Los tiempos fuera pueden ser castigos apropiados si se aplican bien. Los tiempos fuera deberían ser pausas en la interacción, que se lleven a cabo con poca frecuencia y hayan sido explicadas previamente. Una vez finalizado el tiempo fuera, la niña o el niño debería recibir una retroalimentación positiva y la atención de sus cuidadores. Si no se utilizan de manera correcta, los tiempos fuera pueden hacer que niñas y niños sientan aislamiento y aumente su enojo.
¿Es el tiempo fuera perjudicial para niñas y niños?
Esta técnica disciplinaria ampliamente recomendada tiene también sus detractores. Conoce las ventajas y desventajas de los tiempos fuera.
Experto clínico: Dave Anderson, PhD
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Son perjudiciales los tiempos fuera?
- ¿Qué es un "tiempo fuera"?
- ¿Qué hace que un tiempo fuera funcione?
Lectura rápida
La mayoría de las familias han utilizado los tiempos fuera como castigos cuando su hija o hijo se porta mal. Pero quienes piensan que los tiempos fuera son castigos que hacen que niñas y niños se tengan que enfrentar a sus emociones difíciles sin ayuda. En cambio, prefieren el “tiempo dentro”, es decir, cuando madres y padres les demuestran su amor y les hacen sentir bien mientras se tranquilizan.
Ambos pueden ser útiles para las familias en diferentes momentos. La idea que subyace a los tiempos fuera es que cuando niñas y niños dejan de recibir atención por su mal comportamiento, es menos probable que lo vuelvan a hacer. Al retirarles la atención, aprenden que con un berrinche no van a conseguir lo que quieren. Especialistas afirman que los tiempos fuera no son perjudiciales.
Para que el tiempo fuera sea un éxito, debe ser lo más breve posible. Una regla es un minuto por cada año de edad de la niña o niño. Hay especialistas que dicen que el máximo debería ser de solo 3 minutos. Los tiempos fuera son más útiles en el caso de niñas y niños entre 2 y 8 años. Niñas y niños tienen que saber exactamente lo que provocó el tiempo fuera, y este debe ocurrir cada vez que se produzca el comportamiento. Un tiempo fuera debe terminar con un abrazo de su madre o padre.
Intentar mantener una conversación o un “tiempo dentro” con l niña o niño en el momento en que se está portando mal puede conducir a discusiones. Suele ser más útil hablar de lo sucedido en otro momento, y pensar conjuntamente en otras formas de manejar los sentimientos intensos, cuando la niña o niño se haya tranquilizado. Y lo que es aún más importante es llenar de elogios a tu hija o hijo cuando se porta bien. Por último, es esencial que las familias sepan que los cambios de comportamiento no se producen de la noche a la mañana. Requiere tiempo y probablemente habrá contratiempos a lo largo del camino. Eso es estresante para madres y padres, pero si te apegas al plan, las cosas mejorarán.
Los tiempos fuera son una técnica que se ha utilizado por décadas para manejar problemas de conducta, y es un elemento básico de muchos programas de capacitación para madres y padres. Es recomendada por una gran cantidad de pediatras como una forma de detener comportamientos negativos que pueden ir desde las contestaciones hasta la agresión física. Las investigaciones indican que utilizada de forma correcta (junto con otras técnicas que equilibran afecto y estructura), los tiempos fuera son efectivos y no causan daño (en inglés).
Sin embargo, en los últimos años, los tiempos fuera han recibido críticas que argumentan que la experiencia puede ser aislante y provocar una sensación de abandono en niñas y niños en momentos de crisis emocional, lo que conduce a más conflictos de poder en lugar de enseñarles a regular sus emociones. Quienes critican los tiempos fuera promueven lo que llaman los “tiempos dentro” como una alternativa más enriquecedora, en la que las y los cuidadores empatizan con la niña o el niño que está atravesando una crisis y le hacen sentir que sus necesidades son escuchadas mientras se va tranquilizando.
