Lo lamentamos. Esta página no tiene version en español. Vaya la página de inicio.

Cómo terminar la terapia cuando no funciona

Si su hijo no está progresando, ¿cómo puede hacer la transición hacia otro tipo de tratamiento?

Caroline Miller

Cuando un niño esté en terapia, lo ideal sería terminarla cuando se hayan alcanzado los objetivos del tratamiento. La ansiedad paralizante ha cesado. El niño ha vuelto a la escuela y a los juegos. Los estallidos y los berrinches son mucho menos frecuentes. Sin importar cuáles sean los síntomas problemáticos, estos han disminuido. (Para obtener consejos sobre cómo terminar el tratamiento cuando se han alcanzado los objetivos, vea ¿Cuándo es el momento de terminar el tratamiento? Y para obtener información sobre cómo retirar la medicación a los niños de manera segura, lea Cómo retirar el medicamento a los niños).

Pero la terapia no siempre es exitosa. Y si su hijo no está progresando con su terapeuta actual, es posible que tenga que intentar con algo diferente. ¿Cómo terminar la relación con un terapeuta sin que se sienta como una mala ruptura? ¿Cuál es su papel, y el del terapeuta, en la transición hacia algo nuevo?

Evalúe los progresos con regularidad

La mejor manera de hacer menos difícil el final del tratamiento, de acuerdo con nuestros expertos, es ser sincero con el terapeuta desde el principio del tratamiento. Al inicio, es importante acordar los objetivos que espera alcanzar con la terapia. Y, a medida que avanza el tratamiento, debe haber revisiones periódicas para hablar de los progresos de su hijo. Estas revisiones deben estar integradas en el proceso, por ejemplo, cada mes, y no ser sólo algo que ocurre cuando hay una crisis.

Para que las revisiones sean eficaces, los padres deben ser sinceros sobre las dudas y las preocupaciones que tienen. ¿Dónde hay que mejorar más? ¿Dónde no está funcionando este proceso? “Si el padre es incapaz, por ejemplo, de poner en práctica el plan de comportamiento que el terapeuta ha creado y que le parece tan perfecto, entonces el plan no va a servir de nada,– explica Carolyn Moriarty, LCSW, trabajadora social clínica del Child Mind Institute. –El padre puede decir: ‘Vale, creo que es una gran idea. Pero no puedo hacerlo. No lo puedo sostener. No soy lo suficientemente constante. No funciona’ ”.

Este tipo de información puede no ser una buena noticia, pero es fundamental que el terapeuta lo escuche. A menudo, cuando una familia decide poner fin al tratamiento, el terapeuta se sorprende al escuchar preocupaciones y problemas de los que no era consciente, y saber esas cosas antes le habrían sido muy útiles para entender mejor al niño, y a la familia.

“Siempre es útil para el terapeuta tener más información”, añade Heather Bernstein, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute. Y es bueno no posponer compartirla. “Si la familia está pensando en suspender la terapia para el niño y lleva un tiempo sintiéndose así, los niños también lo van a sentir. Ciertamente, si los padres dudan del tratamiento, es difícil que eso no se filtre y afecte el compromiso del niño”.

Inicie la conversación

Si tiene dudas o se siente frustrado, hablar de ellas puede llevar a conversaciones fructíferas, ya sea que decidan dejar el tratamiento o entiendan mejor por qué sería bueno continuar.

“No va a ver progresos cada vez que su hijo tenga una cita de terapia,– dice Stephanie Lee, PsyD, directora del ADHD and Behavior Disorders Center del Child Mind Institute. –Pero creo que si la tendencia no va en la dirección correcta, definitivamente vale la pena revisar sus objetivos, o revisar la frecuencia y la dosis del tratamiento, el estilo de tratamiento, para asegurarse de que realmente está consiguiendo satisfacer las necesidades de su hijo”.
“A veces un padre piensa: ‘No sé qué está sacando mi hijo de esto’, o ‘No sé si yo, como padre, estoy aprendiendo mucho. ¿Ya terminamos?,– dice Rachel Busman, PsyD, directora del Anxiety Disorders Center del Child Mind Institute. –Cuando eso sucede, definitivamente hay que hablar con el profesional clínico”.

