Todos queremos que nuestros hijos sean exitosos socialmente. Y, aunque no es necesario que sean los más populares de la clase, sí esperamos que tengan amigos.

Las amistades son una de las mayores fuentes de diversión en la vida de un niño, razón suficiente para valorarlas. Pero también son fundamentales para el desarrollo. Sientan las bases de habilidades para toda la vida, como escuchar a los demás, resolver problemas y expresarse. También son una fuente importante de confianza. A medida que los niños crecen, sus amistades empiezan a desempeñar un papel aún más importante en su vida emocional y personal.

Cuando los niños no tienen estas relaciones, esto puede tener un impacto grave en su estado de ánimo, su confianza y su funcionamiento. Ir a la escuela cada día puede ser una prueba. Utilizar las redes sociales puede ser deprimente. Los niños que se sienten solos a menudo se sienten rechazados, invisibles o como si algo no estuviera bien con ellos. Y los padres que observan desde la orilla se preguntan qué pueden hacer para ayudar.

Por qué los niños podrían tener problemas sociales

Es doloroso ver que su hijo no está haciendo amigos y usted no sabe por qué, o cómo ayudarlo. Le mostramos algunas posibles razones por las que un niño puede estar dejando de relacionarse con otros niños:

No entiende cómo socializar. Las reglas de la interacción social pueden parecer obvias, pero hay que aprenderlas. Y aunque la mayoría de los niños entienden las señales y los patrones sociales con tanta facilidad que lo hacen ver como si fuera automático, algunos no lo hacen y necesitan más apoyo y práctica. Esto es especialmente cierto en el caso de los niños con TDAH, autismo y trastornos de aprendizaje no verbales. Cuando un niño no entiende las expectativas de sus compañeros sobre cómo decidir a qué jugar, cómo compartir, cuándo hablar y cómo demostrar que ellos lo escuchan, le va a resultar más difícil hacer amigos.

Están ansiosos. Es común que los niños, y los adultos, sientan ansiedad cuando llegan a una nueva situación social o se integran a un grupo. Esto se manifiesta en los niños pequeños que no pueden participar en las actividades en el parque de juegos, o en las fiestas de cumpleaños que deberían ser divertidas pero que en realidad son abrumadoras. La ansiedad social es más frecuente a medida que los niños crecen. Algunos niños con ansiedad social grave pueden estar paralizados por la preocupación de que los demás los juzguen. Pueden analizar cada palabra de un mensaje de texto y preocuparse tanto por su aspecto o por lo que dicen que dejan de salir con sus amigos. Pueden sentirse tan cohibidos que incluso dejan de comer en el comedor escolar.

Están deprimidos. Uno de los principales síntomas de la depresión es la tendencia a alejarse de los demás. Aunque puede que se diviertan con sus amigos cuando salgan, un niño con depresión necesitará primero que le obliguen a salir de su habitación. Los niños deprimidos también son más propensos a interpretar las cosas de forma negativa y a asumir que los demás no quieren verlos.

No se “integran”. Para algunos niños, el problema es más ambiental. “Algo de lo que hablamos con algunos niños es la idea de ser una rosa en un jardín de tulipanes,– dice Lauren Allerhand, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute.–Así que tal vez no sea una falta de habilidades, sino que simplemente estás en un entorno en el que la gente no tiene las mismas ideas o intereses que tú, y tú simplemente tienes un verdadero desafío para encontrar tu grupo de personas”.

Son inmaduros. Los niños pueden tener dificultades para integrarse cuando son más jóvenes que sus compañeros de clase o son más lentos en madurar. Puede que aún no hayan desarrollado las mismas habilidades sociales que sus compañeros, o pueden tener intereses diferentes. A medida que los niños crecen tienden a ponerse al día, pero mientras tanto pueden sentirse confundidos y solos.

Cómo saber si su hijo se siente solo

Cuando los niños pasan mucho tiempo solos, usted puede sospechar que se sienten solos. Pero, a menos que se quejen de que no tienen amigos o que sea evidente que no están felices, los padres pueden preguntarse hasta qué punto eso les molesta.

Es posible que los niños no se ofrezcan a hablar de eso con usted. Esto ocurre sobre todo con los adolescentes, pero los niños de todas las edades pueden ser reacios a admitir lo que sienten. Podría ayudar si usted comienza la conversación hablando de momentos de su vida en los que se ha sentido solo, dice la Dra. Allerhand. “Compartir un poco puede abrir la puerta a que los niños expresen algo de lo que sienten. Pero yo no lo presionaría demasiado. Si no quiere decírselo, inténtelo de nuevo uno o dos días después”.

