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Adolescentes y sueño: El costo de la privación del sueño

La falta de sueño adecuado está vinculada al mal humor, los comportamientos de riesgo y las lesiones.

Juliann Garey

Es una idea radical, pero ¿qué tal si el comportamiento que solemos descartar fácilmente como “crisis de la adolescencia” (el mal humor, las constantes peleas, dormir todo el día, el comportamiento impulsivo e irresponsable) no fuera en realidad una parte normal de la experiencia de ser adolescente? O por lo menos, no al grado que suponemos que lo es. ¿Qué tal si les estamos haciendo un flaco favor a los adolescentes al considerar como “normales” lo que en realidad son síntomas de una privación del sueño grave y crónica?

Sabemos que los cambios radicales que ocurren en la adolescencia, incluidos los fuertes cambios hormonales y un desarrollo cerebral significativo, afectan el comportamiento de los adolescentes. Pero las consecuencias físicas, mentales y conductuales de la privación crónica del sueño también afectan profundamente a los adolescentes. Tomando en consideración que algunos estudios muestran que entre el 60% y el 70% de los adolescentes estadounidenses viven con una deuda de sueño que va del límite a niveles graves, necesitamos saber cómo les afecta vivir sin las nueve horas de sueño recomendadas (óptimas) por noche.

“La privación del sueño causa que los adolescentes estén en un estado perpetuo de confusión y aturdimiento”, explica Mary Carskadon, PhD, profesora de psiquiatría en la Brown University y directora de cronobiología e investigaciones del sueño en el Bradley Hospital en Rhode Island. “Una de las metáforas que uso es que la falta de sueño es como tener astigmatismo: no te das cuenta de lo mal ves hasta que te pones lentes, o en este caso, hasta que duermes bien”. Este mismo aturdimiento, dice la Dra. Carskadon, puede afectar negativamente el humor de los adolescentes, su habilidad para pensar, reaccionar, regular sus emociones, aprender y convivir con los adultos.

Mayor riesgo de lesiones

Según un estudio realizado por la National Sleep Foundation, la somnolencia y la fatiga son la causa principal de por lo menos 100,000 accidentes de tráfico cada año. Un estudio del estado de Carolina del Norte encontró que el 55% de todos los choques por “haberse quedado dormidos”, fueron causados por conductores menores de 25 años. Los padres no deberían permitir que los adolescentes privados del sueño se pongan al volante, del mismo modo que lo harían si sus hijos hubieran estado bebiendo alcohol.

Pero, si bien conducir puede representar el riesgo más grave, no es el único. Por ejemplo, Gabriel Levine, estudiante de segundo año de high school, quien una noche alrededor de las 3 de la madrugada, después de haber estado durmiendo entre 3 y 4 horas durante varias noches seguidas debido a un trabajo de la escuela, fue a la cocina a buscar algo de comer. Y en lugar de cortar una rodaja de queso, cortó su pulgar hasta el hueso, llevándose un ligamento. “Acabé en emergencias, con dos cirugías para reconstruirlo y pasé 6 semanas enyesado”, dice Levine, que ahora tiene 19 años y está en su primer año de universidad. Aunque dice que el accidente “definitivamente fue causado porque no había dormido bien por un periodo de meses”, no le dieron ninguna extensión de tiempo para sus tareas. Y, debido a que solo podía mecanografiar con una mano, tuvo que quedarse despierto aún más tiempo para poder terminar.

Incapacidad para autorregularse

La falta del sueño está vinculada a la capacidad de ejercer el autocontrol sobre las emociones, los impulsos y el estado de ánimo. Ryan C. Meldrum, PhD, profesor asistente en el departamento de justicia criminal de la Florida International University, encontró un vínculo entre una corta duración del sueño, acostarse tarde y una mala calidad del sueño en general con la agresión, la impulsividad y el mal humor.

“Existe una teoría que considera que el autocontrol no es un rasgo de una personalidad estable —dice el Dr. Meldrum— sino algo que está influenciado por las tensiones y los factores estresantes del entorno en el cual las personas se mueven a diario. Imagine que el autocontrol es como un músculo, si ejercemos mucha fuerza y nos esforzamos demasiado, necesitamos descansar y recuperarnos para restaurar nuestra capacidad de autorregulación.”

Allison Baker, MD, psiquiatra de niños y adolescentes, dice que los adolescentes que no duermen la cantidad de tiempo que necesitan para autorregularse, podrían presentar muchos de los mismos síntomas que tienen los niños con TDAH. Las señales de somnolencia pueden incluir la incapacidad de quedarse quietos, continuar con lo que están haciendo y concentrarse. “Es fácil hacer este diagnóstico equivocado”, dice Baker.

Uso de sustancias y comportamientos de riesgo

El estudio realizado por Carskadon y otros más muestra que los adolescentes privados de sueño son mucho más propensos a usar estimulantes como cafeína y nicotina para sobrellevar el día, pero también para lidiar con los estados de ánimo negativos relacionados con la falta crónica del sueño mediante la automedicación con alcohol. También son más propensos que los adolescentes que duermen más de 7 horas por noche a tener relaciones sexuales sin protección y conducir de manera imprudente, porque carecen de control de sus impulsos y tienen un juicio deteriorado que conduce a una mala toma de decisiones.

