Aproximadamente el 10 por ciento de la población escolar, entre 9 y 13 millones de niños, enfrentan problemas de salud mental. En un salón de clases típico de 20 niños hay muchas posibilidades de que uno o dos estudiantes estén lidiando con factores estresantes psicosociales graves relacionados con la pobreza, la violencia doméstica, el abuso y la negligencia, el trauma o un trastorno psiquiátrico.

Estos niños son los estudiantes que representan los mayores desafíos en nuestras aulas actualmente.

Sus problemas de salud mental hacen que les sea difícil manejar sus emociones y concentrarse en el aprendizaje. A menudo carecen de las habilidades básicas necesarias para regular sus comportamientos, y algunas veces incluso para reconocer sus propias acciones. Pueden ser inflexibles y tener arrebatos sin motivo aparente, lo que interrumpe la rutina diaria en el aula.

Pueden estar desconectados socialmente o ser dependientes, somnolientos o irritables. Pueden desafiar al personal escolar repetidamente y discutir incesantemente. Son los estudiantes que mantienen despiertos a los administradores por la noche y aquellos que los maestros temen tener en sus clases. Muchas de sus historias son desgarradoras.

El personal escolar de hoy está bajo una enorme presión para mostrar el progreso de cada uno de los estudiantes cada año. Pero están en un aprieto. Un niño que tiene un comportamiento negativo puede descarrilar una lección por completo. Las encuestas muestran que lidiar con estudiantes disruptivos es el problema número uno de los maestros.

Nuestra experiencia trabajando en las escuelas nos ha enseñado que para ser efectivos y ayudar a cada estudiante a alcanzar su potencial, los maestros necesitan un nuevo enfoque que les permita comprender con claridad qué impulsa el comportamiento de los estudiantes. Los maestros también necesitan una variedad de estrategias que les permitan intervenir de manera efectiva antes de que el comportamiento esté arraigado.

Comprender los siguientes conceptos clave ayuda a los maestros a elegir cómo intervenir mejor ante el comportamiento problemático de los estudiantes:

La mala conducta es un síntoma

[fbshare “Si el estudiante muestra un comportamiento problemático, es un síntoma de una habilidad poco desarrollada”.]

Un estudiante se portaría bien si pudiera. Si el estudiante muestra un comportamiento problemático o inadaptado, esto es un síntoma de una habilidad que está poco desarrollada. Cuando los estudiantes explotan o se portan mal, es una señal de que se encuentran atascados y no pueden hacer frente a la situación. Algunos pueden ser demasiado sensibles al estrés y tener una respuesta hiperactiva de lucha o huida. Otros pueden carecer de las habilidades sociales básicas que se necesitan para manejar una interacción con un compañero, la flexibilidad para seguir una exigencia como “limpiar después de la merienda” o la autorregulación para soportar una tarea que produce ansiedad.

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El comportamiento es comunicación

Aunque el comportamiento de los estudiantes puede parecer extraño o disruptivo, sus acciones tienen un propósito y son su manera de intentar resolver un problema. Es fundamental dar un paso atrás y tratar de descifrar lo que el estudiante está tratando de comunicar y cuál es la función (o intención) del comportamiento. Con la práctica, los maestros pueden aprender a detenerse y “escuchar” el mensaje que transmite la conducta, descifrar el código de conducta y responder de manera más productiva.

El comportamiento tiene una función

El comportamiento nunca es aleatorio o sin rumbo. Las personas no repetirían un comportamiento a menos que obtengan algo de él. Por lo general, es la reacción de otras personas lo que provoca un comportamiento inapropiado. Lloriquear puede funcionar para llamar la atención de un maestro, al igual que las malas palabras. Si un estudiante tiene rabietas repetidamente y como resultado lo sacan del aula, ha aprendido que las rabietas ayudan a su deseo de escapar. Los maestros primero deben averiguar qué está obteniendo el estudiante con una conducta inapropiada, para así poder encontrar diferentes formas de responder que no refuercen sin querer dicho comportamiento.

El comportamiento ocurre en patrones

Cuando los maestros sienten que han intentado todo con un estudiante pero el estudiante sigue actuando de forma inapropiada, el siguiente paso es investigar de una manera más sistemática. La clave para descifrar el código de comportamiento es buscar patrones. Estos patrones pueden estar basados en la hora del día (ella siempre bosteza por la mañana antes del almuerzo), la actividad (siempre pide ir a la enfermería cuando empieza la clase de matemáticas), las personas (participa más en clase cuando la Sra. Irving está presente) y muchos otros factores.

