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Agarrar al Halloween por los cuernos

Consejos para los padres de niños que no disfrutan pedir dulces.

Escrito por: Harry Kimball

Seamos realistas: Halloween puede ser un verdadero factor de estrés para los padres, y no solo para aquellos a quienes la confección de disfraces les significa sangre, sudor y lágrimas. La razón por la que soportan la angustia (por no hablar de tener que abastecer la casa con mini Snickers y Kit Kat) es la alegría absoluta que obtienen sus hijos de esta fiesta que parece hecha a la medida para la imaginación y el apetito de los más pequeños. Un experto lo explica muy bien para ABC News (en inglés):

“En primer lugar, está la emoción de disfrazarse, adoptar la personalidad de alguien o de algo y actuar como tal durante un rato. Después, sigue la exhibición ante las personas que te rodean, quienes se maravillarán por lo aterrador, feroz, bello o extraordinario que eres. Y por último, está la posibilidad de conseguir todos los Skittles y chocolates que puedas”.

Para muchos niños, Halloween es una oportunidad de ir a la ciudad y lograr importantes avances en el desarrollo, mostrar dominio sobre su entorno, probar interacciones interpersonales seguras y construir una red social.

Pero para muchos otros niños, esas mismas oportunidades se presentan como enormes desafíos. Y para sus padres… Como bien lo dijo una mamá que conocemos: “Si tienes un niño propenso a las crisis, Halloween es el escenario perfecto”. Para los niños que tienen desafíos para comportarse de forma adecuada, lidiar con las sorpresas y decepciones, seguir instrucciones, llevarse bien con sus compañeros o para resistir el impulso de consumir todo su botín de inmediato, la noche se puede salir de control.

¿Cómo pueden los padres de niños que tienen trastornos del desarrollo, trastornos de ansiedad o problemas de comportamiento disruptivo mantener la calma a lo largo de la que podría ser la fiesta más anárquica del año?

El disfraz: Para algunos niños, en especial aquellos que tienen problemas sensoriales, una prenda equivocada puede arruinar una noche maravillosa, tanto a usted como a ellos. Padres de niños con necesidades especiales, expertos (y duros como el acero) tienen una solución elegante: que usen lo que les acomode. Nada de “cascos, máscaras, pintura para la cara, material rasposo, zapatos especiales, efectos de sonido ni nada que dé miedo”, escribe Michaela Searfoorce en The Foorce (en inglés). Ellen Seidman, quien escribe en Redbook, los años de crisis y reacciones de pánico (en inglés) de su hijo Max, diagnosticado con parálisis cerebral. “Él lloraba, yo gritaba”. Y luego, una revelación:

“Haríamos Halloween a nuestra manera, con camisetas y pantalones deportivos. Esa sería nuestra tradición, tan peculiar como nuestra propia familia. Así que salimos a pedir caramelos. ¿Quiénes son ustedes?”, preguntaban los vecinos, perplejos ante mis hijos sin disfraz. Soy Sabrina”, decía Sabrina. ” ¡Hach!”, decía Max. Los mejores disfraces de la historia”.

La rutina: Si su hijo tiene problemas de interacción social debido a problemas del desarrollo o a un trastorno de ansiedad, es fundamental tener un plan de acción claro para el momento de pedir dulces (trick-or-treating). Puede ser una historia social que ayude a preparar al niño para la experiencia: qué esperar, qué se espera de él, cuál es un buen comportamiento. 

Una mamá que conocemos sugiere comer antes de salir, ir temprano para evitar el “caos” de las horas posteriores y tratar de brindarles toda la información posible sobre el programa. Si un poco de caos es inevitable (y probablemente lo sea), los niños con problemas de desarrollo probablemente se tranquilizarán al regresar a casa y retomar sus rutinas, como una hora de acostarse regular o una actividad nocturna.

O la rutina puede ser un acuerdo claro sobre quién hablará y cuándo en las puertas de los vecinos, para que los niños con ansiedad sepan qué se espera de ellos. Si decide quedarse en casa, aun así un niño podría participar desde un lugar seguro y adquirir cierta experiencia social, aunque no sea mucha. Recuerde que esta noche debe ser divertida, pero también puede ser una experiencia de aprendizaje para el niño que le permita disfrutar más plenamente en el futuro.

Las consecuencias: Una mamá que conocemos deja muy claras a su hijo las consecuencias de un comportamiento indeseable. Partiendo de la base de que la anarquía y el miedo propios del Halloween deberían traducirse en un mayor énfasis en el comportamiento (no en menos) ella se prepara para dedicar mucho tiempo antes de esa noche a explicar que, si bien habrá mucha actividad, las mismas reglas (sobre tocar, moverse) siguen siendo válidas. “Intento convencerlo de que puede acabar recibiendo un castigo o incluso irse a casa si se descontrola totalmente”, dice.

Los miedos: Los adultos pueden olvidar que hay algunos miedos reales asociados al Halloween. Por eso, mientras algunos padres se preocupan por la exposición de sus hijos a las imágenes de miedo, otros ignoran despreocupadamente el problema hasta que es demasiado tarde. Los niños pequeños que todavía tienen problemas para distinguir la fantasía de la realidad se podrían llevar un buen susto, sobre todo si tienen fobias específicas o ansiedad asociada a imágenes de Halloween, como brujas o monstruos. Y los padres no deben olvidar que los niños mayores que están entrando en la “preadolescencia” están desarrollando una mejor comprensión de la muerte, y la fiesta podría ser inquietante para ellos aunque se haya convertido en algo bastante comercial.

Lo más importante: Recuerde de qué se trata la festividad. Se supone que Halloween es divertido, pero la diversión no es obligatoria. Los padres quieren lo mejor para sus hijos, y que sus hijos sean vistos como capaces y participativos ante los ojos de sus compañeros. Pero lo que debe primar es la comodidad y la alegría de los niños. Si este no es el año para que su hijo salga de su caparazón o para que pueda manejar actividades prolongadas con sus compañeros, siempre está el año que viene.

En el blog The Raising Socially Anxious Children (en inglés), una madre describe lo que sus hijos decidieron para Halloween, un plan con el que ella estaba más que de acuerdo. Las actividades incluyen “tallar calabazas la noche anterior”, “pedir pizza para cenar”, “hacer algunas bolsas de regalos para sus amigos del barrio” y “pasar Halloween juntos en familia, calentitos y acurrucados en nuestra casa”. No es “tradicional” pero algunos niños no son “típicos”, y esta noche no es la única ni la más importante de todas. Si tanto los niños como los padres están menos ansiosos o nerviosos haciendo un Halloween a su manera, se sentirán empoderados.

La última revisión de este artículo se realizó el 31 de octubre de 2022.