La ansiedad y la depresión ocurren tanto en hombres como en mujeres, sin embargo, durante la adolescencia, son las mujeres las que tienen mayor riesgo que los hombres. Antes de la pubertad, la prevalencia de los trastornos del estado de ánimo en los jóvenes es casi la misma que en las jóvenes, de tres a cinco por ciento; pero a mitad de la adolescencia son ellas las que tienen el doble de posibilidad de ser diagnosticadas con trastorno del estado de ánimo, con una prevalencia del 14 a 20 por ciento, a niveles de adultos.

¿Por qué tanta disparidad en los trastornos de estado de ánimo? Al analizar los escaneos de cerebro hemos aprendido que hay diferencias en el modo en que las niñas y los niños procesan los estímulos emocionales. En términos de reconocimiento emocional, ellas maduran más rápido que ellos, y esa sensibilidad puede hacerlas más vulnerables a la depresión y la ansiedad.

Es plausible que estas diferencias que se manifiestan en la pubertad pueden rastrearse como ventajas evolutivas. Puede que las niñas estén preparadas para percibir los estímulos emocionales más temprano debido a que era una ventaja para alimentar a los bebés. En el caso de los hombres jóvenes, considerando su papel de cazadores y protectores de la tribu, la respuesta emocional podría haber sido un atributo importante que era mejor no tener.

El argumento de que las diferencias en la sensibilidad emocional vienen ya programadas es subrayado por el hecho de que, aunque la vida de las mujeres ha cambiado claramente (con muchas más mujeres viviendo una vida del tipo A: profesional, competitiva, etc.) la tasa de depresión no ha disminuido. Incluso la participación de mucho más jóvenes en los deportes y en otras actividades físicas intensas no ha reducido la tasa de depresión, aunque la actividad física es importante para el bienestar emocional y una manera eficaz de ayudar a iniciar la recuperación de alguien que está deprimido.

Síntomas de depresión en adolescentes

En la depresión de adolescentes, lo que la gente suele notar primero es que la adolescente se aparta o deja de hacer las cosas que más le gustan. Podría haber otros cambios en su estado de ánimo, incluyendo tristeza o irritabilidad. O en su comportamiento, en su apetito, nivel de energía, patrones de sueño o desempeño académico. Si varios de estos síntomas están presentes, hay que estar alerta ante la posibilidad de que la depresión aparezca.

Esto es particularmente importante porque para el momento en que los familiares y otra gente alrededor de la adolescente se den cuenta de su falta de interés en la mayoría de las cosas, o lo que denominamos anhedonia (incapacidad de sentir placer), por lo general ya habrá llevado deprimida algún tiempo. La depresión es un trastorno de la interiorización, es decir, uno que perturba la vida emocional del paciente, más que uno que lo exterioriza, que se manifiesta en forma de comportamiento disruptivo o problemático. Como tal, toma algún tiempo para que los demás la reconozcan y, con frecuencia, para que la propia paciente se dé cuenta de la perturbación de su pensamiento y de sus respuestas emocionales.

Hay que tener en cuenta que, de hecho, hay dos clases de depresión. En el trastorno depresivo mayor, la forma más común de depresión, el conjunto de síntomas que definen la depresión se produce en lo que pueden ser episodios graves que tienden a durar de siete a nueve meses. Pero también hay otra forma de depresión llamada distimia o trastorno depresivo persistente, cuando los síntomas son menores, pero duran más, a veces hasta años. Por lo tanto, si bien la experiencia de la distimia puede ser menos debilitante para la joven en un momento dado, el riesgo es que se acumulen más daños, pasando más tiempo fuera del proceso de desarrollo saludable.

Síntomas de ansiedad

La ansiedad es un sistema de adaptación normal que avisa al cuerpo cuando se está en peligro; pero se vuelve un problema cuando la situación está fuera de proporción e interfiere con la capacidad de la persona para funcionar. Una adolescente demasiado ansiosa podría dejar de hacer ciertas actividades porque está muy temerosa o ansiosa, y esta ansiedad no desaparecerá por completo tranquilizándola.

Una adolescente que ha tenido ansiedad desde la niñez pudo haberse desarrollado un estilo de vida alrededor de sus ansiedades: las actividades y entornos que ella elige y los que descarta, las amigas con las que se siente cómoda, las expectativas y límites que ha puesto en su familia, y los amigos y maestros que acepta. Por eso resulta más difícil tratar la ansiedad cuanto más tiempo una chica ha vivido con ella y ya ha desarrollado mecanismos de adaptación poco saludables para manejarla.

Por qué es esencial la intervención temprana

Cuando una niña está deprimida o ansiosa su sufrimiento no es la única razón para ayudarla.

Además de los trastornos en sí mismos existen otros efectos adicionales que podrían provocar dificultades a lo largo de la vida. Con la depresión viene una baja de energía y concentración limitada; dos factores que muy probablemente tendrán un impacto negativo en su funcionamiento social y académico.

