Guía básica sobre el trastorno de pánico

Un niño con trastorno de pánico experimenta ataques repentinos de ansiedad que incluyen un miedo abrumador y síntomas físicos que a menudo se confunden con un ataque cardíaco. Esta guía explora las señales y síntomas del trastorno de pánico, cómo se diagnostica y los mejores tratamientos.

Trastorno de pánico: ¿Qué es?

El trastorno de pánico es una condición caracterizada por ataques de pánico repetidos e impredecibles que pueden causar sensaciones de muerte inminente, síntomas parecidos a los de un ataque cardíaco y una desconexión de la realidad. Las personas que tienen ataques de pánico suelen experimentar palpitaciones, falta de aire, mareos, entre otros síntomas físicos, y una intensa necesidad de huir de la situación. La afección es poco frecuente en la infancia, pero suele manifestarse en la adolescencia, cuando un adolescente va a ver al médico y a la sala de emergencias en repetidas ocasiones antes de que se le diagnostique el trastorno psiquiátrico.

Los ataques pueden ocurrir en cualquier momento y pueden ser desencadenados por una variedad de indicios. Una característica clave del trastorno de pánico es que el temor a un ataque puede desencadenar uno nuevo. Por esta razón, muchos niños con trastorno de pánico evitan los lugares donde se produjeron los episodios anteriores y otros lugares en los que no habría ayuda disponible o sería difícil escapar, es decir, lugares cerrados o llenos de gente. Los automóviles, los túneles, los puentes y los subterráneos pueden ser preocupantes para un niño con trastorno de pánico. Algunos niños con el trastorno evitarán salir de la casa solos, en casos extremos pueden incluso quedarse encerrados en la casa.

Trastorno de pánico: ¿A qué estar atento?

El trastorno de pánico se caracteriza por la aparición de ataques de pánico y una angustia profunda por su posible retorno. Estos acontecimientos son extremadamente estresantes y aterradores tanto para la persona que sufre el ataque como para los que lo observan. Si su hijo experimenta estos eventos, puede describir síntomas parecidos a los de un ataque cardíaco, un miedo repentino y abrumador a la muerte o a perder el control, una sensación de que el mundo es irreal y un intenso deseo de huir, así como síntomas físicos como mareos, náuseas, sudoración y falta de aire, entre otros. Después de un ataque, que suele llegar a su punto máximo en 10 minutos, los niños pueden quedar con un intenso temor a otro ataque. Esto puede llevar a que se eviten situaciones o actividades que el niño cree que pueden desencadenar otro ataque, lo que en casos graves puede limitar su funcionamiento.

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Trastorno de pánico: Factores de riesgo

Los antecedentes familiares de trastornos de ansiedad, trastorno bipolar y/o depresión son un factor de riesgo para el desarrollo del trastorno de pánico. Los problemas respiratorios como el asma también confieren un riesgo, así como un historial de episodios similares al pánico que no cumplen los criterios para un ataque de pánico.

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Trastorno de pánico: Tratamiento

El tratamiento del trastorno de pánico suele tener mucho éxito y suele consistir en un componente farmacológico y psicoterapéutico.

Psicoterapeútico: Es probable que el médico comience por una terapia cognitivo-conductual o TCC (CBT, por sus siglas en inglés) para comenzar a reducir los patrones de conducta negativos basados en la evasión. Otra forma común de tratamiento es la terapia de exposición, que contrarresta la ansiedad anticipada a través de la exposición gradual a situaciones que están asociadas con los ataques.

Farmacológico: Se pueden prescribir varias clases de medicamentos para tratar los efectos de los ataques de pánico, empezando por los antidepresivos, que han demostrado ser eficaces. También se utilizan benzodiacepinas (Xanax, entre otras), aunque estos fármacos conllevan un riesgo de dependencia.

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Trastorno de pánico: Riesgo de otros trastornos

Las personas con trastorno de pánico también corren el riesgo de desarrollar abuso de sustancias, así como depresión.