La manera de disciplinar a un niño pequeño es corrigiendo su comportamiento inadecuado en el momento y elogiando el comportamiento positivo cada vez que lo notes. Padres y madres pueden empezar por establecer sanciones lógicas ante el mal comportamiento de un niño pequeño, como hacer que tengan un tiempo fuera si se comportan de manera agresiva con un hermano. También ayuda establecer rutinas claras y decir a los niños lo que deben hacer (“usa las manos con suavidad”), en lugar de lo que no deben hacer (“¡no pegues!”).
Cómo disciplinar a niños pequeños
A medida que prueban su independencia, establecer límites y hacer que se cumplan sienta las bases para un buen comportamiento.
Experto clínico: Kristin Carothers, PhD
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Cuál es la mejor manera de disciplinar a un niño pequeño?
- ¿Cuáles son las formas más eficaces de fomentar un buen comportamiento?
- ¿Cómo responder ante un berrinche en el momento?
Lectura rápida
Es natural que los niños pequeños desafíen los límites. Así es como construyen su independencia y aprenden sobre el mundo. Los padres saben que establecer límites con los niños pequeños es fundamental para mantener su seguridad y ayudarles a aprender. Pero hacer que se cumplan las reglas y los límites con niños pequeños puede ser complicado en la práctica.
Una forma de establecer límites es crear una rutina diaria. Establece la misma hora de acostarse cada noche y el mismo horario cada día. Esto ayuda a los niños pequeños a aprender qué pueden esperar.
También es importante corregir el comportamiento no deseado en el momento en que se produzca. Suele ser más eficaz decirles a los niños pequeños qué comportamiento específico quieres ver, en lugar de decirles lo que no deben hacer. Por ejemplo, si tu hijo se comporta de manera demasiado brusca con un hermano, intenta decirle “usa tus manos suavemente”, en lugar de “no hagas eso”.
Si necesitas darle un tiempo fuera a tu hijo, es útil decirle exactamente lo que está pasando y por qué: “Le pegaste a tu hermana, así que ahora tienes que sentarte en esta silla durante tres minutos”. En el caso de niños más grandes, también puedes reforzar las normas aplicando castigos que se ajusten a su comportamiento. Por ejemplo, si salta en el sofá, la consecuencia podría ser practicar permanecer en el sillón en silencio.
Felicitar a los niños por tener un comportamiento seguro y positivo es una de las mejores maneras de fomentar ese comportamiento. Esta regla aplica incluso cuando se trata de berrinches. La idea es mostrarle a tu hijo que el buen comportamiento recibe tu atención, por eso es útil ignorar los berrinches cuando sea posible. Espera a que se calme, y luego bríndale elogios por ello.
Por último, recuerda que es saludable que los niños pequeños quieran tomar sus propias decisiones. Si le das opciones a tu hijo pequeño (a qué juego jugar, qué calcetines ponerse) le darás una sensación de control, y facilitarás que acepte tus reglas respecto a cosas más importantes.
¿Cuándo y cómo deberías empezar a disciplinar a tu hijo pequeño?
Los niños empiezan a entender lo que significa “no” alrededor de los siete meses en promedio, y una vez que pueden hablar, muchos pasan por una etapa en la que esta se convierte en su palabra favorita. Desafortunadamente, padres o cuidadores también pueden contar con que los niños pasen por una etapa en la que ignoran con singular alegría cuando les dices que no, al igual que la disciplina y otros intentos por hacerte escuchar. Esto se debe a que es natural para ellos empezar a traspasar límites, probar su independencia y tratar de explorar el mundo en sus propios términos.
Por qué es importante la disciplina
Una gran parte de la disciplina en los primeros años se trata simplemente de mantener a los niños a salvo. No tocamos el horno. No le tiramos la cola al gato. No salimos corriendo hacia la calle. Pero al establecer límites consistentes a temprana edad, los padres también están sentando las bases para un buen comportamiento en el futuro.
