Es raro el padre que no tenga que lidiar en algún momento con los berrinches debido a la comida o, al menos, con niños que habitualmente son quisquillosos para comer. Pero los niños en el espectro autista, y por lo tanto, los padres que los alimentan, a menudo enfrentan problemas significativamente mayores y más complejos en torno a la alimentación por una variedad de razones. Stephanie Lee, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute, ha trabajado con muchas familias para abordar los problemas de alimentación que pueden experimentar los niños con autismo.

El objetivo de trabajar con niños que tienen conductas alimenticias rígidas es (eventualmente) permitir que el niño coma una variedad saludable de alimentos que esté alineada con la cultura de la familia, mientras se reduce el conflicto familiar relacionado con la comida. Comprender lo que podría estar detrás de las conductas alimenticias rígidas es el primer paso para permitir que los niños se sientan más cómodos con nuevos alimentos y hacer que la hora de comer sea más relajada para todos.

Descartando problemas gastrointestinales

Cuando un niño en el espectro autista está lidiando con problemas de alimentación, la primera acción que debe tomar el padre es llevarlo a un gastroenterólogo pediátrico que pueda descartar causas orgánicas. Los niños autistas pueden sufrir muchos de los mismos trastornos gastrointestinales infantiles que otros niños, señala el Dr. Joseph Levy, un gastroenterólogo pediátrico en el Hospital Langone de NYU que trabaja con niños autistas, pero los niños en el espectro “pueden no ser capaces de localizar o verbalizar su dolor”. Como resultado, los padres deben ser proactivos al tratar de encontrar la fuente del malestar de sus hijos. A continuación se presentan algunos de los problemas gastrointestinales más comunes que los niños pueden experimentar.

El reflujo ácido es un trastorno común de la infancia, pero en los niños en el espectro “hemos visto que los cambios de comportamiento como saltar, volverse salvaje o llorar, se correlacionan con el momento exacto en que el ácido retrocede en la garganta del niño”, dice el Dr. Levy.

El estreñimiento, causado por una dieta limitada o por retrasar el ir al baño (común entre los niños con autismo), tiene el potencial de hacer que la alimentación sea muy incómoda para un niño que se siente lleno o tiene dolor de estómago.

La esofagitis eosinofílica (EE) es un trastorno alérgico a la deglución, que hace que el niño sienta náuseas o asfixia. La EE se desencadena con frecuencia por los alimentos y puede causar dolor e incomodidad que casi con certeza darían lugar a problemas de comportamiento en niños autistas.

Los problemas con la diarrea pueden estar relacionados con la dieta del niño, pero también pueden ser causados por la mala absorción de ciertos azúcares o por el tránsito rápido a través del tracto gastrointestinal, que no permite suficiente tiempo para que las heces se vuelvan firmes.

Problemas de comportamiento a la hora de comer

Los comportamientos a la hora de comer que causan problemas a los niños autistas y sus familias pueden incluir:

Problemas sensoriales con la comida: los niños en el espectro autista a menudo expresan una fuerte preferencia por los alimentos que se sienten de cierta manera en la boca. Algunos prefieren alimentos blandos o cremosos como yogurt, sopa o helado; otros necesitan el estímulo que proporcionan alimentos crujientes como galletas, Cheetos o, si el padre es afortunado, las zanahorias. En cualquier caso, eso puede poner limitaciones significativas en los diferentes alimentos que los niños están dispuestos a comer.

Musculatura motora oral subdesarrollada: los niños que tienen una fuerte preferencia y comen casi exclusivamente alimentos blandos a medida que se desarrollan, pueden carecer del desarrollo muscular que se necesita para masticar alimentos como bistec o hamburguesa. “Se fatigan al comer esos alimentos y les resulta desagradable”, dice la Dra. Lee, quien explica que a menudo los padres que no saben que esta es la causa de la angustia de sus hijos, responden permitiéndoles renunciar a los alimentos que fortalecerán esos músculos, por lo que esto se convierte en un círculo vicioso.

