Los pensamientos intrusivos son ideas, imágenes o impulsos no deseados que te vienen a la mente de forma inesperada. Con frecuencia resultan molestos o te parecen fuera de lugar, pero en esencia son “spam” del cerebro: no tienen ningún significado ni importancia.
¿Qué son los pensamientos intrusivos?
Las imágenes o impulsos no deseados pueden dar miedo a las niñas y los niños; aquí te explicamos por qué ocurren y cómo manejarlos.
Expertos clínicos: Caitlyn Downie, LCSW , Theresa Welles, PhD
in EnglishPuntos clave
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Los pensamientos intrusivos (ideas, imágenes o impulsos no deseados que surgen en la mente aparentemente de la nada) son comunes y con frecuencia inofensivos.
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Para algunas personas, sobre todo las que son ansiosas, perfeccionistas o tienen TOC, los pensamientos intrusivos se vuelven “persistentes” y aparecen una y otra vez.
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Si tu hija o hijo te cuenta que tiene un pensamiento intrusivo, valora sus sentimientos sin reforzar sus miedos. Intenta decirle: “Eso da miedo. Me alegro de que me lo hayas contado”, en lugar de decirle una y otra vez que no pasa nada.
Cuando una niña o un niño te confiesa un pensamiento aterrador que parece surgir de la nada, como: “¿Y si lastimo a alguien con este cuchillo?”, “¿Y si mamá muere en un accidente de coche?”, “¿Y si entran gérmenes en este corte de papel y me muero de una infección?”, puede resultar confuso y perturbador tanto para ti como para la niña o niño que te lo cuenta. Pero, en la mayoría de los casos, estos pensamientos intrusivos no son señal de ningún problema.
¿Qué son los pensamientos intrusivos?
Los pensamientos intrusivos son ideas, imágenes o impulsos no deseados que surgen en la mente aparentemente de la nada. Pueden parecer vergonzosos, violentos, sexuales o solo extraños, y se sienten totalmente ajenos a tu forma de ser, que es precisamente por lo que resultan tan perturbadores.
“Un pensamiento intrusivo es muy parecido a cuando tu cerebro te envía spam”, explica Theresa Welles, Phd, psicóloga clínica y directora del Centro Bubrick para el TOC Pediátrico del Child Mind Institute. “El hecho de que aparezca no significa que sea importante, que sea cierto o que sea algo que tú quieras”.
Tampoco significa necesariamente que una niña o un niño tenga TOC u otro trastorno de salud mental. Aunque los pensamientos intrusivos se asocian con el TOC, en el que los pensamientos no deseados (obsesiones) llevan a las niñas y los niños a realizar rituales (compulsiones) para aliviarlos, para muchos son solo pensamientos fugaces. Solo son motivo de preocupación cuando no pueden dejarlos ir. Otra forma de verlo, dice la Dra. Welles, es que “la función del cerebro es generar pensamientos, igual que la función de un manzano es producir manzanas. No todas las manzanas son perfectas. Algunas están deformadas o tienen gusanos. Y no todos los pensamientos son significativos o merecen que les prestes atención. Tener un pensamiento no es lo mismo que desearlo o tener la intención de actuar en consecuencia”.
¿Quién tiene pensamientos intrusivos?
“Todas las personas que tienen cerebro los tienen”, dice Caitlyn Downie, LCSW, directora de trauma y resiliencia en el Child Mind Institute. “Es parte de la existencia humana”. Una niña o un niño puede imaginar de repente que le pasa algo terrible a su mamá o a su papá, o un adolescente puede tener un pensamiento violento o sexual que le resulte impactante o vergonzoso. La mayoría de las veces, estos pensamientos pasan rápido. Son desagradables, pero bastante fáciles de ignorar.
Ahí está la diferencia clave: no es el pensamiento en sí, sino lo que pasa después. Lo preocupante no es que el pensamiento haya surgido, sino cómo reacciona la niña o el niño, con qué frecuencia vuelve y si empieza a interferir en su día a día.
Para algunas personas, sobre todo las que son ansiosas, perfeccionistas o tienen TOC, los pensamientos intrusivos se vuelven difíciles de quitar de la cabeza. En lugar de pasar de largo, el pensamiento se queda atascado. Empiezas a prestarle atención, intentando entenderlo o hacer que desaparezca, lo que solo hace que te parezca más poderoso. “A las personas jóvenes les falta experiencia para darse cuenta de que los pensamientos no son lo mismo que las intenciones, los deseos o las acciones”, dice la Dra“. Welles. Los pensamientos resultan alarmantes. Así que las niñas y los niños les prestan más atención, y cuanta más atención les prestan, con frecuencia vuelven a aparecer”. Ese círculo vicioso de miedo e inseguridad es a lo que las madres, los padres y los profesionales clínicos deben estar atentos.
¿Cuándo deben preocuparse las madres y los padres?