Establecer límites también tiene otros beneficios. Decirle a los niños qué conductas son las que quieres ver (y cuáles no quieres ver) les proporciona una sensación de seguridad, porque les recuerda que tú estás a cargo y guiándoles hacia las áreas en las que deberían estar desarrollando sus habilidades e independencia (como jugar con las tazas de té de plástico y no con las verdaderas).
Las reglas también son una manera de ayudar a los niños a que empiecen a considerar la perspectiva de otras personas, o al menos a preparar el terreno para la empatía. Los niños de dos años podrían tener conductas demasiado egocéntricas como para comprender cómo se sienten otras personas, pero pueden comenzar a aprender que compartir es algo agradable, y practicar entregándole un juguete a la abuela.
Pero, ¿cómo deberían los padres comunicar las reglas a los niños y cómo hacerlas cumplir, especialmente cuando son muy pequeños y no comprenden el concepto de consecuencias?
Establecer rutinas
Kristin Carothers, psicóloga clínica, dice que los padres probablemente ya están estableciendo límites sin darse cuenta. “Una de las maneras más naturales de crear límites es establecer rutinas para sus hijos”, dice la Dra. Carothers. “Tal vez los niños no sepan qué hora es, pero conocen la rutina de acostarse: tenemos nuestro baño, leemos nuestro libro, vamos a dormir en nuestra propia cama”. Al crear una rutina familiar, los padres enseñan a los niños qué pueden esperar a continuación, para que no haya sorpresas desagradables, al mismo tiempo que establecen un límite claro sobre cuándo comienza la hora de acostarse.
Disciplinar a los niños pequeños en el momento
Por supuesto, gran parte de la vida no está prevista, por lo que los padres necesitan estrategias para corregir el comportamiento y reforzar los límites en el momento. “Si hay una regla que quieres que los niños sigan, como no golpear, entonces eso es algo que debes corregir en el momento en que lo ves”, dice la Dra. Carothers. Aunque la forma de corregir también importa.
Los padres a menudo dicen “no hagas eso” o “no”, pero la Dra. Carothers dice que en realidad es más útil decirle a los niños lo que quieres que hagan. “Los niños saben lo que significa ‘no’, pero no necesariamente saben qué hacer después de que les decimos que no, por lo que siempre hay que asegurarse de tener una alternativa para ellos”, explica. Si les decimos “no usamos las manos para golpear; usa tus manos para acariciar”, se los dejamos claro.
En el caso de los niños que tienen alrededor de tres años, los padres podrían aplicar un tiempo fuera por algo como una conducta agresiva. La Dra. Carothers explica que el tiempo fuera es “tiempo sin recibir atención positiva”. Por lo tanto, podrías decir: “No usamos las manos para golpear. Tú golpeaste a tu hermana, así que ahora tienes que sentarte en esta silla”. “Para los niños de 1 a 3 años, el tiempo fuera no debe ser más de tres minutos. Después de que el tiempo fuera haya terminado, le puedes decir al niño lo que debe hacer a continuación: “Puedes pedirle a tu hermana el juguete”, o “puedes tocar a tu hermana suavemente”.
Los padres también pueden comenzar a establecer consecuencias naturales por la mala conducta de un niño. Por ejemplo, si un niño salta en el sofá, una consecuencia natural podría ser pedirle que practique sentarse tranquilamente en el sofá. Si un niño escribe en la pared, entonces le podrías pedir que lave la pared. Por supuesto, puede que no logre realmente limpiar la pared, pero el solo hecho de tratar de lavarla refuerza tus reglas.
Mantener expectativas realistas
En algunas situaciones, confiar en tu capacidad de responder en el momento puede que no sea suficiente. Por ejemplo, los niños pequeños pueden correr hacia la calle si ven algo interesante y no darse cuenta del peligro potencial. “No podemos esperar que un niño pequeño establezca ese límite por su cuenta”, explica la Dra. Carothers. “Por lo tanto, como padre o madre necesitas hacer la intervención opuesta”.