Una vez que se ha descubierto el patrón, la función o intención del comportamiento a menudo se revelará: “¡Oh! Se niega a hablar cada vez que un adulto desconocido entra en el salón”. Todo comportamiento también tiene algo que lo sostiene como si fuera un sujetalibros: las variables ambientales que ocurren antes del comportamiento no deseado (los antecedentes) y la respuesta del maestro y compañeros después del comportamiento. Al estar intentando comprender el comportamiento, los maestros deben tener en cuenta estas variables. Estas son las cosas que alimentan el comportamiento y permiten que persista.

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El comportamiento se puede cambiar

Aunque los planes de comportamiento generalmente se consideran una forma de mejorar la conducta de los estudiantes, los buenos planes de comportamiento en realidad son una guía para ayudar a los maestros a desarrollar nuevos comportamientos que les permitan interactuar con estudiantes desafiantes de una manera más productiva y preventiva.

Cuando las intervenciones están dirigidas a comprender la función del comportamiento del estudiante y enseñar habilidades poco desarrolladas, algunos estudiantes pueden mostrar cambios rápidamente. Si el estudiante ha estado demostrando un comportamiento inapropiado durante años y carece de las habilidades necesarias, es posible que tarde más en cambiar.

Hemos tenido estudiantes que dejaron de comportarse de manera inapropiada en solo tres semanas, mientras que otros estudiantes han ido disminuyendo gradualmente su mal comportamiento a lo largo de un período de tres años. Cuanto más intensamente se le enseñe al estudiante las habilidades que tiene subdesarrolladas y más se cambie el entorno para fomentar el comportamiento apropiado, es muy probable que el comportamiento del estudiante cambie más rápido.

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Cambio que perdura

Basados en la comprensión de lo que impulsa el comportamiento, proporcionamos el marco para un tipo diferente de plan de intervención conductual que llamamos Plan FAIR. La sigla FAIR significa en inglés hipótesis funcional, adaptaciones, estrategias de interacción y estrategias de respuesta.

El objetivo del Plan FAIR es cambiar a largo plazo el comportamiento inapropiado por un comportamiento apropiado, en lugar de, por ejemplo, simplemente “controlar el comportamiento” hasta el final del año escolar. Lograr este tipo de cambio requiere que los maestros sigan cinco pasos básicos que utilizan los conceptos fundamentales descritos anteriormente.

1. Manejar los antecedentes

Esto significa minimizar o acomodar las cosas en el entorno que tienden a desencadenar un incidente de comportamiento inapropiado. Al comprender qué antecedentes son problemáticos para un estudiante, como estar cerca de otros estudiantes o leer en voz alta, el maestro puede intervenir de manera efectiva y crear un ambiente de clase positivo y proactivo.

2. Reforzar el comportamiento deseado

Si un estudiante no puede tolerar las exigencias académicas sin tener un arrebato, el maestro puede comenzar por pedirle que haga solo 10 minutos de trabajo, brindarle apoyo y, con el tiempo, desarrollar la tolerancia del estudiante. A medida que el estudiante demuestre pequeños intentos de autorregulación o el uso de habilidades prosociales, el maestro lo reforzará y lo recompensará.

3. Enseñar un comportamiento de reemplazo

El estudiante necesita que se le enseñe una conducta de reemplazo (es decir, una conducta apropiada que cumpla la misma función que la conducta inapropiada), la cual se pueda utilizar mientras desarrolla las habilidades necesarias para comportarse de manera apropiada sin necesidad de adaptaciones. Por ejemplo, en lugar de golpear el escritorio con los puños cuando encuentra frustrante la lectura, se le podría enseñar a preguntar cortésmente: “¿Puedo tomarme un descanso, por favor?”.

4. Abordar las habilidades subdesarrolladas que son la raíz de la incapacidad de un niño para comportarse de manera apropiada

Enseñar al estudiante habilidades subdesarrolladas eventualmente elimina la necesidad del comportamiento de reemplazo. Por ejemplo, el estudiante que golpea con el puño puede necesitar trabajar en sus habilidades de lectura, quizás con apoyo adicional.

5. Responder al comportamiento inapropiado de un estudiante de una manera que logre disuadirlo

Cuando la prevención sale mal y ocurren incidentes, la respuesta de los maestros debe reforzar el comportamiento deseado del estudiante y evitar reforzar accidentalmente el comportamiento no deseado.

El código de comportamiento está disponible en Harvard Education Press y Amazon.