Es fácil ver los efectos de un funcionamiento académico deficiente: el retraso académico deteriora la seguridad y autoimagen de la joven, además de que puede tener un impacto en su futuro si se prolonga. Aprender la sociabilidad es tan importante como el aprendizaje académico en la niñez y la adolescencia. Este es un momento en el que la muchacha normalmente estaría aprendiendo cosas como ser una hija, una hermana, una amiga; si sufre, ya sea de depresión o de ansiedad, ella se perderá o retrasará con toda clase de aprendizajes esenciales. Estos déficits no sólo la ponen detrás de sus pares, sino que pueden ser componentes de la depresión o la ansiedad por sí solos.

Otros trastornos

Es importante entender que a menudo la ansiedad y la depresión le ocurren a la misma adolescente, y deben ser tratadas como dos trastornos por separado. Es más probable que la ansiedad ocurra sin depresión que la depresión sin ansiedad. Puede ser que la depresión lleve a la ansiedad, pues el estado mental negativo de una adolescente deprimida se presta a la incertidumbre. Cuando uno no se siente bien consigo mismo, o con confianza, seguro o a salvo, la ansiedad podría encontrar un campo fértil. También puede ser porque las regiones del cerebro afectadas por la ansiedad y la depresión están muy juntas y se ven afectadas mutuamente.

Dos problemas serios que están directamente asociados con la depresión y ansiedad en los adolescentes son el pensamiento (o la conducta) suicida y el abuso de sustancias. El suicidio es la tercer mayor causa de muerte entre adolescentes y adultos jóvenes de entre 15 y 24 años, y sabemos que la mayoría de los jóvenes que cometen suicidio habían estado sufriendo de una condición psiquiátrica. Las adolescentes que están especialmente en riesgo son las que le esconden su depresión y ansiedad a sus padres y amigos. Es por ello que es muy importante mantenerse alerta de las señales de estos trastornos (retraimiento, cambio en el desempeño escolar, hábitos alimenticios, patrones del sueño, cosas que disfruta hacer) incluso cuando las adolescentes no comuniquen lo que sienten. Del mismo modo, la mayoría de las adolescentes que desarrollan problemas de abuso de sustancias también tienen un trastorno psiquiátrico, incluyendo más comúnmente la ansiedad y la depresión, otra razón importante para que sean tratadas a tiempo.

Otros dos problemas asociados a las adolescentes (que son más frecuentes en las niñas que en los niños) son los trastornos alimenticios y la autolesión o automutilación. Mientras que ambos pueden superponerse con la depresión, no está sustentado con investigación la suposición común de que son causados por la depresión. Las jóvenes que sufren de trastornos alimenticios a menudo no muestran signos de depresión. De hecho, con frecuencia son las adolescentes con un alto rendimiento, competitivas, que tienen una imagen de su cuerpo distorsionada, pero no síntomas de depresión. De manera similar, los comportamientos autolesivos son un tipo de mecanismo disfuncional para enfrentar situaciones difíciles en el que entran las jóvenes para aliviar el dolor emocional o el adormecimiento que han desarrollado a consecuencia de ese dolor. Puede ocurrir y verse complicado con el trastorno del estado de ánimo, pero se piensa que no es un resultado de éste. Los antidepresivos, la medicina elegida para los trastornos del estado de ánimo, por lo general no alivian los trastornos alimenticios o la automutilación; éstos se tratan de manera diferente.

Tratamientos para la ansiedad y la depresión

Afortunadamente, una participación temprana de los profesionales de la salud puede acortar el periodo de enfermedad y aumentar la probabilidad de que la adolescente no se pierda lecciones de vida importantes.

El tratamiento que es más comúnmente usado por un profesional de la salud mental es una forma de terapia cognitivo-conductual y, dependiendo de qué tan joven es la niña, puede que se requiera instruir a los padres también. La terapia cognitivo-conductual o TCC (CBT, por sus siglas en inglés) está basada en la idea de que una persona que sufre de trastornos del ánimo está atrapada en un patrón de pensamientos negativos. Las jóvenes deprimidas tienden a evaluarse a sí mismas negativamente, interpretan las acciones de los demás de forma negativa y asumen un resultado lo más oscuro posible de las cosas. Igualmente, una joven que sufre de ansiedad se ve agobiada por el miedo a resultados negativos mucho tiempo antes de que ocurran. Con la TCC enseñamos a las pacientes y las entrenamos para dejar de pensar así. En muchos casos vemos un mejoramiento real de las adolescentes con depresión y ansiedad.

Si la ansiedad o la depresión es moderada a severa, el tratamiento puede incluir antidepresivos. Tanto para la ansiedad como para la depresión funciona mejor una combinación de psicoterapia y medicamentos que cualquiera de éstos solos.