Cuando se trata de que tu hijo se mantenga caminando en la acera, eso significa que tú necesitas agarrar la mano de tu hijo en todo momento para mantenerle a salvo. La Dra. Carothers también anima a los padres a decir algo como: “¡Lo hiciste muy bien al sostener la mano de mamá! Gracias por mantenerte cerca de mí”, lo que le permite a tu hijo saber que este es el tipo de comportamientos que a ti te gusta ver.
Toma en cuenta lo que tu hijo puede y no puede hacer según su nivel de desarrollo. Así como caminar de manera segura en la calle puede ser poco realista, esperar que se comporte bien durante una reunión social aburrida (al menos desde su perspectiva) también lo es. “Como padres tenemos que manejar nuestras expectativas”, dice la Dra. Carothers.
Por ejemplo, los niños pequeños tienden a tener una conducta muy egocéntrica, por lo que es esperable desde el punto de vista del desarrollo se preocupen más por satisfacer sus propias necesidades que sentarse tranquilamente en la cena. Hay maneras de promover el buen comportamiento, como darles muchos elogios por sentarse en su asiento, proporcionarles cosas que hacer mientras permanecen en su silla y tomar descansos. Sin embargo, en esta etapa probablemente no es el momento de llevarles a un lugar en el que se espera que tengan modales perfectos.
Responder a las rabietas
Esta es también la etapa en que los niños comienzan a hacer berrinches. Hay algunas razones para esto. Los niños pequeños de 1 a 3 años todavía están aprendiendo a comunicarse, y sus habilidades de lenguaje no son muy sofisticadas todavía. “Un niño se podría comportar de forma agresiva a falta de un lenguaje desarrollado para comunicar sentimientos como frustración, ira o vergüenza”, explica la Dra. Carothers.
Pero un niño también podría hacer un berrinche porque se ha dado cuenta de que cuando muestra su molestia las personas tienden a responder y, en la mayoría de los casos, obtiene lo que quiere. Por eso es importante ignorar las rabietas, incluso cuando nos avergüenzan. Sucumbir a la rabieta de un niño refuerza inadvertidamente el comportamiento que le sirve para conseguir lo que quiere, y eso no es algo que quieres fomentar. En su lugar, espera a que tu hijo se calme e inmediatamente después felicítale por estar en calma.
La Dra. Carothers da un ejemplo. “Digamos que estás saliendo del supermercado y tu hijo comienza a hacer un berrinche en el estacionamiento porque quiere galletas. Le puedes decir: “Gracias por decirme que quieres galletas. A mí también me gustan las galletas. La próxima vez que vayamos a la tienda podremos comprar unas galletas”. Si tu hijo no deja de hacer berrinche, la Dra. Carothers recomienda dejar que continúe y no ceder, incluso si tienes la tentación de intervenir. Además de no querer reforzar los berrinches como una táctica de negociación efectiva, la Dra. Carothers señala: “Es bueno enseñarles a los niños que hay momentos en que obtendremos lo que queremos y momentos en los que no conseguiremos lo que queremos. Esa es una parte natural de la vida”.
Satisfacer la necesidad de control
Los niños a esta edad también se pueden portar mal porque quieren sentir más control. Y es apropiado desde el punto de vista del desarrollo que los niños comiencen a tomar más decisiones y sean más independientes, dentro de lo razonable. La Dra. Carothers está de acuerdo en que los niños deben comenzar a tomar más decisiones a medida que van creciendo, pero advierte que se deben limitar a tomar “las decisiones apropiadas al nivel de desarrollo (en inglés) que los niños pequeños de 1 a 3 años deberían poder tomar”. En otras palabras, tu hijo de dos años puede elegir qué juego quiere jugar o qué programa de televisión le gustaría ver, pero no debería decidir cuánto tiempo estará viendo televisión o si debe tomar un baño después. Esas son decisiones de las personas adultas.
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