Ver (y ayudar) a Oliver a aprender leer
El increíble proceso desde las imágenes hacia las frases completas.
Experto clínico: Dominick Auciello, PsyD
in EnglishNota editorial: Este artículo es la historia de un padre y su hijo con el aprendizaje de la lectura en inglés, por lo tanto los ejemplos mencionados aplican para el idioma inglés.
Mi esposa y yo le leemos a nuestro hijo Oliver, de 6 años, desde que nació. Por lo general, esto no le sorprende a nadie. Como neuropsicólogo, pienso en la lectura y evalúo a a diario a niños en cuanto a su capacidad lectora, por lo que, en muchos sentidos, siempre he estado preparado para leer con mi hijo. Pero ser neuropsicólogo no ha hecho que el desarrollo del lenguaje y la lectura de Oliver me resulte algo menos extraordinario. Una cosa es evaluar la lectura de los niños y otra muy distinta es ayudar a tu hijo, todos los días de su vida, a jugar con los sonidos del lenguaje, a familiarizarse con el alfabeto, a descifrar las palabras de una página y, poco a poco, palabra a palabra y semana a semana, a que aprenda a leer con mayor rapidez, eficacia, comprensión y emoción.
Quiero contarte cómo ha sido el proceso de lectura de mi hijo, tal y como lo he visto desde mi perspectiva como padre y neuropsicólogo, para transmitir de forma más realista la idea de que la lectura se produce por etapas. En neuropsicología existe un concepto que llamamos continuo (o continuum, en inglés). Quiere decir que los niños aprenden a jugar con los sonidos del lenguaje y luego incorporan las tareas de hablar y leer. Aprenden a relacionar los sonidos con los símbolos visuales. Escuchan y oyen, miran y ven, juegan y practican.
Este es un resumen de mi experiencia con Oliver, combinada con lo que sé sobre cómo los niños comienzan a leer.
Ba, Ba, Ba, Ba, Ba
Empezamos con libros sencillos y coloridos, algunos con solo imágenes o páginas con una sola palabra. Mi esposa y yo observábamos a Oliver mirar, por ejemplo, la imagen de un cangrejo o la palabra “pelota”. Incluso cuando solamente se metía el libro en la boca, podíamos ver que se sentía estimulado. Interactuaba con el libro de la forma en que podía.
Los padres me preguntan constantemente: “¿Debería leer con mi bebé?”. Yo les digo que es bueno que nuestros bebés vean libros y escuchen palabras. Es importante que les hablemos y les prestemos atención cuando empiezan a emitir sonidos. No es que sea partidario de presionar a los niños para que sean precoces. No digo: “Oh, es buena idea leer a los bebés porque eso hará que empiecen a leer pronto”. No creo que tu hijo tenga que saber leer antes de ir a la escuela. Lo que defiendo es la importancia de exponer a los niños al lenguaje escrito, y que se diviertan con algo que, en última instancia, será muy importante.
Todo lo que nuestros hijos hacen con los sonidos del lenguaje prepara el terreno para el habla y, más adelante, para el aprendizaje de la lectura.
Gorgoteos, balbuceos, primera palabra, dos palabras, 400 palabras, 10 000 palabras
En mi trabajo les pregunto frecuentemente a los padres sobre los hitos en el desarrollo del lenguaje. “¿Cómo habla tu hijo?”, pregunto a padres y madres de niños de 1, 2 y 4 años. “¿Dice hola? ¿Dice adiós con la mano?”.
Sabemos que los niños con un desarrollo típico alcanzan ciertos hitos.
“Gorgotean” alrededor de los 2 meses.
Balbucean alrededor de los 4 meses.
Dicen su primera palabra alrededor de los 12 meses.
Juntan dos palabras a los 24 meses.
Saben 400 palabras a los 2 años y medio.
Saben 10 000 palabras a los 6 años.
La primera palabra de Oliver fue «pez». No recuerdo si estaba mirando una pecera o la televisión. Pero lo que sí recuerdo es lo rápido que esa primera palabra llevó a otra, y a otra.
Libro, cocinar, mirar, tomó…
Oliver es el nuevo lector en nuestra familia, pero cuando pienso en las rimas y las aliteraciones, precursoras esenciales del habla, me viene a la mente su hermana Sadie, de 3 años. A mi hija Sadie le fascinan las rimas y rimar. Cada vez que oye palabras que riman, dice: “Eso es una rima, papá”. Y trata de inventar las suyas propias. A veces sus palabras son reales; otras veces no tienen sentido. Lo que importa, en este caso, es que puede señalar rimas y crear rimas.