A veces los padres evitan discutir la posibilidad de cambiar o terminar el tratamiento porque no quieren herir los sentimientos del terapeuta. Pero los terapeutas deben ser capaces de escuchar información incómoda y estar abiertos a la posibilidad de que un niño necesite algún tipo de atención que ellos no puedan ofrecer.

“Una gran parte de la terapia consiste en ser capaz de poder decir las cosas incómodas que están sucediendo,– observa Moriarty. –Y como terapeutas tenemos que estar abiertos, y creo que la mayoría de nosotros lo estamos, a la idea de que no podemos ser todo para todos. Y que puede haber una mejor adaptación de un terapeuta diferente para su hijo o para su familia. Y eso está completamente bien”.

Una cosa que puede ayudar a los padres a sentirse más cómodos a la hora de plantear sus preocupaciones es hablar de resultados que se puedan medir, señala la Dra. Lee. “Creo que tratar de usar datos objetivos para exponer sus puntos puede ser realmente poderoso y ayuda a los padres a sentir que no es algo personal. No se trata de decir: ‘No me gusta su estilo’, sino más bien: ‘No estoy viendo los resultados que busco en cuanto al número de berrinches por semana’. Sigue siendo un índice muy alto’”.

O puede aportar informes objetivos de la escuela. Por ejemplo: “Creo que quizá tengamos que cambiar de rumbo, porque seguimos teniendo muchas interrupciones cuando el profesor intenta hacer esto en la escuela”.

Cuando el profesional clínico piensa que el tratamiento no está funcionando

A veces es el profesional clínico el que piensa que el tratamiento no está funcionando y la familia necesita recurrir a un método diferente. Puede ser una conversación difícil, señala la Dra. Bernstein, pero es responsabilidad del clínico recomendar el tratamiento que cree que va a ser más beneficioso.

Esto puede ser difícil para el terapeuta, señala. “El niño puede sentirse cómodo con usted y tener una muy buena relación, pero si no puede proporcionarle el tratamiento que necesita, y no está haciendo las cosas que le recomienda, sólo ir a verlo, no es un buen cuidado del paciente mantenerlo en un ciclo”.

Otra razón por la que un clínico puede pensar que el tratamiento actual no debería continuar es cuando el clínico y los padres tienen diferentes expectativas sobre cómo debe funcionar la terapia. Si, por ejemplo, el comportamiento del niño es un problema, los padres pueden querer que el niño tenga una terapia individual, pero el clínico puede sentir que necesita trabajar con los padres, señala la Dra. Busman. “Puede que haya cosas que no van a cambiar sin una participación significativa de los padres. A veces el clínico tiene que decir: ‘No voy a poder ayudarlo a menos que forme parte de este trabajo’”.

Hable de los cuidados de seguimiento

Cuando la terapia termina, el papel del terapeuta es ayudar a guiar a la familia hacia un tratamiento alternativo, dicen nuestros expertos. En algunos casos, el niño puede necesitar un nivel más alto de atención, como un tratamiento hospitalario, o una forma más especializada o intensiva de tratamiento, y el terapeuta puede hacer esa recomendación y orientar a la familia hacia la forma de encontrarlo.

“El trabajo del terapeuta no es encontrar a la otra persona y asegurarse de que la familia está totalmente arropada por un terapeuta perfecto,– señala el Dr. Bernstein, –sino ayudarlos en el camino”.

Por ejemplo, si un niño tiene síntomas del estado de ánimo y no está progresando con la terapia cognitivo-conductual o TCC (CBT, por sus siglas en inglés), el terapeuta podría recomendar un programa de terapia dialéctico-conductual o TDC (DBT, por sus siglas en inglés) en su lugar, aunque podría ser algo para lo que no está cualificado. “Entonces, el siguiente paso es que la familia siga esa recomendación de tratamiento”, añade el Dr. Bernstein.

Nuestros expertos hacen hincapié en que los padres no deben desanimarse ni rendirse si su primer intento de atención a un niño no tiene éxito. “Es posible que su primer intento no sea el adecuado y que tenga que seguir adelante,– dice la Dra. Lee. –Dé el ejemplo a sus hijos de que usted es persistente en la búsqueda de ayuda. Que si no obtienes ayuda de la primera persona a la que acude, va a otra o encuentra a alguien que sí tiene la experiencia que necesitan. La terapia es un proceso. Como cualquier otro servicio médico, puede llevar un tiempo encontrar la vía adecuada”.