Dado que los adolescentes experimentan a menudo cambios de humor, puede ser difícil reconocer cuándo su hijo o hija tiene depresión, y por lo tanto, cuándo podría necesitar ayuda. Lo primero que las personas suelen observar es el retraimiento, o cuando el adolescente deja de hacer cosas que solía disfrutar. Es posible que haya otros cambios en su estado de ánimo, incluida la tristeza o la irritabilidad. O en su comportamiento, incluido el apetito, el nivel de energía, los patrones de sueño y el desempeño académico. Si varios de estos síntomas están presentes, esté atento a la posibilidad de depresión.

Esto es especialmente importante porque para el momento en que los familiares y las personas que están alrededor del adolescente notan su falta de interés en la mayoría de las cosas, o lo que denominamos anhedonia, generalmente los niños ya han estado deprimidos por algún tiempo. La depresión es un trastorno de internalización, es decir, uno que afecta la vida emocional del paciente, en lugar de uno de externalización, que toma la forma de un comportamiento disruptivo o problemático. Como tal, es necesario cierto tiempo, no solo para que los demás lo reconozcan, sino también para que el propio paciente se dé cuenta de que su forma de pensar y sus respuestas emocionales están perturbadas.

Tenga en cuenta que en realidad hay dos tipos de depresión. En el trastorno depresivo mayor (la forma más familiar de depresión), los síntomas se presentan como lo que pueden ser episodios graves que tienden a durar de siete a nueve meses. Pero también hay otra forma de depresión llamada distimia, en la que los síntomas son más leves pero duran más tiempo, incluso años. De manera que, si bien la experiencia de distimia puede ser menos debilitante para el niño en un momento dado, el riesgo es que haya mayor daño acumulado, más tiempo en el que el niño se mantiene fuera del proceso de desarrollo saludable.

Por qué la intervención temprana es de suma importancia

Cuando un adolescente está deprimido, su sufrimiento no es la única razón por la que es importante buscar ayuda. Además del trastorno en sí mismo, hay efectos adicionales que pueden causar problemas de por vida. A los síntomas de la depresión se suman la baja energía y la escasa concentración, dos factores que es probable que tengan una repercusión significativa en el funcionamiento social y académico.

Es fácil ver los efectos de un mal funcionamiento académico: quedarse rezagado en la escuela debilita la confianza e imagen de sí mismo que tiene el niño y puede repercutir en su vida futura si se prolonga. Pero el aprendizaje social es tan crítico como el aprendizaje académico en la adolescencia. Las deficiencias en las habilidades sociales, no solo ponen a los adolescentes deprimidos atrás de sus pares, sino que, por sí solas, pueden agravar su depresión.

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Depresión más ansiedad

Es importante entender que un adolescente que está deprimido también puede desarrollar ansiedad, y es posible que deba ser tratado por ambos trastornos por separado. Puede que la depresión conduzca a la ansiedad: el estado mental negativo de un adolescente deprimido es idóneo para la incertidumbre. Si no se siente bien consigo mismo, no se siente confiado, seguro o protegido, la ansiedad puede encontrar un terreno fértil. También puede deberse a que las regiones del cerebro afectadas por la ansiedad y la depresión se encuentran muy próximas y se afectan entre sí.

Dos problemas graves que se asocian directamente con la depresión y la ansiedad en adolescentes son el pensamiento (o la conducta) suicida y el abuso de sustancias. El suicidio es la tercera causa principal de muerte entre adolescentes y adultos jóvenes entre 15 y 24 años, y sabemos que la mayoría de los niños que se suicidan tenían una enfermedad psiquiátrica. Los adolescentes que esconden su depresión y ansiedad de sus padres y amigos están especialmente en riesgo. Por esto, es importante estar alerta a las señales de estos trastornos (retraimiento, cambios en el desempeño escolar, hábitos de alimentación, patrones de sueño, cosas que ellos disfrutan hacer), incluso cuando los adolescentes no son comunicativos acerca de cómo se sienten.

De manera similar, la mayoría de los adolescentes que desarrollan un problema de abuso de sustancias también tienen un trastorno psiquiátrico, que incluye, con mayor frecuencia, ansiedad o depresión, lo cual es otro motivo importante para buscar tratamiento de manera oportuna.

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Tratamientos para la depresión

Afortunadamente, la intervención temprana de profesionales de la salud puede acortar el período de enfermedad y disminuir las probabilidades de perder lecciones de vida importantes.

El tratamiento más frecuente que tiende a utilizar un profesional de la salud mental es alguna forma de terapia cognitivo-conductual, y dependiendo de la edad del niño, puede incluir también capacitar a los padres. La terapia cognitivo-conductual o TCC se basa en la idea de que una persona que tiene un trastorno del estado de ánimo está atrapada en un patrón de pensamiento negativo. Los niños deprimidos tienden a evaluarse a sí mismos de manera negativa, a interpretar las acciones de otros de forma negativa y a asumir el resultado más oscuro posible de los eventos. En la TCC le enseñamos a los pacientes a desafiar esos pensamientos negativos, a reconocer los patrones y a entrenarse para evitarlos. Y en muchos casos observamos una verdadera mejoría.

Si la depresión es de moderada a severa, el tratamiento puede incluir medicamentos, como los antidepresivos. Generalmente, una combinación de psicoterapia y medicamentos funciona mejor que cualquiera de ellas por sí sola.

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