Si un niño o niña está desarrollando el lenguaje con normalidad, comenzará a dar forma a los sonidos en palabras entre los dos y lo tres años. En neuropsicología, a esto le llamamos “desarrollo de la conciencia fonológica”. De forma lenta pero segura, los niños aprenden cómo los sonidos forman palabras. Aprenden que los palitos y los círculos significan algo y que se pueden descifrar.
La conciencia fonológica de un niño de 2 y 3 años proporciona pistas importantes sobre cómo leerá en etapas posteriores de su desarrollo.
Palitos, puntos y círculos
La mayoría de los niños aprenden el alfabeto alrededor de los 3 años. Algunos lo aprenden antes, por supuesto, pero no necesariamente lo aprenden de forma correcta. L-M-N-O-P siempre es un reto. Los niños quieren decir L-M-N o M-N-O, pero les cuesta aprender la secuencia de sonidos. La “X” y la “S” también pueden ser problemáticas. Los niños tienden a pronunciar la S dos veces.
Y además está la canción del abecedario. Oliver aprendió las letras y la melodía antes de cumplir cuatro años. Sadie, que tiene 3 años y 3 meses, puede cantar todas las letras, pero todavía tropieza en la segunda parte de la canción. Canta: “Ahora sé el abecedario…” Y dice: “¿Qué sigue, papá?”.
Las reglas del lenguaje
Cuando un niño aprende una palabra nueva, en realidad está aprendiendo una regla del lenguaje, una regla que se puede aplicar a otras palabras nuevas.
Piensa, por un momento, en los verbos en pasado (en el “cómo” y “cuándo” añadir al final la terminación “ed” a diferentes palabras. Recuerdo que Oliver aprendió a hacerlo y, al principio, a veces cometía errores. Por ejemplo, podía decir “I runned” (yo corrí). Y no era que alguien le hubiera dicho “I runned”. Simplemente estaba aplicando una regla que había funcionado con otros verbos: walked (caminé), jumped (salté), played (jugué), cheered (animé).
La mayoría de los niños cometen errores, pero al final terminan las reglas del lenguaje.
Y la clave para dominar las reglas es esta: la preparación.
El cerebro humano tiene que estar preparado. Ciertas cosas deben estar en su sitio desde el punto de vista neurológico, cognitivo y social.
Relacionar sonidos y símbolos
Oliver comenzó a asociar sonidos y símbolos alrededor de los 4 años. Estaba en kínder y su maestra le había dado un libro titulado Papá para que lo leyera en casa.
Papá era un libro que Oliver podía leer, sin saber realmente cómo leer. En una de las primeras páginas había una imagen de papá corriendo y luego las palabras “Papá está corriendo”. En otra página, papá estaba durmiendo; había una imagen de papá durmiendo y luego las palabras “Papá está durmiendo”. Ese era el formato de todo el libro.
Papá. Así que cuando vio una “P” en una página tras otra, empezó a reconocer la “P” de papá. Muy pronto supo, sin siquiera pensarlo, cómo era el sonido de “papá”.
Este fue realmente el comienzo de su concientización fonológica, su comprensión de cómo los sonidos del lenguaje se relacionan con los símbolos en una página.
Esta fue también su primera experiencia de lectura sin la ayuda de una persona adulta.
Relacionar sonidos y sílabas
Oliver tenía un compañero de clase llamado Maroon. Él y Maroon iban juntos al kínder y, un día, su maestra dijo a la clase: “Bien, ¿cuántas partes tiene la palabra Maroon?”. Todos los niños la pronunciaron: Ma–roon. “Maroon tiene dos sílabas”, dijo la maestra. Les estaba enseñando a dividir una palabra en partes más pequeñas.
A continuación, escribió el nombre de Maroon en el pizarrón y dijo: «Miren, hay dos partes en Maroon, pero ¿cuántas partes sonoras hay?”. Todos los niños pronunciaron los sonidos: mah-ar-oo-uhn. Estaban descomponiendo aún más el nombre de Maroon, para aprender los sonidos que producen las letras individuales, así como las combinaciones de sonidos que producen las letras.