Ambos enfoques son valiosos y no tienen por qué ser excluyentes entre sí, dice David Anderson, PhD, psicólogo clínico del Child Mind Institute. “Queremos dar a madres y padres una caja de herramientas que les permita educar de forma estructurada y a la vez afectuosa”.
El debate sobre el tiempo fuera
Los tiempos fuera han sido una herramienta popular desde que el psicólogo conductista Arthur Staats acuñó el término y probó su efectividad en los años cincuenta. Creado en parte como una alternativa al castigo corporal que era popular en esa época, el tiempo fuera saca a niñas y niños de la actividad en la que están participando (por un período muy breve) en el caso de que se estén portando mal. La idea es que muchas conductas son alimentadas por la atención, por lo que al retirar la atención al comportamiento negativo madres y padres pueden, con el tiempo, eliminarlo.
Pero un artículo publicado en 2014 en la revista Time titulado Time-Outs’ Are Hurting Your Child (en inglés) causó un gran revuelo y generó una fuerte reacción contra la técnica. Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson, autores del artículo, escribieron: “En la mayoría de los casos, la principal experiencia que ofrece un tiempo fuera a una niña o niño es el aislamiento. Incluso cuando se presenta de manera paciente y afectuosa, el tiempo fuera les enseña que cuando cometen un error o están pasando por un momento difícil, se les obligará a estar a solas, una lección que con frecuencia se experimenta como rechazo, en especial en el caso de niñas y niños de menor edad”.
También sostienen en su artículo que además de provocar una sensación de aislamiento, los tiempos fuera son a menudo ineficaces y al final hacen que niñas y niños sientan más enojo que antes.
El artículo hace referencia a estudios sobre neuroplasticidad que muestran que el dolor relacional (es decir, el rechazo) se puede ver en las imágenes cerebrales de manera similar al dolor físico (por ejemplo, golpearse un dedo del pie). Pero un subtítulo agregado por el equipo editorial de Time afirmó incorrectamente que esto equivale a abuso físico.
Poco después de la publicación del artículo, Siegel y Bryson aclararon gran parte de la confusión, al afirmar que los editores de Time habían malinterpretado lo que dijeron y que no se oponían a los tiempos fuera cuando se utilizaban de forma correcta, y de hecho expresaron su aprobación hacia la técnica.
“El uso ‘apropiado’ de los tiempos fuera requiere descansos de la interacción que sean breves, poco frecuentes y previamente explicados, y que además sean utilizados como parte de una estrategia de crianza bien pensada que después se acompañe de una retroalimentación positiva, así como de tiempo de conexión con la madre o el padre”, aclararon. “Esto no solo parece razonable, sino que es un enfoque general que ha sido respaldado por la investigación como útil en muchos casos”. Sin embargo, a pesar de la aclaración, el daño ya estaba hecho.
Ignorar la conducta problemática
Uno de los elementos clave del tiempo fuera es la suspensión de la atención y la estimulación, y hay quienes imaginan que esto es equivalente a un confinamiento en solitario. Sin embargo, como aclara el Dr. Anderson: “No estás ignorando a la niña o el niño, estás ignorando el comportamiento. Se trata de retirar la atención de forma estratégica para contribuir a extinguir determinado comportamiento. No se trata de ignorar a la niña o el niño y abandonar la habitación cuando están haciendo algo que no te gusta”.
Tratar de tener una conversación o “tiempo dentro” con la niña o el niño en el momento en que se está portando mal puede llevar a una discusión, señala el Dr. Anderson. Podría inventar excusas, y antes de que te des cuenta, estar muy lejos del objetivo original de disminuir la probabilidad de que repita ese comportamiento. Además, “no todos los comportamientos requieren una conversación”, señala. Especialmente en el caso de comportamientos repetidos, un tiempo corto de espera es suficiente. “Lo que quieres es que la niña o el niño vuelva a tener un comportamiento apropiado lo antes posible, en lugar de hacerle sentir que la conversación es un castigo adicional al tiempo de descanso”, señala.