Muchas niñas y muchos niños sienten demasiada vergüenza o miedo como para describir lo que realmente les pasa, así que es posible que las madres y los padres nunca lleguen a enterarse del pensamiento en sí. En cambio, los cambios de comportamiento suelen ser la primera pista. Busca señales como:
- Mayor angustia, irritabilidad o cambios de humor
- Evitar algo que antes no suponía ningún problema
- Dificultad para concentrarse o dormir
- Culpa excesiva o necesidad repetida de que te tranquilicen
- Rituales como comprobar cosas, realizar el conteo, lavarse las manos o seguir rutinas de una forma concreta
Vale la pena buscar ayuda profesional cuando los pensamientos intrusivos son frecuentes e intensos, difíciles de eliminar, causan angustia real o interfieren en la escuela, las amistades o las rutinas diarias.
Por qué los pensamientos intrusivos dan tanto miedo
Cuando aparece un pensamiento intrusivo, puede activar el sistema de alarma del cuerpo: el mismo mecanismo ancestral de supervivencia que ayudaba a las personas a huir del peligro o a combatirlo. En la ansiedad y el TOC, esa alarma suena cuando no hay ninguna emergencia real. La niña o el niño tiene un pensamiento, el cuerpo reacciona con pánico y la niña o el niño asume que el pensamiento debe de ser importante porque lo percibe como algo grande e importante.
Las niñas y los niños también pueden caer en lo que los profesionales clínicos llaman “fusión pensamiento-acción”. “Es la creencia errónea de que tener un pensamiento hace que sea más probable que eso ocurra”, explica la Dra. Welles, “o que revela algo terrible sobre quiénes son”. Una niña o un niño que piensa: “¿Y si le hago daño a mi hermanito?” puede acabar convencido de que ese pensamiento significa que, en el fondo, quiere hacerlo. Pero los pensamientos intrusivos con frecuencia son justo lo contrario de lo que una niña o un niño querría hacer jamás. Paradójicamente, dice la Dra. Welles, “para la mayoría de las personas con trastornos de ansiedad y TOC, estos pensamientos son exactamente lo contrario de lo que harían en realidad”.
Cómo pueden ayudar las madres y los padres
Lo primero es mantener la calma, lo cual es más difícil de lo que parece si el pensamiento es violento, sexual o tabú. Las niñas y los niños miran a sus madres y padres para evaluar si algo es realmente peligroso, así que si te quedas horrorizado, tu hija o hijo lo interpretará como una confirmación de que ese pensamiento es algo que hay que temer.
Cuando una niña o un niño comparte un pensamiento intrusivo, Downie sugiere responder con calidez y curiosidad. “Di algo como: “Me alegro de que me lo cuentes. Parece que te ha dado mucho miedo”. También ayuda a normalizarlo diciendo: “Las personas tienen pensamientos que no les gustan especialmente”. Otras respuestas útiles son:
- “Eso suena muy desagradable. Me alegro de que me lo hayas contado”.
- “Tener un pensamiento no significa que lo quieras ni que vaya a pasar nunca”.
- “No tienes que resolver esto ahora mismo”.
El objetivo es ayudar a tu hija o hijo a sentir menos soledad y vergüenza, sin tratar ese pensamiento como si fuera una emergencia de máxima gravedad. Y haz todo lo posible por evitar darle seguridad. Tranquilizar a la niña o al niño sobre el contenido de un pensamiento concreto (por ejemplo, responder a una niña o un niño que pregunta: “¿En serio crees que soy una buena persona?” con un “Sí, eres una buena persona”) puede, de hecho, empeorar las cosas, sobre todo en niños con TOC. Sienten un alivio muy temporal, pero luego el pensamiento vuelve a colarse y necesitan más tranquilidad. Se convierte en un círculo vicioso. En su lugar, prueba con: “Sé que esto te hace sentir muy mal. Y sé que puedes manejarlo”.
También ayuda desviar la atención de la niña o el niño hacia algo concreto, como vestirse, desayunar, ver un programa o enviar un mensaje a alguien. Con los más pequeños, puedes guiarlos para que respiren despacio o sugerirles que se vayan a otra habitación para que se distraigan del pensamiento. Con adolescentes, puedes enseñarles a resistirse a la tentación de buscar en Google sus miedos o pensamientos, confesarlos o hacer la misma pregunta una y otra vez. “La idea”, dice Downie, “es validar el sentimiento sin validar el miedo. Les estás diciendo: “Te entiendo, esto es duro, pero puedes superarlo””.
¿Qué provoca los pensamientos intrusivos?
Los pensamientos intrusivos no son un diagnóstico en sí mismos, sino un síntoma que puede aparecer en diversas condiciones o en niñas y niños que no tienen ningún diagnóstico. Entre los trastornos con los que pueden estar relacionados se incluyen:
- TOC: La condición más estrechamente relacionada. Los temas habituales incluyen el daño, la contaminación, los pensamientos sexuales y los miedos religiosos o morales.
