Cuando pensamos en los acumuladores compulsivos, visualizamos a un adulto que ha llenado un hogar con tantas cosas, muchas de ellas inútiles, que hacen difícil, sino imposible, caminar, sentarse o, por ejemplo, cocinar o cenar. Sin embargo, los niños también pueden ser acumuladores compulsivos. A veces tan pequeños como de 6 ó 7 años. Y a pesar de que los niños que acumulan no tienen el control de la casa para esconder sus cosas adquiridas compulsivamente, como lo hacen los adultos, llenan sus habitaciones, hasta que el funcionamiento se ve seriamente afectado.

Cuando un niño es referido por preocupaciones sobre la acumulación compulsiva, dice el Dr. Jerry Bubrick, psicólogo clínico del Child Mind Institute, él hace una serie de preguntas.

¿Puedes ver el piso de tu habitación?
¿Puedes sacar la ropa limpia de tu armario o está tan lleno de cosas que no puedes meterte ahí?
¿Puedes dormir en tu cama o tu cama es el almacenamiento temporal para todo?
¿Puedes hacer tu tarea en tu escritorio, o tu escritorio está cubierto con todo tipo de cosas?

Apego emocional a los objetos

La cantidad de cosas escondidas en la habitación de un niño no es lo único que diferencia al que está acumulando de manera compulsiva de uno que es desorganizado o desordenado. Es la forma en que el niño se siente respecto a las cosas que guarda, y su reacción cuando alguien le hace deshacerse de las cosas. “Los padres traen a sus hijos porque los niños lloran cuando se recoge la basura”, dice el Dr. Bubrick.

La mayoría de los niños que tienen muchas cosas que no están bien organizadas no se molestan si ocasionalmente alguien limpia y guarda cosas. Pero los niños que acumulan compulsivamente sí lo hacen. “Un acumulador compulsivo va a creer, en cierto nivel, que o bien fueron violados — ¿cómo se atreve alguien a tocar sus cosas?— o sienten que perdieron un hermano. Una posesión es como un ser querido”, explica el Dr. Bubrick.

El Dr. Bubrick da un ejemplo de un niño que guarda los tubos de cartón de los rollos de toallas de papel. “He visto a niños acumular 50 ó 100 de esas cosas debajo del sofá. Podrían pensar que son divertidos para jugar o podrían pensar que usarían uno más tarde. Los padres podrían decir: ‘Bueno, escucha. Puedes quedarte con dos, pero vamos a tirar 98’. La mayoría de los niños estarían de acuerdo con eso. Los niños que son acumuladores compulsivos van a estar devastados”.

Los niños que desarrollan trastorno de acumulación compulsiva pueden no solo sentirse severamente ansiosos y angustiados si se los quitan, sino que también pueden hacer rabietas, llorar y gritar, o incluso pueden atacar con pánico, patear o golpear a los padres o romper cosas.

Mentalidad de ‘aquí mientras tanto’

Los niños que son acumuladores compulsivos tienden a recoger y guardar cosas en la calle (monedas, palos, bellotas, etc.) que terminan amontonadas en casa. El Dr. Bubrick describe el patrón de hacer montañas de cosas “aquí mientras tanto”.

El niño, explica, piensa: “No estoy seguro de qué voy a hacer con eso. No sé a dónde va, así que lo pondré aquí mientras tanto”. Eventualmente, puede haber cientos de cosas en esas montañas.

Las cosas también tienen sentimientos

Parte de la razón para mantener las cosas “aquí mientras tanto” es que los niños que son acumuladores compulsivos se preocupan de que si ponen las cosas en un cajón, se olvidarán de ellas. Y eso podría disgustar a las cosas, que también tienen sentimientos. “Si algo está encerrado en un cajón”, agrega el Dr. Bubrick, “podría sentirse solo y podría extrañarme o podría extrañar a las otras posesiones”.

Algunos objetos son apreciados porque son recordatorios de una experiencia feliz. “Esta roca me recuerda la vez que fui a caminar en el parque con mi papá. O, esta caja de pizza me recuerda la fiesta de pijamas que tuve con mis amigos. Si tiro la caja de pizza, es como tirar el recuerdo”, señala el Dr. Bubrick.

Acumulación compulsiva versus coleccionar

Los expertos señalan que los niños comienzan a coleccionar cosas a una edad temprana –típicamente animales de peluche, pegatinas, coches de juguete, muñecas, figuras de acción o tarjetas– y el coleccionismo puede desempeñar un papel positivo en el desarrollo. Ayuda a los niños a aprender a categorizar, desarrollar experiencia en un tema, practicar habilidades de organización, desarrollar un sentido de control y dominio, y construir identidad. Los niños que coleccionan muestran orgullo en sus colecciones. Les gusta compartirlas con otros y hablar sobre ellas.

