Ahora que los adolescentes están viendo la televisión y otros medios de comunicación en una variedad de dispositivos (teléfonos, tabletas y computadoras portátiles además de televisores) se hace cada vez más difícil para los padres mantener un control sobre lo que están viendo. Pero hacer un esfuerzo coordinado para ver juntos los programas favoritos de su hijo preadolescente o adolescente puede dar grandes frutos.

No solo puede acercarlo a su hijo en un momento en el que es cada vez menos probable que confíe en usted, sino que el hecho de ver juntos los programas puede impulsar conversaciones sobre temas difíciles, temas que su hijo no se sentiría cómodo discutiendo con usted de otra manera. Y hablar sobre lo que están viendo, incluso si se trata de contenidos a los que usted se opone, le da la oportunidad de identificar y corregir los mensajes de los medios de comunicación que van en contra de los valores que usted quiere que ellos desarrollen. La clave está en convertir el tiempo frente a pantalla en tiempo de calidad.

Atravesar el campo minado de la middle school o escuela media

A medida que nuestros hijos llegan a la escuela media, con frecuencia comienzan a confiar menos en nosotros. Justo cuando los problemas de identidad, los dramas de amistad y la presión de los compañeros se vuelven más intensos. Los programas de televisión y otros medios de comunicación suelen tener una gran influencia a esta edad.

“Creo que es muy importante ver la televisión con sus hijos cuando están en la escuela media, porque así usted sabrá cuáles son los memes culturales con los que están sintonizando”, dice Catherine Steiner-Adair, psicóloga clínica, consultora escolar, autora de The Big Disconnect e investigadora asociada de la Facultad de Medicina de Harvard. “El desafío es ver con ellos y hablar sobre esto sin ser intensos, ni atemorizarlos o juzgarlos. No se puede demonizar el mundo en el que crecen nuestros hijos, pero podemos ayudarlos a aprender a deconstruir los valores”.

Cuando la hija de la Dra. Steiner-Adair estaba en la escuela media vieron juntas el programa canadiense Degrassi High. Se convirtió en una oportunidad para hablar de todo tipo de temas adolescentes, los cuales no necesariamente habrían surgido de manera natural. “No dejamos títere con cabeza”, dice ella. “No había ningún tema adolescente que no surgiera en ese programa. Se convirtió en una forma muy divertida de hablar. De hablar sobre los sentimientos de las personas, del impacto que podemos tener en los demás, de las diferencias, así como de raza, clase e identidad”. Ahora, varios años después, la Dra. Steiner-Adair dice que piensa que “esas son conversaciones que los niños tienen cada vez más en la escuela, pero es muy importante que las tengan también en casa”.

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Crear experiencias de vinculación

Jane nunca imaginó que ella y su hijo de 10 años Henry terminarían unidos por el exitoso programa de zombies The Walking Dead. Yo no tenía ningún interés en verlo. Pero ella y su marido están separados, y Henry (que lucha contra la depresión y la ansiedad) estaba teniendo problemas con la separación. Había empezado a verlo con su padre. “Así que lo intenté, y me encantó”, dice. “No se trata solo de estos zombis locos: en realidad es sobre los lazos familiares”, explica. “Henry está desconsolado por la separación, de modo que aprecia el aspecto familiar del programa, y verlo juntos nos ayuda con eso”.

Ella también entiende la identificación que tiene Henry con el personaje principal, que es un ingenioso superviviente en una situación difícil. “Se ha apegado a ello, y es bueno para él”, dice. Actualmente, ver el programa juntos se ha convertido en un ritual para Jane y Henry, quienes han sustituido las dos sillas que tenían delante del televisor por un sofá en el cual se pueden sentar juntos. “Nos abrazamos el uno al otro”, dice. “Definitivamente es tiempo de calidad”.

Lograr que los niños se abran

Matthew Rouse, psicólogo clínico del Child Mind Institute, dice que una vez que los niños tienen la experiencia compartida de ver contenidos difíciles o incómodos con un padre, y luego hablar de ello, es más probable que acudan a ese padre cuando se enfrenten a un problema similar en su vida real.

“Cuando los niños hablan de cosas muy, muy sensibles y personales— dice— a veces es más fácil hablar de ellas en tercera persona o hablar del tema en relación con un personaje ficticio. Y luego, a medida que abordan el tema pueden eventualmente volver a vincularlo con aquello con lo que han estado luchando”. Así que, si usted ya ha hablado sobre la imagen corporal distorsionada que algunos programas quieren hacer pasar por glamorosos, con suerte, si esto comienza a ser un problema en la vida real, su hijo sentirá que usted ya está “al tanto”.

Hacer el control de los daños

Con la proliferación de dispositivos en los que los adolescentes consumen contenidos, a muchos padres les resulta casi imposible mantener a los niños alejados de programación que no refleja sus valores, o que consideran que puede ser perjudicial. “Si le preocupa cómo se retrata a alguien, o algunos mensajes sobre raza, etnia, género o identidad— dice el Dr. Rouse— verlo juntos se convertirá en una oportunidad para contrarrestar cualquier mensaje que pueda haber recibido”.

Esto está especialmente relacionado con contenido que podría ser traumático o incluso peligroso para su hijo. Un ejemplo perfecto de esto es la reciente serie de Netflix, 13 Reasons Why, la cual fue ampliamente criticada por representar el suicidio de una joven con lujo de detalles gráficos. “Los adolescentes son impresionables y creo que los padres necesitan saber qué es lo que sus hijos están viendo”, dice el Dr. Peter Faustino, psicólogo escolar y miembro del Board of National School Psychologists. El Dr. Faustino tiene tres hijas, y solo su hija de 15 años eligió ver 13 Reasons Why. En cambio, sus gemelos de 12 años decidieron que ya habían tenido suficiente después de dos episodios.

“Creo que soy muy afortunado porque mis hijas pueden manejar el contenido de algo así como 13 Reasons Why— dice el Dr. Faustino— pero hay muchos niños que están lidiando con problemas de estrés, traumas y trastornos mentales. Y en particular, esos jóvenes vulnerables no deberían estar viendo este tipo de programas, o deberían estar viéndolos bajo la supervisión de sus padres”.

Sin embargo, el Dr. Faustino no aconseja prohibir que los jóvenes vean algo de lo que todos sus compañeros están hablando, únicamente porque pueda resultar incómodo. “Negarse a que vean estas cosas cierra la puerta a las conversaciones con los adolescentes. Creo que es mejor que los padres puedan escuchar a sus hijos y hacer preguntas que puedan aclarar por qué están interesados en ciertos temas”, aconseja.

¿Por qué es importante esto? “Porque si un niño dice ‘quiero verlo porque todos los demás lo están viendo’, es muy diferente que si dice ‘estoy sintiendo algunas de esas cosas y creo que puede ser una forma de resolver mis problemas’”, añade el Dr. Faustino. “Esa sería obviamente una conversación muy diferente, y en ese caso, los padres tendrían que corregir esos malentendidos y conceptos erróneos”.