Cuando era estudiante universitaria, Carolyn Capputo tomó la decisión de manejar sabiendo que estaba severamente privada del sueño, incluso después de haberse quedado dormida al volante previamente. Ahora, varios años después, sabe que tuvo suerte de no haber causado un accidente grave, pero en ese momento no le parecía gran cosa. “El verano anterior a mi segundo año en la universidad —dice— me quedaba despierta generalmente hasta después de las 3 de la mañana, para chatear con mi mejor amiga, porque nos extrañábamos y porque las dos seguíamos haciendo cosas de la universidad (al menos en términos de permanecer despiertas). Me despertaba a las 6:30 de la mañana para ir a mi trabajo de verano. Me quedé dormida más de una vez mientras conducía al trabajo”.

“Hay datos que muestran que debido a que los adolescentes no han desarrollado todas sus habilidades de funcionamiento ejecutivo —dice la Dra. Carskadon— incluso algo tan simple como dormir poco puede llevarlos las conductas de riesgo y a una toma de decisiones deficiente. La combinación de falta de infraestructura y privación del sueño los puede llevar por un mal camino”.

Sueño y mal humor

Muchos de los adolescentes que entrevistamos para este artículo nos dijeron que el humor fue lo primero que vieron afectado por la privación del sueño. En general, nos contaban sus historias así:

  • “Me siento pésimo, las cosas me afectan más y soy más frágil emocionalmente”. Emma Levine, de 16 años, en su segundo año de high school en The Dalton School en Nueva York.
  • “En general, me pongo más gruñón e irritable”. Jake Multer, compañero de Emma.
  • “Cuando tengo sueño, todo parece ser peor. Es muy fácil deprimirse” Nina López, en su tercer año de high school en Arlington, Virginia.

Algunos adolescentes pueden sufrir y seguir adelante, o tener la capacidad de sobrevivir con pocas horas de sueño por periodos largos de tiempo y luego dormir en exceso lo suficiente como para recargar energías, de modo que a la semana siguiente puedan estar sin dormir. Sin embargo, otros no son tan fuertes.

En 2006, una encuesta con más de 1.600 adolescentes hecha por la National Sleep Foundation encontró que muchos presentaban síntomas depresivos con frecuencia. Más de la mitad (un 56%) dijeron que se sentían presionados y ansiosos. Muchos reportaron sentirse desesperados por el futuro. Dormir menos se correlaciona directamente con niveles elevados de depresión y, por lo tanto, a estos jóvenes con depresión les cuesta más trabajo dormirse y quedarse dormidos. Es un ciclo vicioso, la privación del sueño afecta el estado de ánimo y la depresión puede provocar la falta de sueño. Varios estudios, incluyendo el del Dr. Meldrum, han encontrado que una falta crónica y severa del sueño está vinculada con la ideación suicida.

¿Un desencadenante de una enfermedad mental?

Adicionalmente, dado que muchas enfermedades mentales se presentan por primera vez durante la adolescencia, a los médicos les preocupa que la privación grave de sueño pueda desencadenar una depresión severa en niños que ya tienen predisposición a ella.

El año pasado, Ben Freedman, estudiante de 17 años en su tercer año de high school en la Pioneer Highschool en Ann Arbor, Michigan, sufrió lo que su padre, Jonathan, profesor en la Michigan University, describió como una depresión clínica severa. Ben contó que la combinación de la privación del sueño crónica y el estrés provocado por una abrumadora carga de trabajo académico desencadenó una mezcla fuerte de depresión y ansiedad. “Estaba cansadísimo”, dice. “Y dormir menos me puso en un estado muy, muy deprimido. Estaba sufriendo mucho”. Ben dijo que dormía de 5 a 6 horas cada noche, pero su padre dijo que dormía mucho menos. “Ben estaba inscrito en muchas clases de Advance Placement o AP el año pasado”, dijo Jonathan. “Él y sus amigos se quedaban despiertos toda la noche trabajando y estudiando y yo, como padre, traté de intervenir lo más que pude. La privación del sueño y la depresión van de la mano, y Ben es un joven de tipo melancólico”.

Los medicamentos, la terapia y el cambio de las rutinas nocturnas ayudaron a que Ben se sintiera mejor, pero su padre contó que convencer a Ben que tenía que hacer un cambio no fue nada fácil. “Al principio se resistió mucho. Tardó un tiempo, pero eventualmente lo convencí y se comprometió a tener un horario de sueño más regular y constante”.

La privación del sueño de los adolescentes no es una parte normal del crecimiento. Los síntomas y las consecuencias tienen efectos específicos hasta en los jóvenes más resilientes, y pueden tener consecuencias devastadoras en los jóvenes que tienen una predisposición a los trastornos del estado de ánimo como la depresión. En la parte tres de esta serie de artículos, sobre los adolescentes y la falta del sueño, les preguntamos a los expertos, un investigador del sueño, un psiquiatra, un pediatra y un adolescente, cuáles son los pasos que nuestros hijos pueden seguir para recuperar los hábitos de sueño saludables, dada la realidad de los obstáculos a los cuales se enfrentan.