Cuento esta historia porque un día Oliver llegó a casa de la escuela y, cuando vio la palabra “moon” (luna) en una revista o un anuncio, la leyó con total naturalidad en voz alta para su madre y para mí. Simplemente así: dijo “moon”. Nos sorprendió mucho. Le preguntamos: “Oliver, ¿cómo sabes que esa palabra significa moon?”. Y él respondió: “Porque mi amigo de la escuela se llama Maroon, y su nombre también tiene el sonido “oo””.
Si quieres enseñar a un niño las asociaciones entre sonidos y símbolos, tienes que hacerlo interesante. A Oliver y sus compañeros de clase les importaban los nombres. Maroon era su amigo. Así que Oliver aprendió el nombre de Maroon y, después de eso, empezó a leer “moon” (luna), “zoo” (zoológico), “food” (comida), “too” (también), etc.
Pseudolectura
Los niños comienzan a pseudoleer de forma espontánea. Quieren hacer lo que han visto hacer a otros niños. Quieren participar, por así decirlo, y hacen lo que pueden.
En mi trabajo, conozco niños que son maestros de la memorización, (pseudolectores realmente muy hábiles), y pueden ser muy, muy graciosos. Imagina que estás viendo a una niña “leer” tres cuartas partes de un libro, pero de repente te das cuenta de que en realidad no está leyendo. Puede ser que se saltó una página, que está mirando una página y diciendo las palabras que aparecen en otra. O puede ser que le hayas presentado un libro nuevo y no sepa por dónde empezar.
Los padres con frecuencia piensan que sus hijos están leyendo, pero en realidad están memorizando. He visto a Oliver devorar libros, fingiendo leer, y luego he visto a Sadie memorizar libros para “leer” como Oliver. Al menos, creo que Sadie está muy motivada para leer.
El circuito “ver-decir”
Los neuropsicólogos se refieren con frecuencia al “circuito ver-decir” en el cerebro de los niños. Esto significa que, como padre, imagino que una imagen, una palabra o un objeto entra por los ojos de Oliver, recorre su cerebro y luego sale por su boca. No nació con esta capacidad, pero sé que la está desarrollando.
¿Y por qué es importante?
No puede tardar tres segundos en pensar en el nombre de cada objeto que ve. Objeto tras objeto, palabra tras palabra, nunca aprendería a leer adecuadamente si esa fuera la velocidad a la que ve las palabras y las dice.
Tu “circuito ver-decir” se tiene que desarrollar, junto con tu conciencia fonológica. Esto ocurre de forma gradual, en un continuo. Al igual que con todas las demás partes del desarrollo de tu hijo, no hay un interruptor que lo active.
Decodificación por ensayo y error →→→ Habilidades narrativas
Los niños deben aprender a decodificar palabras. Una vez que pueden decodificar palabras de manera eficiente, pueden dedicar más energía mental a comprender historias y prestar atención a la narrativa, la elección de palabras, la gramática y toda la riqueza del lenguaje.
Cada noche antes de acostarse, Oliver nos lee un libro a su madre y a mí, y luego nosotros le leemos un libro a él. Nos turnamos, porque cuando Oliver nos lee, está ejerciendo una increíble cantidad de energía mental para descifrar o pronunciar todas las palabras nuevas que encuentra. Se agota, no de inmediato, pero sí después de concentrarse muy intensamente durante diez o quince minutos. Algunas noches dice: “Ya no puedo seguir leyendo”. Y eso es completamente razonable. A medida que crezca, todo esto será más fácil.
Otra cosa que hacemos a veces es pedirle a Oliver que lea una página y luego nosotros le leemos esa misma página. De esta manera, puede relajarse, mirar las imágenes y disfrutar de la historia. Cuando utiliza tanta energía para descifrar palabras, a veces su comprensión se queda en segundo plano. Así que, aunque lea una página a la perfección, generalmente quiere que su madre y yo la leamos de nuevo, para poder pensar en el significado.
Esto es lo que hay que recordar: aprender a leer requiere una enorme concentración .
Ver leer a Oliver me ha ayudado a comprender mejor los retos a los que se enfrentan los niños con problemas de atención. Oliver tiene una buena concentración y atención para su edad, pero aún así le cuesta concentrarse durante un periodo de tiempo prolongado. Me ha enseñado lo importante que es poder realizar un esfuerzo mental sostenido; claro, si quieres leer. Y sé que él quiere.
Como padres, debemos ser pacientes y comprender que nada de esto es fácil. Leer es maravillosamente gratificante, pero es una habilidad que cuesta mucho adquirir.
Conoce más sobre nuestro Centro de recursos para las familias y nuestra misión editorial.
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