El tiempo fuera ha sido una técnica para manejar los problemas de conducta durante décadas, y es un elemento básico de muchos programas de entrenamiento para padres. La mayoría de los pediatras lo recomiendan como una forma de frenar comportamientos negativos que pueden ir desde las contestaciones hasta la agresión física. Las investigaciones indican que cuando se emplea correctamente (junto con otras técnicas que equilibran el afecto y la estructura), el tiempo fuera es efectivo y no causa daño.

Sin embargo, en los últimos años, el tiempo fuera ha recibido críticas que argumentan que la experiencia puede ser aislante y hacer que los niños se sientan abandonados en momentos de crisis emocional, lo que conduce a más conflictos de poder en lugar de enseñar a los niños a regular sus emociones. Los críticos del tiempo fuera alientan el “tiempo dentro” como una alternativa más enriquecedora, en la que el cuidador empatiza con el niño que está atravesando una crisis y lo hace sentir escuchado mientras se tranquiliza.

Ambos enfoques son valiosos y no tienen por qué estar reñidos entre sí, dice David Anderson, director principal del Center for ADHD and Behavior Disorders del Child Mind Institute. “Queremos dar a los padres una caja de herramientas que les permita ser estructurados y afectuosos”.

El debate sobre el tiempo fuera

El tiempo fuera ha sido una herramienta popular desde que el psicólogo conductista Arthur Staats acuñó el término y probó su efectividad en los cincuenta. Creado en parte como una alternativa al castigo corporal que era popular en esa época, el tiempo fuera saca a los niños de la actividad en la que están involucrados (por un período muy breve) si se portan mal. La idea es que muchas conductas son alimentadas por la atención, por lo que al retirar la atención al comportamiento negativo los padres pueden, con el tiempo, eliminarlo.

Pero un artículo publicado en 2014 en la revista Time titulado Time-Outs’ Are Hurting Your Child (“Los tiempos fuera están dañando a su hijo”) causó un gran revuelo y generó una fuerte reacción contra la técnica. Los autores, los doctores Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson, escribieron: “En la mayoría de los casos, la principal experiencia que ofrece un tiempo fuera a un niño es el aislamiento. Incluso cuando se les presenta de manera paciente y cariñosa, el tiempo fuera les enseña que cuando cometen un error, o cuando lo están pasando mal, se verán obligados a estar solos, una lección que a menudo se experimenta, sobre todo en los niños pequeños, como un rechazo”.

Los autores sostienen que además de provocar que los niños se sientan aislados, los tiempos fuera son a menudo ineficaces y dejan a los niños más enojados que antes.

El artículo hace referencia a estudios de neuroplasticidad que demuestran que el dolor relacional (es decir, el rechazo) puede tener un aspecto similar en las imágenes cerebrales al del dolor físico (por ejemplo, al golpearse el dedo del pie). Sin embargo, un subtítulo añadido por los editores de Time afirmó incorrectamente que es equivalente al abuso físico.

Poco después de la publicación del artículo, Siegel y Bryson aclararon gran parte de la confusión, afirmando que los editores de Time habían malinterpretado lo que decían y que no se oponían al tiempo fuera cuando se utilizaba correctamente, y de hecho expresaron su aprobación de la técnica.

“El uso ‘apropiado’ de los tiempos fuera requiere descansos de la interacción que sean breves, poco frecuentes y previamente explicados, y que además sean utilizados como parte de una estrategia de crianza bien pensada que después es seguida por una retroalimentación positiva y la conexión con uno de los padres”, aclararon. “Esto no solo parece razonable, sino que es un enfoque general que ha sido respaldado por la investigación como útil para muchos niños”. Sin embargo, a pesar de la aclaración, el daño ya estaba hecho.

Ignorar la conducta problemática

Uno de los elementos clave del tiempo fuera es la suspensión de la atención y la estimulación, y algunos imaginan que esto es equivalente al confinamiento en solitario. Sin embargo, como aclara el Dr. Anderson: “No estás ignorando al niño, estás ignorando el comportamiento. Es la suspensión prudente de la atención para ayudar a que un cierto comportamiento se extinga. No se trata de ignorar al niño y abandonar la habitación cuando están haciendo algo que no te gusta”.