Cómo usar el tiempo fuera
Las familias utilizan los tiempos fuera de diferentes maneras y para una diversidad de faltas, dice Matthew Rouse, PhD, MSW, psicólogo clínico. “Algunas personas realmente lo encuentran efectivo como herramienta y puede que lo utilicen en el caso de lenguaje grosero, o hay personas que prefieren otras estrategias y solo lo reservan en caso de golpes o agresión”.
Si decides utilizar los tiempos fuera, hay algunos lineamientos que es importante seguir:
- Haz que sean lo más breves posible (hay quienes aconsejan 1 minuto por año de edad mientras que otras personas aconsejan que sean 3 minutos como máximo).
- Deja claro cuál fue el comportamiento que llevó al tiempo fuera.
- Usa los tiempos fuera con moderación, no ante cada pequeña falta.
- Pero también úsalos de manera consistente. Si estás tratando de detener un determinado comportamiento, úsalo cada vez que ocurra.
- Dale a niñas o niños la oportunidad de enmendar su comportamiento cuando regresen del tiempo fuera.
- El tiempo fuera es mejor en el caso de niñas y niños entre dos y ocho años.
El equilibrio es la clave
Cuando se habla del uso apropiado del tiempo fuera, es importante reiterar que los tiempos fuera son solo una de las muchas herramientas a implementar, señala el Dr. Anderson. La crianza exitosa es un equilibrio entre cuidado afectuoso y estructura, añade, ya que ambos ayudan a tu hija o hijo a desarrollar características importantes como la autoestima y la capacidad de respetar los límites. También es crucial modelar el comportamiento que te gustaría ver en tu hija o hijo. No es realista esperar que regulen sus emociones si tú no demuestras que tienes buenas estrategias para manejar el estrés.
Además, la principal manera de forjar un buen comportamiento, dice, no es abordando el comportamiento negativo después del hecho, sino “elogiando la conducta positiva a medida que se produce”.
Idealmente, dice el Dr. Anderson, madres y padres deberían “establecer expectativas claras, hacer saber a sus hijas e hijos cuándo han hecho lo correcto o cuándo una situación ha desencadenado un problema de conducta, y tener buenas conversaciones que le enseñen las habilidades que podría necesitar para enfrentar situaciones similares en el futuro”.
Sé consistente
Una de las cosas más importantes que hay que reiterar cuando se habla de tiempos fuera (o de cualquier estrategia conductual) es que la consistencia es un elemento crucial, ya que es poco probable que el comportamiento cambie después de únicamente un intento por corregirlo.
“Si quieres enseñar a una niña o niño lo que no debe hacer, especialmente si el comportamiento que estás tratando de evitar es interesante para ella o él, lo más probable es que se necesitarán múltiples intentos”, dice el Dr. Anderson. “Lo que pueden lograr las consecuencias apropiadas para el desarrollo, como el tiempo fuera o retirar algún privilegio, es disminuir gradualmente la posibilidad de que el comportamiento ocurra. El trabajo conductual es una inversión a largo plazo, no una solución de una sola vez”.
El Dr. Rouse está de acuerdo, y también dice que no te castigues si no eres 100% consistente. “Si lo haces la mayoría de las veces servirá, pero puedes ir más despacio sobre todo si eres consistente”, señala. Hacer algo es mejor que nada, así que no te rindas.
Además, y esto puede ser algo difícil de digerir, cuando se trata de erradicar un comportamiento, las cosas podrían empeorar antes de mejorar. “Al establecer nuevos límites —explica el Dr. Anderson— existe la tendencia a empujar contra ellos. Y lo que eso significa es que en el proceso de fijar límites a tu hija o hijo, su comportamiento tenderá a empeorar durante un breve periodo de tiempo, porque se enfrentará a esos nuevos límites. Eso significa que la estrategia está funcionando”.
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