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Cómo ayudar a niñas y niños que se preocupan por tener 'malos pensamientos'

En algunos casos, sienten culpa por tener pensamientos perturbadores y tienen una incontrolable necesidad de confesarlos.

Escrito por: Caroline Miller

Experto clínico: Jerry Bubrick, PhD

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Una mamá nos escribió para preguntar cómo ayudar a su hija de 10 años que se preocupa mucho por “malos pensamientos”.

A veces estos pensamientos son malos porque son crueles: una amistad cercana a la familia “
está que explota”, porque tiene sobrepeso o “parece una pasa”, por sus arrugas. A veces son de tipo sexual: imaginarse a alguien de la clase sin ropa. O violentos: creer que quiere matar a su madre. Tienen una cosa en común: la incontrolable necesidad de confesarle todos estos pensamientos a su mamá, quien se pregunta qué está pasando.

Es un escenario que escuchamos mucho: niñas y niños que de pronto sienten una tremenda urgencia por confesar pensamientos perturbadores. Un niño de 9 años se fijó en el escote de su maestra, y se siente culpable por ello. Su padre escribe: “Cuanto más trata de controlar los pensamientos, más aparecen en su mente”. Dice en voz alta que le preocupa que podría haber algo malo en él, y pide que le aseguremos que está bien. Una y otra vez.

Niñas y niños se pueden molestar mucho por estos pensamientos, aunque por supuesto no en todos los casos sienten la obligación de compartirlos con su familia. Pero cuando lo hacen, las constantes confesiones y peticiones de consuelo o confirmación de que no hay nada malo en ellas o ellos, también pueden ser estresantes para madres y padres.

¿Por qué niñas y niños se preocupan por los “malos pensamientos” y sienten la necesidad de confesarlos? ¿Y qué puedes hacer como madres o padre para ayudarles?

¿Qué dice este pensamiento sobre mí?

Jerry Bubrick, PhD, psicólogo clínico que trató a muchos niños con TOC en el Child Mind Institute, nos recuerda que todos tenemos pensamientos aleatorios que pensamos que son malos, como les sucede a estas niñas y niños. Podemos pensar, ¡eso fue cruel o extraño o inapropiado!, y luego lo descartamos. No los expresamos, ni hacemos nada al respecto, y rápidamente los olvidamos.

En contraste, el Dr. Bubrick dice que las niñas y los niños se pueden disgustar cuando estos pensamientos que habitualmente son pasajeros se quedan “atascados” y no los logran descartar y seguir adelante. En lugar de identificar los malos pensamientos como algo sin sentido, se sienten responsables de ellos.

“Estas niñas y niños se valoran a en función de los pensamientos que tienen”, explica el Dr. Bubrick. Por lo tanto, piensan “debe haber algo malo en mí para que tenga ese pensamiento. O, debo ser una persona horrible si tengo ese pensamiento”.

El Dr. Bubrick lo llama “responsabilidad excesiva del pensamiento”: las niñas y los niños literalmente se sienten responsables de sus pensamientos, en lugar de dejarlos ir. “Y es por eso que sienten la obligación de confesarlos. Les piden consuelo a sus madres y padres, para que les digan: ‘Sí, está bien. No te preocupes por eso’”, añade. “Eso calma el miedo: ‘Está bien, no soy una mala persona’”.

¿Por qué algunos pensamientos se quedan atascados?

Los pensamientos a menudo son impulsados ​​por estados emocionales, señala el Dr. Bubrick. Por ejemplo, “cuando estoy feliz, es más probable que tenga pensamientos felices, y cuando tengo miedo, es más probable que tenga pensamientos atemorizantes. Cuando tengo hambre, es más probable que tenga pensamientos acerca de la comida”. Cuando sentimos frustración o enojo, nos podemos identificar con imaginar que le suceden cosas malas a la persona que se interpone en nuestro camino.

Pero la mayoría de nosotras y nosotros no nos alarmamos ni nos juzgamos basándonos únicamente en nuestros pensamientos: lo importante son nuestras acciones. Obsesionarse con pensamientos en los que nos quedamos “atascados” puede ser un síntoma de ansiedad, ya sea que se trate de una personalidad ansiosa o de un trastorno de ansiedad en toda forma.