Tiempo y comportamiento en la mesa: muchos padres experimentan la frustración de intentar que sus hijos se sienten en la mesa el tiempo suficiente para terminar una comida. Pero con los niños autistas, el desafío se puede magnificar. Y también está la cuestión de la seguridad. “Entonces no se trata sólo de que su hijo se quede en la mesa o en el lugar que desea que coma”, explica la Dra. Lee, sino también “¿se involucra en actos peligrosos o inseguros o comportamientos perjudiciales en el espacio en el que a usted le gustaría que coma?” Los comportamientos inseguros pueden incluir arrojar utensilios o levantarse de la mesa repetidamente y salir corriendo.

Cómo se intensifican estos comportamientos

A menudo, los padres que tienen hijos con autismo se centran en una serie de necesidades diferentes al mismo tiempo y muchas de ellas (problemas del habla, uso del baño, ubicación en la escuela, obediencia en sentido general) tienen prioridad sobre la variedad de alimentos que acepta un niño. Los problemas de alimentación se retrasan hasta que se vuelven insostenibles o hasta que los padres pueden concentrarse en ellos.

“Si el niño come 10 alimentos y esos 10 alimentos los mantienen vivos, seguros y bien, entonces los padres usarán esos alimentos por defecto”, dice la Dra. Lee. Pero ignorar estos problemas tiende a hacerlos más difíciles de resolver. Cuanto más duran estos comportamientos negativos a la hora de comer, más arraigados se vuelven y más tiempo tardan en tratarse con éxito. Eso no significa que los padres deban rendirse, solo que el proceso probablemente tomará más tiempo y requerirá más persistencia y paciencia por parte de todos.

Técnicas para abordar problemas a la hora de comer

Las técnicas para abordar diversos problemas de comportamiento a la hora de comer son similares, pero deben desglosarse en pasos manejables. A continuación hay una guía práctica que ayudará a los padres y a sus hijos a alcanzar sus objetivos y reducir el estrés a la hora de comer.

Priorizar: con demasiada frecuencia, los padres intentan abordar todos los comportamientos a la hora de la comida al mismo tiempo. Eso es un error y solo hace que tanto los niños como los padres se sientan abrumados y se rindan. Cuando la Dra. Lee trabaja con familias, les pide que prioricen sus objetivos. ¿Está tratando de aumentar el número de alimentos que comerá su hijo? ¿La cantidad de porciones que comen? ¿O está buscando que se siente a la mesa de manera menos disruptiva? Los padres deben identificar su objetivo principal.

Comience con algo pequeño: no importa cuál sea el objetivo, es importante comenzar con pasos pequeños. Por ejemplo, al probar un nuevo alimento con un niño, la Dra. Lee comenzará con una cantidad minúscula, tan pequeña que el niño ni siquiera podrá saborearla. Si el objetivo inicial era simplemente probar la comida, una vez que el niño pruebe la mordida, la Dra. Lee ofrecería un elogio significativo y podría considerarlo como la mordida de prueba del niño como diciendo “no gracias”. Es decir, la Dra. Lee afirma: “usted le dice “muerde y luego dices “no, gracias” con calma, y no tienes que volver a comerlo por el resto de la comida”.

No abuse de su suerte: si un niño ha estado sentado en la mesa durante 10 minutos y ese es el objetivo, los padres a menudo querrán presionar para que dure un poco más. Eso es un error. “A veces, sentimos ya que lo están haciendo bien, vamos a extenderlo otros 10 minutos”, dice la Dra. Lee. “Pero en realidad, esos 10 minutos adicionales pueden resultar en que la comida termine de una manera menos exitosa”. Especialmente para los niños que han estado teniendo dificultades a la hora de comer, es importante que comiencen a construir experiencias exitosas para ayudarlos a cambiar su actitud hacia la alimentación y hacia la hora de comer.

Acepte a su hijo en el punto en el que está: si su hijo actualmente no está comiendo ninguno de los alimentos que pone delante de él, probablemente no sea una buena idea comenzar con el objetivo de que se coma todo lo del plato. Los padres deben tener expectativas razonables comenzando por aceptar dónde se encuentra su hijo actualmente con respecto a los comportamientos a la hora de comer.

Deje sus expectativas claras: su objetivo, cómo va a terminar la comida y lo que constituye el “éxito” deben ser claros para los padres, los cuidadores y su hijo. Hay maneras de hacer que las expectativas sean más fáciles de entender para los niños, como usar un reloj con alarma que cuente los minutos que se espera que el niño permanezca en la mesa.

