Mi hija de 16 años finalmente está llegando al último tramo de su segundo año de high school, y ha vivido con privación de sueño desde septiembre. Hay muchas razones por las cuales esto ha pasado, pero cuando añades los 45 minutos de tarea por cada clase, las actividades extracurriculares, el tiempo que se queda viendo los videos de John Green en YouTube o mandándoles mensajes a sus amigas, y una cantidad normal de postergación de sus deberes, todo esto suma a que solamente duerma entre 5 y 7 horas en una noche escolar cualquiera. Si a esto le añades el ensayo ocasional o una semana particular llena de exámenes, el promedio de tiempo que duerme baja de 3 a 4 horas.

Mi hija está lejos de ser la excepción. De hecho, muchos estudios han demostrado que la mayoría de los adolescentes están viviendo al borde de la privación de sueño severa. Según la experta de sueño, la Dra. Mary Carskadon, profesora de psiquiatría en la Brown University, y directora de cronobiología e investigaciones de sueño en el Bradley Hospital en Providence, Rhode Island, los adolescentes, de hecho, necesitan más sueño que los niños pequeños, no menos. Para estar lo más alertas que puedan, ellos necesitan un promedio de 9 horas y 15 minutos diarias. Según una investigación a gran escala en el 2010 publicada en el Journal of Adolescents Health, solamente el 8% de los estudiantes de high school duermen la cantidad de sueño recomendada. El 23% de ellos duermen seis horas en promedio durante una noche de escuela y el 10% de ellos solo duermen 5 horas.

En estudios dirigidos por la Dra. Carskadon, la mitad de los adolescentes que evaluó estaban tan cansados que manifestaban los mismos síntomas que sufren los pacientes con narcolepsia, un trastorno de sueño grave en el que el paciente se desmaya y cae directamente en la fase de sueño MOR (movimiento ocular rápido, la fase de sueño más profunda, también conocida como REM, por sus siglas en inglés).

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Cuando se toma en cuenta que muchos de estos jóvenes están conduciendo para llegar a la escuela muy temprano, el asunto del sueño se vuelve un asunto de vida y muerte literalmente.

¿Qué está pasando aquí?

¿Cuál es el fenómeno exacto que está causando que los adolescentes se estén quedando despiertos hasta tan tarde? Desafortunadamente, la biología, la tecnología y las expectativas sociales se acumulan para crear la tormenta perfecta para la privación de sueño crónica. Los factores que más contribuyen a la deuda de sueño en los adolescentes son los siguientes:

La biología

Junto con los cambios hormonales más obvios que causan que su niño madure y se vuelva un adolescente, también hay cambios en la producción de la melatonina, la hormona del sueño. Esta es la razón por la cual su hijo adolescente parece estar más alerta a media noche que a la hora de la cena, y si fuera por él, probablemente dormiría hasta las diez u once de la mañana. Tal vez a usted eso lo vuelva loco, dice el Dr. Max Van Gilder, un pediatra en Manhattan, “Así funciona el ritmo circadiano normal de los jóvenes de entre 15 y 22 años”. Efectivamente, están viviendo en un horario muy diferente al del resto de nosotros.

“Es un factor contribuyente mayor a la privación de sueño que se encuentra únicamente en la adolescencia”. Dice la Dra. Allison Baker, psiquiatra de niños y adolescentes. “La hora natural en la cual el típico estudiante de high school se duerme es más tarde que las 11 PM. Necesitamos urgentemente ajustar el ambiente que contribuye a esto en vez de pedirles que ajusten su fisiología”.

El problema se agrava aún más cuando los adolescentes, incluyendo a mi hija, tratan de recuperar las horas de sueño perdidas los fines de semana, durmiendo con frecuencia más de 12 horas los viernes y los Sábados en la noche, lo cual solo les causa más interrupciones en sus ciclos de sueño. Pero, ¿quién va a tener la valentía para despertarlos?

La tecnología

No solo es que Facebook, Twitter, Instagram, Tumblr y YouTube sean distracciones que los mantienen despiertos, también es la propia luz que emiten los dispositivos electrónicos a la que están constantemente expuestos, especialmente en las noches. Los dispositivos electrónicos emiten un brillo llamado luz azul que tiene una frecuencia particular. Cuando llega a los receptores oculares, dice el Dr. Van Golden, “Esos receptores mandan una señal al cerebro que sofoca la producción de la melatonina y previene que los jóvenes se sientan cansados. Y para empezar, los adolescentes tienen una escasez de melatonina y sus cuerpos la producen más tarde”, El Dr. Van Golden dice que, desde que los adolescentes comenzaron a hacer sus tareas en las computadoras, ha notado que las horas en las cuales se duermen se han retrasado por una hora y media más tarde. “En promedio, mis pacientes adolescentes se duermen a las 12:30 a.m. hoy en día”.

Los adolescentes que se quedan despiertos hasta tarde, terminando trabajos en las computadoras o chateando con sus amigos, efectivamente están creando un ambiente más estimulante que solamente va a causarles que no puedan irse a dormir a la hora que quieran.

