Tan pronto como hemos guardado los disfraces de Halloween, y los dulces comienzan a acabarse, nos damos cuenta de repente de que las fiestas están llegando… CON RAPIDEZ. Los pensamientos de los regalos, pavos, tarjetas, parientes, fiestas y compras empiezan a girar vertiginosamente en nuestra mente. Y así comienza el ajetreo de las fiestas, y a menudo nos encontramos convirtiéndonos en campeones de múltiples tareas.

Pero en el apuro por conseguir todo, a menudo perdemos nuestra conexión con el momento presente, con cómo nos sentimos y en qué estamos pensando. Nos centramos tanto en el futuro que a veces nos perdemos las pequeñas cosas que hacen que la vida sea bella tal como es. Un cumplido de un extraño, una cálida sonrisa de un niño, una hermosa puesta de sol. Y nos encontramos haciendo una pausa en el Día de Acción de Gracias para recordarnos a nosotros mismos lo que agradecemos, cuando en realidad los recordatorios están ahí todos los días para que nos demos cuenta.

Contrariamente a la creencia común, una forma efectiva de hacer frente a la locura de las fiestas es REDUCIR LA VELOCIDAD y tomarse un poco de tiempo cada día para cultivar y practicar la conciencia plena. Tal vez haya escuchado hablar de este concepto, que tiene sus raíces en el budismo zen, y que recientemente se ha hecho más popular en la sociedad occidental. La investigación ha demostrado que la práctica de la conciencia plena se asocia con mejoras en el bienestar, la salud física y mental, la satisfacción en las relaciones y la concentración. Además, se ha demostrado que la práctica de la conciencia plena ayuda a reducir el estrés y las emociones negativas asociadas, como la ansiedad y la tristeza.

Entonces, ¿qué es la conciencia plena? El doctor Jon Kabat-Zinn, conocido internacionalmente por su trabajo en la introducción de la conciencia plena en la medicina y la sociedad occidentales, define el concepto como “la conciencia, cultivada mediante la atención sostenida de un modo particular: a propósito, en el momento presente y sin juzgar”. Cuando practicamos la conciencia plena, estamos centrando toda nuestra atención en el momento tal como es, dejando ir el pasado y los pensamientos dirigidos al futuro, y permitiendo que todos nuestros sentidos experimenten este momento, en el ahora.

Puede que se pregunte: “De acuerdo, entonces en un nivel práctico, ¿cómo puedo ser consciente?”. En realidad, hay infinitas oportunidades para practicar la conciencia plena durante cada día. Aquí hay algunas sugerencias para empezar:

  1. Encuentre un lugar tranquilo por unos minutos (a veces recomiendo el baño, ya que para algunas personas este es el único lugar tranquilo). Póngase en una posición cómoda para sentarse con los pies en el suelo. Cierre los ojos y concéntrese sólo en su respiración. Haga esto por unos minutos. Escuche el sonido de su respiración y note cómo se siente su cuerpo durante este tiempo. Cuando vengan corriendo a su mente pensamientos de otros momentos, reconózcalos y déjelos pasar como si estuvieran en una banda transportadora, y vuelva a centrar su atención en su respiración. Haga esto una y otra vez.
  2. Pase unos minutos cada día escribiendo cinco cosas por las que esté usted agradecido ese día.
  3. Cuando camine afuera, concéntrese en uno de sus sentidos. Por ejemplo, para la visión, fíjese en los colores de los objetos que lo rodean o para el oído, escuche los sonidos que lo rodean y etiquételos sin juzgarlos (por ejemplo: “Ese edificio es gris” u “Oigo el sonido de una bocina”).
  4. ¡Haga que los niños participen! Una de las cosas favoritas que me gusta recomendar es soplar burbujas a la antigua usanza. Hagan un juego de esto y deles la instrucción (y sígala usted mismo) para que observen en silencio las burbujas flotando por la habitación. Resistan el impulso de reventar las burbujas y vean a dónde van.

Al dedicar unos minutos cada día para estar atentos, quizás incluso más de una vez al día, podemos darnos el espacio para ponernos en contacto con nosotros mismos, para experimentar plenamente los momentos significativos que a menudo nos pasan, y para tomarnos el tiempo de practicar la gratitud por lo que tenemos en nuestras vidas. De esta manera, para cuando llegue el Día de Acción de Gracias, ¡no tendremos que hacer el esfuerzo para pensar por qué nos sentimos agradecidos! En cambio, podemos experimentar la gratitud diariamente, reducir nuestro estrés y estar más en contacto con las pequeñas cosas que hacen la diferencia.