Los medicamentos estimulantes pueden ser muy efectivos para reducir los síntomas del TDAH, pero algunos niños pueden experimentar efectos secundarios incómodos o nocivos. Cuando los efectos secundarios se convierten en un problema, tratamos de cambiar la dosis, la fórmula de liberación o hasta el tipo de medicamento que su hijo esté tomando. El objetivo es determinar qué le dará el mayor beneficio, con la menor cantidad de efectos secundarios.

Los problemas a los que hay que prestar atención:

  • Problemas del sueño
  • Reducción del apetito
  • Retraso en el crecimiento
  • Dolores de cabeza y de estómago
  • Efecto rebote (la irritabilidad cuando el medicamento deja de hacer efecto)
  • Tics
  • Malhumor e irritabilidad en general

Para visualizar más precisamente los efectos secundarios, tenemos que establecer cuáles de estos tenía su hijo antes de empezar a tomar los medicamentos. Por ejemplo, a algunos niños con TDAH les cuesta dormirse sin los medicamentos. Algunos niños con TDAH ya eran mañosos para comer antes de empezar a medicarse.

La identificación de los problemas preexistentes nos ayuda a no echarle la culpa a los medicamentos por causar problemas que ya estaban presentes.

Dos factores clave de los efectos secundarios

Obtener la dosis correcta es muy importante si queremos minimizar los efectos secundarios. Los medicamentos estimulantes elevan los niveles de dos químicos cerebrales, la dopamina y la noradrenalina. Si su hijo obtiene los niveles correctos de dopamina y de noradrenalina, se concentrará bastante bien, pero si estos niveles están demasiado elevados, esto le puede causar estrés cerebral, lo cual puede causar efectos secundarios negativos.

También es importante saber que hay dos grupos distintos de medicamentos para el TDAH, y cada uno tiene como base estimulantes diferentes.

  • Los medicamentos con base de metilfenidato: Ritalin, Methylin, Concerta, Metadate, Parche de Daytrana
  • Los medicamentos con base de dextroanfetamina: Adderall, Vyvanse y Dexedrine.

Algunos niños responden de manera diferente a estos dos grupos de medicamentos. Algunos, incluso, tienen reacciones distintas a fórmulas de liberación variadas, velocidad a la cual los medicamentos son absorbidos por la corriente sanguínea, del mismo medicamento. Las fórmulas de liberación rápida se absorben casi de inmediato, y el efecto dura cerca de 4 horas. Las fórmulas de liberación prolongada, las cuales son absorbidas de manera gradual, pueden durar hasta 14 horas. Por lo tanto, cuando los niños empiezan a sentir ciertos efectos indeseados, a menudo trataremos de cambiarles la fórmula de liberación o el medicamento.

Problemas del sueño

Si la medicación mantiene a su hijo despierto hasta la madrugada, puede ser porque el medicamento todavía está activo a la hora que se va a dormir. Si su hijo está tomando una fórmula de liberación rápida, puede ser que tome la segunda o tercera dosis demasiado tarde, por lo tanto, el cuerpo no ha expulsado el medicamento a la hora de dormir. Si está tomando un medicamento que dura de 12 o 14 horas, podría ser de ayuda intentar con un medicamento que no sea de liberación prolongada.

Los problemas de sueño causados por el medicamento tienden a mejorar con el tiempo, así que valdría la pena esperar de cuatro a seis semanas para ver si su hijo se ajusta.

Los problemas de sueño también pueden ser causados por un exceso de estimulación a la hora de dormir (por lo general, hacer algo en la computadora), para tratar de relajarse. Si su cuerpo ha metabolizado y expulsado el medicamento, puede ser que su TDAH lo esté manteniendo despierto.

También hay algunos medicamentos que pueden tratar los problemas del sueño: la melatonina puede ser efectiva. El Benadryl se usaba para tratar los problemas de sueño, pero causa un efecto de resaca el siguiente día y los niños no se sienten tan alertas como deberían.

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Problemas para comer

Los medicamentos de liberación prolongada pueden causar problemas de apetito. Estos medicamentos alcanzan el pico aproximadamente cuatro horas después de habérselas tomado. Algunos niños se los toman antes de desayunar y luego se dan cuenta que no tienen hambre a la hora del almuerzo.

Usted podría ayudar a su hijo alentándolo a comer cuando le dé hambre. Podría comer un buen desayuno antes de que el medicamento haga efecto y al final del día, cuando el efecto medicamento esté dejando de hacer efecto.

Si siente que esto es un problema más grave para su hijo, podría ser de ayuda si tomar descansos del medicamento durante los fines de semana, vacaciones y días festivos, o cambiar a tabletas de liberación inmediata, las cuales dejan de hacer efecto a la hora del almuerzo.

Retrasos en el crecimiento

Algunos niños, particularmente los hombres, crecen más lentamente cuando están tomando medicamentos estimulantes, especialmente durante el primer año. Pero los estudios muestran que estos mismos niños alcanzan a sus compañeros después de dos o tres años, recuperando el crecimiento que perdieron durante el primer año. Además, los niños que tomaron descansos del medicamento durante los fines de semana y las vacaciones de verano, no mostraron un retraso en su crecimiento durante el primer año.

Este efecto secundario parece no afectar a las niñas.

Náusea y dolores de cabeza

Estos problemas tienden a desaparecer después de unas semanas de empezar a tomar estos medicamentos, y se pueden minimizar tomándolos con comida y, en algunos casos, cambiando la dosis o los tiempos en los cuales se toman.