Los niños que acumulan compulsivamente, por otro lado, no organizan sus posesiones, y con frecuencia se sienten avergonzados o incómodos al dejar que otros vean o toquen sus cosas. Dado que su capacidad para comprar cosas está limitada por los límites de gasto de los padres, adquieren grandes cantidades de cosas que no tienen valor percibido para otras personas o que se consideran desperdicio. Y los niños que son acumuladores compulsivos a menudo no entienden por qué lo hacen.

La acumulación compulsiva está relacionada con el TOC pero, a diferencia del TOC, los niños no se sienten forzados a acumular para aliviar la ansiedad. “La sensación que tienen cuando recogen algo es una sensación de deseo. Eso se ve genial. Realmente lo quiero. O lo necesito. Esto podría ayudarme de alguna manera”, explica el Dr. Bubrick. “La ansiedad surge cuando se ven obligados a deshacerse de algo. O cuando alguien lo mueve o lo toca sin su permiso”.

¿Cuándo se desarrolla la acumulación compulsiva?

Cuando la acumulación compulsiva, que es un trastorno de ansiedad, aparece en niños de tan solo 6 ó 7 años, generalmente se presenta junto con TOC u otro trastorno de ansiedad. Los niños que solo desarrollan el trastorno de acumulación compulsiva suelen ser pre-adolescentes o mayores.

No es raro que los niños que acumulan compulsivamente sean hijos de acumuladores compulsivos. Alrededor del 50 por ciento de las personas que acumulan, de acuerdo con el DSM-5, tienen un familiar que también acumula. Cuando tratan a los niños con acumulación compulsiva, los médicos a menudo descubren que los padres cumplen con los criterios de acumulación, incluso si no han sido diagnosticados. “A veces tenemos que tratar a los padres para ayudar a los niños”, dice el Dr. Bubrick.

Tratamiento para niños que acumulan compulsivamente

El tratamiento de primera elección para la acumulación compulsiva, como ocurre con el TOC, es una forma de terapia llamada exposición con prevención de respuesta (ERP, por sus siglas en inglés). Los niños traen cosas que han estado guardando (o que han acumulado en sus bolsillos de camino hacia la terapia) y las califican en una escala de cero a 10, de acuerdo a qué tanto sienten que las necesitan. Entonces, comenzando por los menos queridos, trabajan en dejarlos ir.

Al principio, el Dr. Bubrick sugiere quedarse con los artículos elegidos en su oficina, y el niño intenta vivir sin ellos durante una semana para ver cómo se sentirá. “La mayoría de los niños, al principio, dirán: ‘¡Va a ser muy difícil! ¡No puedo hacerlo! ¡De ninguna manera!’ “Entonces, lo hacen y es difícil por un día o dos, y luego se dan cuenta de que pueden hacerlo”.

Estas exposiciones ayudan a debilitar la creencia del niño de que no puede vivir sin estas cosas. Un sistema de recompensa da a los niños puntos para que puedan adquirir algo valioso para ellos —incluida una actividad que disfrutan particularmente— si pueden deshacerse de una cierta cantidad de cosas al día.

El objetivo es desacelerar la adquisición y ayudar a los niños a comprender que un objeto puede ser atractivo o posiblemente valioso, pero aun así no es algo que deben poseer. “Esa es la diferencia entre necesidad y deseo”, señala el Dr. Bubrick. “Con los acumuladores, tenemos que agregar ‘¿Tengo espacio para eso?’ A veces haremos acuerdos con los niños que si realmente crees que quieres esto y/o que lo necesitas, entonces tienes que hacer espacio para ello al deshacerte de otra cosa”.

Sin avergonzar o juzgar

Un aspecto importante del tratamiento es que, a pesar de lo que se ve en los engañosos programas de acumulación compulsiva en televisión, los terapeutas no juzgan el valor (o la falta de valor) de lo que los pacientes recolectan. Ya de por sí hay mucha vergüenza en el trastorno de acumulación.

“Nunca diríamos, ‘¿Por qué estás guardando esto? Esto es ridículo. Solo deshazte de esto’”, señala el Dr. Bubrick,  “porque los pacientes ya saben que lo que ellos creen sobre sus posesiones no es lo que otras personas creen”. Avergonzarlos más aún no los ayudará.

El objetivo final de la terapia es que la necesidad de acumular disminuya y que los niños desarrollen flexibilidad, sean capaces de deshacerse de cosas, limitar la cantidad de cosas nuevas que adquieren y mantener sus habitaciones habitables.

Pero también ayuda si los padres son flexibles, agrega el Dr. Bubrick, “para darles a los niños algo de libertad, salvo que sean desordenados y peligrosos. Después de todo, no estamos buscando que los niños vivan en un museo”.

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