Otros niños, especialmente los muy pequeños y los niños en el espectro, pueden no saber cómo explicar lo que sienten. “Para las personas con autismo, a veces puede ser todo un reto comunicar sus propias experiencias. A menudo les cuesta relacionar lo que sienten y lo que experimentan con una palabra específica que otros pueden utilizar para esa experiencia”, dice Bethany Vibert, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute. Cuando se le pregunta a un niño autista si se siente solo, puede decir que no, pero si se indaga un poco más, se puede descubrir que en realidad desearía tener amigos.

Para los niños más pequeños o que tienen dificultades para identificar las emociones, puede ser útil enseñarles primero qué es la soledad. Compartir tu propia experiencia de sentirte solo también es una buena estrategia. La Dra. Vibert recomienda decir algo sencillo como: “Cuando no he visto a la gente durante un tiempo, a veces quiero pasar tiempo con alguien. Eso significa que me siento solo”. La Dra. Vibert también sugiere preguntar a los niños qué les gustaría hacer si pudieran estar haciendo cualquier cosa. Lo que tengan que decir podría darle pistas sobre lo que podrían estar perdiéndose.

Qué decir (y qué no decir)

Como padres, a menudo queremos saltar inmediatamente al modo de resolución de problemas cuando nuestro hijo tiene un problema. Pero es mejor ir más despacio y escuchar primero lo que el niño tiene que decir. Dar a los niños el espacio necesario para que se abran y se sientan escuchados les enseña que está bien hablar de sus emociones y que usted es alguien con quien pueden acudir cuando necesiten ayuda. Para los niños que puedan sentirse rechazados o invisibles, demostrar que se preocupa también será especialmente significativo para ellos. Esperar a saber más lo ayudará a ser más solidario más tarde. “Si no les damos espacio para que hablen, es posible que se nos ocurra una solución que no se ajusta al problema real”, señala la Dra. Vibert.

Estas son algunas estrategias para una buena conversación:

Haga preguntas abiertas. Por ejemplo, si su hijo dice que extraña pasar tiempo con alguien a quien veía mucho, puede preguntarle sobre eso. “¿Qué te gustaba hacer con ella? ¿Qué es lo que más extrañas de verla?”.

Haga observaciones. A veces, los comentarios son una buena alternativa a las preguntas. De tal manera que si nota que su hijo no pasa tanto tiempo con la gente como antes, puede señalarlo. Luego, dé espacio para que hable.

Valide sus experiencias. Demostrar que está genuinamente interesado es muy importante. Haga todo lo posible por escuchar sin juzgar (o sin mostrar pánico) a lo que tengan que decir. Intente también evitar reaccionar exageradamente, con demasiada simpatía o emoción, ya que eso podría hacerlos sentir aún peor. Puede demostrar que lo escucha al hacer una reflexión en voz alta lo que le está diciendo (“Parece que lo estás pasando mal”) o diciendo cosas de apoyo como “Suena difícil. ¿Podrías contarme más sobre eso?”.

Cómo ayudar a los niños que batallan socialmente

Haga un plan. Cuando algo es confuso o intimidante, suele ser útil dividirlo en pasos pequeños. Por ejemplo, si a su hijo le cuesta pedirle a alguien que pasen el rato juntos, pueden idear un plan sobre cómo hacerlo. La Dra. Vibert recomienda tener un plan A y un plan B por si acaso. “Si el niño ya se siente solo y luego se pone en una posición vulnerable para acercarse a alguien, creo que es de ayuda para un padre hacerlos que trabajen sobre lo que debe hacer si no funciona”. Tener un plan B también puede ayudar a los niños a sentirse más seguros desde el inicio.

Practique habilidades sociales. Para los niños que tienen dificultades con las habilidades sociales, intente darles muchas oportunidades para que practiquen a su propio ritmo en un entorno de apoyo. Entrene a su hijo en las cosas que le resultan difíciles, tal vez resolver conflictos, respetar los turnos o darse cuenta de que alguien está perdiendo el interés en una actividad, y pruebe a hacer juegos de rol para que adquiera experiencia. Los familiares y amigos de la familia también pueden ayudarlos a practicar con varias personas.