La tarea escolar

Andrea Pincus y Andrew Multer dicen que consideran que una noche es buena si su hijo de 16 años, Jake Multer, un estudiante de segundo año en la Danton School en Manhattan, se duerme a las 12:30 a.m. Y hay muchas peleas a causa del asunto de la tarea y de la hora de dormir. “Nos dice que lo microgestionamos –dice Pincus. –Nos dice que somos padres helicópteros, pero ¿menciona que se ha quedado despierto hasta las 5 o 6 de la mañana terminando trabajos?”. Pincus y su marido sienten un conflicto entre decirle a Jake que se vaya a dormir y alentar que termine su tarea sin importar cuánto se tarde en ella. “Existe la ansiedad de los niños como Jake a quienes les importa mucho su trabajo escolar. Él trabaja con un grupo de compañeros muy buenos para terminar ciertas tareas, y es maravilloso que se apoyen el uno al otro, pero al mismo tiempo, también añaden al nivel de la ansiedad, ya que siempre hay uno que se está quedando despierto hasta más tarde o hasta la mañana siguiente, poniéndole más esfuerzo a un trabajo o estudiando para un examen. Y esto genera más ansiedad y competencia”.

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Sam, el hermano de Jake, un niño de 13 años en su tercer año de high school en Hunter College High School en Manhattan, se ha resignado a vivir con privación de sueño. Piensa que la hora a la que se va a dormir, entre las 11 p.m. y las 12:30 a.m., la cual es muy tarde “principalmente por la tarea”, se va a hacer más tarde a lo largo del tiempo. Dice que sus papás quieren que se vaya a dormir más temprano, pero que “reconocen que si lo hiciera, no podría terminar mi tarea, lo cual es importante tanto para ellos como para mí”. Sin embargo, Sam también admite que tiene un problema con la postergación y con la administración del tiempo, lo cual cree que está provocado por estar demasiado cansado en las tardes.´

Programar en exceso

Vivimos en una cultura que valora estar activo más que el sueño, y no hay parte de esa cultura que refuerza esa idea más que el proceso de solicitud a las universidades. A los adolescentes constantemente les decimos que sean “equilibrados”, lo que, en esta época en la que las universidades se están volviendo más y más selectivas significa que entre más hagan, más atractivas serán sus aplicaciones de solicitud. Y para algunos de ellos, puede ser que estar involucrados en muchos tipos de actividades extra curriculares sea una manera en la que puedan perseguir una diversidad de pasiones. Sea como sea, el resultado de esto es un periodo muy corto para el sueño.

Katrina Karl, de 16 años, está a punto de terminar su tercer año de high school en la Joel Barlow High School en Redding, Connecticut. Está inscrita en cinco cursos, participa en las tres producciones de teatro que su escuela monta cada año y se ofrece a hacer trabajo voluntario en la escuela media local. Encima de eso, trabaja 13 horas a la semana en una tienda de abasto para ayudarle a pagar un curso de teatro en el verano y en general, ahorrar dinero para la universidad. Este año, dice ella, fue devastador. “Me consideraba suertuda si podía dormir 4 o 5 horas cada noche”, dice. Las noches que trabajaba, no llegaba a su casa hasta después de las 9 o 10 de la noche. Y cuando llegaba, se ponía a hacer tarea durante horas. Su autobús escolar la recoge a las 6:15 a.m. y el primer periodo de su escuela empieza a las 7:20 a.m.

Karl dice que ha estado viviendo así desde la mitad de su primer año de high school. “Todos en mi escuela están agotados”, dice.

Los horarios escolares tempranos

Las escuelas que empiezan tan temprano, como la de Karl, no son poco comunes, a pesar del hecho de que están completamente en conflicto con las necesidades biológicas de los adolescentes. “Varios estudios han demostrado que los estudiantes de high school no pueden operar antes de las 9 a.m.”, dice el Dr. Van Gilder.

Cathi Hanauer, autor y editor de la antología The Bitch in the House, ha estado al frente de una batalla de 7 años para cambiar la hora de comienzo de la high school en su poblado de North Hampton, Massachusetts. “Empezó antes de que mi hija entrara a high school. Salió de la universidad hace un año. Mi hijo está en su segundo año de high school. La oposición ha sido enorme –dice– a pesar de el hecho de que el 60% de los estudiantes se están quedando dormidos en la escuela”.

Según Hanauer, toda la oposición viene de las complicaciones de los autobuses escolares y los deportes. Los mismos autobuses que se usan para los estudiantes de high school están siendo usados para los estudiantes de primaria y escuela media que empiezan más tarde. Retrasar el horario de clase de la high school significaría o que los niños más jóvenes se tendrían que levantar más temprano o que la escuela tendría que añadir más camiones escolares, lo cual no está previsto en el presupuesto escolar. También hay preocupación de que las horas de inicio de clases atrasadas van a poner en riesgo las prácticas de los equipos de deporte.

Hanauer y algunos otros padres contrataron a un consultor que diseñó un programa de autobuses asequible, y en el 2013, el consejo escolar finalmente aprobó la resolución para retrasar el comienzo de la high school entre las 8:00 y 8:30. Pero, poco después, invalidaron la decisión. “Ya estoy hasta el tope –dice Hanauer. –Es una de las cosas más frustrantes con las cuales me he involucrado”.

Con más de la mitad de los adolescentes estadounidenses viviendo con privación de sueño crónica, los padres y maestros tienden a ignorar los efectos severos de este asunto sobre la salud física, mental, y conductual de los jóvenes. La falta de sueño no es, de hecho, una parte normal de ser un adolescente. Es parte de una epidemia invisible que tenemos que empezar a abordar.