Tratar de tener una conversación o “tiempo dentro” con el niño en el momento en que se está portando mal puede llevar a una discusión, señala el Dr. Anderson. Es probable que el niño invente excusas, y antes de que usted se dé cuenta, esté muy lejos del objetivo original de disminuir la probabilidad de que el niño repita ese comportamiento. Además, “no todos los comportamientos requieren una conversación”, señala. Especialmente para los comportamientos repetidos, un tiempo corto de espera es suficiente. “Usted querrá que el niño vuelva a tener un comportamiento apropiado lo antes posible, en lugar de hacerle sentir que la conversación es un castigo adicional al tiempo de descanso”, señala.

Cómo usar el tiempo fuera

Los padres utilizan el tiempo fuera de diferentes maneras y para una variedad de faltas, dice Matthew Rouse, psicólogo clínico del ADHD and Behavior Disorders Center del Child Mind Institute. “Algunas personas realmente lo encuentran efectivo como herramienta y pueden utilizarlo para algo como el lenguaje grosero, o hay otros padres que prefieren otras estrategias y solo lo reservan en caso de golpes o agresión”.

Si decide utilizar el tiempo fuera, debe seguir algunas pautas:

  • Que los descansos de interacción sean lo más breves posible (algunos aconsejan 1 minuto por año de edad mientras que otros aconsejan que sean 3 minutos como máximo).
  • Deje claro cuál fue el comportamiento que llevó al tiempo fuera.
  • Use los tiempos fuera con moderación, no ante cada pequeña falta.
  • Pero también úselos de manera consistente. Si está tratando de frenar un determinado comportamiento, úselo cada vez que ocurra.
  • Dele a los niños la oportunidad de enmendar su comportamiento cuando regresen del tiempo fuera.
  • El tiempo fuera es mejor para los niños de entre dos y ocho años.

El equilibrio es la clave

Cuando se habla del uso apropiado del tiempo fuera, es importante reiterar que los tiempos fuera son solo una de las muchas herramientas a implementar, señala el Dr. Anderson. La crianza exitosa es un equilibrio entre el cuidado afectuoso y la estructura, añade, ya que ambos ayudan a sus hijos a desarrollar rasgos importantes como la autoestima positiva y la capacidad de respetar los límites. También es crucial modelar el comportamiento que le gustaría ver en sus hijos. No es realista esperar que regulen sus emociones si usted no demuestra que tiene buenas estrategias para lidiar con el estrés.

Y la principal manera de forjar un buen comportamiento, dice, no es abordando el comportamiento negativo después del hecho, sino “elogiando la conducta positiva a medida que se produce”.

Idealmente, dice el Dr. Anderson, los padres deberían “establecer expectativas claras, hacer saber al niño cuándo ha hecho lo correcto o cuándo una situación ha desencadenado un problema de conducta, y tener buenas discusiones que le enseñen las habilidades que podría necesitar para enfrentar situaciones similares en el futuro”.

Sea consistente

Una de las cosas más importantes que hay que reiterar cuando se habla de tiempo fuera (o de cualquier estrategia conductual) es que la consistencia es un elemento crucial, ya que es poco probable que el comportamiento cambie después de únicamente un intento por corregirlo.

“Si usted quiere enseñar a un niño lo que no debe hacer, especialmente si el comportamiento que está tratando de mostrar es interesante para el niño, lo más probable es que se necesitarán múltiples intentos”, dice el Dr. Anderson. “Lo que pueden lograr las consecuencias apropiadas para el desarrollo, como el tiempo fuera o la eliminación de un privilegio,  es disminuir gradualmente la posibilidad de que el comportamiento ocurra. El trabajo conductual es una inversión a largo plazo, no una solución de una sola vez”.

El Dr. Rouse está de acuerdo, y también dice que no se castigue a sí mismo si no es 100% consistente. “Si lo hace la mayoría de las veces servirá, pero puede ir más despacio sobre todo si es consistente”, señala. Hacer algo es mejor que nada, así que no se rinda.

Además, y esto puede ser algo difícil de digerir, cuando se trata de erradicar un comportamiento, las cosas podrían empeorar antes de mejorar. “Al establecer nuevos límites —explica el Dr. Anderson— existe la tendencia de empujar contra ellos. Y lo que eso significa es que en el proceso de establecer límites a su hijo, su comportamiento tenderá a empeorar durante un breve periodo de tiempo, porque el niño se enfrentará a esos nuevos límites. Eso significa que la estrategia está funcionando”.

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