Dé aliento a los niños. Los niños que se sienten ansiosos o deprimidos son menos propensos a salir a la calle. “Cuando los niños dicen que quieren quedarse en casa, es un reto saber cuánto hay que presionar,– reconoce Michelle Kaplan, LCSW, trabajadora social del Child Mind Institute. –Pero, por lo general, los niños son capaces de reflexionar después que ‘Ah, eso fue un poco menos incómodo de lo que pensé’, o ‘Me divertí más de lo que pensé'”. Valide cómo se sienten los niños reconociendo que ir a ver a la gente puede ser difícil para ellos. A continuación, recuérdeles que probablemente lo pasarán bien una vez que estén allí y ofrezca mucho apoyo y elogios por hacer algo difícil.

Repase la realidad. A veces, los niños pueden tener problemas sociales porque son propensos a malinterpretar las situaciones. Esto es especialmente fácil con los mensajes de texto, los chats de grupos grandes y las redes sociales. Los niños que están deprimidos también son más propensos a interpretar las cosas negativamente, incluso cuando no está justificado. La Dra. Allerhand ha trabajado con adolescentes en el mantenimiento de relaciones y dice que es importante ayudar a los niños a “comprobar los hechos” de una situación. “Creo que muchos adolescentes se centran en sí mismos, por lo que piensan que si una relación se ha terminado, es por algo que han hecho. Pero quizá haya otras interpretaciones”. La Dra. Allerhand recomienda hablarlo: “Está bien, hace tiempo que no hablas con Juan. ¿Tienes pruebas de que está enojado contigo? ¿Podría haber otras razones por las que no han hablado?”.

En el caso de los niños que tienden a interpretar mucho las cosas de manera negativa, hacer que se den cuenta de esa tendencia y recordarles cuándo lo hacen puede ayudarlos a romper el patrón.

Busque amistades en otros lugares. Cuando los niños no se integran, puede que estén buscando en los lugares equivocados. “Tal vez hayan hecho muchos grupos deportivos antes, pero en realidad no les gusta el deporte”, señala Kaplan. Intente encontrar un grupo o actividad que les resulte más interesante. Involucrarse en algo que realmente les parezca emocionante probablemente también mejorará su confianza y su sentido de autoestima.

Muchos niños también consiguen recurrir a Internet para explorar sus propios intereses o simplemente conectarse con un grupo más amplio de niños. “Una cosa positiva que ha surgido de la pandemia es que cada vez hay más grupos virtuales para que los niños se conecten a Internet y se reúnan con otros niños que tienen intereses similares a los suyos”, dice Kaplan.

Pero si su hijo recurre a Internet, asegúrese de que esté seguro. “Los niños con autismo y discapacidades del desarrollo pueden tener más dificultades para determinar si una situación es peligrosa,– señala la Dra. Vibert. –Es muy importante que los padres no sólo se involucren, sino que sean proactivos a la hora de educar a sus hijos sobre la seguridad y el peligro en Internet”.

Cómo evaluar el tiempo de pantalla

Si le preocupa que todo lo que su hijo parece querer hacer es mirar una pantalla, tenga en cuenta que las pantallas se han convertido en una de las principales formas de interacción entre los niños. Aunque no sustituyen la socialización en persona, es posible que su hijo esté socializando más de lo que usted cree. Gracias a las redes sociales, los niños suelen estar más comunicados con sus compañeros de lo que los padres creen. Los videojuegos también pueden ser mucho más sociales de lo que parecen en un principio.

“Suelo sugerir a los padres que se sienten junto a los niños mientras juegan y traten de medir hasta qué punto se relacionan con sus compañeros,– explica Kaplan. –No haga un montón de preguntas, pero sí puede preguntar cosas como ¿Hay alguien más con quien estés jugando? ¿Quiénes son esos niños? ¿En qué están trabajando? ¿Ves a esos niños cada vez que juegas? ¿Hay niños nuevos que se unen al juego? Este tipo de preguntas puede ayudarlo a evaluar el grado de socialización”.

Algunos niños tienden a sentirse más cómodos socializando en línea y encuentran mucha satisfacción de esa manera. Pero, aunque Internet puede ser un salvavidas para los niños que tienen dificultades para integrarse de otra manera, socializar fuera de la red sigue siendo importante. Por lo tanto, si su hijo tiene dificultades para socializar en persona, es importante que hable con un profesional especializado en salud mental sobre cómo conseguir que su hijo se sienta más cómodo con otras personas.