- Ansiedad generalizada: Suele implicar preocupaciones repetitivas del tipo “¿y si…?” sobre temas cotidianos como la escuela, la seguridad, la familia y el futuro.
- Ansiedad social: Provoca pensamientos intrusivos sobre la vergüenza, el rechazo o el ser juzgado por los compañeros.
- Trastorno por estrés postraumático (TEPT): Puede incluir recuerdos, imágenes o sensaciones intrusivas relacionadas con un evento traumático. “Una niña o un niño que ha experimentado un trauma puede preocuparse por volver a ser lastimado o incluso por lastimar a otra persona”, señala Downie, “pero eso no significa que cada niña o niño que haya experimentado un trauma vaya a tener pensamientos intrusivos”.
- Depresión: Con frecuencia implica pensamientos intrusivos que encajan con una autoimagen negativa: “No valgo nada”. “Soy una carga”. “Soy una mala persona”.
- Trastorno del espectro autista: Los pensamientos repetitivos suelen centrarse en un interés especial y, por lo general, no son indeseados ni angustiosos como los del TOC, aunque desde fuera puedan parecer similares.
- Trastornos psicóticos: Las personas con psicosis suelen percibir los pensamientos intrusivos como fijos y reales, sin la concientización de sí mismas que suele acompañar a los pensamientos provocados por la ansiedad. Los trastornos psicóticos como la esquizofrenia son poco frecuentes en las niñas y los niños, aunque pueden aparecer las primeras señales en la adolescencia.
Cómo se tratan los pensamientos intrusivos
El tratamiento depende de qué está provocando los pensamientos y de hasta qué punto están alterando la vida de la niña o el niño:
- Para el TOC, el tratamiento de referencia es la exposición y prevención de respuesta (EPR), una forma especializada de terapia cognitivo-conductual (TCC) en la que las niñas y los niños practican cómo lidiar con los pensamientos intrusivos sin realizar compulsiones. Con el tiempo, aprenden a tolerar la incertidumbre y descubren que el pensamiento, por muy incómodo que sea, en realidad no es peligroso.
- En el caso de la ansiedad, estos mismos tratamientos resultan útiles. La TCC ayuda a los niños a entender la conexión entre pensamientos, sentimientos y comportamientos, y la EPR les ayuda a aprender a tolerar la ansiedad que generan esos pensamientos, lo que hace que esta vaya disminuyendo poco a poco.
- En el caso del trauma, el tratamiento puede incluir la TCC centrada en el trauma. La atención plena (mindfulness), las técnicas de la DBT o terapia dialéctico-conductual y los ejercicios de respiración también pueden ayudar a regular el sistema nervioso.
- La participación de la familia es muy importante. “Las madres y los padres con frecuencia necesitan ayuda para el aprendizaje de cómo responder sin alimentar sin querer el ciclo de la ansiedad“, dice la Dra. Welles. SPACE (Crianza de apoyo para las emociones infantiles de ansiedad) es un enfoque basado en evidencia que ayuda a las madres y a los padres a reducir la complacencia y, en su lugar, a apoyar el comportamiento valiente de tu hija o hijo.
- En casos de TOC o ansiedad de moderados a graves, la medicación, normalmente un ISRS, también puede ser una opción que valga la pena comentar con un psiquiatra o un pediatra.
Ayudar a tu hija o hijo a confiar en su propia mente
Una de las cosas más difíciles de los pensamientos intrusivos es que pueden hacer que las niñas y los niños le tengan miedo a su propia mente, convencidos de que cada pensamiento debe ser analizado o justificado antes de que puedan relajarse. Pero nadie tiene solo pensamientos agradables y “bien educados”.
Lo que las niñas o niños pueden aprender es que un pensamiento puede ser inquietante sin tener importancia, ruidoso sin ser cierto, y que puede pasar de largo sin convertirse en un veredicto sobre quiénes son. Como madres y padres, lo más valioso que pueden ofrecer es una presencia tranquila y firme: tomárselo en serio sin tratarlo como una catástrofe. Cuando tu hija o hijo ve que no te entra el pánico, puede tomar prestada un poco de esa calma para sí.
Preguntas frecuentes
Sí, todo el mundo puede tenerlos. La mayoría de las niñas y los niños, y también adultos, experimentan pensamientos intrusivos de vez en cuando, y en muchos casos desaparecen rápidamente sin causar problemas.
Son un subproducto normal del funcionamiento del cerebro, pero pueden volverse más frecuentes o “persistentes” en niñas y niños que tienen ansiedad, son perfeccionistas o padecen trastornos como el TOC o han experimentado trauma. Prestar demasiada atención al pensamiento también puede hacer que vuelva con mayor frecuencia.
No. Tener un pensamiento intrusivo no significa que quieras llevarlo a cabo ni que refleje quién eres. De hecho, estos pensamientos con frecuencia son justo lo contrario de lo que alguien querría o haría jamás.
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