Acumule los elogios: elogiar a su hijo por cada aspecto del progreso es clave, explica la Dra. Lee. Y los elogios vienen en diferentes formas:

  • Los elogios generales: estos se tratan de decirle a su hijo cosas como “buen trabajo”, “sigue así”, o hacer gestos de aprobación con la mano.
  • Los elogios etiquetados: estos se tratan de decirle a su hijo exactamente qué fue lo que le gustó de su comportamiento. Los ejemplos de elogios etiquetados incluyen declaraciones como: “Gracias por sentarte en silencio en la mesa”, “me encanta que probaste esa nueva comida”, “buen trabajo al quedarte sentado en la mesa con el tenedor”, “gracias por poner tu plato en el fregadero”. El elogio etiquetado es especialmente importante ya que refuerza los comportamientos positivos que los padres están tratando de inculcar.
  • Proporción de cinco a uno: es un desafío, pero la Dra. Lee dice que la regla general para la hora de la comida debería ser que, por cada dirección o amonestación dada, el padre o el cuidador deben darle al niño cinco “porciones” de elogios. Y, dice la Dra. Lee, “no debería ser arbitrario. Queremos que los padres elogien de una manera realmente significativa y genuina: “¡Gracias por venir a la mesa!”, “¡Buen trabajo al comenzar de inmediato!”, “¡Buen trabajo pidiendo más comida!”; ese tipo de cosas”.

Sea coherente, persistente y paciente: tenga en cuenta que la mayoría de los niños e incluso adultos tienen numerosas exposiciones a un alimento nuevo, de siete a 12 veces dice la Dra. Lee, antes de que alguien pueda saber realmente si les gusta o no algo. Por lo tanto, ser persistente y paciente es realmente importante. “El hecho de que los niños digan que no les gusta una vez, no significa que no les va a gustar nunca”, dice. “Entonces, nos estamos asegurando de volver a intentar esas cosas”.

Cómo manejar los berrinches: no espere que su hijo cambie los comportamientos que ha tenido por largo tiempo hacia la comida sin pelear. Es de esperar una cierta cantidad de resistencia (agresión verbal o conductas disruptivas, quejas o llantos). Pero eso no significa que no estés progresando. La Dra. Lee enseña a los padres a practicar el “ignorar planificado”, una técnica que implica ignorar intencionalmente un comportamiento siempre que no sea inseguro.

Mantenga un diario de alimentos: en la medida de lo posible, los padres y otros cuidadores deben mantener un registro escrito de lo que come el niño en cada comida para que ellos (y el médico del niño) puedan realizar un seguimiento del progreso que se está haciendo y dónde continúan apareciendo desafíos. Tener un registro que pueda ver a través del tiempo hace que sea mucho más fácil ser paciente, y ayuda a todos a mantenerse en el camino correcto.

Lleve un diario de las deposiciones: lo que entra tiene que salir de alguna forma y con cierta regularidad, por lo que la Dra. Lee sugiere que los padres, los cuidadores e incluso los maestros mantengan un registro escrito de las deposiciones del niño. Si el estreñimiento crónico parece ser un problema, una visita al pediatra o incluso a un gastroenterólogo es probablemente una buena idea. “A menudo, los niños con autismo tienen más probabilidades de tener problemas para ir al baño que implican retener las heces, lo que puede hacer que un niño se sienta menos cómodo al comer”, dice la Dra. Lee. Además, si su hijo come muchos carbohidratos y no muchos vegetales que los moverán, los niños pueden verse afectados. Los padres deben consultar con su pediatra o un médico gastroenterólogo de inmediato si esto les preocupa.

Modele un buen comportamiento a la hora de comer: muchas veces los niños prestan más atención a lo que modelamos que a lo que les decimos. “Si le dice a sus hijos que es realmente importante comer una dieta equilibrada, pero en realidad no está modelando eso”, dice la Dra. Lee, “es poco probable que desarrollen esos hábitos positivos que está buscando”. Entonces, intente cosas nuevas usted mismo, haga su mejor esfuerzo para disfrutar la hora de la comida sin distracciones como teléfonos o televisión, y esas conductas probablemente tendrán un efecto positivo en su hijo.