Lo que los niños consideran “malo” depende de la cultura y de lo que les han enseñado. En las familias religiosas, por ejemplo, los niños se preocupan por los “malos pensamientos” que creen que pueden ofender a Dios. Los pensamientos sexuales con frecuencia suelen ser perturbadores para los varones, especialmente antes de que la pubertad haga que hablar de sexualidad sea algo común entre sus compañeros adolescentes. Las preocupaciones acerca de querer matar a personas son sorprendentemente comunes en los niños pequeños. Rachel Busman, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute, trató a una niña de 10 años que sentía la necesidad de sentarse sobre sus manos, porque tenía pensamientos acerca de estrangular a alguien.

Los niños que se sienten obligados a confesar y pedir que les confirmen que están bien por lo general tienen menos de 12 años, señala el Dr. Bubrick. “Los niños mayores tienden a no decirles a los padres lo que están pensando, me puedo imaginar que es porque los pensamientos son más oscuros o más atemorizantes. Son más sexuales o más violentos”.

¿Cómo podemos ayudar a los niños a manejar los ‘malos pensamientos’?

El objetivo es simple: ayudar a los niños a reconocer que sus pensamientos son solo pensamientos.

“El simple hecho de tener un pensamiento (ya sea un pensamiento bueno o malo) no lo convierte en verdad”, explica el Dr. Bubrick. “Un mal pensamiento no te hace una mala persona, solo significa que estás teniendo ese pensamiento”.

Ese es el mensaje que los médicos utilizan cuando tratan a niños con trastornos de ansiedad mediante la terapia cognitivo-conductual. A los niños se les enseña a identificar sus pensamientos obsesivos como algo separado de ellos mismos (como un “bully en su cerebro”), dice el Dr. Bubrick. “Cuando los pensamientos se quedan atrapados en nuestra mente, es como si trataran de intimidarnos para que pensemos que son más importantes de lo que son”, añade la Dra. Busman.

“Buscar consuelo y confirmación es una manera de aliviar la angustia o la ansiedad”, dice. “Y funciona por el momento”. Pero la única manera de detener el ciclo de quedarse atascado en pensamientos intrusivos y pedir consuelo es aprender a tolerar la angustia sin confesar, y darse cuenta de que la ansiedad se desvanecerá.

Si los malos pensamientos realmente se convierten en un problema para un niño (si continúan, si causan gran angustia o interfieren con el desempeño del niño), puede ser señal de un trastorno de ansiedad subyacente que merece ayuda profesional.

Preguntas frecuentes

¿Qué debo hacer si mi hijo o hija ha dicho algo inquietante?

Si tu hijo o hija ha dicho algo inquietante, lo primero es recordar que todos tenemos de vez en cuando pensamientos desagradables, sexuales o violentos. Mientras que los adultos solemos restárseles importancia, las niñas y los niños suelen sentir la necesidad de confesarlos. Tranquilízale y explícale que tener un “mal pensamiento” no significa que sea verdad ni que sea una mala persona por ello.

¿Por qué tiene mi hijo o hija pensamientos intrusivos?

Es normal que las niñas y los niños tengan de vez en cuando pensamientos intrusivos, que pueden incluir pensamientos desagradables, sexuales o violentos que no les gustan. Si ocurren con frecuencia y están afectando el bienestar de tu hija o hijo, los pensamientos intrusivos pueden ser una señal de ansiedad que requiere ayuda profesional.

¿Cómo puedes ayudar a una niña o un niño con pensamientos obsesivos?

Puedes ayudar a una niña o un niño con pensamientos obsesivos recordándole que tener un pensamiento no significa que sea cierto ni que sea una mala persona, y expresándole tu confianza en que puede soportar la incomodidad que siente. El objetivo es que las niñas y los niños aprendan a dejar que estos pensamientos pasen por sí solos. En algunos casos, los pensamientos obsesivos son una señal de ansiedad que requiere ayuda profesional.

¿Es normal que un niño tenga pensamientos negativos?

Es sorprendentemente normal que un niño tenga pensamientos negativos, que pueden incluir pensamientos maliciosos, sexuales o violentos. Si los pensamientos negativos preocupan tanto a tu hijo que no puede concentrarse en otras cosas, o si busca constantemente que le tranquilicen diciéndole que no le pasa nada, podría tener un trastorno de ansiedad que requiera tratamiento.

Última revisión o actualización: 22 de julio de 2026.

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