Efecto rebote

Algunos padres describen que sus hijos han tenido un “efecto rebote” (bajón). Después de que el medicamento haya dejado de hacer efecto, sus hijos se vuelven irritables y agresivos. Algunos padres me han dicho, “Sé que cada día a las 4:30 va a pasar lo mismo”.

Lo que está sucediendo es que el medicamento se está retirando de los receptores cerebrales demasiado rápido. Una manera de evitarlo, si es que es un problema, es añadiendo una dosis pequeña una media hora antes del efecto rebote para ayudar a su hijo a que el medicamento disminuya gradualmente.

Finalmente, con los niños que tienen efecto rebote, sería bueno preguntarles si algo más está sucediendo. Puede que tengan ansiedades o problemas de cambios de humor subyacentes que resurgen cuando el medicamento deja de hacer efecto. No quisiéramos ignorar otras cosas que podrían estar nublando el asunto.

Tics

Algunos niños que toman los medicamentos estimulantes pueden desarrollar tics nerviosos. En cuanto esto pase, lo primero que deberíamos hacer es probar un estimulante diferente, para ver si los otros medicamentos funcionan sin tener el efecto de los tics.

Si eso no funciona, podríamos intentar con un medicamento que no sea estimulante, el cual afectaría el cerebro de una manera distinta. Hay dos tipos que funcionan para aliviar los síntomas del TDAH (aunque no son igualmente potentes que los estimulantes), pero es menos probable que causen tics:

  • Atomoxetina (nombre de marca “Strattera”) está en una clase de drogas clasificadas como inhibidores de la recaptación de la norepinefrina. La norepinefrina es una sustancia natural cerebral que se necesita para controlar el comportamiento.
  • Clonidina (Catapres, Nexicon) y guanfacina (Tenex), clasificadas como agonistas alfa adrenérgicos. Estos medicamentos originalmente se desarrollaron para tratar la presión alta, pero en las dosis que se usan para el tratamiento de los niños con TDAH rara vez afectan la presión sanguínea.

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Cambios de humor

Cuando la dosis de un medicamento estimulante es demasiado alta para un niño, puede que el niño empiece a parecer sedado o como un zombi, o lloroso e irritable. Si esto pasa, necesitamos cambiar la dosis de la prescripción hasta que encontremos el nivel apropiado.

Pero existe un grupo pequeño de niños con TDAH que se ponen malhumorados e irritables cuando toman los medicamentos estimulantes, aunque estén tomando la mejor dosis posible. Por lo general, esto pasa justo después de que los hayan tomado, y este efecto se acaba inmediatamente después de que los dejen de tomar.

Si esto le pasa a su hijo, podemos cambiar a otro tipo de medicamento estimulante, ya que algunos niños tienen reacciones distintas a los medicamentos basados en el matilfenidato y en las anfetaminas. Si eso no funciona, se puede intentar con un medicamento no estimulante.

Claro que tenemos que tener en cuenta que los niños con TDAH pueden desarrollar depresión. De hecho, ellos tienen un riesgo más elevado de desarrollar trastornos depresivos mayores en comparación con otros niños. La buena noticia es que los dos trastornos pueden ser tratados al mismo tiempo, pero no recomendamos el tratamiento de los trastornos de humor si estos son un efecto secundario de la combinación de los medicamentos estimulantes y otros medicamentos.

Riesgo cardíaco

Había algo de preocupación en el 2005 y 2006, que estaba basada en un estudio de un conjunto de datos, que concluyó de que los medicamentos estimulantes, el Adderall en particular, aumentaba el riesgo de lo que se conoce como “muerte súbita” (o repentina). La muerte súbita cardiaca se refiere, por lo general, a gente menor de 21 años (algunos estudios dicen que esta edad más bien es de 30), que muere súbitamente de un paro cardiaco. Normalmente estos son casos de deportistas jóvenes quienes mueren en la pista o en el campo de fútbol, o en la cancha de básquetbol.

Sin embargo, cuando revisaron la evidencia y los datos del estudio, encontraron que los medicamentos no constituyen un riesgo elevado de la muerte súbita hasta los 64 años. El riesgo que constituye (tomar los medicamentos) no es más grande que (el riesgo de muerte) en la población en general.

No obstante, antes de recetar los medicamentos estimulantes a los niños, hacemos una encuesta cuidadosa de la historia cardiaca en su familia. Yo siempre pregunto si ha habido casos de muerte súbita en ambos lados de la familia, y les pido que me den la historia personal cardiaca del niño. ¿El pediatra encontró un soplo de corazón? ¿Se ha quejado el niño de dolor de pecho? ¿Se ha desmayado? Antes de recetar cualquier cosa, siempre se revisa la presión sanguínea, y, si hay algún precedente de síntomas cardiacos en la familia o si el paciente mismo tiene síntomas, entonces debería hacerse un estudio cardiaco antes de que algún médico pueda tomar la decisión de recetar un medicamento estimulante. Esas son nuestras directivas actuales.

Para resumir, la mayoría de los efectos secundarios de los medicamentos estimulantes se pueden controlar ajustando meticulosamente la dosis, el horario y dándoles a los niños un poco de tiempo para acostumbrarse a los medicamentos. En el caso de que estos efectos continúen y causen problemas serios para su hijo, tratamos de encontrar otros tratamientos.