, sobre todo cuando sientes frustración, es fundamental que te sepas controlar.
- Sé consciente de tu lenguaje corporal y tu tono de voz. La forma de decir las cosas puede ser tan importante como lo que se dice. Por ejemplo decir, “lamento que te hayas frustrado” suena bien sobre el papel, pero si lo dices con los dientes apretados es poco probable que obtengas una buena respuesta.
- Practica habilidades de conciencia plena, como respirar profundamente, contar hasta diez o dar un paseo para despejar la mente. Y permite que tu adolescente te vea hacerlo.
Tómate un descanso
Puede ser tentador lanzarse con todo a una discusión, pero siendo realistas, nadie está en su mejor momento cuando se enoja. Si tú o tu adolescente están luchando por controlar su temperamento durante un intercambio, no fuerces la conversación. En lugar de eso, modela las habilidades de afrontamiento saludables al elegir tomar un descanso hasta que se hayan calmado. Muestra apertura y habla con claridad sobre por qué interrumpiste la conversación. Por ejemplo: “¿Sabes?, realmente quiero hablar de esto contigo, pero me doy cuenta de que siento mucha frustración en este momento y no va a ser productivo que sigamos hablando. Vamos a tomarnos un tiempo para recuperar la calma y volvamos a conversar de esto un poco más tarde”.
Retoma la conversación cuando ambas partes se sientan en calma. No solo te estarás dando a ti, y a tu adolescente, una mejor oportunidad de decir lo que realmente quieren, sino que también estarás demostrando la importancia de aprender a calmarse.
Cuándo buscar ayuda
El enojo, la frustración, la irritación e incluso la furia son parte normal de la experiencia humana. Y las y los adolescentes tienden a tener sentimientos intensos, pero si la ira de tu adolescente tiene un impacto negativo y desmesurado en su vida, puede ser momento de buscar ayuda.
“Siempre que haya violencia o agresividad constante que no se pueda reprimir, o que no esté necesariamente correlacionada con el estímulo (por ejemplo, si las explosiones son realmente desproporcionadas para lo que está ocurriendo), son señales de alarma”, dice De Miranda. De igual manera, la ira que parece surgir de la nada o que es persistente, independientemente de lo que ocurra, puede ser señal de algo más serio.
“El umbral de cada persona es diferente”, dice la Dra. Allerhand. “Pero si la ira está afectando la capacidad de tu hija o hijo para funcionar, o tiene un impacto serio en la familia en general, o te preocupa que pudiera haber consecuencias físicas, como que se involucre en peleas, se autolesione o lastime a otras personas, es cuando es momento de buscar ayuda externa”.
Recuerda lo bueno
La Dra. Miranda dice que puede ser fácil que las familias se enfoquen demasiado en lo malo y en los momentos de crisis, y se olviden de apreciar los buenos momentos.
“A todos nos vendría bien practicar un poco de aceptación”, dice De Miranda. “Creo que es muy importante que madres y padres reconozcan que, aunque no lo parezca, sus adolescentes se están esforzando. Y que, aunque puede que tengan estallidos de ira, eso tiene más que ver con el desarrollo de su cerebro y su capacidad para controlar las señales químicas, así como con la cantidad de estrés que podrían estar enfrentando, que con cualquier otra cosa”.
Encontrar maneras de conceder un poco de espacio y un poco de gentileza, y reconocer y disfrutar de forma intencional de los buenos momentos con tu adolescente, les ayudará a sentir una mayor conexión entre ustedes y les dará algo a lo que regresar cuando los estallidos de ira inevitablemente sucedan.
Preguntas frecuentes
Para ayudar a una adolescente con problemas de ira, habla con ella sobre lo que está sintiendo y trata de comprender de dónde proviene su ira. Cuando esté preparada para hablar, hazle saber que te tomas en serio sus sentimientos. Es importante reconocer y respetar su experiencia y no minimizar cualquiera que sea la causa de su enojo.
Las y los adolescentes suelen tener problemas con la ira, en parte porque sus cuerpos están inundados de hormonas que afectan su estado de ánimo, y su cerebro aún está en desarrollo. La parte del cerebro que se encarga de la toma de decisiones y del control de los impulsos no ha madurado completamente. La ira en adolescentes también puede indicar problemas más profundos. La irritabilidad, los cambios de humor o los arrebatos pueden ser síntomas de trastornos como ansiedad, depresión y TEPT.
La ira en adolescentes es causada en parte por la biología. El cerebro de un adolescente aún no se ha terminado de desarrollar por completo, y tienen una cantidad enorme de hormonas que afectan su estado de ánimo. La ira en adolescentes también podría indicar otros problemas, como ansiedad, depresión y TEPT, los cuales se pueden manifestar como irritabilidad, cambios de humor o arrebatos.
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